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Publicado por el diario "El Cordillerano", San Carlos de Bariloche
El
Instituto Balseiro cumple cincuenta años
Evocación de un hecho trascendente
En la mañana del 1º de agosto de 1955 el Instituto de Física
de San Carlos de Bariloche iniciaba, con 16 jóvenes alumnos, una trascendental
labor de formación científica impulsada por la imponderable dedicación
de su primer Director, del que hoy lleva su nombre : Dr. José Antonio
Balseiro. Era el lanzamiento hacia un anhelado objetivo de visionarios argentinos.
Pasaron cincuenta años y hoy nadie puede desconocer el prestigio internacional
alcanzado por la Argentina en el desarrollo de la investigación científica
en el campo de la física y de la energía nuclear. Fueron muchos
los egresados que demostraron en los más importantes centros especializados
del mundo el alto nivel adquirido en este Instituto, como así también
el imponderable desarrollo tecnológico en investigación aplicada
que constituye el INVAP, orgullo de Bariloche.
El destacar esta etapa trascendente nos lleva a recordar que ya en 1949 el
presidente de la nación Juan D. Perón apoyaba e impulsaba el desarrollo
de la investigación científica diciendo: "¿Cómo
es posible que una universidad comience por desconocer que hay una rama, la
más útil de toda la enseñanza, que es la de la investigación
científica?".
Y fue el 23 de diciembre de 1949 cuando el rector de la Universidad de Cuyo,
Dr. Fernando Cruz, por ordenanza Nº 147 transformó el Instituto de Ciencias
Puras en Departamento de Investigaciones Científicas, cuyo primer proyecto era
emplazar a 5.150 metros sobre el nivel del mar, en la zona de Laguna del Diamante,
un Observatorio de Rayos Cósmicos, cuya fase inicial se concretó al construir
la Estación de Altura a 4.300 metros s.n.m. habilitada en 1950. Simultáneamente
en Bariloche se iniciaban los trabajos de obras preliminares en la isla Huemul,
que había sido elegida por Richter para desarrollar su proyecto en lo que se
llamaría Planta Piloto Huemul.
El 31 de mayo de 1950, Año del Libertador General San Martín, se creaba la Comisión Nacional de Energía Atómica dependiente de Presidencia de la Nación, y el 13 de junio de 1950 la Universidad de Cuyo creaba el Instituto de Física Nuclear. Cinco años después nacía en Bariloche el que hoy cumple sus primeros 50 años.
Para algunos esta celebración tiene una connotación muy particular, por lo vivido en ese tiempo de preparativos para la inauguración de los cursos en el Instituto de Física, programada para el 1º de agosto en las instalaciones de la P.E.A.T.
El Capitan Oscar Quihillalt era el Director de esa dependencia de la CNEA, y tenía la responsabilidad de la concreción del proyecto, secundado por el Sr. Fernando M. Prieto, quien ejerció la Secretaria General y la dirección técnico-administrativa del Plan de Obras.
Todas las obras, remodelaciones e instalaciones fueron realizadas por administración por el Departamento de Obras que contaba con un plantel de personal técnico profesional, operarios calificados, carpintería, talleres generales, equipamiento de transporte y maquinaria de obras.
Mucho antes del 1º de agosto los pabellones de alojamiento de estudiantes y profesores estaban terminados y equipados con todo el confort y el nivel que correspondía a un emprendimiento de importancia nacional. Mientras tanto, todo el esfuerzo estaba concentrado en la terminación del pabellón de Aulas y Biblioteca, donde se trabajaba contra reloj a un ritmo ininterrumpido en tres turnos. No obstante, se tomaron las previsiones para contar provisoriamente con un local adecuado como aula para empezar los cursos, para lo que se habilitó el amplio local de la oficina técnica del Departamento de Obras en el pabellón Administración, equipado al efecto con asientos, pupitres y pizarrones realizados especialmente en los talleres de carpintería.
No hubo un problema que no fuera superado, en momentos que el país vivía
días aciagos, en los prolegómenos del derrocamiento del gobierno
nacional y popular, situación a la que nosotros no éramos ajenos.
En aquél entonces la
planta contaba con la guardia especial de Gendarmería Nacional, cuyo
Jefe era el Comandante Humberto Pecich, muy estimado y recordado especialmente
por aquellos primeros estudiantes del Instituto.
En los últimos días de julio empezaron a llegar profesores y alumnos: la mayoría de ellos, curiosos y asombrados, recorrían el lugar donde pasarían momentos inolvidables de su vida.
Llegó el día 1º de agosto, y a las ocho de la mañana los alumnos seleccionados asistieron a la primera clase de matemática, que les dictó el Dr. Balanzat. Los flamantes alumnos eran: Verónica Grünfeld, Nicole Bonier, y los jóvenes Bonacalza, Bisogni, Boteri, Etcheverri, Esteve, Erramuspe, Litvak, Ladizesky, Pissanestky, Olcesse, Vidoz, Falicof, Halpern y Kestelmann.
Esa mañana para muchos habrá sido inolvidable; se percibía en el ambiente que algo importante estaba pasando. Era la largada del proyecto anhelado por su promotor, el Dr. Balseiro, que implicaba el gran desafío de concretarlo exitosamente junto al prestigioso grupo de profesores y científicos que lo acompañaban en esa etapa fundacional: Balanzat, McMillan, Moretti, Abele, Platzeck, Maiztegui, Foglio, Buch, Meckbach, Tamango, Mariano.
Pasó ese día y muchos más, mientras el pabellón de Aulas y Biblioteca se iba habilitando progresivamente. Finalmente fue inaugurado, tal cual está hoy, en enero de 1956, y el plan de obras continuó ejecutándose normalmente: la terminación y habilitación de las catorce viviendas para profesores y los distintos edificios e instalaciones especiales que demandaba el proyecto, además de toda la urbanización del predio desarrollada en los cinco años siguientes.
Este relato no tiene sentido si no rescato para la memoria colectiva a los demás protagonistas que con su trabajo responsable contribuyeron a hacer posible y palpable lo que hoy celebra el CAB. Me refiero a todo el personal técnico, administrativo, operarios y servicios de la Planta (CNEA), con los que convivieron días y años en ese amplio y diverso ámbito de actividades. Citaré a algunos de ellos: Dallajana, Eggers, Quintupuray, Husulack, P. Furlan, A.Furlan, Giménez, Venanzi, Ferreira, León, Leuman, Boeche, Guraieb, Lucio, Cortínez, Levis, Bertolo, Pérez, Vidal, Oporto, Herrera, Premazzi, Murtagh, Gonzales, D´Angelo, Russo, Godoy, Martín, Calfin, Carrasco, Contreras, Salinas, Moos, Morales, Tomba, Elizalde, Torres, Pliaco, Brei, Bustamante, Collueque y muchos otros que dejaron el testimonio de sus trabajos en cada rincón y cada edificio del hoy Centro Atómico Bariloche. Fueron también ellos los que tuvieron la oportunidad de conocer a un hombre probo, profesional brillante, docente y funcionario ejemplar cuya dedicación la consagró a la CNEA.: Fernando M. Prieto. Su capacidad resolutiva y previsora en el planeamiento, construcción y administración del Centro Atómico Bariloche fue determinante, y ha sido reconocida por quienes impulsaron a la CNEA para que cumpliera consecuentemente con el objeto principal de su creación, convirtiéndola en ejemplo de las reparticiones del Estado. Ellos fueron el Cnel. Enrique P. Gonzales, el Cap. Pedro E. Iraolagoitia y el Cap. Oscar Quihillalt.
San Carlos de Bariloche, 1º de agosto de 2005
Ernesto
Rafael Ríos
Técnico
constructor nacional
Ex-jefe
Departamento de Obras del Centro Atómico Bariloche - CNEA
errios@bariloche.com.ar