Frondizi y las fuerzas armadas, una conflictiva relación
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El tendón de Aquiles de la gestión presidencial del Dr. Arturo Frondizi fue indudablemente su relación con las fuerzas armadas. Una frase de Frondizi en su primer mensaje al Congreso el 1º de mayo de 1958 disgustó profundamente a las FF. AA. Esa frase fue: "A las fuerzas armadas las queremos al servicio de la Nación y no como guardia pretoriana del presidente de la República". Además de imprudente, esa expresión era inoportuna ya que, si bien la misma podría haber sido aplicable a la cúpula militar de los gobiernos del general Juan D. Perón, esa cúpula había sido descabezada tres años atrás al inicio del gobierno de la Revolución Libertadora. |
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Al estructurar
su gabinete, Frondizi dispuso que las secretarías de Guerra, Marina y
Aeronáutica estarían subordinadas a un civil como ministro de
Defensa, cargo para el cual fue designado el Dr. Gabriel del Mazo, dirigente
radical histórico cuyo prestigio se remontaba a su actuación en
los episodios de la Reforma Universitaria de 1918, su actuación en el
grupo FORJA y su labor como historiador del radicalismo, pero que desconocía
el tema militar.
Por su formación,
Del Mazo debería haber sido nombrado ministro de Educación, pero
Frondizi, previendo que aquél, dados sus antecedentes, podría
oponerse a la implantación de la enseñanza libre a la que el Presidente
se había comprometido con la dirigencia católica a cambio de su
apoyo electoral- designó ministro de Educación a Luis R. MacKay,
un abogado especializado en temas agrícolas que, por su ferviente catolicismo,
no objetaría esa reforma educativa.
Con esos nombramientos,
Frondizi premiaba a sus viejos amigos y corrreligionarios asegurándose,
al mismo tiempo, que los nombrados no interferirían con sus proyectos,
para llevar a cabo los cuales contaba con un grupo de asesores o "gabinete
paralelo" y con Rogelio Frigerio como Secretario de Relaciones Económicas
y Sociales.
Como Subsecretario de
Defensa fue designado Bernardo Larroudé, un rematador de hacienda cuyo
conocimiento del tema militar se limitaba a ser el hermano de un oficial del
Ejército. Para colmo, Del Mazo y Larroudé chocaron desde el inicio
de sus gestiones. Como consecuencia de ese desconocimiento del tema y de esos
enfrentamientos, las crisis militares así como "el episodio Gómez"
tuvieron que ser manejadas directamente por el Presidente.
Como Secretarios de
las FF. AA., Frondizi nombró al general Héctor Solanas Pacheco
(Ejército), al almirante Adolfo B. Estévez (Marina) y al comodoro
Roberto Huerta (Aeronáutica). Antes de asumir el mando, en reunión
con las máximas autoridades del gobierno provisional, éstas le
propusieron a Frondizi que designara al Gral. Carlos Severo Toranzo Montero
como Secretario de Ejército.
Los reparos a la designación
de Solanas Pacheco ocultaban dos situaciones subyacentes: una era que los sectores
más antiperonistas o "gorilas" confiaban en Toranzo Montero
para controlar a Frondizi desde el poder militar; la otra era el antagonismo
existente entre los revolucionarios de 1955 y los de 1951 (como Solanas Pacheco
y el coronel Manuel Reimundes) que consideraban a aquéllos como "antiperonistas
de última hora".
Solanas Pacheco propuso
como Subsecretario de Ejército al Cnel. Reimundes, pero sectores del
Ejército opusieron una cerrada resistencia en la que influyó el
Gral. Pedro E. Aramburu. Esa oposición se debía a que, durante
la breve gestión del Gral. Eduardo Lonardi, Reimundes había estado
vinculado al Ministerio de Trabajo donde se había relacionado con Andrés
Framini y otros sindicalistas, lo que hacía temer que tuviera su propio
proyecto politico recreando la trayectoria de Perón.
Además, se le
atribuía a Reimundes ser el jefe de una supuesta logia del Dragón
Verde de cuya existencia no hay pruebas. Auque dicha logia hubiera existido
realmente, ese hecho no debería haber provocado sorpresa ni alarma dado
que siempre existieron logias en las FF. AA., tales como las denominadas San
Martín, Sol de Mayo o GOU a las que pertenecieron o de las que se sirvieron
Agustín P. Justo, Aramburu y Perón.
Ante la resistencia
que provocaba el nombramiento de Reimundes, Frondizi designó Subsecretario
de Ejército al Cnel. D'Andrea Mohr, hermano de un amigo suyo.
El capitán de
navío Francisco Manrique -alejado de sus funciones castrenses a raíz
del arresto que le impusiera el Alm. Estévez por un discurso de marcado
tono político que pronunciara en un ciclo de conferencias realizado en
el Liceo Militar, del cual era Director- se dedicó al periodismo y, desde
su periódico "Correo de la Tarde", criticaba tenazmente al
gobierno acusando alternativamente a Frondizi de filocomunista o de filoperonista.
Como presidente del
Centro Naval, el contralmirante Arturo Rial debía pronunciar un discurso
en
la tradicional cena de camaradería de las FF. AA., a la que concurriría
Frondizi en su carácter de comandante en jefe. Dos días antes
de la reunión, Estévez le presentó al Presidente el texto
de ese discurso, de marcado tono opositor y subversivo. Frondizi citó
a Rial, quien se negó a cambiar su alocución por lo que se le
impuso un arresto y se suspendió el acto.
Un grupo de camaradas
en actividad y retirados le ofreció una comida de desagravio a Rial.
D'Andrea Mohr cometió la "gaffe"de asistir a esa comida sin
consultar previamente con el Secretario de Ejército quien, con acuerdo
de Frondizi, lo releva y designa Subsecretario a Reimundes.
El Alm. Estévez
tuvo un conflicto con su arma como consecuencia de la sanción que impuso
a varios oficiales, y debió renunciar siendo reemplazado por el Alm.
Gastón Clement. Como consecuencia de su decisión de reincorporar
al Com. Julio César Krause, Huerta enfrentó una severa crisis
con sus subordinados, los que prevalecieron y Huerta pidió su relevo.
Lo sucedió el brigadier Ramón Abrahim, quien tuvo que renunciar
tras otro conflicto y fue sustituído por el Brig. Jorge Rojas Silveyra.
La mayor inestabilidad
se desarrolló en el Ejército, con un permanente enfrentamiento
y superposición de mandos entre el Secretario y el Comandante en Jefe,
con la ventaja a favor
de éste de tener mando de tropa.
El Gral. Rosendo Fraga,
comandante en Córdoba, se alzó exigiendo la renuncia de Reimundes,
iniciándose así el hábito de las sublevaciones para imponer
el criterio de una guarnición contra la conducción del arma. Sintiéndose
falto de respaldo, Reimundes se retiró siendo reemplazado por Fraga,
efímero triunfo porque tuvo que retirarse poco tiempo después
ante la renuncia de Solanas Pacheco.
Esas sustituciones rompían el principio de respeto a la jerarquía, estableciéndose el lamentable precedente de premiar al oficial sublevado desplazando al leal, cuya carrera quedaba en consecuencia interrumpida.
Carlos
A. Manus
Febrero 28, 2002
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