Evocación
del maestro Virgilio Expósito
(Publicado
en el diario "La Nueva Provincia" el domingo
29 de octubre de 2006)
"Siempre
recordaré a Virgilio como uno de los Estaba
anocheciendo y caminaba por Corrientes hacia el Obelisco, cuando al pasar ante
un edificio en remodelación, con el frente sin terminar, escuché
por una de las puertas entreabiertas una melodía tocada en piano con un
estilo que creí reconocer. Subí algunos peldaños de la escalera
de cemento aún sin alfombrar, y alcancé a ver en el piso superior
la silueta del hombre que tocaba, de espaldas a la calle. |
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Vestía un impecable traje gris que destacaba su complexión atlética, y lucía en su cabello rubio la característica "pluma" de los artistas. Rodeando al piano de cola, varias personas escuchaban en actitud reverente. Más al fondo, en lo que ahora percibí que era un gran salón, algunos operarios disponían butacas y otros elementos. Cuando el pianista concluyó su ejecución, ya no tuve dudas. Me acerqué y lo tomé por los hombros.
¡Conrado...!
¿Cómo me encontraste? fue su saludo, mientras se incorporaba
y me daba un afectuoso beso.
Le conté que había reconocido su
manera de tocar el piano, y que en un primer momento me había sentido desconcertado
al ver que el lugar estaba en construcción.
Es
que vamos a estrenar esta sala en la próxima quincena, y Virgilio es nuestro
asesor musical me explicó una de las personas presentes, que era
la coreógrafa del espectáculo y esposa del empresario de la sala.
El ensayo
prosiguió durante media hora más, y Virgilio siguió tocando,
repasando partituras y deteniéndose para dar indicaciones cordiales y entusiastas,
como siempre lo he visto hacerlo en sus clases, pues este gran compositor era
ante todo un maestro de alma. Su cátedra de ese momento, dirigida a los
actores, bailarines y músicos del espectáculo, era tan clara y colmada
de conocimientos que no pude menos que exclamar:
¡Esto
habría que grabarlo...!
Es lo que estoy haciendo
respondió la coreógrafa, indicándome un pequeño
aparato que estaba sobre el piano.Y agregó: Las clases de Virgilio
no tienen desperdicio.
Así había sido siempre
mi maestro, lleno de conocimientos y de generosidad para ofrecerlos, tanto en
sus clases en Sadaic como en el estudio que tenía a la vuelta, en la calle
Montevideo, Allí acudían en busca de su asesoramiento conocidas
figuras como Claudia Lapacó, Libertad Leblanc y hasta la viuda de Charlo,
una consagrada artista plástica que deseaba componer música. "Me
resulta fácil enseñarle", me había dicho Virgilio en
su presencia. "Sólo tengo que reemplazar los colores y formas que
ella domina, por notas y figuras musicales."
Al
concluir el ensayo acompañamos al matrimonio de los empresarios a cenar
en el restaurante de la planta baja. Virgilio, como siempre, sólo tomó
agua mineral, mientras seguía explicando animadamente sus ideas sobre el
próximo espectáculo.
Eran apenas las veintitrés cuando
se levantó de la mesa y me fui con él, caminando lentamente por
Corrientes hacia Callao. Como era su costumbre, Virgilio no pensaba trasnochar
sino levantarse muy temprano para componer, escribir arreglos y seguir trabajando
incansablemente en su música.
Charlamos un rato más mientras aguardábamos un taxi. Virgilio los dejaba pasar, hasta que finalmente se decidió a tomar uno. Entonces volvió a abrazarme y besarme paternalmente, y me quedé viéndolo alejarse en el auto, que atravesó los carriles de la avenida casi desierta y dobló a la izquierda por Paraná. Antes de que el taxi desapareciera por la bocacalle, alcancé una vez más a ver su noble cabeza bien erguida, coronada por su cabellera rubia.
Me quedé un rato en el mismo lugar, mirando hacia el Obelisco cercano mientras trataba de atesorar en la memoria ese momento. Me sentía feliz y nostálgico a la vez, y me puse a releer la placa de bronce de un pequeño monolito que, junto al cordón de la vereda, recuerda que alguna vez vivió allí Tita Merello. Después me fui caminando despacio hacia Callao, pensando en el privilegio de ser un discípulo apreciado y querido por tan grande maestro.
No
volví a verlo. Exactamente un año después, el 25 de octubre
de 1997, Virgilio Hugo Expósito pasó a integrar el grupo
de
los queridos músicos inmortales de Buenos Aires.
Conrado
De Lucia
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