Mensaje y poema de una abogada salteña
From: Claudia Marcela Amil Feijóo (Salta, Rep.
Argentina)
Sent: Lunes 02 de Agosto de 2004 18:45
Asunto: Gracias por hacer una tan rica página web.
Hoy dirijo una de mis tantas marchitas quimeras hacia ustedes, hacia quienes
hacen realidad esta riquísima página, como a quienes en ella participan,
buscando, de algún modo, al igual que yo lo hago, alcanzar a vestir algún
día con el noble traje de poeta.
Hube llegado hacia esta movida por los apasionados comentarios que de ella me
hubiera hecho mi amado hermano, José Antonio, pues antes de ello no había
adquirido conocimiento de la existencia de esta tan desinteresada y rica entrega.
Una vez que pude acceder a tan vasto contenido, creánme que me hubo de
resultar sumamente difícil el interrumpir su lectura.
Bien pues, permítanme presentarme, pues no considero agradecido el hacer
uso de cuanto ella ofrece, bajo la oscuridad del anonimato.
Antes que nada, es mi intención aclarar que no me considero poeta; hacerlo
resultaría presuntuoso de mi parte, no me hube de preparar para ello,
y considero que tal afán impone un concienzudo estudio de métrica,
rima, modo, y estilos literarios, y a decir verdad, lejos estoy de haber bebido
de esa tan vasta esfera del conocimiento.
No soy poeta, sólo soy una desilusionada profesional del derecho, que
habita en este sombrío suelo salteño y que un día abrazara,
con los sueños poblados de ambiciones de justicia, equidad, respeto de
las dignidades, esta tan vapuleada pofesión de abogada. Mas con los años,
sólo me hube de convertir en una oscurecida utópica, que emprende
a diario una dura batalla solitaria y muda, por ver el brillo clarificante de
esa dama de vendados ojos y brazo firme, de la que ansío aún queden
visos de cuanto representara otrora.
Y esta tentativa de poesía no es más que el modo que hube elegido
ante tanta afrenta soportada, intentando de algún manera hacer sonar
esta garganta, tantas veces silenciada por el peso opresivo de quienes se autocalifican
dueños absolutos de aquellos a quienes, ha tanto ya, dejaron de representar.
Mas sé que una garganta que grita no basta, por sí misma, para
alentar a tanto espíritu aniquilado a emprender una marcha que sea realizadora
de todas y cada una de las esencias; sé que es menester llegar, pero
para hacerlo es imponderable saber cómo llegar, y es ese mi afán
al dirigir mi texto en la ocasión: alcanzar de algún modo el conocimiento
que me permita expresar mis ideales y, a su paso, intentar el despertar de tanta
conciencia acallada e inerte en que nos vimos convertidos un día, sin
saber en qué momento fue que eso nos hubo de suceder, sin saber de qué
modo fue que dejamos un día de ser y sólo nos abandonamos a un
mecánico obedecer, quedando reducidos a un inerte movimiento reflejo
que sólo responde a la marcha impuesta por quien mueve nuestros hilos,
cual si fueramos tan sólo meras marionetas, sin derechos, sin anhelos,
sin dignidad.
Desde ya permítanme acercarles un sincero agradecimiento, por cuanto
al tomar contacto con esta tan encomiable obra, me hube sentido reconciliada
con la vida y con los sueños.
Hoy vi llorar a la Patria
Hermanos argentinos, compañeros de sueños,
retomemos el brillo, la bravura del viento;
que los pasos retornen a la esencia olvidada...
Si el dolor y el descrédito ganaron la partida,
y ante la impunidad la mirada es esquiva,
no hablemos más, entonces, y dejemos que vaguen
por rincones oscuros y por sordos silencios
nuestros mil ideales, nuestros mágicos sueños...
Pues... si nos replegamos ante algún nuevo embate,
¿qué valía nos queda? ¿de que Patria hablaremos?
¿O es que acaso los bríos en que nos apoyáramos
eran tan sólo un modo de escribir la dialéctica,
de plasmar utopías que jamás acogiéramos...?
¿Qué despertó la furia? ¿qué
vendaval malsano
arraigó en nuestro pecho? ¿qué será de nosotros
si el campo de batalla se afinca en nuestro suelo?...
¡Basta ya, por favor...!, volvamos nuestros pasos
a los sueños perdidos...
Porque yo les confieso, hermanos argentinos,
que hoy vi llorar al suelo... ¡lloraba como un niño...!
más..., sin palabras quejosas, sin reclamos, sin suspiros,
me estrechó cálidamente renunciando a sus desvíos,
disfrazando el sufrimiento de modo estoico y bravío,
prolongando su cobijo en ese abrazo bendito...
Supe en ese mismo instante de las historias que guarda,
de los dolores que lleva por años junto a su alma,
de los llantos escondidos por los hijos que le arrancan,
de la cruz del vapuleo que sobre sus hombros carga,
del tormento amordazado cuando a su suelo desgarran,
de los llantos escondidos por los que de ella se escapan,
de los gritos silenciados por todos los vendepatria,
y de tantas otras penas que esconde entre las entrañas...
Por eso hoy vengo ante ustedes con un grito de esperanza,
un grito que habla de tierra, un grito que habla de Patria;
un grito que habla de lucha por tanta lucha callada,
¡Basta ya, se los suplico! ¡defendamos a la patria!,
basta de pobres que sufren el dolor de no ser nada,
basta de ricos que gozan de la balanza inclinada,
basta ya del Boca-River, del tango o la batucada,
de Perón o de Yrigoyen, de Palermo o Villa Chartas,
de ser snob o de shopping o de villa y alpargatas,
de champagne y pizza party o tierra y agua estancada,
de salud con cobertura o de una muerte anunciada,
de educación mentirosa que a nuestra historia disfraza,
de aceptar imposiciones y de perder esperanzas,
de ser cabecitas negras o calzar botas lustradas,
de argentinos de Argentina o indios de la gauchada:
¡Basta ya de doble patria...!
Somos todos argentinos con una sola esperanza,
basta de estar divididos en clase media o en alta,
basta de cargos a dedo, de obsecuencia descarnada,
de cachetada en la frente sin decir una palabra,
de si es Menem el culpable, o fue Alfonsín, el que pacta,
de si moneda argentina o plata dolarizada,
de corralito bancario o de marchas solidarias,
de profesión gremialista diplomado en ignorancia,
o titulado en gran claustro sin futuro ni esperanza.
De maldita policía -delincuencia autorizada-,
o de ladrón de gallinas con condena asegurada...
Basta ya de bofetadas, de ver truncado el mañana,
de escuchar música heavy y asquearnos con una zamba,
de discursos infantiles o revueltas inventadas,
mientras se está repartiendo la bandera y la esperanza.
Basta ya del "no sé nada", de la memoria olvidada,
de la Junta Militar, de Firmenich o de Vaca,
basta ya de tanta inercia. La Argentina lo reclama:
Recuperemos la esencia, la del gaucho y su pialada
volvamos a las raíces y refundemos la Patria.
Marcela
Amil Feijóo