A medio siglo de la gran derrota nacional
                                                                                                                                               Escribe Américo Rial

Sir Winston Churchill tenía motivos para celebrar en aquel comienzo del otoño londinense del 55. "La caída de Perón es la mejor noticia que he recibido despues de nuestro triunfo en la guerra mundial", dijo el primer ministro inglés, extrañamente eufórico.
Además la inteligencia inglesa acababa de frustrar -alentando un seudo nacionalismo- la posibilidad de que la Argentina se convirtiera en productor de petróleo a gran escala mediante los acuerdos del gobierno peronista con empresas estadounidenses, despegue que nos hubiera convertido en potencia de primer orden.
Muy lejos de la capital de Reino Unido, casi en el fin del mundo para la mayoría de los súbditos británicos, Juan Domingo Perón iniciaba el largo camino del exilio. No podía creer que "su ejercito" fuera instrumento de la reinstalación colonial. Y, por otro lado, reflexionaba sobre la pasividad de un pueblo que no ponía la energía necesaria para defender sus derechos y conquistas.
En Buenos Aires los vencedores demolían a cañonazos la sede de la Alianza Libertadora Nacionalista y a todos los que estaban adentro. Habían osado responder "ALN no se rinde" a un miliquito enviado por su jefe con una bandera de parlamento. Nunca nadie informó sobre las víctimas de este bombardeo en plena city porteña. Es claro que los que no fueron a la morgue o al hospital marcharon a las cárceles por años. Para ellos no hubo derechos humanos, ni habeas corpus, ni indemnizaciones. Sólo difamación y castigo. Esto fue todo un símbolo de adónde apuntaba el nuevo régimen: a la demolición del poder nacional.
A los que no se entregaron en San Martín y Corrientes hay que agregar a los de Villa Manuelita, en Rosario, a los de la jefatura de policia en Córdoba, y poco y nada más.
Así, con escasa oposición, el largo brazo de la sinarquía hundía sus garras en el codiciado país de los argentinos. Como bien pensaba Churchill, recién ahora los vencedores de Yalta completaban su obra, daban su última batalla para el dominio mundial completo, destruyendo el modelo independiente de la Argentina, que se proyectaba como un faro sobre la región y mas allá. Se instalaban los conceptos de Democracia y Libertad en contraposición a los de Nación y Pueblo.
Fue con la religión de la Democracia y la Libertad que se avanzó decididamente para degradar y pervertir al hombre argentino en una formidable ofensiva contracultural.
El régimen instalado en setiembre del 55 llamó a "desperonizar" el país, aplicando las técnicas usadas con los derrotados de la segunda guerra mundial, pero en el fondo el ataque era contra toda la Nación. Se comenzó entonces una lenta destrucción de valores e instituciones propios de nuestra tradición. Asi se instaló en la Argentina en forma masiva y contumaz el progresismo. Aparecieron como modas no discutibles el psicologismo, el marxismo y el relativismo moral. Se importaron todas las lacras de la Europa decadente del modernismo. Se inició un permanente proceso de "destrucción del hombre argentino", el que angustió a Perón al comprobarlo de visu en 1973. ¡Qué hubiera pensado, de vivir en este comienzo de siglo..!
En aquella primavera del 55 las metralletas del partido Comunista y la FUBA coparon las facultades, los sindicatos, los medios de prensa. El PC confeccionaba para los militares "libertadores" largas listas de inhabilitación de dirigentes sindicales. Lo hacían los mismos que en el 45 apretaban gatillos contra los militantes del peronismo. Los que despues encabezaron y homogeneizaron a la oposición a Perón, aunque sin lograr el "salto cualitativo" necesario, hasta que el clero se pasó de su lado, aplicando la política del Vaticano de someterse a los dictados de Yalta, tal vez para lavar su pecado de haber instigado tanto el accionar de los derrotados.
Este mismo PC -sucursal rioplatense de José Stalin, Beria y la KGB- había crecido en los años 40 y 50 vendiendo "protección" a incautos inmigrantes, negocio con el que le fue tan bien que formaron un gran aparato económico y financiero que aún perdura y pasó sin mayores dificultades por el Proceso y el onganiato. Además, a los "protegidos" les tomaban sus hijos para engrosar la Federación Juvenil. Negocio completo...
Hace a la honestidad rescatar aquí al único sector no gorila de la izquierda: el grupo socialista de la revolución nacional, de Enrique Dickman, en el que formaban los jóvenes Ramos, Spilimbergo, Unamuno y Cavalieri, entre otros.
Desde la otra punta, el clero lanzaba su Partido Demócrata Cristiano, uno de cuyos más prominentes fundadores fue José Alfredo Martínez de Hoz, a quien la izquierda prefiere caratular de "conservador". Años despues, fracasado el PDC, intentaría otra maniobra mandando a sus rubios monaguillos del barrio norte y San Isidro a hacer "turismo de aventura" en las villas miseria, disfrazados de curas guerrilleros. En el 55, estos cristianuchos compartieron la Junta Consultiva -triste parodia de poder legislativo sentado sobre las bayonetas- con los socialistas como Repetto, Sanchez Viamonte, Ghioldi o Alicia Moreau de Justo -a ninguno le falta su calle-, mientras Alfredo Palacios -embajador en Uruguay del régimen fusilador- se dedicaba a correr mucamitas en las noches de los hoteles montevideanos. Junto a ellos se codeaban por salir en la foto junto al almirante Rojas radicales como Oscar Alende o Miguel Ángel Zavala Ortiz -uno de los responsables de la masacre del 16 de junio del 55, que luego fue ministro del "viejito bueno" Arturo Illia-, demócratas progresistas como Luciano Molinas o liberales como Reinaldo Pastor o Corominas Segura. Afuera fusilaban, torturaban, encarcelaban, inhabilitaban, proscribían, pero... era necesario implantar la Democracia y la Libertad, como señalaban los editoriales de "La Vanguardia" y de "Nuestra Palabra".
Así fue el comienzo de esta larga marcha de la penuria argentina, hace cincuenta años. Después, cada gobierno fue una vuelta de tuerca de la entrega y el coloniaje. Por derecha o por izquierda, se avanzó casi siempre contra la Nación y su soberanía.
El retorno de Perón fue el glorioso triunfo de una larga lucha de resistencia patriótica. Pero el enemigo también había evolucionado. Los gorilas de setiembre del 55, aplicando aquello de "si no puedes con tu enemigo únete a él", mandaron a sus hijos a "hacer la conscripción" en el peronismo. El entrismo buscaba lograr desde el interior del movimiento lo que no habían conseguido los gobiernos antiperonistas. La oligarquía argentina, siempre proeuropea y escéptica con respecto a Estados Unidos, convencida de que el ejército rojo ganaría la tercera guerra mundial, coqueteaba con sus representantes en la región, mientras hacía excelentes negocios con Moscú. Todo contribuyó a "internacionalizar" nuestras luchas políticas, con los trágicos resultados conocidos.
El gorilismo del Proceso, la derrota de Malvinas (recordar que Margaret Thatcher culpó a Perón por esta guerra...), la consecuente democracia entreguista y la renovación que desperonizó el PJ, son etapas demasiado recientes para abundar sobre ellas. Los resultados están delante de los ojos de todos.
Muchos que criticaron a Perón cuando definió a la sinarquía (decían que era "pensamiento conspirativo") , hoy ven azorados cómo este superpoder ya no necesita ocultar su accionar. La globalización, el pertinaz ataque a los estados e identidades nacionales, el accionar lleno de soberbia de los cosmócratas de los organismos internacionales, el pensamiento único y "politicamente correcto", el grupo Bildeberg, son manifestaciones del gobierno mundialista, de los dueños del planeta. Ahora muchos empiezan a comprender mejor aquellas advertencias peronianas y a darse cuenta de para quiénes fueron idiotas útiles durante tanto tiempo.
Estas simples verdades de la experiencia popular no se enseñan en las universidades -ni en las públicas, ni en las privadas, ni en la de la señora Hebe- y mucho menos se difunden en los medios, todos alineados en el pensamiento politicamente correcto para mantener el contralor social.
Finalmente, una aclaración: no es por "omisión involuntaria" que escribimos democracia y libertad sin comillas. La democracia ha demostrado ser el sistema funcional al peor capitalismo, el oligárquico y usurero. La libertad es el retorno a la selva, al consumismo irracional, a la degradación que envilece y postra a individuos y pueblos, haciéndolos presa fácil de los poderosos. A los que duden de esto, les recomendamos que observen lo que sucedió en la Argentina en los últimos 50 años.

                                                                                                                              Américo Rial
                                                                                                                     16 de septiembre de 2005

Nota: Américo Rial es uno de los fundadores -junto a Rodolfo Pfaffendorf, Dardo Cabo, Andrés Castillo, Edmundo Calabró;
López Vargas y Antonio Arroyo-, del "Movimiento Nueva Argentina", proclamado el 9 de junio de 1961, en el quinto aniversario
del levantamiento del Teniente General Juan José Valle.

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