Discepolo
Hoy,
23 de marzo, se cumple el centenario del nacimiento de Enrique Santos Discepolo.
En homenaje al juglar de las esquinas porteñas -como acertadamente lo llamó
Norberto Galasso-
cabe recordar que su tango Cambalache tuvo el singular
privilegio de ser prohibido por las
dictaduras militares desde la de 1943
en adelante. Su letra, mordaz acusación a la corrupción
e impunidad de la
"década infame", es tan actual hoy como en 1935.
La neutralidad favorable
a los países del Eje mantenida por el presidente Ramón S. Castillo
prohibió
en 1943 la exhibición de la película El fin de la noche, protagonizada
por Libertad
Lamarque y Juan José Míguez con dirección de Alberto de Zavalía,
ambientada en un país que
padecía la invasión nazi y en la que Libertad interpretaba
el tango Uno. Esa película pudo ser estrenada después del golpe de palacio
del 4 de junio.
Los tangos de Discepolo sufrieron los efectos de la moralina
impuesta por esa sedición. El ministro
de Educación, Gustavo Martínez Zuviría
(Hugo Wast), creó una comisión presidida por monseñor Gustavo Franceschi encargada
de salvaguardar la pureza del idioma que arremetió contra los tangos prohibiendo
el voceo y el uso de términos lunfardos.
Los autores de los tangos prohibidos debieron cambiar de urgencia los términos "ofensivos" para adaptarlos a la mojigatería de esos puristas, lo que dio lugar a títulos y palabras que, por ridículos, alteraban el sentido de las letras que terminaban siendo una parodia del tango.
En 1949, Discepolo y otros autores entrevistaron al presidente Juan D. Perón, a quien convencieron que esa prohibición afectaba sus fuentes de trabajo, logrando la derogación de esa arbitraria medida.
La relación de Discepolo con Perón
dio origen a Mordisquito, el personaje que en la audición
"Pienso y digo
lo que pienso "dialogaba con un opositor imaginario al gobierno, y que fue un
extraordinario suceso radial. Perón manifestó que su reelección en las elecciones
del 11 de
noviembre de 1951 se debía al voto de las mujeres y a Mordisquito.
Como consecuencia de su voluntaria e incondicional adhesión a Perón, Discepolo
sufrió el odio
y el desprecio de los artistas opositores al régimen.
Mejor suerte corrieron Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta que, poco después del cuartelazo del 6 de septiembre de 1930, y en servil pleitesía al mismo, compusieron el tango Viva la Patria, ripiosa adulonería afortunadamente (para sus autores) olvidada por el público.
Carlos
A. Manus
Marzo 23, 2001
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