"El 'anacronismo' de los norteamericanos"
Con referencia al artículo de Mariano Grondona publicado bajo ese título en
La Nación cabe comentar que los norteamericanos votan cada cuatro años
el primer martes de noviembre, magnífica "monotonía" que le ha permitido a EE.
UU. ser el único país que ha disfrutado de estabilidad política en sus más de
200 años de historia.
"Anacronismo institucional o progreso económico" es una falaz antinomia: no
debe confundirse estabilidad institucional con anacronismo. Esa admirable estabilidad
institucional del país del norte
ha sustentado su extraordinario desarrollo social y económico.
El Colegio Electoral, que EE. UU. ha mantenido a lo largo de su historia, fue
la fórmula que
adoptamos en 1853 para dar participación política en un pie de igualdad a todas
las provincias.
En 1994, Pacto de Olivos mediante, reemplazamos ese sistema federalista por
el voto directo, con el resultado que la elección presidencial es decidida por
las cuatro provincias más densamente pobladas.
Los norteamericanos no viven pendientes de la política y consideran que la misma
es sólo para
los políticos. Por más reñidas que sean sus elecciones y por grandes que sean
los agravios
intercambiados entre los aspirantes, concluído el proceso electoral, el candidato
perdidoso,
su partido y toda la población apoyan solidariamente al elegido.
Nosotros, en cambio, hacemos politiquería (no política) todo el año, seguimos
agraviando al
adversario (al que consideramos un enemigo) y, a partir de su asunción, le ponemos
palos a la
rueda al Presidente que resultó elegido.
Ningún militar norteamericano concebiría hacerle un planteamiento al Presidente
de la Nación y
mucho menos derrocarlo. Los uniformados norteamericanos se consideran a sí mismos
en un plano
de igualdad con los civiles y no como una casta superior, y el Presidente es
realmente el Comandante en Jefe de las fuerazas armadas. Tampoco a ningún político
se le ocurriría ir a golpear la puerta de los cuarteles: si están disconformes
con el Presidente, los norteamericanos esperan a la próxima elección para cambiarlo.
El grado máximo del escalafón militar norteamericano es el de general, almirante
o brigadier, no el
de Presidente de la Nación. Los militares-presidentes fueron ungidos por voluntad
popular, no
fueron productos o usufructuarios de cuartelazos.
Otras fundamentales diferencias a favor de EE. UU. son la de que los partidos politicos no son fianciados por el erario y que sus leyes e instituciones son más importantes que los hombres.
La de los norteamericanos no es "monotonía" sino una envidiable consistencia
nunca interrumpida
por revoluciones como las que eclipsaron nuestro proceso institucional y frustraron
nuestro
desarrollo económico.
Los golpes militares trajeron persecuciones, exilios, cárceles, torturas, muertos y desaparecidos. También nos dejaron una serie de incumplidas proclamas revolucionarias.
Carlos
A. Manus
Noviembre
21, 2000