From: Patricia Curcio pmcurcio@hotmail.com
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Miércoles 3 de agosto de 2006 17:14
Esta nota es del diario página
12 de la edición de hoy. Tal vez ya la hayan leído, pero vale la
pena.
¿Hasta
cuándo?
Por
Eduardo Galeano
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Nota:
Por considerar que la gravedad de la tragedia que están viviendo los pueblos
inocentes judío y libanés otorga el derecho y el deber de colaborar
con su difusión,
reproducimos el presente artículo sin la autorización
de los propietarios del Copyright, dejando constancia de nuestra disposición
a retirarlo de inmediato a su requerimiento.
En Caná, donde
Jesús convirtió el agua en vino para celebrar el amor humano, el
odio humano despedaza más de treinta niños en un largo bombardeo.
La guerra sigue, como si nada. Como de costumbre, dicen que fue un error. ¿Hasta
cuándo los horrores se seguirán llamando errores?
Esta guerra,
esta carnicería de civiles, se desató a partir del secuestro de
un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí
podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta
cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar
el secuestro del Líbano entero?
La cacería de judíos
fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó
un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta
cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes
que no cometieron?
Hezbolá no existía cuando Israel arrasó
el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos
seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo
porque tiene derecho a defenderse del terrorismo?
Irak, Afganistán,
Palestina, Líbano. ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando
países impunemente?
Las torturas de Abu Ghraib, que han despertado
cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos.
Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela
de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas.
¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando,
como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa
de la patria?
Israel ha desoído cuarenta y seis recomendaciones
de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta
cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio
de ser sordo?
Las Naciones Unidas recomiendan, pero no deciden. Cuando
deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa
Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban
a
Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán
actuando como si fueran otro nombre de los Estados Unidos?
Desde que los
palestinos fueron desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha
sangre ha corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la sangre
para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?
La historia se repite,
día tras día, año tras año, y un israelí muere
por cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo seguirá
valiendo diez veces más la vida de cada israelí?
En proporción
a la población, los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres
y niños, muertos en Irak, equivalen a ochocientos mil estadounidenses.
¿Hasta cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la
matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus pretextos?
¿Hasta cuándo seguirá siendo normal que los vivos y los muertos
sean de primera, segunda, tercera o cuarta categoría?
Irán
está desarrollando la energía nuclear. ¿Hasta cuándo
seguiremos creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro
para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la angustia para nada
el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta bombas atómicas, aunque
es un país que vive al borde de un ataque de nervios. ¿Quién
maneja el
peligrosímetro universal? ¿Habrá sido Irán
el país que arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?
En
la era de la globalización, el derecho de presión puede más
que el derecho de expresión. Para justificar la ilegal ocupación
de tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son patriotas
y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal.
¿Hasta cuándo los medios de comunicación seguirán
siendo miedos de comunicación?
Esta matanza de ahora, que no es
la primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en silencio?
¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo seguirán
sonando en campana de palo las voces de la indignación?
Estos bombardeos
matan niños: más de un tercio de las víctimas y a veces bastante
más, como en Caná. Quienes se atreven a denunciarlo son acusados
de antisemitismo. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los
críticos de los crímenes del terrorismo de Estado? ¿Hasta
cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son antisemitas los judíos
horrorizados por lo que se hace en su nombre? ¿Son antisemitas los árabes,
tan semitas como los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que
defienden la patria palestina y repudian el manicomio fundamentalista?
Los
terroristas se parecen entre sí: los terroristas de Estado, respetables
hombres de gobierno, y los terroristas privados, que son locos sueltos o locos
organizados desde los tiempos de la Guerra Fría contra el totalitarismo
comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se llame Dios o
Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que
todos los terrorismos desprecian la vida humana y que todos se alimentan mutuamente?
¿No es evidente que en esta guerra entre Israel y Hezbolá son
civiles, libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos? ¿No
es evidente que las guerras de Afganistán y de Irak y las invasiones de
Gaza y del Líbano son incubadoras del odio, que fabrican fanáticos
en serie?
Somos la única especie animal especializada en el exterminio
mutuo.Destinamos dos mil quinientos millones de dólares, cada día,
a los gastos militares. La miseria y la guerra son hijas del mismo papá:
como algunos dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta cuándo
seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la muerte es nuestro único
mundo
posible?
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