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Lenguajes musicales: Glíglico, jitanjáforas
A pedido de dos visitantes de Terapia Tanguera
(Actualizado el 8 de julio de 2006 y el 9 de julio de 2008))
De: Claudio
Oscar Mucci
Enviado: Viernes 9 de Noviembre de 2001
Estimado Conrado:
He tenido el gusto de ser alumno suyo en la cátedra de Referente Psicológico
de la Educación, en el año 1993. Suelo escuchar su programa
de radio, por el cual lo felicito.
En días pasados una compañera de trabajo me solicitó
ayuda para localizar el texto Glíglicos, de Gabriel García
Márquez, pero no tuve éxito en mi búsqueda.
Apelo a su gentileza para solicitarle algún dato acerca de ese texto,
en caso de que usted lo conozca. Le agradezco la información que pueda
proporcionarme y, de no poder hacerlo, agradezco de igual modo su atención
y buena predisposición.
Estimado Claudio:
No he podido encontrar en García Márquez el texto mencionado.
En cambio, en Rayuela, de Julio Cortázar, hay varios ejemplos
de este lenguaje.
Se llama "glíglico" a un lenguaje musical que pretende comunicar
un significado por medio del sonido de sus sílabas y el ritmo de su
escandido su prosodia, sin prescindir totalmente de una armazón sintáctica
lógica. Esto posibilita que cada lector le asigne sus propias significaciones,
con lo que su interpretación adquiera algunas de las características
de los tests proyectivos utilizados en psicología.
El breve capítulo 68 de Rayuela tiene sólo una
veintena de renglones está escrito en "glíglico",
término inventado por el propio Julio Cortázar para designar
a este lenguaje musical. Transcribo su comienzo:
"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso
y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.
Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un
grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo,
sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando,
reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que
se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia." (Julio
Cortázar, Rayuela, 11ª edición, Madrid, Cátedra,
1997, p.533. Esta edición tiene una introducción de Andrés
Amorós, uno de cuyos apartados es precisamente "El 'glíglico'"
[pp.5761]. Allí se explica en detalle esta modalidad de escritura.).
Como figura retórica, se trata de jitanjáforas, término propuesto por el escritor mexicano Alfonso Reyes en 1929, para designar palabras o frases sin significado pero con sonido melódico y rítmico de allí lo de lenguaje musical. Reyes no inventó el término, sino que lo tomó del siguiente poema, que una de sus hijas solía recitar, y pertenece al poeta cubano Mariano Brüll:
Filiflama
alabe cundre
ala
olalúnea alífera
alveolea
jitanjáfora
liris
salumba salífera.
La jitanjáfora
es un recurso expresivo que surge en muchos casos espontáneamente;
siempre se han utilizado palabras sin significado, pero con sentido e intención
afectiva, como el "Arrorró, mi niño, arrorró
mi sol...", o el "Yira... yira..." de Discepolo,
que ha sido comparado atinadamente con el arrullo de una canción de
cuna.
Los sentimientos de los enamorados, a fuer de inefables, suelen expresarse
con términos semejantes, que carecen de sentido para quienes no participan
de la magia del encuentro interpersonal. Así, en la película
de Bernardo Bertolucci "Ultimo tango en París", Marlon Brando
y María Schneider dialogan amorosamente con monosílabos y sonidos
ininteligibles, a la vez que el insensato novio intelectual de María
graba infructuosamente los sonidos que emiten las aves de corral, intentando
descifrar su significado.
Los chicos usan jitanjáforas para sortear a uno de ellos en sus juegos.
Vayan algunos ejemplos: "Una, do, li, tuá, oso fete, colorete,
de la limentá".
Otro: "Sero bai, torne stai, díe míe, compañíe,
seri maco, tico taco, ori bara, buru sau, yaba ribe, yoco loso, este mira
por todo mun, napa saye de armasau, boi tres tiros, foi no fu."
Otro: "Pe penda, la diferencia, produce una mala infancia, olindú,
olindú, dime quién quieres sacar tú".
Otro: "Piso pisuela, color de ciruela, me dijo mi abuela, que sa ques,
es te, pie".
Otro: "Ape tí, lu cí, yaca ré, le be, vamos a,
cur tir, curti va, car che".
Los magos suelen pronunciar la jitanjáfora "¡Abracadabra!".
En la tira del diario Clarín "El mago Fafá",
éste producía sus efectos mágicos exclamando precisamente
"¡Jitanjáfora!".
Las jitanjáforas se usan a menudo como recurso humorístico:
José "Pepe" Díaz Lastra, en el programa televisivo
de José "Pepe" Biondi su suegro, intepretaba al personaje
"Frastraslafra", quien empleaba continuamente palabras sin sentido,
y terminaba siempre su esquicio mirando hacia la cámara y explicando:
"Frastraslafra sagrapa el calimestrol".
Otro artista de la televisión, Vicente Rubino, en el esquicio "Los
jubilados", le decía intencionada e irónicamente a Rafael
"Pato" Carret, quien se jactaba de las atenciones de un abogado
para el que su hija trabajaba de secretaria: "¿Así que
hijita suya, con abogado, indifrúndibus indisheguen?"
El músico Donald McCluskey cantaba "Scaba badí bidú,
scubi bidú bidei".
Rita Pavone cantaba en italiano: "Super cali fragilistico espialidoso..."
Y los Beatles "Obla-dí, obla-dá..."
Alfredo Casero canta una larga jitanjáfora en su tema "Bailando
en la Sociedad Rural", con música de Javier Malosetti.
El repertorio de música así llamada "internacional",
incluye valses como "Chiribiribín", rocks lentos como
"Shalala", y muchos otros temas con frases en lenguaje glíglico,
particularmente adecuado para expresar sentimientos amorosos inefables que
no pueden decirse con palabras corrientes.
El cancionero infantil ofrece muchos otros ejemplos: "Mantantirulirulá";
"Se me ha perdido una niña, cataplín, cataplín
cataplero"; "Mambrú se fue a la guerra, chiribín,
chiribín, chin chin".
En Chile se canta: "Del pellejo de un ratónico/ se hizo una
levita un gático/ se reía el muy simbúrrico/ de verse
tan burricrático..."
Más cercano a las aliteraciones, Nicolás Guillén escribe
en "Canción para despertar a un negrito": "Coco
cacao, cacho cachaza, upa, mi negro, que el sol abrasa."
Una chacarera nuestra concluye: "Y retumba, retumba tumba, retumba
un bombo en mi corazón."
Y Homero Expósito en "Trenzas", juega con la anfibología:
"Llama que te llama con la llama del amor."
Podría proseguirse esta breve recopilación indefinidamente.
Conrado De Lucia
De: Valeria
Enviado: Domingo 31 de Marzo de 2002 21:44
Estimado Profesor:
Quisiera saber, acerca de la modalidad de escritura "gliglico",
si me puede explicar el primer párrafo del capitulo 68 de Rayuela,
de Julio Cortázar (pp. 57-61). Debo transcribir las palabras NOEMA,
HIDROMURIAS, AMBONIOS y SUSTALOS al lenguaje cotidiano. Le agradeceré
si puede ayudarme, debido a que tengo que realizar un trabajo muy importante
para mi ocupación. Gracias.
Estimada Valeria:
En un sentido general, el capítulo 68 de Rayuela describe el
encuentro físico de una pareja de amantes, de una manera elíptica
y jovial, y en un tono amablemente pícaro.
Los términos sin sentido que emplea Cortázar permiten que cada
lector les atribuya un significado personal, originado en sus propios recuerdos,
imágenes y experiencias.
Es un ejemplo extremo del recurso literario que consiste en sugerir y crear
un clima en vez de describir en detalle. Al completar el significado con sus
propios pensamientos, el lector participa más intensamente de la situación.
Se sugiere más de lo que se dice, para producir un efecto mayor a partir
de la carga emocional que aporta el propio lector. El cine de suspenso y el
de terror utilizan este mismo recurso en forma visual, y dejan librado a la
imaginación del espectador el atribuirles significado a la imágenes.
La frase inicial del capítulo 68 dice: "Apenas él le
amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en
hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes."
Una transcripción libre de lo que sugiere el texto podría ser:
"Apenas él le rozaba la piel, ella sentía que le hervía
la sangre, y pronto caían en un vértigo de besos, de caricias
frenéticas y suspiros apasionados."
Como se ve, no tiene sentido el atribuirles significado preciso a palabras
como "noema", "hidromurias", "ambonios",
"sustalos", ya que extraidas de su contexto pasan a ser construcciones
arbitrarias. En realidad el lector no sustituye uno a uno los términos,
sino que percibe el significado de la frase de un modo personal e inexpresable.
Haciendo una proyección inconsciente, algún otro lector podría
interpretar: "Apenas él le sacaba el tema, a ella se le llenaba
el alma de furia, y caían en una discusión llena de frases hirientes
y acusaciones recíprocas." Obviamente, esta interpretación
le atribuye un sentido que está fuera del contexto del capítulo.
Del mismo modo, un capítulo puede analizarse al margen del significado
general de la novela, pero solamente con el propósito de estudiar sus
recursos literarios.
Conrado
De Lucia
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De: Sebastián
Enviado: Lunes 07 de Julio de 2008 18:55
Asunto: Glíglico
Estimado
Sr:
Propuse a mis amigos un juego basado en el captítulo 68 de Rayuela
de Cortázar,
y acabo de encontrar su página por casualidad.
Sería un placer que Ud. participara en dicho juego: http://www.sebb.info/letras/Juego_sobre_Rayuela.html
Atentamente,
Sebastián.