León Werth, Saint-Exupéry y el "suicidio" del Principito
From: Sonia E. Ledesma
Sent: Viernes 30 de Abril de 2004 16:08
Estimado Sr. Conrado:
Quisiera preguntarle si sabe Ud. quién es León Werth, el mismo
a quien Saint-Exupéry le dedica El principito, y en relación con
esto, si no cree Ud. que de alguna manera en ese escrito se muestra un mal ejemplo,
al presentar una especie de suicidio del Principito cuando, para poder regresar
a su planeta, busca ser picado por una víbora venenosa.
La dedicatoria de El principito a León Werth, "el mejor amigo que tengo en el mundo", hizo más célebre a este periodista judío que su propia actividad como militante socialista. Saint-Exupéry le dedicó también Carta a un rehén, mientras Werth permanecía en la Francia ocupada por Alemania. Resulta difícil encontrar otros datos acerca de Werth, y en realidad resultan innecesarios, porque su verdadera importancia emana de su condición de símbolo de todos los oprimidos por la inhumanidad de la guerra. Sobre este tema puede leer mi comentario a Carta a un rehén en la página de Comentario de libros de este sitio.
Respecto de la parte principal de su pregunta, la partida del Principito de
ningún modo propone una apología del suicidio sino que su sentido,
como el de todo el relato, es claramente alegórico. Es una manera original
de presentar el tema -tantas veces abordado por la literatura- del retorno a
la patria y del anhelo de alcanzarla a todo trance, incluso a través
de la muerte.
Es el caso del héroe Ulises, que afronta tantas peripecias sin poder
regresar nunca a Itaca. Es el caso de Albert Camus, uno de cuyos personajes
retorna al morir "a la quietud de los mundos inmóviles", prefigurando
lo sucedido con el propio Camus, ateo dignísimo, muerto en un accidente
automovilístico en 1960. Al respecto, puede alcanzarse una visión
religiosa de mucha mayor hondura que consultando el Catecismo
que he comentado a su pedido, leyendo, por ejemplo, La peste y reflexionando
sobre la actitud que asume el narrador, o incluso leyendo El extranjero
y tratando de ponerse en el lugar de su desgraciado protagonista.
Enrique Santos Discepolo, a quien considero el más profundo pensador
argentino de la condición humana, iguala en los breves tres minutos que
dura la interpretación de sus obras: "Infamia", "Secreto",
y como personaje tan generoso como solitario y desamparado en películas
como "Cuatro Corazones", la altura de geniales escritores como Camus
o Saint Exupéry. Y también Discepolo anhelaba morir para poder
superar definitivamente su soledad y su frustración. En cierta oportunidad,
tras intentar en vano matar a una mosca que lo importunaba, exclamó:
"¡No morís nunca... parecés Discepolo!".
Es también lo que sucede con el protagonista de El prisionero,
de EricoVerissimo
-cuya lectura le recomiendo-, que se libera de su papel de soldado opresor en
la guerra de Vietnam y de su existencia sin sentido, haciéndose matar
por sus propios camaradas. Es, en definitiva, el anhelo de Saint-Exupéry
en su "Carta al general X", cuando le dice que le da lo mismo morir
en la guerra porque "¿qué habrá quedado de lo que
amé?".
(Puede leer en Notas y
Artículos "Una
plegaria de Saint-Exupéry", que escribí como comentario
a una página de Ciudadela).
Prosigue la carta de Sonia E. Ledesma:
Quiero aclararle que me encantó este libro, y estoy procurando conseguír
los restantes de este autor, y por eso mismo quiero entenderlo en profundidad.
Además, por sus comentarios conozco que para Ud. también es un
escritor ejemplar.
La obra de Saint-Ex es digna de ser estudiada en profundidad pero, como con todos los grandes pensadores, su comprensión no resulta una tarea fácil. Además de la intrínseca riqueza de su pensamiento, otra de las dificultades radica, paradójicamente, en que existe una inmensa cantidad de textos que lo analizan, comentan y parafrasean desde las perspectivas más diversas, muchas veces con interpretaciones caprichosas y formuladas con irresponsabilidad. Una breve recorrida por las páginas de buscadores en la web pone rápidamente en evidencia cuántas personas se ganan malamente su pitanza de periodistas escribiendo el primer dislate que se les ocurre sobre la vida y la obra de Saint-Exupéry.
Sin más, les envío un cordial y afectuoso saludo,
junto a mi agradecimiento por su amable atención.
Sonia E. Ledesma