De: Josev
Enviado: Viernes 11 de Abril de 2003 17:00
Desearia saber el significado de "yira".
Saludos
Estimado
Josev:
Las palabras del vocabulario lunfardo tienen diversas acepciones
según el contexto en que se las utiliza. En ese sentido, su flexibilidad de
significado suele ser más amplia que las de los términos oficialmente aceptados
del idioma al que pertenecen el lunfardo no es estrictamente un idioma
sino el repertorio de palabras que caracteriza a una subcultura.
En el
caso de "yira", se origina en el verbo italiano girare: dar vueltas,
en el sentido de pasar una y otra vez por los mismos lugares, como hacen las
prostitutas en su parada, de la que se alejan una y otra vez para no llamar
la atención de la policía.
Hacen
un "yiro" un giro, un paseo por una rutina de pocas calles, en las que
los clientes saben que pueden encontrarlas y regresan al punto de partida.
Por este motivo, en sentido traslaticio una prostituta es un "yiro".
Cuando el gran Discepolo utilizó la expresión en uno de sus
tangos, se refería precisamente a ese dar vueltas rutinario, a esa repetición
previsible y monótona de las mismas desilusiones, las mismas amarguras, los
mismos fracasos existenciales, no ya sólo de la vida de las prostitutas, sino
del acontecer cotidiano de cada uno de nosotros: "Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor, que al mundo nada le importa, yira... yira..."
Por otra parte, como lo ha señalado acertadamente un crítico,
el autor le habla al protagonista del tango en un tono transido de piedad, característico
del amor al prójimo que expresa en toda su obra: "La gente se te arrima con
su montón de penas, y tú las acaricias casi con un temblor" (Homero Manzi: "Discepolín").
Por eso Discepolo compuso la melodía del estribillo a semejanza
de una canción de cuna, en la que el "yira... yira...", al modo del sonsonete
de un arrorró, adquiere la tonalidad de un bálsamo que intenta mitigar el dolor
y la soledad de la existencia ayudando a refugiarse en el sueño. Un sueño que
momentáneamente alivia, y que prefigura el definitivo de la muerte, al que Discepolo
expresa descarnadamente en otro tango suyo: "...cazá el bufoso y chau, vamo'
a dormir..."
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