“Nueve de Julio” y José Luis Padula

El estilo D’Arienzo

José Luis Padula (1893-1945), músico intuitivo, incursionó en el folclore y en el tango, tocaba la armónica y la guitarra, las que adosó para ejecutar ambos instrumentos a la vez y así recorrió su Tucumán natal para radicarse en Santa Fe y después en la ciudad de Buenos Aires.  Con ese original instrumento actuó en un cafetín de Avellaneda ganando dos pesos.  Se puso a practicar en un piano que encontró en el local y cuando lo escuchó el dueño   le ofreció pagarle el doble si trabajaba de pianista.

Integró la orquesta de Ernesto Ponzio-Juan Carlos Bazán y trabajó en la revista “De Villoldo a Gardel” en el teatro Nacional representando el rol de Villoldo.  Se presentó con su orquesta típica en Radio Aconquija de Tucumán y en Radio Prieto de Buenos Aires donde su cantor fue Angel Vargas con el que grabó sus temas: el tango “Brindemos compañero”, con letra de Enrique Cadícamo, y la ranchera “Ñata linda” con versos de Lito Bayardo.

Además de esas dos composiciones, Padula compuso los tangos: “Tucumán”, “Bicho feo”, “En tren de farra”, “Pirincho”, “El chiflado”, “El borracho”, “Pasó en mis pagos”, “Dulce tango”, “La diana”, “El varoncito”, “25 de Mayo” (con letra de Enrique Cadícamo), “Noche de estío”, “Mi vida” y “Tristeza del alma”, las milongas “Picante” y “Memoria”, los valses “No dudes de mí”, “Noche de estrellas”, “Noches de invierno” y “Me duele el alma” y  las rancheras “La mentirosa” (con letra de Lito Bayardo) y “Afilando”.  Sus mayores éxitos fueron los tangos “Nueve de Julio” (1908) y “Lunes”  (1927) (con letra de Francisco García Jiménez).  

“Nueve de Julio” tiene cuatro letras: una de Ricardo Llanes, dos de Eugenio Cárdenas y una de Lito Bayardo:

Letra de Eugenio Cárdenas (1)


Letra de Eugenio Cárdenas (2)

Mientras los clarines tocan diana

Hoy siento en mí

y el vibrar de las campanas

el despertar de algo feliz.

repercute en los confines,

Quiero evocar aquel ayer

mil recuerdos en los pechos

que me brindó placer,

los inflama la alegría

pues no he de olvidar

por la gloria de este día

cuando tembló mi corazón

que nunca se ha de olvidar.

al escuchar, con emoción,

Deja, con su música, el pampero

esta feliz canción:

sobre los patrios aleros

 

una belleza que encanta.

Brota, majestuoso, el Himno

Y al conjuro de sus notas

de  todo labio argentino.

las campiñas se levantan

Y las almas tremulantes de emoción,

saludando, reverentes,

a la Patria sólo saben bendecir

al sol de la Libertad.

mientras los ecos repiten la canción

 

que  dos genios han legado al porvenir.

Brota, majestuoso, el Himno

Que la hermosa canción

de  todo labio argentino.

por siempre vivirá

Y las almas tremulantes de emoción,

al  calor del corazón.

a la Patria sólo saben bendecir

 

mientras los ecos repiten la canción

En los ranchos hay

que  dos genios han legado al porvenir.

un revivir de mocedad;

Que la hermosa canción

los criollos ven en su

por siempre vivirá

pasión

al  calor del corazón.

todo el amor llegar.

 

Por las huellas van

Los campos están de fiesta

llenos de fe y de ilusión,

y por la floresta

los gauchos que oí cantar

el sol se derrama,

al resplandor lunar.

y a sus destellos de mágicas lumbres,

 

el llano y la cumbre

Los campos están de fiesta

se envuelven de llamas.

y por la floresta

Mientras que un criollo patriarcal

el sol se derrama,

narra las horas

y a sus destellos de mágicas lumbres,

de las campañas

el llano y la cumbre

libertadoras,

se envuelven de llamas.

cuando los hijos de este suelo

Mientras que un criollo patriarcal

americano

narra las horas

por justa causa

de las campañas

demostraron

libertadoras,

su valor.

cuando los hijos de este suelo

 

americano

 

por justa causa

 

demostraron

 

su valor.

 



Letra de Ricardo Llanes


Letra de Lito Bayardo

De un conventillo mugriento y fulero,

Sin un solo adiós

con un canflinflero

dejé mi hogar cuando partí

te espiantaste vos;

porque jamás quise sentir

abandonaste a tus pobres viejos

un sollozo por mí.

que siempre te daban

Triste amanecer

consejos de Dios;

que nunca más he de olvidar

abandonaste a tus pobres hermanos,

hoy para qué rememorar

¡tus hermanitos que te querían!

todo lo que sufrí.

Abandonastes el negro laburo

 

donde ganabas el pan con honor.

Lejano Nueve de Julio

 

de una mañana divina

Y te espiantaste una noche

mi corazón siempre fiel quiso cantar

escabullida en el coche

y por el mundo poder peregrinar,

donde esperaba el bacán;

infatigable vagar de soñador

todo, todo el conventillo

marchando en pos del ideal con todo amor

por tu espiante ha sollozado,

hasta que al fin dejé

mientras que vos te has mezclado

mi madre y el querer

a las farras del gotán;

de la mujer que adoré.

¡a dónde has ido a parar!

 

pobrecita milonguera

Yo me prometí

que soñaste con la gloria

lleno de gloria regresar

de tener un buen bulín;

para podérsela brindar

pobre pebeta inocente

a quien yo más amé

que engrupida por la farra,

y al retornar

te metiste con la barra

triste, vencido y sin fe

que vive en el cafetín.

no hallé mi amor ni hallé mi hogar

 

y con dolor lloré.

Tal vez mañana, piadoso,

 

un hospital te dé cama,

Cual vagabundo cargado de pena

cuando no brille tu fama

yo llevo en el alma la desilusión

en el salón;

y desde entonces así me condena

cuando en el “yiro” no hagas

la angustia infinita de mi corazón.

más “sport”;

¡Qué puedo hacer si ya mis horas de alegría

cuando se canse el cafisio

también se fueron desde aquel día

de tu amor;

que con las glorias de mis triunfos yo soñara,

y te espiante rechiflado

sueños lejanos de mi loca juventud!

del bulín;

 

cuando te den el “olivo”

 

los que hoy tanto te aplauden

 

en el gran cafetín.

 

 

 

Entonces, triste con tu decadencia,

 

perdida tu esencia,

 

tu amor, tu champagne;

 

sólo el recuerdo quedará en tu vida

 

de aquella perdida

 

gloria del gotán;

 

y entonces, ¡pobre!, con lágrimas puras,

 

tus amarguras

 

derramarás;

 

y sentirás en tu noche enfermiza,

 

la ingrata risa

 

del primer bacán.

 

En versiones instrumentales este tango fue grabado por las orquestas de Roberto Firpo, Francisco Canaro, Luis Petrucelli, Osvaldo Pugliese, Héctor Stamponi, Horacio Salgán, Armando Pontier, Juan D’ Arienzo y Florindo Sassone y por los conjuntos de Juan Cambareri, Ariel Pedernera, Ernesto Baffa y Los Tubatango.  Con la letra de Ricardo Llanes lo cantó Carlos Marambio Catán y con la de Eugenio Cárdenas lo grabó la Orquesta Típica Brunswick con el estribillo cantado por Teófilo Ibañez y Alberto Marino cantó la letra completa de Cárdenas con la orquesta de Osvaldo Tarantino.  Con la letra de Lito Bayardo lo grabaron Agustín Magaldi, Ernesto Famá con la Orquesta Típica Columbia y Alberto Margal. 

De acuerdo con el testimonio de sus músicos, el estilo característico de la orquesta de Juan D’Arienzo nació de una versión improvisada de “Nueve de Julio”. Ocurrió en 1936 en el Chantecler, el cabaret donde actuaban, todavía sin una personalidad definida: (1)                       

Como era costumbre de todos los directores, D’Arienzo llegaba todas las noches al local más tarde que sus músicos: durante las primeras horas, la orquesta tocaba sin él, mientras las mujeres del cabaret, aburridas, bailaban entre ellas a la espera de la llegada de los visitantes, que lentamente iban poblando el lugar. Durante una de esas rutinarias antesalas, los músicos interpretaron 9 de Julio, que formaba parte del repertorio sin ninguna particularidad en la ejecución. Pero esta vez el pianista, Rodolfo Biagi, por ocurrencia, comenzó a agregarle nerviosos toques, adornos y efectos varios aquí y allá. La innovación  –producida por Biagi, quizás para quebrar el abúlico clima del salón semidesierto- no pasó inadvertida entre las mujeres del Chantecler, que lo ovacionaron.

Un rato después, cuando ya el cabaret estaba concurrido y animado, llegó D’Arienzo y la orquesta se preparó para la segunda vuelta de la noche. Las mujeres pedían efusivamente 9 de Julio y Juan se dispuso a complacerlas. Comenzó la interpretación, en la que Biagi, ante la presencia del director, volvió con prudencia a la forma corriente, como si las improvisaciones de más temprano hubieran sido la travesura de un chico. Pero hubo que interrumpir el tango porque la gente reclamaba enérgicamente que fuera tocado del mismo modo que un rato antes. D’Arienzo preguntó, desconcertado, cómo lo habían tocado, y entonces Biagi emprendió la versión cargada de adornos y efectos. A partir de ese episodio constituyeron el rasgo fundamental de la personalidad interpretativa de la orquesta de D’Arienzo. Con esos recursos que tuvieron una enorme aceptación popular  Biagi delineó un aspecto central del estilo D’Arienzo.

(1) Del Priore, Oscar e Irene Amuchástegui. Cien tangos fundamentales. Ed. Aguilar. Bs. As., 1998.

Carlos A. Manus
Noviembre 2011
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