La vigencia del tango "¡Chau, no va más...!"
Publicado
en el Nº 5 de
la revista
"Bondiguía"
Aunque este tango de Homero Expósito se refiere al cambio
en los sentimientos personales, "¡Chau, no va más...!"
expresa también el actual sentimiento colectivo.
Cada día que pasa somos más conscientes de que necesitamos corregir
el rumbo hacia el que se dirige nuestra comunidad. Pero para cambiar el modo
de vivir de un pueblo se debe cambiar a las personas. Así lo predicó
y lo ejemplificó el Mahatma Gandhi, para lograr la emancipación
de la India.
Un pueblo celoso de sus obligaciones, responsable, tiene fuerza moral para
exigirle la misma actitud a quienes lo gobiernan. Ese es el sentido de la
frase: "Los pueblos tienen el gobierno que se merecen". Cuando creemos
que tenemos derecho a no cumplir con nuestros deberes, los gobernantes se
desentienden a su vez de sus responsabilidades, y se ocupan de acrecentar
sus privilegios.
Sólo podremos satisfacer nuestras aspiraciones de justicia, trabajo,
educación, salud y -como consecuencia de haber alcanzado lo anterior-
seguridad, si superamos el egoísmo individual y actuamos como personas
solidarias y responsables.
En la clase política no abundan las personas, sino los personajes,
individuos cuya imagen es muy conocida, pero de quienes sospechamos que si
los conociéramos con mayor detalle no le daríamos nuestro apoyo
ni nuestra confianza.
El cambio era un signo de la época moderna, pero se lo ha convertido
en un valor en sí mismo, y así hemos llegado a la pérdida
de valores fundamentales, heredados del humilde ejemplo de nuestros abuelos
y del gran ejemplo de nuestros próceres.
Nos vamos acostumbrando a los cambios de una cultura que domina la materia
pero que ignora las leyes del espíritu. Se ha reducido el alma a psiquismo;
el amor a pulsiones instintivas, la amistad al mero cumplimiento de formalidades
sociales.
En medio de una actitud colectiva de "¡Sálvese quien pueda!"
-si Expósito viviera, podría escribir un tango con este título-,
el juez piensa más en sus honorarios que en la justicia, el artista
persigue el éxito antes que la belleza, el filósofo ya no busca
la verdad sino el prestigio.
En tanto, los hombres grandes, los testigos de la época como Ernesto
Sabato, denuncian el sinsentido de la vida que llevamos y nos convocan a La
resistencia: se trata de un cambio que implica, en lo social, rechazar los
valores que proponen los medios manipuladores de opinión, y en lo personal,
volver a vivir con sencillez lo realmente valioso: la amistad, el tiempo compartido.
Todos anhelamos superar la crisis que nos aqueja, que es mucho más
moral que económica. Cuando logremos cambiar nuestro rumbo, el tango
de Expósito que da título a esta nota volverá a referirse
solamente a las vicisitudes del amor entre hombres y mujeres que viven en
una comunidad organizada.
Conrado De Lucia