Disertación del
presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez
Frías,
en
la XV Conferencia Internacional de la ONU sobre Cambio Climático
Copenhague, Dinamarca, miércoles 16 de diciembre de 2009
Señor
Presidente, señores, señoras, excelencias, amigas y amigos, les
prometo que no voy a hablar más que quien más ha hablado esta
tarde aquí. Permítanme un comentario inicial que hubiera querido
hacer como parte del punto previo que fue realizado por la delegación
de Brasil, de China, de India, de Bolivia. Nosotros estábamos allá
pidiendo la palabra, pero no fue posible tomarla. Dijo la representante Bolivia
mi saludo, por cierto, al compañero presidente Evo Morales, quien
está por allí, presidente de la República de Bolivia:
Asistentes: (Aplausos).
Ella dijo entre otras cosas lo siguiente tomé
nota por aquí; dijo: "El texto presentado no es democrático,
no es inclusivo.".
Yo venía llegando apenas, y nos estábamos sentando,
cuando oímos a la presidenta de la sesión anterior, la ministra,
decir que venía un documento por ahí, pero que nadie conoce. Yo
he preguntado por el documento. Aún no lo tenemos. Creo que nadie sabe
de ese documento top secret.
Ahora, ciertamente la camarada boliviana lo dijo: no es democrático,
no es inclusivo. Ahora, señoras, señores:
¿Acaso no es esa precisamente la realidad de este mundo?
¿Acaso estamos en un mundo democrático? ¿Acaso
el sistema mundial es inclusivo?
¿Podemos esperar algo democrático, inclusivo,
del sistema mundial actual?
Lo que vivimos en este planeta es una dictadura imperial,
y desde aquí la seguimos denunciando. ¡Abajo la dictadura imperial!
¡Y que vivan los pueblos y la democracia y la igualdad en este planeta!
Asistentes: (Aplausos).
Y esto que aquí vemos es reflejo de ello: Exclusión.
Hay un grupo de países que se creen superiores a nosotros los del sur,
a nosotros, el tercer mundo, a nosotros los subdesarrollados o, como dice el
gran amigo Eduardo Galeano: nosotros los países arrollados como por un
tren que nos arrolló en la historia.
Así que no nos extrañemos, pues, de esto; no
nos extrañemos. No hay democracia en el mundo, y aquí estamos
una vez más ante una poderosa evidencia de la dictadura imperial mundial.
Luego aquí subieron dos jóvenes afortunadamente
los agentes del orden han sido decentes: algún empujón por ahí,
y ellos colaboraron, ¿no? Allá afuera hay mucha gente, ¿saben?
Claro, no caben en este salón. Mucha gente; he leído en la prensa
que hubo algunos detenidos, algunas protestas intensas, ahí en las calles
de Copenhague, y quiero saludar a toda esa gente que esta allá afuera,
la mayor parte de ella jóvenes.
Asistentes: (Aplausos).
Claro, son jóvenes preocupados, creo que con razón
mucho más que nosotros, por el futuro del mundo; nosotros tenemos la
mayoría de los que estamos aquí ya el sol a la espalda.
Ellos tienen el sol al frente, y están muy preocupados.
Uno podría
decir, señor Presidente, que "un fantasma recorre Copenhague",
parafraseando a Carlos Marx, el gran Carlos Marx. Un fantasma recorre las calles
de Copenhague, y creo que ese fantasma anda en silencio por esta sala. Por ahí
anda, entre nosotros, se mete por los pasillos, sale por debajo, sube. Ese fantasma
es un fantasma espantoso, casi nadie quiere nombrarlo: El capitalismo es el
fantasma. Casi nadie quiere nombrarlo.
Asistentes: (Aplausos).
Es el capitalismo. Ahí rugen los pueblos: allá
afuera se oyen.
Yo venía leyendo algunas consignas que hay pintadas
en las calles, y de esas consignas de estos jóvenes algunas de
ellas las oí cuando iba el joven allá, y la joven hay dos
de las que tomé nota. Se oyen entre otras dos poderosas consignas. Una:
"No cambien el clima, cambien el sistema.".
Asistentes: (aplausos).
Y yo la tomo para nosotros: No cambiemos el clima. ¡Cambiemos
el sistema! Y en consecuencia comenzaremos a salvar el planeta. El capitalismo,
el modelo de desarrollo destructivo, está acabando con la vida; amenaza
con acabar definitivamente con la especie humana.
Y el otro lema llama a la reflexión. Muy a tono con
la crisis bancaria que recorrió el mundo y todavía lo golpea,
y la forma como los países del norte rico auxiliaron a los banqueros
y a los grandes bancos. Sólo Estados Unidos, bueno, se perdió
la cifra es astronómica para salvar bancos. Dicen en las
calles lo siguiente: "Si el clima fuera un banco ya lo habrían salvado.".
Asistentes: (aplausos).
Y creo que es verdad: Si el clima fuera un banco capitalista
de los más grandes, ya lo habrían salvado los gobiernos ricos.
Creo que Obama no ha llegado. Recibió el Premio Nobel de la Paz casi
el mismo día en que mandaba 30 mil soldados más a matar inocentes
en Afganistán, ¡y viene ahora a presentarse aquí con el
Premio Nobel de la Paz, el Presidente de los Estados Unidos!
Pero Estados Unidos tiene la maquinita de hacer billetes,
de hacer dólares, y ha salvado bueno, creen haber salvado
a los bancos y al sistema capitalista.
Bien, esto (comentario al margen) que yo quería hacerlo
allá: estábamos levantando la mano para acompañar a Brasil,
a India, a Bolivia, a China, en su interesante posición que Venezuela
comparte con los países de la Alianza Bolivariana, con firmeza. Pero,
bueno, no nos dieron la palabra, así que no me cuente estos minutos,
por favor, Presidente.
Asistentes: (aplausos).
Fíjense, por ahí conocí tuve el
gusto de conocer a este escritor francés, Hervé Kempf. Recomiendo
este libro, lo recomiendo; se consigue en español por ahí
está Hervé también en francés, en inglés
seguramente: Cómo los ricos destruyen el planeta. Hervé
Kempf: Cómo los ricos destruyen el planeta. Por eso fue que Cristo
lo dijo: "Más fácil será que un camello entre por
el ojo de una aguja, que que un rico entre al Reino de los cielos". Eso
lo dijo Cristo Nuestro Señor.
Asistentes: (aplausos).
Los ricos están destruyendo el planeta. ¿Será
que piensan irse para otro cuando destruyan éste? ¿Tendrán
planes para irse a otro planeta? Hasta ahora no se ve ninguno en el horizonte
de la galaxia.
Apenas este libro me ha llegado me lo ha regalado Ignacio
Ramonet, que está por ahí también en esta sala, y
terminando el prólogo o el preámbulo esta frase es muy importante
dice Kempf lo siguiente. Leo: "No podremos reducir el consumo material
a nivel global si no hacemos que los poderosos bajen varios escalones, y si
no combatimos la desigualdad. Es necesario que al principio ecologista, tan
útil a la hora de tomar conciencia pensar globalmente y actuar
localmente, le sumemos el principio que impone la situación: consumir
menos y repartir mejor". Creo que es un buen consejo que nos da este escritor
francés, Hervé Kempf.
Asistentes: (aplausos).
Ahora bien, señor Presidente: el cambio climático es sin duda
el problema ambiental más devastador del presente siglo: inundaciones,
sequías, tormentas severas, huracanes, deshielos, ascenso del nivel medio
del mar, acidificación de los océanos y olas de calor, todo eso
agudiza el impacto de las crisis globales que nos azotan. La actual actividad
humana supera los límites de la sostenibilidad y pone en peligro la vida
en el planeta.
Pero también en ello somos profundamente desiguales.
Quiero recordarlo: los 500 millones de personas más ricas, 500 millones,
esto es, el siete por ciento, siete por ciento, seven por ciento de la
población mundial. Ese siete por ciento es responsable, esos quinientos
millones de personas más ricas son responsables del cincuenta por ciento
de las emisiones contaminantes, mientras que el 50 por ciento más pobre
es responsable de sólo siete por ciento de las emisiones contaminantes.
Por eso a mí me llama la atención es un poco extraño
llamar aquí a Estados Unidos y a China al mismo nivel.. Estados Unidos
tiene apenas, bueno, llegará, si acaso 300 millones de habitantes.
China tiene casi 5 veces más población que Estados Unidos.
Estados Unidos consume más de 20 millones de barriles
diarios de petróleo, China llega apenas a 5, 6 millones de barriles diarios.
No se puede pedir lo mismo a Estados Unidos y a China.
He aquí temas que hay que discutir. Ojalá pudiéramos
los Jefes de Estado y de Gobierno sentarnos a discutir de verdad sobre estos
temas.
Luego señor Presidente, el 60 por ciento de los ecosistemas
del planeta están dañados, el 20 por ciento de la corteza terrestre
está degradada. Hemos sido testigos impasibles de la deforestación,
la conversión de tierras, la desertificación, las alteraciones
de los sistemas de agua dulce, la sobreexplotación de los recursos marinos,
la contaminación y la pérdida de la diversidad biológica.
La utilización exacerbada de la tierra sobrepasa en
un 30 por ciento su capacidad de regenerarse. El planeta está perdiendo
lo que llaman los técnicos la capacidad para autorregularse. Eso lo está
perdiendo el planeta; cada día se liberan más desechos que los
que pueden ser procesados.
La supervivencia de nuestra especie martilla en la conciencia
de la humanidad. A pesar de la urgencia, han transcurrido dos años de
negociaciones para concluir un segundo período de compromiso bajo el
Protocolo de Kyoto, y asistimos a esta cita sin un acuerdo real y significativo.
Y por cierto, acerca del texto que viene de la nada como
algunos lo calificaron, el representante chino, Venezuela y los países
del ALBA, la Alianza Bolivariana, decimos que nosotros no aceptamos. Desde ya
lo decimos: Ningún otro texto que no sea el que venga de los grupos de
trabajo del Protocolo de Kyoto, y de la Convención, son los textos legítimos
que se han estado discutiendo con tanta intensidad en estos años.
Asistentes: (aplausos).
Y en estas últimas horas creo que ustedes no han dormido.
Además de que no han almorzado, no han dormido. No me parece lógico,
entonces, que salga ahora un documento de la nada, como dicen ustedes. El objetivo
científicamente sustentado de reducir la emisión de gases contaminantes
y lograr un convenio de cooperación a largo plazo, a todas luces hoy,
a esta hora parece haber fracasado por ahora. La razón, ¿cuál
es? No tenemos duda:
La razón es la actitud irresponsable y la falta de
voluntad política de las naciones más poderosas del planeta. Nadie
se sienta ofendido: recurro al gran José Gervasio Artigas cuando dijo:
"Con la verdad ni ofendo ni temo". Pero en verdad es una actitud irresponsable
de marchas, de contramarchas, de exclusión, de un manejo elitesco de
un problema que es de todos y que sólo podremos resolver todos.
El conservadurismo político y el egoísmo de
los grandes consumidores de los países más ricos denotan una alta
insensibilidad y falta de solidaridad con los más pobres, con los hambrientos,
con los más vulnerables a las enfermedades, a los desastres naturales.
Señor Presidente, es imprescindible un nuevo y único acuerdo aplicable
a partes absolutamente desiguales, por la magnitud de sus contribuciones y capacidades
económicas, financieras y tecnológicas, y que esté basado
en el respeto irrestricto a los principios contenidos en la Convención.
Los países desarrollados deberían establecer
compromisos vinculantes, claros y concretos en la disminución sustancial
de sus emisiones, y asumir obligaciones de asistencia financiera y tecnológica
a los países pobres para hacer frente a los peligros destructivos del
cambio climático. En tal sentido la singularidad de los estados insulares
y de los países menos desarrollados debería ser plenamente reconocida.
Señor Presidente, el cambio climático no es
el único problema que afecta hoy a la humanidad. Otros flagelos e injusticias
nos acechan: la brecha que separa los países ricos y pobres no ha dejado
de crecer, a pesar de todos los objetivos del milenio, de la cumbre de financiamiento
de Monterrey. Todas esas cumbres como decía aquí el presidente
de Senegal, denunciando una gran verdad: promesas y promesas incumplidas,
y el mundo sigue su marcha destructiva.
El ingreso total de los 500 individuos más ricos del
mundo es superior al ingreso de los 416 millones de personas más pobres.
Los 2800 millones de personas que viven en la pobreza, con menos de dos dólares
al día, y que representan el 40 por ciento de la población global,
obtienen sólo el 5 por ciento del ingreso mundial.
Hoy mueren al año unos 9,2 millones de niños
antes de alcanzar el quinto año de vida, y el 99,9 por ciento de estas
muertes ocurre en los países más pobres. La mortalidad infantil
es de 47 muertes por mil nacidos vivos, pero es de sólo 5 por cada mil
en los países ricos. La esperanza de vida en el planeta es de 67 años,
y en los países ricos es de 79, mientras en algunas naciones pobres es
de sólo 40 años.
Adicionalmente, existen 1100 millones de habitantes sin acceso
al agua potable, 2600 millones sin servicios de saneamiento, más de 800
millones de analfabetos, y 1020 millones de personas hambrientas. Ese es el
escenario del mundo.
Ahora, la causa, ¿cuál es la causa? Hablemos
de la causa, no evadamos responsabilidades, no evadamos la profundidad de este
problema. La causa, sin duda vuelvo al tema de todo este desastroso panorama
es el sistema metabólico destructivo del capital y de su modelo encarnado:
el capitalismo.
Aquí hay una cita, que quiero leerles brevemente, de
ese gran teólogo de la liberación, Leonardo Boff como sabemos,
brasileño. Nuestro americano Leonardo Boff dice sobre este tema
lo siguiente:
"¿Cuál es la causa? Ah, la causa es el sueño de buscar
la felicidad a través de la acumulación material y del progreso
sin fin, usando para eso la ciencia y la técnica, con las cuales se puede
explotar en forma ilimitada todos los recursos de la tierra". Y cita por
aquí a Charles Darwin y su "selección natural": la sobrevivencia
de los más fuertes. Pero sabemos que los más fuertes sobreviven
sobre la ceniza de los más débiles.
Juan Jacobo Rousseau siempre hay que recordarlo
decía aquello: "entre el fuerte y el débil la libertad oprime.".
Por eso es que el imperio habla de libertad Es la libertad para oprimir, para
invadir, para asesinar, para aniquilar, para explotar, esa es su libertad. Y
Rousseau agrega la frase salvadora: "sólo la ley libera.".
Hay algunos países que están jugando a que aquí
no haya documento, porque precisamente no quieren una ley, no quieren una norma,
porque la inexistencia de esa norma les permite jugar su libertad explotadora,
su libertad arrolladora. Hagamos un esfuerzo y presionemos aquí y en
las calles para que de aquí salga un compromiso, salga un documento que
comprometa a los países más poderosos de la tierra.
Asistentes: (Aplausos).
"Bueno se pregunta, Presidente, Leonardo Boff ¿Usted
lo ha conocido a Boff? No sé si pudo venir Leonardo. Yo lo conocí
hace poco en Paraguay; siempre lo hemos leído, ¿puede una
tierra finita soportar un proyecto infinito? La tesis del capitalismo, el desarrollismo
infinito, es un modelo destructivo. Aceptémoslo.".
Luego nos pregunta Boff: ¿qué podríamos
esperar de Copenhague? Apenas esta sencilla confesión: así como
estamos no podemos continuar. Y un propósito simple: vamos a cambiar
de rumbo. Hagámoslo, pero sin cinismo, sin mentira, sin dobles agendas,
sin documentos salidos de la nada, con la verdad por delante.
¿Hasta cuándo nos preguntamos desde Venezuela,
señor Presidente, señoras, señores hasta cuándo
vamos a permitir tales injusticias y desigualdades? ¿hasta cuándo
vamos a tolerar el actual orden económico internacional y los mecanismos
de mercado vigente? ¿hasta cuándo vamos a permitir que grandes
epidemias como el VIH SIDA arrasen con poblaciones enteras? ¿hasta cuándo
vamos a permitir que los hambrientos no puedan alimentarse ni alimentar a sus
propios hijos? ¿hasta cuándo vamos a permitir que sigan muriendo
millones de niños por enfermedades curables? ¿hasta cuándo
vamos a permitir conflictos armados que masacran a millones de seres humanos
inocentes con el fin de apropiarse los poderosos de los recursos de otros pueblos?
"Cesen las agresiones y las guerras", pedimos los
pueblos del mundo a los imperios, a los que pretenden seguir dominando el mundo
y explotándonos. No más bases militares imperiales, ni golpes
de Estado. Construyamos un orden económico y social más justo
y equitativo, erradiquemos la pobreza, detengamos de inmediato los altos niveles
de emisión, frenemos el deterioro ambiental y evitemos la gran catástrofe
del cambio climático, integrémonos en el noble objetivo de ser
todos más libres y solidarios.
Señor Presidente, hace casi dos siglos un venezolano
universal, libertador de naciones y precursor de conciencias, dejó para
la posteridad un apotegma pleno de voluntad: "Si la naturaleza se opone,
lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca..." Era Simón
Bolívar, el Libertador, desde la Venezuela Bolivariana, donde un día
como hoy por cierto, hace diez años, diez años exactos
vivimos la tragedia climática más grande de nuestra historia:
la tragedia de Vargas así llamada.
Desde esa Venezuela cuya Revolución intenta conquistar
la justicia para todo su pueblo, sólo posible por el camino del socialismo.
El socialismo, el otro fantasma del que hablaba Carlos Marx ese anda por
ahí también, más bien es como un contra fantasma,
el socialismo, ése es el rumbo, ése es el rumbo para la salvación
del planeta, no tengo yo la menor duda.Y el capitalismo es el camino al infierno,
a la destrucción del mundo. El socialismo, desde esa Venezuela que enfrenta
por ello las amenazas del imperio norteamericano.
Desde los países que conformamos el ALBA, la Alianza
Bolivariana, exhortamos: Yo quiero, con respeto, pero desde mi alma. exhortar
a nombre de muchos en este planeta. Exhortamos a los gobiernos y a los pueblos
de la Tierra. Parafraseando a Simón Bolívar, el Libertador: si
la naturaleza destructiva del capitalismo se opone, pues luchemos contra ella
y hagamos que nos obedezca. No esperemos de brazos cruzados la muerte de la
humanidad.
La historia nos llama a la unión y a la lucha. Si el
capitalismo se resiste, nosotros estamos obligados a dar la batalla contra el
capitalismo y abrir los caminos de la salvación de la especie humana.
Nos toca a nosotros, levantando las banderas de Cristo, de Mahoma, de la igualdad,
del amor, de la justicia, del humanismo, del verdadero y más profundo
humanismo. Si no lo hiciéramos, la más maravillosa creación
del universo, el ser humano, desaparecerá, desaparecerá.
Este planeta tiene miles de millones de años, y vivió
este planeta miles de millones de años sin nosotros, la especie humana.
Es decir, no le hacemos falta nosotros para que exista. Ahora, nosotros sin
la Tierra no vivimos, y estamos destrozando la Pachamama, como dice Evo, como
dicen nuestros hermanos aborígenes de Suramérica.
Finalmente señor Presidente ya para terminar, oigamos
a Fidel Castro cuando dijo: "Una especie está en peligro de extinción:
el hombre.".
Oigamos a Rosa Luxemburgo cuando dijo: "Socialismo o
barbarie.".
Oigamos a Cristo, el Redentor, cuando dijo: "Bienaventurados
los pobres porque de ellos será el reino de los cielos.".
Señor Presidente, señoras y señores:
Seamos capaces de hacer de esta Tierra no la tumba de la humanidad; hagamos
de esta Tierra un cielo, un cielo de vida, de paz, y de paz de hermandad para
toda la humanidad, para la especie humana.
Señor Presidente, señoras y señores muchísimas
gracias y buen provecho.
Asistentes: (aplausos).
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