El bohemio Tulio Angelozzi
El
tango suele tener en cada barrio su personaje representativo: el que encarna
en su vida, en sus actitudes, en su conducta, al prototipo construido desde
la cultura popular. Ese origen común en el sentir colectivo es lo que,
más allá de sus diferencias individuales, hermana a estos hombres
irreemplazables que visten de lirismo y de nostalgia la vida de los pueblos.
Ingeniero White tiene a uno de ellos en Tulio Angelozzi,
a quien tantos visitantes de las clásicas cantinas, desde todos los
rumbos del país, han visto y han escuchado con la simpatía y
el afecto que suscitan los arquetipos populares, verdaderos mitos vivientes.
A este hombre del común, pero revestido de las cualidades
que lo convierten en figura permanente de la noche whitense, ha querido honrar
el estudioso del tango Florentino Tino Diez con este poema:
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El último
bohemio
(Sonetango) De estirpe bien debute y milonguera, pifiándole a las notas rantifusas, vos tenés de la noche la pintusa y la prosapia de la grey tanguera. Gambeteás cuando viene la fulera; a la buena jugás y, sin excusas, apelás al concurso de las musas para alegrar la fiesta cantinera. Creés que no es herida, ni es absurda la rante vida que vivir nos toca, mientras aguante el bobo de la zurda y surja un tango vibrando de tu boca. En la cantina, tal vez de puro curda, con Garufa brindás la última copa. Tino Diez |
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