Autocrítica
civil por golpes militares
En el acto efectuado el 9 de diciembre de 1998 en el Salón de los Pasos Perdidos
del Congreso Nacional, en recordación del décimo segundo aniversario de la finalización
del juicio a los integrantes de las juntas militares que actuaron durante el
último régimen de facto en la Argentina, el ex-presidente Raúl Alfonsín reclamó
una autocrítica para la civilidad que en su momento apoyó los alzamientos militares.
Olvida Alfonsín que el 31 de julio de 1946, ante el Comité del Partido Demócrata
Nacional, el dirigente José Aguirre Cámara formuló la crítica a su partido por
su participación en la sedición del
6 de septiembre de 1930 expresando:
"…Nosotros contribuimos
a reabrir en 1930 en el país la era de los cuartelazos victoriosos.
En el año 1930,
para salvar al país del desorden y del desgobierno, no necesitábamos sacar
a las tropas de
los cuarteles y enseñar al ejército el peligroso camino de los golpes de estado.
Pudimos, dentro
de la ley, resolver la crisis: no lo hicimos, apartándonos de las grandes enseñanzas
de los próceres conservadores, por precipitación, por incontinencia partidaria,
por olvido de las
lecciones de la experiencia histórica (sic), por sensualidad de poder…" .
El que realmente está en mora en su autocrítica es el Partido Radical, y esa
autocrítica debería
incluir la participación de algunos de sus dirigentes en el derrocamiento del
presidente Hipólito Yrigoyen: el vicepresidente Enrique Martínez y el ministro
del Interior Elpidio González, por acción
u omisión, estaban comprometidos con los revolucionarios creyendo que la sublevación
se había
hecho para su propio beneficio.
Se le atribuye a Juan de la Campa, ministro de Justicia, haber sido el cerebro
del golpe de palacio
para sustituir a Yrigoyen por Martínez. El jefe de policía Graneros, los senadores
Delfor del Valle
y Diego Luis Molinari, los diputados Andrés Ferreyra, Eduardo Giuffra y Víctor
Guillot estuvieron comprometidos también en esa conjura . Es imperdonable la
doblez de Guillot dado que, siendo director del diario La Epoca, escribía los
editoriales ensalzando la gestión de Yrigoyen.
Es un lugar común responsabilizar a los conservadores por la politización
del ejército. Sin embargo,
esa politización no la iniciaron los conservadores ni comienza con la sublevación
de 1930. Yrigoyen había atraído a "su causa" a algunos militares que participaron
en sus varias y fracasadas intentonas revolucionarias para derrocar a gobiernos
constitucionales. Los militares comprometidos en esos intentos fueron, por ese
motivo, dados de baja del ejército. Siendo presidente, Yrigoyen reincorporó
a esos militares con el grado que les hubiera correspondido de haber continuado
en actividad provocando el malestar de las fuerzas armadas por la alteración
que esa medida producía en su escalafón.
Militares leales a "su causa" fueron la mayoría de los interventores designados
por Yrigoyen en
las intervenciones dispuestas a los poderes ejecutivos de los gobiernos provinciales
presididos por adversarios políticos al Partido Radical.
En esa demorada autocrítica, no debería olvidar el Partido Radical incluir su participación en las asonadas del 19 de junio y del 16 de septiembre de 1955, así como el haber integrado el equipo ministerial del general Pedro E. Aramburu.
También debería incluir en esa autocrítica la oposición salvaje de los radicales del pueblo a la presidencia de Arturo Fondizi y las continuas interferencias de Ricardo Balbín a la gestión del presidente Arturo Illia, las que contribuyeron en gran medida a sus derrocamientos.
Carlos
A. Manus
Mayo 21, 1999