Chamuyando de Tangos
por el doctor Eduardo Giorlandini
Al Pie de la Santa Cruz
Un gotán
escamoteado
Recorriendo el espinel de libros, diarios, periódicos, revistas y otras
fuentes en las que es posible averiguar acerca de las cosas del tango y, en
particular, de la letrística, he tenido extrañas sensaciones
y, por qué no expresarlo, algo de sorpresa: "Al Pie de la Santa
Cruz", no sé por qué escamoteo, desapareció de los
ámbitos comunes y de los oídos y fue bastante olvidado en las
citas y referencias de los historiadores y comentadores.
Esto es algo realmente insólito, sin que se advierta la presencia de
prestidigitador o juego de manos, truco o ilusionismo. Por el contrario, principalmente
la magia de Gardel lo saca siempre del osctracismo. Pero, no se lo recuerda,
generalmente, ni cuando se habla o se escribe sobre sus autores: Mario Battistella,
que hizo la letra, y Enrique Pedro Delfino, la música. Inevitable es,
sin embargo, su inserción en la discografía y en la memoria
del pueblo.
Allí, en ese tema, el poeta escribió una de las tantas historias
de una ley negra, vigente durante más de medio siglo.
Bates Stella y
Delfy
Mario Battistella (cuyo verdadero nombre fue Mario Z. Battes Stella), nació
en Verona, Italia; cuando llegó a Buenos Aires tenía 17 años
y no sabía nada de español y menos de lunfardo, pero sí
de emigrantes, desarraigos y deportaciones. Llegó a estas playas hacia
1910; el año en que comenzaban a conocerse los primeros tangos del
porteñazo Enrique Pedro Delfino (a quien apodaron "Delfy")
fue el de 1912, cuando tenía la misma edad de Mario cuando éste
se afincó en nuestra tierra. Delfy conoció muy bien la deportación
de extranjeros -militantes sindicales y otros, como algunos periodistas- porque
durante su niñez y parte de su juventud tuvo las vivencias de la aplicación
de la negra ley de residencia, sancionada a tal efecto.
De modo que esta síntesis no podía ser mejor para testimoniar,
a través de una historia individual, un fenómeno argentino vinculado
a una problemática nacional, económico-social, con importantes
implicancias, una de las que constituyó el contralema alberdiano: "gobernar
es poblar" se había convertido -o encontrado el lado opuesto-
en "gobernar es despoblar".
Huelgas entre siglo y siglo
Las circunstancias políticas, económicas y sociales imperantes
en la Argentina finisecular generaron movimientos huelguísticos de
singular trascendencia, principalmente en Buenos Aires, ya que se manifestaron
igualmente en otras ciudades de la República.
A fines del siglo pasado comenzaron a establecerse los primeros sindicatos
y federaciones gremiales y, empero, estos movimientos fueron un tanto espontáneos
y en parte liderados por activistas locales pero más extranjeros, que
llegaron con la inmigración y traían experiencia y cultura sindical
adquirida en los países de origen.
De tal modo que arengaban a los trabajadores incitándolos a la protesta,
al reclamo y a la huelga. Las primeras organizaciones sindicales fueron de
ideología socialista y anarquista (en las dos vertientes, roja y azul;
la primera, violenta; y la segunda, pacífica y literaria, pero huelguística
-en un reportaje le habían preguntado a Juan de Dios Filiberto su profesión
y contestó: -"Huelguista...").
Fueron movimientos frecuentes y en ocasiones con consecuencias dolorosas,
registradas en la historia económico-social argentina, como la semana
roja, la huelga de inquilinos y, en la campaña, "El Grito de Alcorta",
en 1912, además de los hechos de la Patagonia, la "Semana de Enero",
y "La Masacre de Oberá", éste en la década
del 30; asimismo, en el interior, los movimientos aborígenes, igualmente
con consecuencias graves que también constituyen hechos de nuestra
Historia.
En una primera etapa -1902/1916- se aplicó frecuentemente la famosa
ley 4.144, denominada de "residencia", para deportar activistas
y trabajadores extranjeros. "Al Pie de la Santa Cruz" relata la
experiencia de un hombre deportado:
| "Los pies engrillados, cruzó la planchada... la esposa lo mira, quisiera gritar, y el pibe inocente que lleva en los brazos le dice llorando: 'yo quiero a papá'. Largaron amarras y el último cabo vibró al desprenderse de todo su ser; se pierde de vista la nave maldita y cae desmayada la pobre mujer". |
Tango: ¿Libro
de quejas del arrabal?
Alguna vez hemos recordado esta frase, según la que el tango "es
el libro de quejas del arrabal". Se afirma en ocasiones que la letrística
tanguera es de protesta, constituye literatura social o comprometida. Lo cierto
y real es que existen letras de este tinte, pero el acierto del juicio consiste
en que las letras cubren todo el espectro de la vida humana y de la historia
de los argentinos. Con este cimiento conceptual no podía quedar escamoteada
la cuestión social, con los efectos que tuvo en la Argentina.
También es cierto que no pocos inmigrantes traían sus ideas
socialistas y anarquistas; que en casos habían sido expulsados de sus
países por esos motivos y que el convencimiento de esas ideas se extendió
de tal modo que alcanzó a no pocos poetas del lunfardo y letristas
de tango, los que en su mayoría -por lo demás- reflejaron un
sentimiento cristiano y se manifestaron como hombres creyentes en Dios.
Más, este tipo de literatura no es el común denominador en la
obra de Mario Battistella. Gardel grabó este tema como tantos, con
los que expresó, de un modo general, la vida total del pueblo argentino;
según se afirmó, el Zorzal profesaba un particular afecto a
Delfy y además de ese tema homenajeó a su talento grabándole
25 canciones.
El autor de la letra manifestó un lado de religiosidad, en el refrán
del tango:
| "Mientras tanto, al pie de la Santa Cruz una anciana desolada llorando implora a Jesús: 'Por tus llagas que son santas, por mi pena y mi dolor, ten piedad de nuestro hijo, protégelo Señor'." |
Tiempo de grillos
La literatura popular urbana y rural y, con ella, la poesía popular,
da testimonio de una realidad: el uso de los grillos, como en la letra de
este tango:
"Los
pies engrillados
cruzó
la planchada".
La realidad es Historia...es lo que pasó. Ella nos muestra una explicación.
¿Qué fueron los grillos?
Las fuentes españolas actuales nos enseñan que eran el conjunto
de grilletes (eran dos) con un perno común, que se colocaban en los
pies de los presos para impedirles andar. Entonces preguntamos: ¿Qué
eran los grilletes? Las fuentes nos responden: arcos de hierro, semicirculares,
con dos agujeros, uno en cada extremo, por los que se pasaba un perno que
se afirmaba con una chaveta y sirve para asegurar una cadena a la garganta
de un pie del presidiario, a un punto de una embarcación. A esto se
refiere la referencia coherente de la letra.
Más todavía, desde hace más de dos siglos se tienen noticias
literarias de este aparato que, probablemente existe desde muy antiguo.
Si no aparece en algunos textos sobre lunfardo es porque no es un lunfardismo.
Tampoco un argentinismo ni un americanismo, aunque su uso haya sido muy difundido.
José Hernández usó la palabra en sentido figurado aludiendo
a las espuelas, en el Martín Fierro:
"Me
refalé las espuelas
para
no peliar con grillos".
Eduardo S. Freije,
en su Reseña histórica del Partido de Mar Chiquita y sus pueblos,
escribió: "Llega el caso también de autorizarlo a emplear
el cepo y los grillos para asegurar y castigar criminales, hasta que sea posible
enviarlos al Juzgado, según se constata en un documento datado en Arbolitos
el 26 de mayo de 1864...".
Por lo demás, figura frecuentemente en la poemática construida
con el lunfardo histórico.