From: Pablo Contreras
Sent: Domingo 23 de mayo 2004 4:06 AM
Con todo el respeto que se merece el tan afamado tango, quiero decirles que
me parece detestable, desagradable y asqueroso; creo que es la música
más fea que he escuchado.
El baile en sí me parece algo detestable, imposible de gustarme, y créanme
que hice el intento varias veces para que me agradara, pero resultó inútil.
Con todo respeto, lo odio, lo desapruebo y con mucho gusto quisiera que alguien
me lo explicara personalmente, porque no entiendo cómo les puede gustar
este estúpido baile.
Espero se me conteste.
Atentamente,
Pablo
Estimado Pablo:
Ante todo, quiero agradecerle la franqueza con que manifiesta su desagrado,
y manifestarle a mi vez que comparto algunas de sus apreciaciones, aunque circunscriptas
a ciertas formas del tango. Respecto de lo detestable de su música, podemos
coincidir en que cada persona, por vivir en una determinada sociedad, participa
de su cultura, y ésta le transmite entre otras cosas sus valores estéticos,
los que pueden diferir notablemente aún dentro de grupos que en otras
cuestiones tienen una gran coincidencia de criterios.
Por ejemplo, existen familias en las que uno de sus miembros ama la ópera
italiana, otro la escucha con cierto interés, un tercero la soporta,
y los restantes la consideran una ridícula serie de alaridos, supepuestos
a una música ruidosa y efectista. Del mismo modo, mucha gente musicalmente
cultivada ama el tango, y otras personas de educación y cultura semejante
no pueden soportarlo.
Al considerar la enorme variedad que se ha desarrollado a lo largo de más
de un siglo dentro del complejo cultural denominado "tango", encontramos
también que hay aspectos de lo tanguero que unas personas prefieren y
otras aborrecen. Personalmente encuentro un valor solamente histórico
en el tango de la primera época, anterior a 1890, pobrísimo de
recursos melódicos y armónicos, de ritmo precipitado, e interpretado
con instrumentos cuyo timbre ha sido dejado de lado por completo. Como toda
arte naciente, había en su forma y su contenido mucho para pulir y desarrollar.
Tampoco me agrada el tango llamado "de la guardia vieja", apenas un
poco menos rudimentario, y ejecutado todavía en el apresurado ritmo de
2/4. Cabe acotar que, por desconocimiento, mucha gente cree que son de la "guardia
vieja" tangos que pertenecen en realidad a la "guardia nueva"
-iniciada por De Caro en la década del '20- que son los que realmente
aprecian. Este nueva forma de tango, escrita en el más acompasado tiempo
de 4/8, hizo posible una nueva modalidad de fraseo -análoga al swing
al que arribó el jazz luego del ragtime y el dixie-
que es la que ha prevalecido hasta desembocar en algunos casos en el compás
de 4/4 de las grandes obras de Piazzolla, con su vuelo contrapuntístico
y sinfónico.
La preferencia por melodías y armonizaciones elementales y rudimentarias,
comprensibles en un género que recién nacía, se ha mantenido
casi hasta el presente en cierto público de cultura musical escasamente
desarrollada, y ha sido aprovechada comercialmente por algunos músicos
que han basado su éxito en afectar un estilo que ha perdido toda su autenticidad.
Afortunadamente nuestro pueblo -en especial la juventud- ha tenido la oportunidad
de desarrollar géneros musicales tan elaborados y complejos como los
que abarca el denominado rock nacional. Ese público de jóvenes
-y de quienes lo han sido hace una treintena- posee un nivel de apreciación
estética que les permite estabecer analogías entre Panchito Cao
y el "Cuarteto Leo", entre "Los muchachos de antes" y "Los
pibes chorros". Repudian por consiguiente tanto a la pachanga elemental
y procaz como a los conjuntos que hacen tango inauténtico con la mera
finalidad de lucrar, escamoteando su carácter de reconstrucción
histórica y presentándolo como novedad. Otros sedicentes "artistas"
tangueros proponen modalidades extravagantes, como algunos dúos de mujeres
escuálidas y de expresión alucinada -"Las tangachas",
"Muñecas bravas"- que gesticulan sus morisquetas mientras destruyen
obras de Cobián y Cadícamo y hacen su negocio a costa de la ignorancia
de los turistas extranjeros.
En cuanto al baile del tango tal como se lo presenta actualmente -con análogos
fines comerciales-, resulta, más allá de las preferencias personales
de consumo, una forma de danza que propone valores estéticos inferiores
y hasta grotescos. Las destrezas acrobáticas carecen históricamente
de autenticidad, y no representan tampoco una verdadera superación coreográfica
o una propuesta de nuevos valores estilísticos, como los que ha alcanzado
-por citar un ejemplo- la moderna danza norteamericana.
En la gran mayoría de los casos, quienes bailan el tango por una legítima
y sincera preferencia, porque encuentran en esa danza una particular manera
de expresarse y de compartir la emoción de la danza, repudian las destrezas
acrobáticas, la mujeres cabeza abajo, los saltos espectaculares a los
brazos del bailarín y tantas otras payasadas que muchas parejas profesionales
se ven obligadas a realizar -desnaturalizando la danza del tango- para no ser
desplazadas por artistas de circo metidos a tangueros y quedarse sin empleo.
El tango ha sido y proseguirá siendo una compleja forma cultural merecedora
del esfuerzo de tantas personas que han hecho de él una forma de arte
para la que vale la pena estudiar y dedicarse seriamente, disfrutándola
y enriqueciéndola. Pero también es inevitable que otros hagan
del tango un producto comercial, inauténtico y espúreo, una alternativa
económica, en suma, para superar esta época de escasez de puestos
de trabajo legítimos.
Amigo Pablo: tanguero o no tanguero, usted y yo compartimos con otras personas
el fastidio y el disgusto por la inautenticidad y la mentira, aunque ambos podamos
reconocer también, piadosamente, que la necesidad tiene cara de hereje.
Cordialmente,
Conrado
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