El Bulín de la Calle Ayacucho
El "Negro Cele" (Celedonio Esteban Flores) a quien le chantaron
el mote de "Martín Fierro del Asfalto", tenía 27 años
cuando hizo la letra de este tango que es, a la vez, reo, contestatario y
fraternal. Los autores de la música fueron dos bandoneonistas, Luis
y José Servidío. Este último era más conocido
como "Balija" (así, con b larga).
Siguiendo los relatos del propio José, en realidad la música
la hizo inicialmente él, en 1923. Celedonio le había llevado
la letra al café "A.B.C." -entonces en la esquina de Canning
y Rivera (hoy Córdoba)- en la primavera de ese año.
En aquel café había música; y tocaron, además
de los hermanos Servidío, el pianista Roberto Goyeneche (tío
del "Polaco"), Pedro Laurenz y José de Grandis.
Tango hecho y derecho
Relató "Balija" que el tango lo editó un maestro de
escuela, de apellido Lami, que había fundado una editorial modesta
en Paraguay al 4.200. Después se falsificó la edición
(el truchaje también campeó en la historia del gotán).
Lo estrenó el dúo Torelli-Mandarino, en el teatro "Soleil".
El dúo estaba acompañado por un guitarrista de apellido Canataro.
Supongo que se trataba de Humberto Faustino Canataro, cuyos inicios como músico
profesional son contemporáneos a la época en que se hizo el
tango "El bulín de la Calle Ayacucho".
De entonces hay una grabación de Gardel. El mismo "Balija"
cuenta que en ese mismo año, 1923, tuvo lugar la grabación del
"Zorzal", acompañado por el guitarrista Ricardo; pero, entre
los antecedentes, la más vieja grabación que tengo fichada es
de "Odeón", del 27 de diciembre de 1925 (matriz SO 3825).
De todos modos, por ese tiempo se recibió de tangazo.
Tangos y calles
Abundan, en la literatura argentina, las referencias a las calles de Buenos
Aires. Debemos citar La calle de la Vida y de la Muerte de Enrique Larreta;
Calles de Buenos Aires de Silvina Bullrich; La Avenida de Mayo de RicardoM.
Llanés; Calle Corrientes, de Bernardo González Arrili; con el
mismo título, la obra de Edmundo Guibourd; y de Jorge Luis Borges,
cito los versos de Fervor de Buenos Aires: "las calles de Buenos Aires
ya son fervor de mi alma".
Muchísimas alusiones leemos y escuchamos en las letras tangueras. En
"Corrientes y Esmeralda", donde amainaron guapos; en "Mano
blanca", Centenera y Tabaré, donde esperaba la moza al carrerito
del este; en "El Pescante", Callao, del tiempo en que pasaba el
tungo flaco tranqueando en la tardecita. Y muchísimas más, popularizadas
tango mediante; entre ellas, Ayacucho, la del bulín.
Reales y descriptivas
Casi todas las historias de los tangos son reales, descriptivas y sencillas,
como la vida misma. También ésta.
Este bulín estaba ubicado en Ayacucho 1.443, en Buenos Aires. José
Servidío, según León Benarós, dio testimonio:
"Era una piecita en la que ni los ratones faltaban. Concurrentes infaltables
a las reuniones de todos los viernes,eran Juan Fulginiti, el cantor Martino,
el cantor Paganini (del dúo Paganini-Ciacia); Nunziatta, también
cantor, del dúo Cicarelli-Nunziatta; el flaco Sola, cantor, guitarrista
y garganta privilegiada para la caña; yo, en fin... Ciacia cocinaba
siempre un pucherete. Había en el bulín una sartén y
una morochita (olla de largo uso). Se tomaba mate, se charlaba. Como le decía,
hasta algún ratón merodeaba por allí. Las reuniones en
el bulín de la calle Ayacucho duraron más o menos hasta fines
de 1921. Cuando Cele se puso de novio terminaron. Ya han muerto casi todos
los que nos reuníamos allí."
Tengo que agregar, por mi parte, que luego Servidío se mudó
a Aguirre 1.601 y allí vivió con su familia. "Balija"
fue hombre del 900 (nació el 18 de marzo de ese año) y falleció
el 6 de junio de 1967.
Una triste evocación
Cuando comencé a frecuentar a Edmundo Rivero y a su familia, viviendo
yo en Buenos Aires, en el departamento de calle Bulnes conocí a su
hijita menor, que a los cuatro años de edad cantó, acompañada
por su padre "El bulín de la Calle Ayacucho". Después
del fallecimiento del cantor, su hija, muy joven, puso fin a su vida al no
soportar la ausencia de su padre.
Hay algo de misterioso y trágico en la vida humana y en la letrística
tanguera. En los mismos versos de este tango, leemos: "y una noche de
invierno fulera/ hasta el cielo de un vuelo se fue", por alusión
a la piba presente en la letra de Celedonio.
Algo similar a lo que en otra nota comenté respecto del periodista
Miguel Angel Bavio Esquiú y a la letra del tango "La última
curda".
Vocabulario lunfardo
Específicamente relacionado con esta letra, puede señalarse
que parte de las voces están incluidas o implícitamente reconocidas
por el Diccionario de la Lengua Española, con igual o aproximada significación
y grafía (x).
BACÁN: Individuo acomodado.
BARRA: Grupo de amigos (x).
BERRETÍN: Idea fija.
BULÍN: Habitación.
CABRERO: Enojado.
CATRERA: Catre (x) o cama.
CONVENTILLO: Casa donde vive mucha gente pobre.
CORTARON: Cohibieron.
COTORRITO: Habitación pequeña.
ENCORDADA: Con las cuerdas (x).
ENGRUPIDO: Envanecido.
FULERA: Fea (x).
MARROCO: Pan.
MILONGUERO: Tocador o cantor de milongas (x).
MISTONGO: Pobre.
PIBA: Mujer joven.
PRIMUS: Marca de calentador antiguo.
RACHA: Sucesión de hechos.
RANA: Pícaro.
RANTE: Pobre.
RECHIFLADO: Loco.
TIMBEAR: Jugar a las barajas.
Toda la letra
El bulín de la calle Ayacucho
que en mis tiempos de rana alquilaba
el bulín que la barra buscaba
pa' caer por la noche a timbear.
El bulín donde tantos muchachos
en su racha de vida fulera
encontraron marroco y catrera
rechiflado parece llorar.
El Primus no me fallaba
con su carga de aguardiente;
y habiendo agua caliente
el mate era allí señor.
No faltaba la guitarra
bien encordada y lustrosa
ni el bacán de voz gangosa
con berretín de cantor.
Bulincito mistongo tirado
en el fondo de aquel conventillo
sin alfombras, sin lujos, sin brillo
cuántos días felices pasé.
Al calor del querer de una piba
que fue mía, mimosa y sincera
y una noche de invierno fulera
hasta el cielo de un vuelo se fue...
Cada cosa era un recuerdo
que la vida me amargaba
por eso me la pasaba
cabrero, rante y tristón.
Los muchachos se cortaron
al verme tan afligido
y yo me quedé en el nido
empollando mi aflición.
El bulín de la calle Ayacucho
ha quedado mistongo y fulero
no se escucha al cantor milonguero
engrupido su musa entonar.
Y en el Primus no bulle la pava
que a la barra contenta reunía
y el bacán de la rante alegría
está seco de tanto llorar.