La neolengua
                                                                           por el doctor Néstor Luis Montezanti

     El eminente politólogo italiano Giovanni Sartori, en un trabajo de tesis formidable1, sostiene que el hombre tal como lo conocemos (desde los tiempos borrosos del pithecantropus erectus) y que suele designarse con homo sapiens (hombre inteligente), está en tren de acelerada extinción. En su lugar, se instala el homo videns (el hombre que ve). La imagen impera por doquier. Como aquel apóstol cristiano conocido como el Dídimo, nadie cree si no ve. Y todo se puede ver. Los pocos libros de texto que sobreviven son básicamente dibujos con un mínimo de texto. Lo mismo ocurre con los artículos de las enciclopedias por Internet. Las películas cinematográficas se filman con base en los llamados efectos especiales, que no son otra cosa que avalanchas de imágenes y de sonidos. En detrimento de los actores, desaparece la ficción de la televisión y hasta del cine, sustituida por la mucho más rica realidad actual. Los bebés son sometidos a la contemplación de la televisión ya durante la lactancia y por ende mucho antes de haber aprendido a hablar, a veces con el privilegio de poder ver emisiones especiales para ellos. Las operaciones quirúrgicas más delicadas y remotas se registran en filmaciones que se almacenan en discos compactos o pen drives. Se puede ver el ahorcamiento de Saddam Hussein o el degüello de un cautivo en lejanos países musulmanes, con todo detalle.
     En este panorama, es natural y necesario que el lenguaje (instrumento insuperable e insustituido de comunicación en la época del sapiens sapiens2) desaparezca a pasos agigantados. Los jóvenes hablan ininteligible para los adultos, a toda velocidad y con unas pocas -poquísimas- palabras reducidas a sonidos proteicos y confusos. Pueden permanecer horas abstraídos en medio de la multitud (conectados a un MP3 o en medio de la barahúnda de una disco) sin decir nada. Las usan más vale para mensajes de texto3, con una ortografía aterradora, impuesta por el espacio electrónico y la velocidad y economía operativas.
     La escuela poco los asiste, devenida en ámbito de alimentación4 y contención (v.), con docentes –paradójicamente mesiánicos– subvaluados, maltratados y peor vocados y preparados.
     Dentro de este proceso, aparece otro llamativo: con otra paradoja más, el lenguaje enflaquece hasta tornarse esmirriado y esquelético, por un lado, y engorda inconteniblemente por el otro. No se robustece, engorda.
     El tejido adiposo está constituido, básicamente, por el cambio de la significación de muchas palabras, las cuales pasan a constituirse en parónimos, ya que el significado antiguo no puede eliminarse de golpe, y el nuevo abarca varios conceptos; y por la pululación de muletillas alambicadas y pretenciosas. Con el aditamento de que muchos de tales conceptos ya existen codificados en el idioma, con lo cual, aparentándose renovarlo, en verdad se lo empobrece (v.gr., comercializar por comerciar; recepcionar por recibir; concesionar por conceder, direccionar por dirigir, posicionar por ubicar, visualizar por ver, merituar por meritar, &c.).
     A esto debe añadirse la influencia de lo políticamente correcto5, que procura atenuar la terribilidad de la realidad edulcorando el lenguaje mediante un uso elusivo (paradójicamente mientras la imagen la muestra con toda su patencia6). Como si a alguien que no ve o no oye o no puede moverse, le sirviera de algo saber que se lo designa ahora como "con capacidades diferentes".
     Ya Orwell demostró que el lenguaje es un instrumento de poder. El Estado totalitario que él concibió en 19847 , se valía de una neolengua que le permitía tergivesar la realidad mediante su transmisión elusiva a los habitantes, con palabras que denotaban conceptos muy diferentes -hasta antitéticos- de los que parecían designar. Así, Amor era odio, Paz, guerra, y sucesivamente.
     Lo que no pudo prever Orwell es que advendría una neolengua que no fuera obra (al menos exclusiva) de un Estado totalitario sino un combo patético de estolidez, frivolidad, ignorancia8 y soberbia.
     A continuación, un breve catálogo o rol -meramente enunciativo- de palabrejas o frases de esta neoparla que, aún, signa la etapa del homo videns. En algunos casos, me he permitido algún breve comentario o referencia a nuestra circunstancia propia:


Abuelo/a: anciano/a de la cuarta edad, tenga o no nietos, ni siquiera pareja (v.). Es el único grupo social etario en el que es irrelevante la opción sexual.

Chabón:
individuo humano indeterminado (quidam). De momento, se mantiene en el estadio lumpen, pero se proyecta a otros a pasos agigantados. Denota la profunda irrespetuosidad y el desdén por toda excelencia, que caracterizan desde hace rato a nuestra sociedad. En el coloquio intersubjetivo entre dos suele reemplazárselo con boludo.

Chico/a:
Pelópidas de entre tres y treinta y cinco años, circa ("Al chico que atendía el local los ladrones lo encerraron en el baño").

Gordo/a:
bebé (aunque sea flaco): "Tengo un gordo divino"; "La gorda me complica la vida"; "¿Cómo está el gordito?". Gordo es en realidad un adjetivo, no un sustantivo. ¿Será por la comentada adiposidad del idioma?

Pareja:
concubino/a; dícese también del/la amante o conviviente homosexual.

Argentinos y argentinas:
argentinos. Expresión políticamente correcta9 para aventar brumosos cargos de discriminación sexual, en detrimento de un idioma altamente evolucionado cuyas reglas estipulan que los plurales multigenéricos se forman con el solo masculino. Vale para cualquier colectivo (los porteños y las porteñas10, los abogados y las abogadas, &c.). Ante la pululación de titulares de características sexuales peculiares (bisexuales, travestis, hermafroditas, &c.), cabe preguntarse si no habrá que inventar otras categorías genéricas superadoras del masculino y el femenino11, para no incurrir en discriminación.

Es como que:
es, pero menos contundente ("Es como que no me gusta", "es como que duele"). Como es un adverbio modal, cuya función principal es la comparativa. También funge de muletilla.

A ver… (con dejo doctoral):
Y ahora, ¿Qué c… digo? Muletilla cheta, bienquista de políticos y periodistas.

De alguna manera:
relativización elusiva y hasta negación encubierta12 ("Lo logró de alguna manera"): ¿De qué manera? ¿Y de qué manera no lo logró? (que es el correlato necesario…). Úsase también como muletilla íd. ant., sobre todo por las clases distinguidas (políticos, periodistas, &c.)

Está bueno:
está bien; es bueno ("Va a estar bueno Buenos Aires13" ; "Está bueno dejar de fumar"). Antiguamente, la expresión sólo admitía la versión femenina, e indicaba que una mujer tenía atributos específicos que la hacían merecedora sobradamente de ser admirada, cortejada y deseada. Un adjetivo reemplaza a otro más específico y apropiado, en el primer supuesto; en el segundo, se sustituye al verbo ser con el estar, como si fueran sinónimos, tal como ocurre en el inglés o el alemán. Se bastardea y empobrece así un idioma que, en lugar de dos verbos auxiliares, tiene cuatro.

¿Entendés?
o ¿Me entendés?14: dos acepciones: 1) "Tarado irremisible"; 2) "¡Si me entendés sos un genio; porque ni yo me entiendo! …". Forma pretenciosa y egolátrica del correctísimo: "¿Me explico?". También úsase como muletilla.

No es menor:
no es irrisorio, no es poco, no es insignificante. Menor es un adjetivo comparativo, vale decir, siempre se es menor que algo o con relación a algo; nunca se es menor absolutamente.

Nada:
muletilla de reminiscencia sartreana. Denota exactamente lo contrario de su significación semántica, vale decir, la intención de seguir hablando, aun a trancas y barrancas. Su avance es arrollador y, al parecer, también ocurre en otras lenguas, como el italiano15.

De pronto
(variante: de repente): eventualmente, por allí, tal vez sí tal vez no ("De pronto llueve", "En las vacaciones, de pronto consigo novio"). En puridad, de pronto es sinónimo de súbitamente, impensadamente. Funge también como muletilla semi-cheta.

Contar:
relatar, referir, simplemente decir ("Ahora Víctor Hugo nos cuenta Boca-San Lorenzo"; "Les cuento que hoy va a hacer frío"). Contar es en puridad numerar o considerar algo; un cuento, por su parte, es el relato de algo ficticio.

Compartir:
ver, oír o ambas cosas, a través de un medio masivo audiovisual ("Ahora vamos a compartir las noticias"; "Compartimos el partido programado"). Pretende inducir una suerte de complicidad o cofradía entre comunicador y espectador, aunque el verbo venga por los Cerros de Úbeda, y aunque aquel último esté condenado estructuralmente a perpetua pasividad16.

Fusilar - ejecutar:
asesinar a balazos, aun disparados con armas de puño17 ("Fusilaron a sangre fría a un remisero por un celular"18; "La víctima fue ejecutada a mansalva"; "Aramburu fue ejecutado"19). Otrora, estos verbos denotaban determinados ajusticiamientos legítimos con la pena de muerte. Tal vez el caso más patético de confusión entre lo público y privado, cuyo claro deslinde es presupuesto elemental no sólo de la política sino de cualquier comunidad organizada.

La idea es:
plan, propósito, objeto ("La idea es llegar a la segunda vuelta"; "ésa es la idea"; "¿cuál es tu idea?"). ¡Pobre Hegel! ¡Pobrecito Platón!

Nos vemos:
volveremos a vernos. El presente sustituye al futuro. Subliminalmente, denota un diferimiento ad calendas græcas de la posibilidad de reencontrarse. Suele complementarse con el uso del gerundio (participio presente del verbo) para el futuro ("Estamos saliendo el sábado próximo"). La globalización se extiende así hasta la línea del tiempo. Al parecer, es una tendencia no exclusiva del castellano ni de la Argentina20.

Me da la sensación
; ¿cuál es su sensación?: Tengo la impresión, opino; ¿qué opina Ud.? ("¿Cuál es su sensación sobre el crimen de los tres policías?"). Las sensaciones son táctiles, gustativas, olfativas, auditivas y visuales, vale decir, vinculadas directa y exclusivamente a los sentidos; los cuales poco y nada (más vale nada) tienen que ver con la razón ni con el intelecto. Es otro de los muchos recursos elusivos para encubrir la contundencia de los juicios con emplastos verbales. Denota también la preeminencia axiológica de los sentidos sobre la razón y la inteligencia.

Ponerse las pilas, bajar un cambio, conectar la casete, caer la ficha, hacer un click, activar el chip, formatear el disco, tener las luces prendidas:
expresiones descriptivas o incitativas de conductas humanas referidas directamente a la mecánica y a la electrónica aplicada. En tiempos de derechos humanos de enésima generación y de reivindicación histérica de la individualidad humana, nos tratamos como a máquinas…

A priori
; a posteriori: antes, a primera vista; después ("A priori tendría que ganar Olimpo"; "a posteriori de la falta, el árbitro lo echó"). En un país iconoclasta que abandonó el estudio del latín hace casi medio siglo21 y que tiene hacia la venerable lengua del Lacio una actitud burlesca y despreciativa22, paradójicamente ciertos latinismos dan lustre y distinción. Particularmente entre políticos y periodistas. La lástima es que a priori denota a los juicios lógicos que no necesitan demostración, como son los apotegmas matemáticos; y a posteriori a los que sí necesitan corroboración empírica. Si no obstante se prefiriera usar el latín, habría que decir en tales casos ex ante, prima facie (en su caso, ya que significa a primera vista) y ex post

Tema:
Problema ("La seguridad sí que es un tema"; "El tema es ganar de visitante"). No es el único problema que tiene el pobre problema: si se decide usárselo, se lo reemplaza por problemática, que es más cheto ("¿Cuál es la problemática que la aqueja?"; "La prueba de oposición contiene varias problemáticas").

Bizarro:
raro, curioso, escandaloso ("Es un film francamente bizarro"; "el jugador hizo un gesto bizarro"). Ultra cheto. De uso predominantemente periodístico, aunque tiende a generalizarse por su pedantería pretenciosa. Surge de relacionar la palabra franco-inglesa bizarre (que significa precisamente lo dicho más arriba) con la castellana que más se le parece en escritura y sonido, aunque significa en verdad una cosa bien distinta (valiente, generoso, lucido, espléndido). Con ese criterio, falo, por ejemplo, pasaría a identificarse con hablo (que es lo que es en portugués)...

Comisería:
comisaría. Paradójicamente, no es del lumpen. Su uso se generaliza entre las clases distinguidas, principalmente políticos, funcionarios judiciales y locutores de noticias23.

En base:
Chetísima. Predilecta de las clases distinguidas detalladas en el art. ant. El sustantivo base es incompatible con la preposición en, porque el producto es un disparate gramatical y lógico. La base es para apoyarse sobre o para proyectarse a partir de ella. Pero, al parecer, queda más paquete decir "en base a" que, como corresponde, "a base de" o "sobre la base de". Ha excedido los límites del país, al grado de merecer tratamiento en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE (Bogotá, 2005).

Es fuerte:
Es Importante, conmovedor, impactante. Para referirse a palabras o impresiones. Otro caso de lenguaje elusivo ("La película es fuerte"; "las expresiones del señor diputado son muy fuertes").

Contener:
asistir, neutralizar, confortar ("Un equipo de psicólogos contiene a los familiares de las víctimas"; "hay que generar espacios de contención"; "el chico está contenido", &c.). Paradójicamente, se trata al sujeto como a una especie de bestia desbocada. De uso imprescindible por las clases distinguidas mentadas varias veces supra.

Gestionar:
gobernar ("Gestión para Buenos Aires"24; "No veo la hora de empezar a gestionar"25). Otra demostración patética de la confusión entre lo público y privado, cuando su deslinde es uno de los presupuestos básicos de la política. Como lo políticamente correcto abomina de todo lo que denote asunción del deber y de la responsabilidad, gobernar puede fácilmente ser tachado de autoritario. Optan entonces políticos y candidatos por sustituirlo por un verbo tomado de la actividad privada, que denota trámites para negocios, no mando de la cosa pública.

Estoy convencido:
argumento encubiertamente ad verecundiam, para evitar reconocer que se carece de toda fundamentación racional (o, al menos, racionalmente aprehensible). Como si la propia subjetividad se erigiera en intersubjetividad o en objetividad. Preferido y casi monopolizado por los políticos ("Estoy convencido de que vamos a ganar"; "Estoy convencido que26 la decisión adoptada fue la mejor").

Vuelvo a reiterar:
Reitero ("Vuelvo a reiterar" es cuando, antes, ya se reiteró...). Finalidad enfática.
Insisto: Repito, reitero. Íd. ant.

¿Sí?:
Muletilla, tal vez la más abominable. Supone que el interlocutor es poco menos que la chimpancé Sally27 , de modo que es menester formularle la preguntita tras cada idea vertida, a ver si la entendió.

¡No es así!:
no corresponde, no es propio, no debe ser ("¿Se creen que el estadio es un campo de batalla? ¡No es así!"). Patética manifestación del complejo de Jerjes28 , consistente en confundir el plano del ser como el del debe ser, respecto del cual escribió páginas incomparables Ortega y Gasset29. De este modo, el plano de la realidad y el de la modalización deóntica se confunden, lo cual conduce al pensamiento mágico.

     Se propicia por estos días el reconocimiento de la obesidad mórbida como enfermedad social. ¿No podríamos extenderlo a la del lenguaje?

Notas

  1 Homo Videns, Madrid, Taurus, 1998; reforzado por Videopolítica, Madrid, FCE, 2003.
  2 No es una errata. Así designan los antropólogos la última etapa de este homo en extinción.
  3 Última caverna (con la de los mensajes electrónicos y el chat) donde se refugia, paradójicamente, el lenguaje escrito.
  4 En sentido literal: comida para subsistir.
  5 V. a este respecto Günther Maschke: "Lo Políticamente Correcto", en AA.VV.: Estudios sobre Política, B. Bca., EdiUNS, 2001,
     pp. 109 a 114.
  6 A condición, claro está, de que su operador o photoshopper quiera, y hasta dónde quiera.
  7 George Orwell: 1984, Bs. As., Buró, 1998.
  8 Ésta tal vez sí originada en el Estado, en la medida del abandono criminal de la empresa educativa.
  9 V. a este respecto Günther Maschke: "Lo Políticamente Correcto", en AA.VV.: Estudios sobre Política, B. Bca., EdiUNS, 2001,
     pp. 109 a 114.
10 Latiguillo del candidato del FpV para la última elección de Jefe de Gobierno porteño, ahora candidato a Senador por la  ciudad capital federal      (c.fr. TN Cable, Desde el Llano, emisión de 8 oct. 2007).
11 Por ejemplo, crear el artículo le (le travesti, &c.)
12 P. ej. lograr de alguna manera la victoria, es no lograrla de ninguna.
13 Latiguillo del PRO para la última elección de Jefe de Gobierno porteño.
14 Pronunciar preferentemente: "dendés" o "m' dndés"
15 Radio AM 710, Edición Chiche, propalación de 9 oct. 2007, interviú al Prof. Esteban Giménez.
16 Que es justamente lo que caracteriza a la comunicación masiva audiovisual: el espectador sólo puede ver u oír; jamás compartir.
17 El fusil es, como se sabe, un arma de fuego larga.
18 InfoBAE digital, 12 oct. 2007.
19 TN Cable, propalación de 2 oct. 2007. En cambio, para los mismos media, el Che Guevara fue asesinado (ibíd., 10 oct. 2007). Repárese en el      manipuleo psicopolítico del lenguaje.
20 C.fr. La Nación de miércoles 3 oct. 2007, artículo "Buscando más eficacia, prohibió los gerundios. El gobernador de Brasilia cree que así      agilizará los trámites".
21 Mientras lo mantuvieron, entre otros, Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y Rusia.
22 Palito Ortega, en los tiempos del Club del Clan, tenía un tema exitoso titulado "¿Para qué quiero el latín?".
23 ¡Favor de no pedirme ejemplos!
24 Afiche de la Coalición Cívica porteña para la elección de oct. 2007.
25 Declaraciones del Jefe de Gobierno porteño electo.
26 Debido al temor al dequeísmo, se incurre en el queísmo, que es igualmente espantoso.
27 Cfr. AA.VV.: Los Animales, en Colección Moderna de Conocimientos Universales, Boston, W.M. Jackson inc., 1928, p. 20. La simpática      monita aprendió a contar hasta cinco mediante la repetición mecánica e isócrona de un sonido simplísimo.

28 Rey persa que hizo azotar al Mediterráneo por haberle dispersado y hundido buena parte de la flota con sus tempestades.
29 José Ortega y Gasset: España Invertebrada, 15ª ed., Madrid, Revista de Occidente, 1967, pp. 121a 125.


                                                                                                                                  Néstor Luis Montezanti
                                                                        
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