El tango como terapia
Publicado en el Nº 7 de la
Revista "Bondiguía"
Desde hace algunos años se han puesto de moda las terapias alternativas.
Esta expresión abarca toda clase de procedimientos y ejercicios, no sólo
para curar enfermedades, sino para ayudar a mantener la salud a aquellos que
a causa de la lucha por la existencia están desanimados, cansados de
vivir con tantas exigencias y tan pocas gratificaciones.
En realidad no hay nada nuevo en esta búsqueda de terapias. Therapéio
significaba para los griegos cuidar, asistir. Ese pueblo lleno de sabiduría
había comprendido la importancia de ayudarnos mutuamente a sentirnos
bien, o al menos a soportar mejor nuestras penas y dificultades.
El gran Aristóteles prescribía varias terapias para aliviar el
sufrimiento existencial, que comenzaban por el precepto obvio de conseguir aquello
cuya falta nos hace sufrir. A continuación, con más realismo,
proponía
otros medios: Ante todo, el llanto, que continúa siendo un recurso tan
digno como universal. Después indicaba los ejercicios, baños y
masajes, que al reconfortar el cuerpo alivian también al alma; y por
último, pero no porque fuera menos importante, aconsejaba buscar el consuelo
de los amigos.
El tango, con su variedad de formas y posibilidades, se nos presenta como una
terapia que abarca todo lo propuesto por Aristóteles: Como obra de arte
plena de belleza, nos enriquece y nos provee de un alimento espiritual que muchas
veces es el que más falta nos está haciendo.
Resulta propicio también para facilitarnos el llanto, el desahogo necesario
de nuestras penas, que solemos reprimir tanto voluntaria como involuntariamente,
pero que fluye sin falsos pudores cuando nos emociona la música de Piazzolla
o la voz de Gardel.
Si consideramos la terapia física, hoy vuelve a estar de moda bailar
el tango, y abundan los lugares para aprenderlo y practicarlo, disfrutando además
de su estimulante toque de erotismo.
Finalmente, está el consuelo de los amigos. Reunirnos fraternalmente
para
pasar un rato juntos escuchando las melodías y comentando las letras
que cada
uno puede referir a su propia vida, nos cura el alma con la terapia maravillosa
del afecto y de la comprensión mutua.
Busquemos entonces algunos tangos en la radio, pongamos el equipo para bailar
unos pasos con la novia o la patrona, vayamos al boliche o al club a estar un
rato con los amigos, confortados por la música de Troilo, o ensillemos
un mate en soledad, mientras escuchamos reflexivamente lo que Discepolo tiene
que decirnos, y el tango nos proporcionará la terapia que necesitamos
para tranquilizarnos y alegrarnos el alma.
Conrado De Lucia