Sobre regionalismos y sobre mandamientos bíblicos
From: Tino Diez
Sent: Viernes 1 de abril de 2005
Querido Conrado:
Quería hacerte un comentario con respecto a la interpretación
que damos a las palabras o a los giros del idioma, según el argot de
los pueblos donde se verifican. Recuerdo, por ejemplo, en los doblajes de películas,
haber escuchado "el radio" cuando se nombra al receptor de radio;
"regresa hasta el lunes" cuando alguien vuelve recién el lunes,
y otros que se me antojan, o son, regionalismos como los que seguramente a nosotros
nos resultan corrientes, y suenan extraños a otras regiones castellanas.
También agrego aquella referencia que se hace en el libro Shunko,
cuando el maestro le pregunta al todavía no convencido alumno, si comía
carne de animales muertos, y éste le replica "no soy cuervo".
Insiste socarronamente el maestro, inquiriendo si come de animales que luego
siguen vivos, lo que deja perplejo a Shunko, quien luego de un momento vuelve
a replicar que comía carne de animales "matados". (Estoy escribiendo
de memoria y luego de 55 años; la anécdota puede tener alguna
variante)
Y por último, sobre los mandamientos: escuché a un pastor judío
decir que cuando expresan "no matar" o "no matarás",
no involucran a quienes deben matar por oficio (soldados, policías o
verdugos) o a aquellos que lo hacen en defensa propia, y que por lo tanto debiera
decirse "no asesinar" o "no asesinarás" . Comparto
tal razonamiento y como en cuestión de religiones, como en muchas cosas
más, conozco poco y nada, te pregunto si los judíos obran según
los mismos mandamientos que los católicos o incluyen la variante referida,
y el cuestionamiento estaba dirigido a la traducción.
Bueno Conrado, quedo a la espera de tus comentarios.
Florentino Tino Diez
Querido Tino:
Efectivamente, los regionalismos idiomáticos son un motivo de confusión
y extrañeza, y a la vez una fuente de enriquecimiento para el idioma.
El primer ejemplo que mencionás, el de la radio, me recordó a
mi profesora de castellano -la señora María Luisa Mones Ruiz de
Llobet Fortuny, a quien ya me he referido en otros comentarios- cuando nos enseñaba
que se debe decir "dijeron por la radio", y no "dijo la
radio", en abierta contradicción con la letra un paseo colombiano
popular en esos años, en el que Hernán Rojas, el cantor de
los Wawancó, decía: "Oye, morenita, te vas a quedar muy sola/
porque anoche dijo el radio/ que abrieron el liceo..." (la letra
se refiere al Liceo Militar de Escalona, en Colombia, y la canción tiene
ritmo de paseo, semejante a la cumbia). La letra después aclara:
"Como es estudiante el ya se va a Escalona/ pero de recuerdo te deja un
paseo...". Como generaliza correctamente José Bleger (Psicología
de la conducta, Bs.As., Paidós, Cap. II), la conducta sólo puede
comprenderse cuando se conoce su contexto, que en este caso son las circunstancias
que el autor del paseo colombiano da por sobreentendidas).
Pueden mencionarse inmumerables ejemplos semejantes de modismos y regionalismos
que nos resultan extraños. Sin salir de nuestro país, una señora
rosarina nos decía hace un tiempo: "Fui al mercado a hacer las compras
y traje también tres varillas".
Ante nuestro gesto de incomprensión, tuvo que aclararnos que se trataba
de panes, del tipo que aquí se llaman flautas.
Los medios masivos de comunicación han contribuido a multiplicar estos
problemas de significado. Ya en los años sesenta, el genial dibujante
y humorista Calé (Alejandro del Prado, creador de "Buenos
Aires en camiseta", que aparecía en la revista de José Antonio
Guillermo Divito Rico Tipo) se burlaba de los doblajes de series televisivas
hecho en Centroamérica, y en un cuadro de historieta dibujaba a un hombre
de dudosa apariencia, mirando furtivamente bajo el ala de su sombrero y diciendo:
"¡Atiza, un polizonte! Mejor ahueco el ala.", que en nuestro
castellano rioplatense se podría traducir como: "¡A la pucha,
un cana! Mejor me las tomo."
Está muy linda tu evocación del libro de Jorge W. Ábalos
Shunko. Es otro buen ejemplo de los conceptos y juicios de valor que
damos por sobreentendidos al hablar, y también al pensar. La anécdota
de los animales muertos me recordó una tira de Mafalda de Joaquín
Quino Salvador Lavado, en la que Susanita mira dentro de la heladera
de la casa del siempre sugestionable Miguelito, y le dice que tiene allí
"el cadáver de un pollo".
"¿Cómo cadaver?" replica Miguelito desconcertado;
"¡un pollo!".
Susanita insiste: "Está muerto, así que es un cadáver".
Y en el cuadro final, sentado a la mesa para cenar con sus padres, el pobre
Miguelito exclama "¡no quiero pollo! ¡quiero verdura!"
La diferencia, que vos acertadamente señalás, consiste en que
un animal que ha sido matado para el consumo no es lo mismo que un animal
muerto, adjetivo que evoca una serie de imágenes desagradables,
o al menos muy poco culinarias.
Y esto nos conduce a la segunda parte de tu comentario, referido ahora a la
muerte intencional de seres humanos.
Todo acto que quita la vida a un hombre es un homicidio, y no existe
truco semántico que permita disimularlo. Pero un homicidio no es necesariamente
un asesinato, término que incluye las ideas de injusticia, delito
y crimen.
Para aclararlo mejor: un homicidio en legítima defensa no es un asesinato,
y así lo entiende el derecho positivo. Tampoco asesina quien procede
a ejecutar a un ser humano cumpliendo su tarea de verdugo, u obedeciendo órdenes
en una operación militar, pero mata a un hombre, produce un homicidio,
y aunque su responsabilidad sea mínima o nula, se trata de una situación
límite en la que cabe legítimamente la objeción de conciencia,
la del soldado que declara que aunque en su caso sea lícito y legítimo
matar, no está dispuesto a hacerlo porque considera que hay una norma
superior que se lo prohibe: el "no matarás" bíblico
-incluso anterior a la Biblia- que considera que quitar la vida a una persona
es solamente prerrogativa de Dios.
Los judíos se rigen por los mismos mandamientos que nosotros los cristianos,
o más bien, somos nosotros quienes adoptamos su misma ley, por lo que
no existe una interpretación distinta. Es pertinente la aclaración
del teólogo o rabino judío, ya que no se trata de una diferencia
de traducción, sino de especificar el sentido de la ley de Dios, que
prohibe el asesinato.
La dificultad surge al considerar lo falible del juicio humano que intenta
establecer cuándo un homicidio es legítimo, y cuándo es
meramente un asesinato. De allí que personas religiosas que temen que
la interpretación humana oscurezca el sentido de la ley divina en una
materia tan irreversible y definitiva como el hecho de dar muerte a una persona,
prefieran asumir la objeción de conciencia, aún a riesgo de padecer
la cárcel u otros injustos castigos semejantes, antes de arriesgarse
a obrar de un modo que puede implicar cometer un gravísimo pecado.
Y por último, pero no por menos importantes -como dicen los ingleses: last, but not least-, están las virtudes cristianas de la humildad y la misericordia. Quien es humilde rechaza la arrogancia de decidir sobre la vida o la muerte de su prójimo.Quien es misericordioso empequeñece su corazón -el sentido literal de "misericordia"- y poniéndose en el lugar del reo, que sigue siendo su prójimo, elige la conducta más difícil de la piedad y el perdón.
Conrado De Lucia