Bomberos Voluntarios de Ingeniero White
                                           Libro del Centenario
                                                                 1907 - 2007

                                                                                                              por Conrado De Lucia
Índice:Presentación
Primera Parte - Historia

Nacimiento y desarrollo de las entidades de bomberos
Primeros antecedentes en la Argentina
Ingeniero White a comienzos del siglo XX
La fundación del cuerpo de bomberos
El iniciador y fundador Antonio Valle
El constructor de la iglesia parroquial
Otro precursor: Gerónimo Usandizaga
El Jefe Amado Gómez
El jefe Andrés Vidal
El 2º Jefe Victoriano Bartolomé
La Escuadra de Reserva
El Cuerpo Activo
La cocina del cuartel
El Área de Capacitación
Las condiciones requeridas para ser bombero
Los nuevos requerimientos técnicos
La tarea específica del bombero
Las autoridades del Cuerpo Activo

Las Comisiones Directivas
La comisión fundadora
Presidentes de la Comisión Directiva
Subcomisiones y colaboradores
Las Damas Colaboradoras
La Comisión del Centenario
Las actividades artísticas y culturales
Los símbolos: Escudos y composiciones musicales
Las federaciones de asociaciones de bomberos

La jurisdicción operativa de los bomberos whitenses
Los vehículos de bomberos
Los automotores de los bomberos whitenses
Los edificios del cuartel
El edificio actual
El grupo electrógeno del cuartel
El equipamiento del cuerpo activo
La vestimenta del bombero
Otras herramientas e implementos
Las inundaciones causadas por mareas y grandes lluvias
La torre de los bomberos, un emblema de Ingeniero White
La autobomba Dodge, patrimonio histórico
Los años del servicio de ambulancia
Ingeniero White en una semblanza de Antonio Crespi Valls
La muestra de 1988 en Hannover
El Destacamento de Villa Ressia
Los grandes incendios
Segunda Parte - Cronología
Conclusión

Presentación

Escribir un libro para conmemorar el primer centenario de la Asociación Voluntaria de Bomberos de Ingeniero White equivale a contar una historia de los acontecimientos y personajes de nuestro pueblo, al que su cuerpo de bomberos, acompañado y orientado por sus directivos, custodia desde los lejanos tiempos de mareas, calles de barro y viviendas sin agua corriente ni luz eléctrica.

Sin duda pueden escribirse muchos libros acerca de nuestros bomberos voluntarios. Este es solamente el primero, y su contenido está basado en documentos escritos y en testimonios personales que muchos convecinos whitenses atesoran en su memoria.

Los datos obtenidos y consignados en este libro son solamente una parte de lo mucho que puede buscarse y escribirse sobre nuestros bomberos voluntarios. Ojalá que esta historia de la institución más importante de Ingeniero White, y de los hombres y mujeres que le han dado vida durante estos primeros cien años de existencia, sea una motivación para seguir ampliando y desarrollando este trabajo, que sin duda incurre en las omisiones y errores inevitables de un primer testimonio. Se han cuidado, sin embargo, tanto la precisión histórica como la consistencia literaria del texto, para que además de exacto resulte ameno.

Otros hechos y anécdotas referidos a bomberos y vecinos, unos prestando sus servicios o aportando su función directiva, y otros siendo socorridos en la fatalidad de un siniestro, son dignos de ser recordados, así como las horas felices de aniversarios y fiestas en las que todo el pueblo ha reconocido el valor de sus bomberos y les ha expresado su admiración y su afecto. Por eso lo reflejado en este libro se propone también estimular a sus lectores a participar de las actividades de la entidad, tanto desde el Cuerpo Activo como colaborando con la Comisión Directiva en las múltiples tareas que realiza para desarrollar y engrandecer a la institución.

Primera Parte - Historia

Nacimiento y desarrollo de las entidades de bomberos

El fuego fuera de control ha sido una de las más antiguas amenazas que ha padecido la sociedad humana, al punto que los incendios han sido a menudo considerados un castigo de los dioses o un anticipo del apocalipsis bíblico. La capital del mundo antiguo, Roma, no estuvo exenta de los estragos que produce el fuego, y ya antes del gran incendio ordenado por Nerón en el año 69, el emperador Augusto, luego de un siniestro que devastó parcialmente la ciudad, había creado en el año sexto de la era cristiana un grupo de vigilantes encargado de recorrer la ciudad en prevención de incendios .

Luego del descubrimiento de América, entre las primeras disposiciones para Nueva España y el resto de América tomadas por el rey Felipe III, una ley de 1619 ordenaba tres medidas para prevenir incendios: que se haga responsables de los daños a terceros a los moradores de la vivienda donde se haya iniciado el fuego –para que todos "vivan con cuidado"–; que las casas reales se protejan separándolas al menos quince pasos de toda edificación contigua, y –como primer esbozo de una guardia contra incendios– que se designe a alguna persona para que de noche alerte de viva voz ante la presencia del fuego.

Un acta del Cabildo de Buenos Aires de 1643 refiere el incendio de una vivienda particular en la que había depositados documentos oficiales, que fortuitamente no fueron afectados, y dispone medidas para poder resguardarlos en el futuro.

En nuestro país los incendios más graves eran los que afectaban a los campos, con pérdida de sembrados y de ganado que huía hacia el desierto, ya que el primer alambrado fue colocado por Richard Blake Newton recién en 1845. Por esta razón se dictaban disposiciones para la quema de rastrojos, que debía realizarse en un día sin viento y poniendo sobre aviso a los campos vecinos.

En los pueblos y ciudades los incendios eran poco frecuentes, pero para prevenirlos ya en 1665 se ordenaba que los domingos, al salir de misa, los negros se dedicaran a arrancar los yuyos y cardales que rodeaban las viviendas.

Como si prefigurara el lugar de nacimiento del primer cuerpo de bomberos de nuestro país, en 1721 un gran incendio destruyó totalmente una barraca situada en la Boca del Riachuelo.

Para disminuir el riesgo de incendios, en 1774 el virrey Vértiz prohibió la construcción de ranchos con techo de paja y exigió el techado con tejas, cuya fabricación ya había enseñado personalmente a los habitantes de Buenos Aires Hernando Arias de Saavedra –Hernandarias– hacia 1620. Sin embargo, la escasez de recursos motivaba que se siguieran haciendo techos de paja, como el del Teatro de la Ranchería, que finalmente se incendió.

Tradicionalmente el bombero ha aplicado sus conocimientos y esfuerzos a la lucha contra el fuego descontrolado que amenaza vidas y destruye bienes, pero su analogía con las funciones de seguridad y vigilancia ha motivado que los bomberos hayan tenido que cumplir también tareas policiales e incluso militares, y en una época hasta dispusieron de armas de fuego.

Primeros antecedentes en la Argentina

En Buenos Aires el jefe de policía de la ciudad, Enrique O'Gorman, fue quien dispuso crear, el 2 de enero de 1870, la Compañía de Vigilantes–Bomberos, cuyos integrantes, además de acudir a los incendios, debían ocuparse de la tarea de vigilancia de las calles, a las que patrullaban armados. Recién en enero de 1875, bajo la jefatura del doctor Enrique B. Moreno, se dispuso que los bomberos entregaran sus fusiles en el Parque de Artillería –situado en el solar en donde actualmente se encuentran el Palacio de Tribunales y la plaza Lavalle–, y pudieran dedicarse exclusivamente a sus funciones.

El domingo 2 de junio de 1884 se realizó en La Boca del Riachuelo de Buenos Aires la reunión constitutiva del primer cuerpo de bomberos voluntarios de nuestro país. La iniciativa, encabezada por don Tomás Liberti, surgió de un grupo de inmigrantes de origen genovés –xeneise–, por lo que la invitación a participar dirigida a lo vecinos fue escrita en italiano. La fecha se conmemora desde que el Primer Congreso Nacional de Bomberos Voluntarios, que se realizó en Buenos Aires en enero de 1954, resolvió establecer el 2 de junio como Día del Bombero Voluntario.

El segundo cuerpo de bomberos voluntarios se creó en el puerto de Ensenada, en La Plata, el 23 de enero de 1896. El tercero fue el de el puerto de San Fernando, al norte de Buenos Aires, fundado el 30 de abril de ese mismo año, y el cuarto fue el de Avellaneda, al sur del Riachuelo, establecido el 27 de noviembre de 1897.

El quinto cuerpo de bomberos voluntarios que se creó en la Argentina es el de Ingeniero White, fundado el 8 de septiembre de 1907 por iniciativa de Antonio Juan Valle, un inmigrante genovés que había llegado a la Argentina en el mismo barco que Tomás Liberti, el fundador del cuerpo de bomberos de La Boca, barrio en el que ambos se radicaron. Cuando Valle se trasladó a Ingeniero White sin duda ya traía la idea, que germinó años después, de crear aquí un cuerpo similar, como lo indica el escudo que creó para la entidad, en todo similar al del cuerpo boquense.

Actualmente existen más de seiscientos cincuenta cuerpos de bomberos voluntarios, pero un cuarto de siglo después de la creación del de Ingeniero White su número en todo el país todavía no llegaba a veinte, lo que pone de relieve que la Asociación Voluntaria de Bomberos del Puerto Comercial de Bahía Blanca –como se denominó oficialmente hasta el año 2000– es una institución pionera en su tipo en todo el país.

Ingeniero White a comienzos del siglo XX

La vida de los habitantes de la naciente localidad era particularmente dura y difícil por la falta de comodidades que hoy se consideran elementales. Las calles de barro tenían frecuentes pantanos y grandes surcos producidos por la huella de los carros, y a la puerta de muchas viviendas solía haber un bote utilizado por sus moradores para movilizarse cuando las mareas inundaban las calles y pasaban por debajo de las casas construidas sobre pilotes de madera.

En las primeras décadas las necesidades cotidianas de la población whitense se suplían de maneras que hoy resultan insólitas: La leche se conseguía totalmente tibia y fresca, ya que el lechero llevaba su vaca por las barrosas calles del pueblo y se detenía para ordeñarla ante cada pedido de las amas de casa, que salían a la puerta al oir el característico sonido del cencerro.

El pescado recién traído de la banchina del puerto era llevado por los "palanqueros" en canastas colgadas de una pértiga que se ponían al hombro. Hasta pasada la mitad del siglo Amado Chaker lo llevaba de este modo –hoy llamado delivery– al domicilio de sus clientes. En la década de 1920 también recorría las calles una vieja siciliana, "la Pipana", que llevaba en su canasta pesciolini piccoli –cornalitos–. Preguntaba a las amas de casa: "¿sei magnata?" –"¿ya comiste?"– y si la respuesta era negativa les ofrecía su fresca mercancía.

Se carecía de luz eléctrica, y la precaria iluminación de las viviendas se realizaba con lámparas de kerosene con tubo de vidrio, y en los hogares más humildes –que constituían la mayoría–, con velas de estearina. Unos pocos disponían de lámparas de acetileno, que llamaban la atención por la blancura de su luz, y algunos hogares utilizaban el gas de alumbrado –peligroso por contener monóxido de carbono– proveniente de la fábrica de Villa Rosas, que se empleaba en los faroles de las esquinas.

Además de la necesidad de elevar el piso de las viviendas para protegerlas de las mareas, el suelo arcilloso de Ingeniero White –barro mollo de color verdoso cubierto por una capa blanquecina de salitre, que al secarse se fragmentaba como un ilimitado rompecabezas–, resultaba poco confiable para erigir construcciones pesadas, por su consistencia plástica y su densidad variable debido al agua de mar de la primera napa freática que lo saturaba.

Esta característica fue la que desalentó desde un comienzo la construcción con ladrillos, y motivó que la mayor parte de las casas se hicieran a partir de una estructura de tirantes de pinotea, forrada interiormente –cuando el dinero alcanzaba para ese lujo– con un delgado machimbre de la misma madera.

Las viviendas se asentaban sobre pilares de ladrillos o directamente sobre gruesos tirantes hincados en el barro. Debajo de sus pisos quedaba "la casilla", un espacio que solía tener hasta un metro de alto para permitir el paso del viento y de las mareas, y que era utilizado también para dormir frescas siestas en lo más caluroso del verano.

El templo de la parroquia Exaltación de la Santa Cruz fue construido en 1914 con esos mismos materiales: tirantes y tablas de pinotea y chapas de hierro galvanizado, y su realizador fue el hábil carpintero Antonio Valle, precursor y fundador del cuerpo de bomberos.

Por fuera de los edificios se empleaban tablas de una pulgada de espesor dispuestas verticalmente para facilitar el escurrido del agua entre las juntas. Así se conservan todavía algunas viviendas, como la de Brown 3533 que perteneció a la recordada directora de la escuela Nº 15 señorita Ana Roich, mientras que otras casas de madera, como la de otra caracterizada dama whitense, Ana Ansaldo de Liberis, situada al lado de la anterior, estaban recubiertas por fuera con chapas de hierro galvanizado colocadas verticalmente,.

Esta disposición diferencia la apariencia de las casas whitenses de las de La Boca, en donde las chapas exteriores están dispuestas horizontalmente. Algunas casas de Ingeniero White construidas por Massimino Vitale tenían chapas horizontales, como la de la familia Cuenza, en Siches al 4100, o el almacén de Giovis, en Mascarello al 3500. Como estas construcciones tenían además dos plantas, eran muy semejantes a las viviendas boquenses.

En Cárrega 3458 hubo también una casa de altos que tenía sus chapas dispuestas verticalmente y que pertenecía a la familia Rubinich. En el piso superior vivió durante algunos años un matrimonio con sus dos pequeños hijos. El padre, Roberto Boccanera, cantaba tangos con el nombre artístico de Roberto del Mar, y sus hijos, ambos artistas, son el consagrado escritor Jorge Boccanera y su hermano menor Marcelo, compositor e intérprete de guitarra.

Un antiguo vecino whitense, Massimino Vitale, vivía con su familia en la planta alta de una casa de ladrillos ubicada junto a otro edificio de su propiedad, que era ocupado por la Escuela Nº 15 "Stella Maris". Inicialmente había sido un mercado, por lo que conservaba en sus aulas paredes con azulejos y en el frente grandes vidrieras pintadas de blanco. Los alumnos traviesos solían raspar la pintura hasta hacerle pequeños agujeros, para espiar lo que pasaba en la calle.

El 25 de septiembre de 1924 Antonio Valle propuso a sus vecinos la fundación de una Cooperativa Eléctrica –de la que fue presidente– con el fin de instalar una usina, para la que se edificó el gran galpón de ladrillos que aún existe en Magallanes y Logia Lautaro. El proyecto no llegó a concretarse porque una firma británica inauguró en 1932 dos generadores de 7500 Kw. ubicados en el interior del castillo románico que construyó otra empresa italiana en el Bulevar Juan B. Justo, y que constituye hoy una de las joyas arquitectónicas de Ingeniero White.

El Ferrocarril del Sud poseía otra usina, que generaba la corriente continua utilizada por los cabrestantes de la playa ferroviaria y los motores de las norias del elevador de granos. Estaba ubicada al lado del Puente "La Niña", junto a la actual entrada a la Terminal Bahía Blanca, y su edificio de ladrillos tenía a un costado una gran chimenea rematada por un pararrayos.

La disponibilidad de corriente eléctrica permitió a los hermanos Pablo, Santos y Nazareno Stacco instalar un frigorífico que abastecía de hielo a la actividad pesquera de la localidad y proporcionaba a los lecheros una cámara fría para conservar sus productos. Estaba situado junto al galpón de la Cooperativa Eléctrica, adquirido por la firma, propietaria también de la fábrica de soda y gaseosas "La Porteña del Sud" –que elaboraba Bolita, Pris y Naranjín–, y de un depósito de cerveza –"la Quilmes"– situados a media cuadra del cuartel de bomberos. Un hijo de Pablo, Sauro Stacco, fue chofer durante varios años, al igual que sus empleados los bomberos Juan Vignoni y Nicolás Gruicich.

Durante los veranos Nicolás "Nicola" Gruicich y Juan Carlos –"Coco" o "El lecherito"– Stiepovich recorrían las calles en carros con una gran caja térmica pintada de rojo, vendiendo a los vecinos trozos de hielo en barras de la fábrica de Stacco, que sus ayudantes Nicolás "Nicolita" Di Giorgio, Enrique José –"Marietta", o "Tito"– Bronzi, Mateo Mariani y Alberto "Tatú" Albrizio, entre otros muchachos, llevaban hasta los domicilios protegiéndose del frío con bolsas de arpillera. Los pedazos se empleaban para enfriar bebidas y alimentos en las heladeras "a hielo", que se utilizaron hasta fines de la década de 1950.

La fundación del cuerpo de bomberos

En los primeros tiempos de la localidad la iluminación hogareña mediante velas, kerosene y otros combustibles originaba un riesgo permanente de incendios, que se declaraban al menor descuido y que, por estar la mayor parte de las viviendas construidas en madera, se propagaban de unas a otras en forma prácticamente incontenible.

Otro grave factor de riesgo relacionado con el anterior era la inexistencia de una red de agua corriente. Circulaban por el pueblo los carros aguateros tirados por un caballo, y había algunos pocos pozos surgentes, de agua generalmente salobre por la escasa profundidad de la napa y la cercanía del mar.

En la noche del 29 de mayo de 1907 se produjo un gran incendio que se inició en el "Bar y Biógrafo" –sala de cine con sillas y mesas para consumir bebidas durante la función– de los hermanos Mingorance, ubicado en la esquina de Guillermo Torres y Elsegood. El fuego se propagó a varias casas de madera linderas y llegó a abarcar casi un cuarto de manzana, y el viento del Noroeste motivó que se incendiara también el edificio de madera de dos plantas situado en la esquina de enfrente, en donde iba a estar ubicado años después el Bar "Central" de Juan Bozzetti.

A raíz de este siniestro se realizó una colecta de fondos para auxiliar a los damnificados, y se designó una comisión que integraron los vecinos Ramón Iguacel, Gerónimo Usandizaga, Carlos Weiland, Dionisio Bergueret y Antonio Valle, para distribuir la suma recolectada.

Pocos meses después Antonio Valle convocó a esa misma comisión, e invitó al resto del vecindario, a reunirse en su domicilio de la calle Dasso –actual Avenida San Martín, junto al local de la Cooperativa Obrera–, con el propósito de crear un cuerpo de bomberos. En esa reunión, celebrada el 8 de septiembre de 1907, se declaró constituida la entidad y se designó a su primera comisión directiva, que fue integrada por los siguientes miembros:

Presidente: Antonio Valle
Vicepresidente: Fortunato Costa
Tesorero: Angel Sclavi
Protesorero: Domingo Gavellotti.
Secretario: Florencio Rodriguez.
Prosecretario: Indalecio Ruiz.

Vocales: Ramón Iguacel, Gerónimo Usandizaga, Luis Rocca, Alejandro Dignani, Antonio Arregui, Carlos Weiland, Alejandro Campaya, Francisco Lemus, Ricardo Festa, Francisco Domenech y Juan de León.

En esta reunión inicial se resolvió también "abrir una suscripción voluntaria a fin de reunir fondos y poder dar principio al desempeño que incumbe al cuerpo de bomberos." Con este fin se designó una "comisión de propaganda" a cargo de Victor Fortunato, Alejandro Campaya, Domingo Gavellotti y Fortunato Costa, a quienes se encomendó recorrer el vecindario y realizar la suscripción de fondos.

El iniciador y fundador Antonio Valle

Antonio Juan Valle nació en Italia el 6 de abril de 1852, en un antiquísimo pueblo marinero llamado Sori, que existía desde antes de la era cristiana en la provincia de Génova. Desde allí emigró a la Argentina, y se radicó, como tantos xeneises –genoveses, dicho en su propio dialecto–, en la Boca del Riachuelo de la ciudad de Buenos Aires.

En 1891, ya casado con doña Rosa Puccini, y con cinco hijos, se trasladó a la naciente población de Ingeniero White –fundada apenas seis años antes–, en donde el matrimonio tuvo diez hijos más. Valle fundó un almacén de ramos generales que en homenaje a su esposa denominó "La Rosa". Estaba ubicado en la esquina de Lorenzo Mascarello y Santiago Dasso, en un amplio solar que se extendía desde Dasso –actualmente San Martín, al lado de donde hoy se encuentra la primera sucursal de la Cooperativa Obrera Ltda.– hasta la desaparecida placita de juegos infantiles "Santiago Macalusse", sobre la calle Mascarello.

La familia Valle habitaba varias habitaciones construidas sobre la avenida, a las que el propietario fue agregando nuevas viviendas para algunos de sus hijos mayores. Sobre el largo frente de la calle Mascarello también construyó Valle un edificio de madera y chapas destinado a viviendas de alquiler.

Luego de una vida particularmente laboriosa y fecunda en realizaciones comunitarias, Antonio Valle falleció el 7 de agosto de 1935, a los 83 años de edad.

En 1908 Valle se había retirado del comercio para dedicarse a su oficio de carpintero, actividad en la que dio acabadas muestras de su destreza. Construyó muchas de las viviendas de madera de la localidad, incluyendo las de sus numerosos familiares, y varias casas de inquilinato. Esta modalidad de albergue era requerida entonces por la gran cantidad de inmigrantes europeos, que cuando podían constituir su propia familia se mudaban a otras viviendas, y en caso contrario permanecían para siempre solos en su habitación de alquiler.

El Ferrocarril del Sud poseía con el mismo fin sus Colonias para el personal soltero, conjunto conocido popularmente como "Las catorce provincias", algunas de cuyas construcciones de madera aún perduran en la calle Avenente al 3500. Más allá estaban las colonias para las familias ferroviarias, que se extienden hasta el encuentro de Avenente con la avenida Guillermo Torres, y las lujosas residencias de ladrillos para los superintendentes y otras autoridades ferroviarias.

Varios inquilinatos de particulares llegaron a tener nombres propios, además del originariamente eufemístico de "pequeños conventos" –conventillos–, como "El cementerio de los elefantes". Otras casas de alquiler conocidas eran, en el "Barrio Gardel" –próximo a la estación de ferrocarril Garro– el inquilinato del "ruso" Chapunoff, en Rubado al 3200, y "El bandoneón", en Cárrega al 3500.

Frente al cuartel de bomberos estaba el inquilinato de Bartolomé Genovart. Allí vivían personajes como Stéfano Naumoff, quien lucía el bigote largo y recto característico de los hombres de Bulgaria –el bello país que adornan por doquier las rosas silvestres–, que aquí le valió el apodo de "Foca".

Con su perpetua boina negra y su kiosco ambulante –un gran cochecito de bebé pintado con los colores de Comercial, de cuatro ruedas y atiborrado de golosinas–, Foca estaba presente en toda reunión pública que atrajera a los pibes del pueblo.

Así, los fines de semana se apostaba en la esquina del cine Jockey Club, de Torres y Elsegood –el ex bar de los hermanos Mingorance a comienzos del siglo XX–, y en los intervalos del matinée vendía algunas golosinas y permitía que le sustrajeran otras, mientras aparentaba defenderlas, entre enojado y feliz de verse rodeado por los muchachos, con maldiciones
–"¡turos!"– y garrotazos de un trozo de palo de escoba que esgrimía amenazante.

Otro de los pintorescos vecinos que vivía en el mismo inquilinato frente al cuartel de los bomberos era un inmigrante también de origen búlgaro, Demetrios Demitroff –conocido por el apelativo "Mitre"–, quien, también tocado con una boina negra, recorría el pueblo diariamente vendiendo los limones que llevaba al hombro en una bolsa de arpillera. "¡Lindos limoones...! –voceaba–; "¡Limones cascaruudos!". E intercalaba, con singular intuición publicitaria: "¡Limones podriidos...!".

Los domingos Mitre reemplazaba la bolsa de los limones por una gran lata cilíndrica de color azul, con una delgada chimenea para el compartimiento de brasas de su interior, en la que llevaba "manises" calentitos que entregaba al comprador en un cucurucho de papel de diario.

También tenía su cuarto en el inquilinato de Genovart un griego delgado y menudo, "Turrón Japonés", quien vendía por las calles la golosina que había originado su impropio apodo, ya que se trataba de un exquisito turrón griego duro y perfumado, que él mismo preparaba.

Así vivían, en soledad y humildad, muchos hombres a quienes las guerras y las privaciones europeas habían traído a nuestro pueblo.

Las viviendas con estructura de tirantes de pinotea y paredes interiores forradas con machimbre de la misma madera eran fácil presa de las llamas, y esta condición de permanente riesgo para sus ocupantes fue uno de los motivos que impulsaron a Antonio Valle a proponer a sus convecinos la creación de un cuerpo de bomberos.

Fue en su vivienda en donde en 1907 se realizó por su iniciativa la reunión inicial de vecinos para constituir un cuerpo de bomberos a semejanza del que don Antonio había conocido en La Boca –el primero de nuestro país–, que había sido fundado en 1884 por un grupo de inmigrantes italianos, en su mayoría oriundos de su misma provincia genovesa.

El constructor de la iglesia parroquial

Desde el punto de vista arquitectónico y artesanal, la obra maestra del carpintero Antonio Valle fue la construcción del templo parroquial, que realizó en el año 1914. La parroquia "Exaltación de la Santa Cruz" contó durante muchas décadas, gracias a la destreza con que dominaba su oficio, con una bella iglesia que de conservarse actualmente sería un importante motivo de atracción turística para Ingeniero White.

Construida en forma de nave única de planta rectangular, estaba techada a dos aguas y tenía a su frente la torre con su campanario, techada a cuatro aguas. Toda la construcción estaba forrada exteriormente con chapas galvanizadas dispuestas verticalmente. A la izquierda del altar la nave comunicaba con la sacristía, y a su derecha con la pequeña habitación en la que se revestían el sacerdote y sus monaguillos.

Hacia la parte media de la nave, sobre su lateral izquierdo, don Antonio construyó un austero púlpito de sección cuadrada, elevado sobre cuatro columnas de pinotea, al que se accedía por una pequeña escalera. Desde allí se predicaba en las grandes ocasiones, y durante las periódicas visitas de los padres misioneros.

Todo el interior del templo estaba forrado en pinotea barnizada, y lucía además fuertes columnas y vigas de la misma madera, de grosor y longitud muy por encima de las dimensiones comerciales actuales.

Al trasponer las puertas principales, un pequeño atrio interior comunicaba a ambos lados con las puertas de uso cotidiano para el ingreso a la nave. Otras dos grandes puertas frontales de madera, se abrían solamente al paso de las novias con sus padrinos, a la llegada de dignatarios de la iglesia, o al arribo del ataúd para los funerales de cuerpo presente.

Entrando por la puerta del costado izquierdo se pasaba a un pequeño recinto del que partía la escalera para subir al campanario y al coro ubicado por sobre el atrio. En el lugar pendían también dos sogas, que al ser tironeadas alternativamente hacían oír en el templo un cercano ruido áspero de cuerdas frotadas contra la madera, y el amortiguado tañir de las dos campanas, cuyo sonido particularmente dulce se escuchaba en cambio por todo el pueblo.

Antes de que don Antonio construyera este templo, existía en el lugar una pequeña capilla de padres salesianos, cuya campana era echada a vuelo cuando desde el cercano cuartel de bomberos se daba aviso de un incendio. Todavía no se utilizaban bombas de estruendo, y el alerta era complementado por un hombre de a caballo –Octavio Valle– que recorría las calles del pueblo haciendo sonar un clarín.

La puerta frontal del templo era también rectangular, con dos elevadas hojas, y por sobre ella una caja octogonal de madera contenía la cruz, formada por una doble fila de lámparas eléctricas con cuatro brazos de igual longitud, y rodeada por otra hilera de lámparas en el perímetro del octógono.

Estas luces se encendían en las ceremonias nocturnas de las grandes fiestas religiosas de Pascua y de Navidad, y también para engalanar el atrio a la entrada de las novias, que en los primeros tiempos llegaban en carruajes, y posteriormente en los Hudson de Lattanzi y Salotti, el Mercedes de Micucci o –en los últimos tiempos– en el Mercury Monterrey blanco y negro modelo 1956 de Domingo Bugarini.

La iglesia de madera construida por Antonio Valle fue desarmada en 1971, con lo que Ingeniero White perdió una joya arquitectónica de irremplazable valor, además de un sobresaliente motivo de atracción turística.

Otro precursor: Gerónimo Usandizaga

En el norte de España, en la ciudad vasca de Guipúzcoa, situada sobre el Mar Cantábrico, nació Gerónimo Usandizaga el 21 de enero de 1866. Era casi un niño cuando emigró a la Argentina. Arribó al puerto de Buenos Aires el 4 de febrero de 1879, con apenas trece años de edad, y desde la Capital se dirigió por tren a Azul y de allí, en galera, a Tandil, en donde se radicó hasta 1892. En ese año se trasladó a Bahía Blanca, como encargado general de la importante firma mayorista Duprat, Aguirrezabala y Cía.

El 6 de junio de 1900 inició sus actividades como proveedor marítimo en Ingeniero White, y en octubre de ese mismo año viajó a Entre Ríos para casarse con una dama que había conocido durante su residencia en Tandil, doña Matilde Ruiz Hidalgo, con quien estableció su familia en la localidad portuaria.

Fue uno de los miembros de la comisión fundadora del cuerpo de bomberos, constituida el 8 de septiembre de 1907, y desde esa fecha hasta el 7 de enero de 1929 en que renunció a su cargo de Tesorero, fue junto con don Antonio Valle uno de los principales propulsores de la institución.

Su origen vasco lo llevó a participar también de las actividades de la asociación "Laurak Bat", de la que llegó a ser Socio Honorario. Fue también uno de los primeros asociados –el número ocho– de la Sociedad Española de Beneficencia, entidad fundadora del Hospital Español.

En 1926 Usandizaga hizo construir en la esquina de las calles José Sisco y Guillermo Torres un edificio de madera y chapas para el Colegio Sarmiento, que funcionó en ese lugar durante varias décadas. La prestigiosa escuela primaria había sido de propiedad del maestro Vicenciano Villa, quien fue también secretario de la Comisión Directiva del cuerpo de bomberos, y desde 1924 pertenecía a otro célebre maestro, José Marcos Gejo.

Don Gerónimo Usandizaga falleció a los 91 años de edad en 1957, año del cincuentenario de la institución que lo tuvo entre sus fundadores.

El Jefe Amado Gómez

Había nacido el 22 de abril de 1905 en España, en la ciudad de Santander, capital de la provincia del mismo nombre, sobre el Mar Cantábrico. Siendo muy joven emigró a la Argentina y se radicó en Ingeniero White. Vivía en la casa de su tío Gerónimo Usandizaga, que era miembro fundador y tesorero de la Institución hasta 1929, lo que explica que ingresara como bombero con dieciséis años todavía no cumplidos, el 7 de abril de 1921.

Durante muchos años trabajó en el gran almacén que su tío tenía en la esquina de Guillermo Torres y Cárrega, y formó su hogar con Rosa Fidani, con quien no tuvo hijos.

Se lo recuerda como un hombre afable y respetuoso, de pocas palabras y un gran sentido de su responsabilidad y de su autoridad como Jefe, que imponía con su sola presencia caballeresca y distinguida.

El 9 de diciembre de 1951 recibió una estrella y una plaqueta por sus treinta años de servicio. Tenía entonces cuarenta y seis años de edad, y el grado de Capitán.

El 5 de mayo de 1958 se produjo su lamentado y temprano fallecimiento. En su homenaje, la Comisión Directiva impuso su nombre a la autobomba Nº 1, la Dodge 1936 que tantas veces abordó para conducir con el coraje sereno de los héroes civiles la esforzada lucha de los hombres a su cargo.

El Jefe Andrés Vidal

Había nacido el 11 de diciembre de 1915, en un humilde hogar de Ingeniero White, único hijo varón entre varias hermanas. Poco antes de cumplir sus veinte años, el 30 de octubre de 1935, ingresó al Cuerpo Activo, al tiempo en que comenzaba a trabajar en los Talleres Bahía Blanca Noroeste del Ferrocarril del Sud.

Llevaba trece años sirviendo como bombero cuando fue ascendido a Sargento. Un año después se le otorgó el grado de Oficial 3ª, y cinco años más tarde, en 1954, pasó a ser Oficial 1º, y antes de cuatro meses se lo designó 2º Jefe. El día en que cumplía cuatro años en ese cargo, el 2 de junio de 1958, pasó a ser el Jefe del Cuerpo Activo, puesto que desempeñó durante dieciséis años, hasta solicitar su pase a la Escuadra de Reserva en 1974.

Las meras fechas no reflejan verdaderamente la trayectoria de su vida ni los rasgos de su personalidad. Suele haber hombres que sirven a la institución con abnegación, desinterés y altruismo –las virtudes bomberiles por excelencia– durante décadas, pero sólo unos pocos convierten a la institución en el motivo central de sus vidas, como lo hizo Andrés Vidal. Quienes lo recuerdan no vacilan en testimoniar: "Estaba casado con la institución".

Es recordado en su función de Oficial y de Jefe por sus condiciones de sereno conductor de los hombres a su cargo, y como simple convecino, por su espíritu servicial y desinteresado. Con su modesto automóvil Bergantín, y luego con su Di Tella, estaba siempre dispuesto a llevar a cualquiera que lo necesitase. Era también un conversador bromista pero a la vez siempre respetuoso.

Se destacaba además como cocinero: Junto con Humberto Sposito, ambos eran llamados a colaborar en las cenas que organizaba en Bahía Blanca el Patronato de la Infancia. En una oportunidad, a pedido del padre Alejandro Fahn –que fue cura párroco de Ingeniero White–, se trasladó a la parroquia de Punta Alta para preparar una cena en agasajo de las autoridades rosaleñas.

Quienes han pasado delante del cuartel en las tardes de buen tiempo y las noches de verano, durante el casi medio siglo en que vivió consagrado a la institución, lo recuerdan invariablemente afeitado dos días antes –de allí su apodo de "El Barba"–, sencillamente vestido y sentado en una silla con el respaldo por delante, a veces con su gorra de Oficial, y acompañado por Victoriano Bartolomé y otros bomberos que hacían del cuartel su segunda casa.

Deportista, jugador de paleta, Vidal frecuentaba habitualmente la cancha ubicada en la calle Harris (Brown) entre Mascarello y Siches, de propiedad del señor José Rupp –por mal nombre, "Cara Hachada"–, quien fue miembro fundador y primer presidente de la Cooperativa Obrera Portuaria de Estibajes Limitada, COPEL, que desde su creación en mayo de 1961 se destacó por la colaboración y ayuda económica a la entidad de bomberos.

Con graves problemas de salud, en febrero de 1979 Vidal debió ser trasladado a Quilmes para ser operado en el hospital de esa ciudad, en donde recibió el solícito apoyo de los integrantes de su cuerpo de bomberos, unidos desde 1944 por una entrañable amistad con los whitenses. El 1º de junio de 1979 ambos cuerpos ofrecieron conjuntamente en el cuartel quilmeño una demostración de agradecimiento a los médicos y personal del hospital de Quilmes.

Andrés Vidal falleció el 15 de mayo de 1992, en el instituto geriátrico en el que estaba internado. Unos días antes la Comisión Directiva había dispuesto que la entidad contribuyera a solventar los gastos que demandaba su enfermedad, y a causa del duelo se dispuso postergar el tradicional agasajo al Cuerpo Activo previsto para el 2 de junio, día del Bombero Voluntario.

Sus restos fueron velados en el cuartel en donde habían transcurrido la mayor parte de las horas de su vida, puesta generosamente al servicio de los demás.

El 2º Jefe Victoriano Bartolomé

Junto con Andrés Vidal, Victoriano Bartolomé es una de las figuras arquetípicas de los viejos tiempos de los bomberos, antes de los grandes cambios que requirió el progreso de la localidad, el aumento exponencial del tránsito y la radicación de grandes industrias.

Ingresó a la institución el 6 de julio de 1936, con 22 años de edad; en 1958 fue designado 2º Jefe del Cuerpo Activo, y posteriormente pasó a ser miembro de la Escuadra de Reserva. Se desempeñaba además como cuartelero, por lo que vivía con su familia en la parte trasera del edificio, en una vivienda a la que podía accederse por el pasaje Fermín Muñoz. Sus tres hijos fueron también bomberos: Hermes Beltramini –hijo de su esposa Paulina Reynoso, que había quedado viuda–, Nicolás "Bocha" Bartolomé y Orlando Bartolomé.

Era también muy aficionado a las bromas, a veces bastante pesadas, y las gastaba tanto a la gente del cuartel como a los colegas de su oficio de lechero: Splendiani, Terrón, Braidich, Mezquita, cuando bien temprano por la mañana, con sus carros de caballos atados en la playa de la estación, aguardaban la llegada del tren que traía los grandes tarros de leche.

Victoriano Bartolomé falleció en su vivienda del cuartel, el 11 de abril de 1976. En los años siguientes el régimen de los cuarteleros se modificó, y ya no residieron en el edificio de la entidad. Durante varios años el puesto estuvo a cargo de José Sánchez, quien fue también bombero y desempeñó distintos cargos en la Comisión Directiva. Se lo recuerda por sus habilidades literarias, por las que se le encargaba la redacción de los discursos requeridos en toda clases de circunstancias.

La Escuadra de Reserva

Luego de cumplir veinticinco años prestando servicios en el Cuerpo Activo los bomberos pueden optar por pasar a integrar la Escuadra de Reserva. Algunos integrantes continúan prestando servicios en el Cuerpo Activo por varios años más, como es el caso actual –año 2007– del Comandante Mayor Néstor Magno, el Comandante Norberto Colacce, el Oficial 3º Luis Siliquini, el suboficial principal Carlos Capurso y los bomberos Nicolás Carbonara, Osvaldo Martinsen Hansen y Oscar Mazzello.

Los reservistas más antiguos son:

Oficial 1º Juan Spósito. Nació el 24 de junio de 1924, ingresó a la institución el 27 de mayo de 1942 –es el integrante más antiguo del cuerpo– y pasó a reserva el 6 de noviembre de 1972. Junto con su hermano Humberto –Oficial 1º, ya fallecido–, integra la más vieja guardia de la institución. Su sobrino, el ingeniero Néstor H. Sposito –hijo de Humberto–, ha tenido también destacada actuación en la entidad como bombero y como directivo.

Oficial 1º Raúl Oscar "Rulo" Troisi. Nació el 4 de febrero de 1928, ingresó el 19 de abril de 1943 y pasó a reserva el 14 de octubre de 1983. Con sesenta y cuarto años de servicio, luce en su uniforme de gala doce estrellas. En reconocimiento a tan prolongada trayectoria, la Sala de Capacitación lleva su nombre. Sus hijos también han sido bomberos: José Rubén, con tres décadas de servicio, y el ingeniero Adrián Alejandro, quien fue Comandante del Cuerpo Activo. Troisi vivió con su esposa Eleonora Colalongo en una casa del pasaje Fermín Muñoz, la callecita lateral del cuartel, en el que prácticamente se criaron sus hijos.

Suboficial Ayudante de 1ª Héctor Roberto Tomás, "El turco Tomas". Nació el 24 de diciembre de 1931, ingresó el 6 de julio de 1948 y pasó a reserva el 16 de abril de 1981. Siempre se destacó por su tenacidad, su capacidad de resistir durante horas lanza en mano y soportando el humo y la radiación del incendio, y su humildad que lo llevó una y otra vez a no aceptar los merecidos ascensos que se le proponían para premiar su desempeño.

Comandante – Jefe del Cuerpo Activo Velimir "Velko" Radulovich. Nació el 18 de diciembre de 1933, hijo de inmigrantes montenegrinos. Ingresó a la institución el 8 de enero de 1952 y pasó a la Escuadra de Reserva el 4 de abril de 1990. Siempre se lo recuerda como un jefe que fue ejemplo de decisión y de responsabilidad en la conducción de los hombres a su cargo. Su hermana Celia –"Zenka"– pertenece al grupo de Damas Colaboradoras de la entidad, y es madre del reservista Hugo Terrón.

Bombero Juan Eduardo Mingarelli. Nació el 1 de diciembre de 1924, y es otro de los hombres más antiguos que tiene la institución. Ingresó el 7 de agosto de 1953 y pasó a reserva el 9 de noviembre de 1979. Actualmente está radicado con sus familiares en General Acha, provincia de La Pampa.

2º Jefe del Cuerpo Activo Antonio Francisco Colacce, "El calabrés". Nació el 23 de julio de 1936, ingresó el 6 de octubre de 1954 y pasó a reserva el 8 de marzo de 1985. En su juventud fue destacado jugador –full back derecho– de la primera división de Comercial. Actualmente sobresale por su excepcional memoria que lo convierte en un archivo viviente de la entidad. Es un ejemplo de hombre de bien, todo afecto y generosidad y entregado en cuerpo y alma a la institución. Su hijo Norberto es en la actualidad Comandante del Cuerpo Activo. 

Bombero Antonio Martiniuk. Nació el 29 de marzo de 1931, hijo de inmigrantes ucranianos. Ingresó el 11 de marzo de 1956 y pasó a reserva el 30 de agosto de 1985. Con el nombre artístico de Antonio Campos perteneció al recordado "Círculo Gardeliano", en el que se destacó por su estampa varonil y sus dotes de cantor de tangos.

Los restantes miembros de la Escuadra de Reserva son:

Bombero Norberto Hugo Mishevitch. Nació el 30 de agosto de 1939, ingresó el 11 de marzo de 1956 y pasó a reserva el 1 de enero de 1983.

Bombero Antonino Osvaldo "Lalo" Grillo. Nació el 6 de octubre de 1940, ingresó el 11 de marzo de 1956 y pasó a reserva el 24 de julio de 1987.

Bombero Héctor Aníbal Ocampos. Nació el 29 de mayo de 1945, ingresó el 6 de septiembre de 1962 y pasó a reserva el 30 de octubre de 1987.

Oficial 1º Jorge Alberto Grecco. Nació el 24 de abril de 1948, ingresó el 4 de noviembre de 1965 y pasó a reserva el 28 de abril de 1993.

Bombero José Rubén Troisi. Nació el 20 de octubre de 1951, ingresó el 1 de diciembre de 1967 y pasó a reserva el 7 de diciembre de 1994.

Bombero Pablo Emilio Gruicich. Nació el 12 de enero de 1952, ingresó el14 de diciembre de 1967 y pasó a reserva en1992.

Oficial 1º – Jefe del Cuerpo Activo Norberto Omar Luciani Merli, "Pippo" –por haber "heredado" el apodo de su padre Felipe–. Nació el 17 de abril de 1950, ingresó el 25 de enero de 1968 y pasó a reserva el 12 de mayo de 1993.

Bombero Salvador Néstor Di Meglio. Nació el 27 de diciembre de 1952, ingresó el 10 de octubre de 1971 y pasó a reserva el 28 de noviembre de 1996.

Bombero Blas Riaño. Nació el 4 de mayo de 1948, ingresó el 10 de octubre de 1971 y pasó a reserva el 24 de abril de 2000.

Oficial 1º – Jefe del Cuerpo Activo Carlos Alberto Berruet. Nació el 4 de junio de 1954, ingresó el 31 de julio de 1975 y pasó a reserva el 10 de agosto de 2000.

Suboficial Ayudante de 1ª Hugo Alberto Terrón Radulovich: Nació el 9 de julio de 1958, ingresó el 31 de julio de 1975 y pasó a reserva el 8 de noviembre de 2001.

Suboficial Ayudante Héctor Hugo Andreanelli. Nació el 28 de febrero de 1959, ingresó el 31 de julio de 1975 y pasó a reserva el 1 de marzo de 2002.

Oficial 1º – Jefe del Cuerpo Activo Miguel Ángel Mishevitch. Nació el 17 de diciembre de 1947, ingresó el 16 de septiembre de 1977 y pasó a reserva el 12 de febrero de 2004.

Oficial 2º Augusto Distefano. Nació el 2 de febrero de 1956, ingresó el 16 de septiembre de 1977 y pasó a reserva el 7 de noviembre de 2002.

Suboficial Ayudante Miguel Sancho. Nació el 29 de marzo de 1956, ingresó el 17 de febrero de 1978 y pasó a reserva el 20 de febrero de 2003.

Oficial 3º Roberto Lucio Fernández. Nació el 20 de octubre de 1957, ingresó el 25 de enero de 1980 y pasó a reserva el 7 de marzo de 2005. Su padre, Aquilino Rusell Fernández, fue destacado presidente de la Comisión Directiva.

Suboficial Principal Vicente Reinaldo Fidani. Nació el 26 de abril de 1956, ingresó el 28 de marzo de 1980 y pasó a reserva el 15 de diciembre de 2005.

Suboficial Subayudante José Luis Carbonara. Nació el 22 de diciembre de 1960, ingresó el 25 de enero de 1980 y pasó a reserva el 17 de enero de 2007 . Es el reservista más reciente.

El Cuerpo Activo

Actualmente –año 2007– el Cuerpo Activo está compuesto por setenta y un integrantes, entre jefes, oficiales, suboficiales, bomberos y aspirantes. La nómina completa es la siguiente:

Comandante Mayor Néstor Eduardo Magno
Comandante Norberto Antonio Colacce
Oficial 2º Edgardo Abel Lucero
Oficial 2º Daniel Alberto Anagnostópulos
Oficial 3º Luis Alberto Siliquini
Oficial 3º Raúl Alberto Lugones
Oficial 3º Nelson Esteban Ceci
Oficial 3º César Ariel Mendiondo
Oficial 3º Ariel Gustavo Piñeyro
Suboficial Ayudante Principal Carlos Alberto Capurso
Suboficial Ayudante Principal Néstor Adrian Puglisi
Suboficial Ayudante Principal Rolando Martín Mishevitch
Suboficial Ayudante de Primera José Manuel Ftuli
Suboficial Ayudante SergioLeonardo Martínez Curcio
Suboficial Subayudante Damián Esteban Rojas
Suboficial Subayudante Fernando Héctor Giménez
Suboficial Subayudante Rolando Hernán Aversano
Suboficial Subayudante Daniel Emilio Farinaccio
Suboficial Subayudante Enrique Leonardo Úbeda
Suboficial Subayudante Javier Alberto Vallejos
Suboficial Subayudante Rafael Claudio Félix López
Suboficial Subayudante Ariel Marcelo Samanich
Bombero Nicolás Carbonara
Bombero Osvaldo Martinsen Hansen
Bombero Oscar Alejandro Mazzello
Bombero Jorge Francisco Allegretta
Bombero Alejandro Iván Allegretta
Bombero Fabián Daniel Azzollini
Bombero Mario César Carpaneto
Bombero Diego Martín Avellaneda
Bombero Julio Daniel Ríos
Bombero Omar AlbertoRíos
Bombero Guillermo Fabián Fritz
Bombero Jorge Miguel Alfaro
Bombero Gerardo Gabriel Visso
Bombero Cristian José Baley
Bombero Eduardo Vicente Carrete
Bombero Fernando Luis Conte
Bombero Alejandro Ercoli
Bombero Juan Marcelo Gómez
Bombero Carlos María Montes de Oca
Bombero Rubén Alfredo Paredes
Bombero Marcos Abel Alfaro
Bombero Esteban Daniel Diaco
Bombero Gonzalo Fidani
Bombero Daniel Oscar Lugones
Bombero Juan Manuel Marinissen Cano
Bombero Gustavo Raúl Marzullo
Bombero Leonardo Daniel Flores
Bombero Luciano Moccia
Bombero Constancio García Camacho
Bombero Mauro Leandro Martínez
Bombero Pablo Alejandro Conte
Bombero Matías Espósito
Bombero Ariel Norberto González
Bombero Emiliano Roberto Murgoitia
Bombero José Luis Ríos
Bombero Marcelo David Smit
Bombero Mario Alberto Mansilla
Bombero Nicolás Damián Congos
Aspirante Claudio Pol Ayala
Aspirante Luis Alberto Azimonti
Aspirante Mauricio Jesús Alejandro Cardozo
Aspirante Juan Manuel Guimaraez
Aspirante Roberto David Martínez
Aspirante Mauro Agustín Ojeda
Aspirante Ezequiel Paz
Aspirante Carlos Terán

La institución ocupa también a un pequeño grupo de hombres como cuarteleros. Son los encargados de permanecer alertas a la espera de un pedido de socorro, y se encargan de requerir serenamente los datos indispensables a quien con comprensible nerviosismo da aviso de un siniestro. Hacen sonar la alarma interna cuando en el cuartel se encuentran los bomberos necesarios para integrar las dotaciones, y en caso contrario oprimen el pulsador verde del tablero principal para que se inicie el toque automático de las sirenas, y en horas nocturnas se dirigen a abrir el gran portón de la cochera, que durante el día permanece abierto.

Además de atender el teléfono de emergencias y los equipos que mantienen el contacto radial con las unidades, el cuartelero es el encargado de poner en marcha de inmediato el grupo electrógeno del cuartel cuando el suministro de corriente se interrumpe. Esta falla se ha producido en algún caso como consecuencia del propio siniestro, como sucedió en la noche del 13 de marzo de 1985 cuando estalló el elevador de granos Nº 5.

La cocina del cuartel

Durante muchos años una misma habitación de apenas veinte metros cuadrados oficiaba a la vez de sala de guardia y de cocina. Allí se encontraba el único aparato telefónico, el número 115 en la época de las centrales manuales, en que para iniciar una comunicación había que girar la manivela de un magneto y aguardar la respuesta del telefonista.

Cada mediodía, después de almorzar con apuro, los integrantes del Cuerpo Activo solían hacer una rápida visita por la cocina del cuartel para tomar unos mates antes de volver a sus ocupaciones. Al regresar del trabajo, del cine o de ver a la novia, también era un verdadero ritual pasar por el cuartel y quedarse un rato en la cocina. Se jugaban allí interminables partidas de damas –que a veces eran interrumpidas por el vuelo de las fichas ante el certero golpe del trapo rejilla arrojado por un bromista–, y se repetían una y otra vez las mismas anécdotas, durante veladas que los domingos y días feriados se prolongaban hasta la madrugada.

"Estar en los bomberos" era estar en la cocina, en donde el pizarrón de novedades permitía que todos se enteraran de inmediato de los avisos importantes. Por una puerta lateral se podía pasar directamente a los vestuarios cuando se recibía un llamado para concurrir a un siniestro. Los viernes se organizaban comidas para la noche, polladas o asado que apretujaban hasta treinta comensales compartiendo la alegría de estar reunidos entre camaradas.

La espaciosa cocina actual es una dependencia particularmente confortable, no sólo por sus instalaciones materiales sino porque conserva el mismo ambiente familiar de otras épocas, entre mates, bromas, comentarios, excelentes asados y comidas, partidas de truco, de ping pong, o viendo noticieros y programas de deportes en el televisor. Además de las numerosas actividades de capacitación y de práctica, y de las tareas requeridas en forma permanente para el impecable mantenimiento de vehículos y equipos, el cuartel es la sede social y la segunda casa de todos.

El Área de Capacitación

Para capacitar a los aspirantes a bomberos la Comisión Directiva creó en 1935 uno de los primeros cuerpos de cadetes del país, y encomendó al cabo Ricardo Valle la tarea de adiestrarlos en el manejo de los elementos utilizados en la lucha contra el fuego y de integrarlos afectivamente al cuartel. Pertenecieron a este primer cuerpo de cadetes, denominado "Antonio Valle", el futuro Jefe Andrés Vidal y el Oficial Victoriano Bartolomé

Por su propia naturaleza, la actividad bomberil ha ido modificándose y renovándose a través del tiempo, en estrecha relación con los adelantos científicos y los cambios tecnológicos. Desde sus comienzos la institución siempre se ha preocupado por capacitar a los miembros del cuerpo activo mediante ejercicios, simulacros, y una gradual incorporación de los nuevos bomberos a las tareas de mayor dificultad y riesgo.

Los jefes, oficiales y suboficiales, junto con los hombres más experimentados del cuerpo, ejercieron una eficaz tarea docente que sobrepasa la mera capacitación técnica e incluye una actitud formativa –a través del ejemplo– en los tres valores fundamentales de todo bombero: Abnegación, desinterés y altruismo.

Sin estos rasgos, que a la idoneidad técnica agregan las cualidades del coraje, la decisión y a la vez la prudencia, se conseguiría una mera profesionalización que empobrecería los aspectos más valiosos de un cuerpo de bomberos voluntarios.

Como sucede con otras actividades cuyo principal fundamento es vocacional –el maestro, el médico–, quien intenta socorrer a su prójimo en peligro, salvaguardar sus bienes y auxiliarlo en su desgracia, es ante todo alguien que considera a su vida en términos de misión, y la consagra a un ideal superior a su propia seguridad y bienestar. El bombero voluntario ha encontrado en su tarea un sentido trascendente para su vida, y puede hacer suyas las palabras del premio Nobel de literatura Rabindranath Tagore: "Serví, y vi que el servicio era alegría."

Las actividades de capacitación en la Federación Centro Sur de la Provincia de Buenos Aires están a cargo de un Director general, que es el comandante mayor Néstor Magno, de Ingeniero White, y dos directores, el comandante José Zanetti, de Punta Alta, y el oficial 1º Martín Haag, de Tornquist.

En la planta alta del cuartel se encuentra la Sala de Capacitación "Raúl Troisi", en la que se imparten los cursos anuales de conocimientos teóricos y prácticos para aspirantes e integrantes del Cuerpo Activo. La capacitación es dictada por oficiales y suboficiales del Cuerpo Activo, de acuerdo con su especialidad, y por instructores aprobados por la Federación Centro Sur: el Oficial 3º Luis Siliquini, el Suboficial Principal Carlos Capurso y el Suboficial Ayudante Rolando Mishevitch, quienes también se encargan de diagramar los programas de capacitación.

La capacitación teórico práctica es impartida los sábados por la tarde y cada tema se reitera durante las cuatro clases del mes para posibilitar que, aun con sus limitaciones de horario por otras obligaciones, todos los integrantes del cuerpo activo puedan participar.

La sala de capacitación dispone de butacas para los asistentes, tarima para el expositor, pizarrones y pantalla para proyecciones, además de cañón proyector, computadora y otros medios didácticos. En los cursos se utiliza un método interactivo con dos o más instructores que se alternan en sus funciones. Mientras uno presenta los temas, el otro pauta los tiempos, está a cargo de las ayudas didácticas e interviene activamente con observaciones, aclaraciones o preguntas.

En el cuartel se realizan prácticas de tendido de mangueras y de maniobras con los equipos para incendios. Para prácticas de mayor complejidad se emplean los simuladores de las plantas petroquímicas cercanas, que consisten en máquinas, cañerías, válvulas y dependencias en las que se provocan pérdidas de líquidos, combustiones controladas de gases y otros elementos, y demás situaciones de emergencia.

Para las prácticas de rescate de personas en espacios confinados y sin visibilidad se trabaja con equipos autónomos de respiración y se utiliza un generador de humo. El operador se encuentra también limitado en sus otros sentidos, con escaso oído y tacto a causa de los ruidos del siniestro y de los guantes y demás medios que lo protegen. En ocasiones se ha contado con el asesoramiento de personas ciegas, familiarizadas con la falta de orientación visual pero que, a diferencia del bombero, disponen de sus demás sentidos.

La capacitación de los integrantes del Cuerpo Activo abarca una gran diversidad de temas, que además de la extinción de incendios en toda clase de circunstancias incluye las emergencias con sustancias peligrosas, el rescate vehicular y los rescates en altura, además del adiestramiento en el manejo de los nuevos medios y herramientas que la tecnología incorpora permanentemente.

Las condiciones requeridas para ser bombero

Los integrantes del Cuerpo Activo suelen caracterizar la condición de bombero como un verdadero estilo de vida, una manera particular de asumir la existencia. Las tareas en el cuartel junto a sus camaradas y la actividad específica que desarrollan en los siniestros los llevan a sentirse bomberos para siempre, más allá de la fecha de su pase a la Escuadra de Reserva o de su retiro definitivo.

Han descubierto que su vocación es la de ser bomberos, y que el cuartel es un ámbito propicio para dar a los demás: trabajo, tiempo, disposición, esfuerzo, y en donde sólo se recibe como retribución el bien anímico y moral de saberse una persona de bien.

Por eso la condición de bombero permite lucir con merecido orgullo tanto la vestimenta requerida por la lucha contra el fuego como el traje de gala o la ropa de fajina de tantas horas de humilde tarea en el cuartel para mantener impecables y en perfectas condiciones las autobombas y cada uno de los equipos.

Cuando un muchacho presenta su solicitud para ingresar al Cuerpo Activo, movido por el impulso altruista que toda persona posee originariamente y que en su caso ha superado el descompromiso de la actual cultura del consumo y el individualismo, luego de satisfacer algunos requisitos elementales como certificar su buena conducta, antecedentes, condiciones de salud, etc. recibe la aprobación de la Comisión Directiva e ingresa al Cuerpo de Cadetes.

Los aspirantes ingresan como cadetes con una edad mínima de 16 años, y comienzan a asistir a los cursos teórico prácticos de dos años de duración que se dictan semanalmente. Luego de aprobar los exámenes Bombero I y Bombero II en base al conocimiento práctico de la lucha contra incendios y a los textos que edita la Federación Centro Sur, y habiendo cumplido la edad de dieciocho años requerida para poder intervenir en un siniestro, el cadete es inscripto en la Dirección de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires y pasa a formar parte del Cuerpo Activo, en el que además de su actividad específica prosigue participando de distintos cursos, tanto recibiendo como impartiendo capacitación.

En la primera promoción de aspirantes que completaron los cursos de instrucción de dos años se encontraban Nicolás "Bocha" Bartolomé, Andrés "Chiche" Bartolomé –sin parentesco entre sí–, Salvador Aversano, Francisco Feola, Hugo López y Héctor Ocampo.

Durante el período de dos años en que el aspirante permanece en el Cuerpo de Cadetes adquiere conocimientos y habilidades técnicas, se familiariza con las actividades y procedimientos de rutina y se integra funcional y afectivamente con el grupo de sus compañeros y superiores.

Como parte de su aprendizaje, participa en las tareas cotidianas que constituyen el Orden Interno del cuartel. Este orden está dividido en distintos sectores, cada uno de los cuales está a cargo de un oficial, uno o más suboficiales y cierto número de bomberos, de acuerdo con lo requerido por cada tarea:

El sector Automotores se ocupa del control, alistamiento, limpieza y mantenimiento de los vehículos. Cada unidad tiene asignados uno o dos bomberos, que se ocupan de conservarla en perfecto estado de funcionamiento y con todos sus materiales y herramientas en orden.

El sector Materiales de incendio realiza el mantenimiento de las bombas, mangueras, lanzas y demás elementos de las autobombas, además de equipos auxiliares como las motobombas, compresores y grupos electrógenos.

El sector Electricidad tiene a su cargo el mantenimiento y las reparaciones eléctricas requeridas tanto por los vehículos como por las instalaciones: iluminación, grupo electrógeno del cuartel, sirenas de alarma.

El sector de Intendencia se ocupa del mantenimiento estructural del cuartel: albañilería, pintura, instalaciones de agua y gas, limpieza.

La tarea del sector Ropería consiste en el cuidado y conservación de la ropa de fajina, los uniformes de gala, los trajes estructurales que se emplean en los incendios, el calzado de fajina y el calzado del traje estructural. El sector Ropería se ocupa también de los combustibles y lubricantes requeridos por los vehículos.

Otro sector es la Secretaría del Cuerpo Activo, que lleva el control de la asistencia a los llamados, las estadísticas del número y circunstancias de las salidas, los legajos de cada bombero, los seguros personales y la tramitación de altas ante la Dirección de Defensa Civil.

Al integrarse al Cuerpo Activo el bombero comienza una trayectoria que puede prolongarse hasta su retiro y su posterior ingreso a la Escuadra de Reserva de la institución. Con veinticinco años de servicio se accede a una jubilación otorgada por la Provincia de Bs.As. Quienes han ingresado a una edad mayor pueden jubilarse con veinte años de servicio, a los sesenta años.

Los nuevos requerimientos técnicos

Las actitudes de compromiso y de servicio a la comunidad y las cualidades personales que se requieren actualmente para ser bombero son las mismas que inspiraron a los primeros integrantes del cuerpo de bomberos. Lo que ha cambiado es la modalidad y el grado de la capacitación técnica requerida para desempeñar adecuadamente sus funciones.

Así como los adelantos de la ciencia, aplicados a los artefactos técnicos, fueron dotando a los bomberos de nuevas herramientas y máquinas que le otorgan mayor eficacia en su tarea, esos mismos adelantos tecnológicos, basados en la complejidad de una sociedad industrial cada vez más desarrollada, dieron lugar a nuevos riesgos, mucho más graves en sus dimensiones y diferentes en sus características a los que tradicionalmente debían ser conjurados por la acción de los bomberos.

La extensión de la urbanización y el aumento del número de edificios elevados, la radicación de plantas industriales de enormes dimensiones con instalaciones y depósitos que presentan nuevos riesgos para la población, el incremento del número, tamaño y velocidad de los medios de transporte con un aumento correlativo en la cantidad y complejidad de los accidentes de tránsito, exigen una capacitación y actualización permanente por parte de los bomberos, además de requerirles contar con medios adecuados para afrontar las nuevas situaciones de emergencia.

El equipamiento de los bomberos ha tenido por consiguiente sucesivas modificaciones que incorporan adelantos científicos y tecnológicos en forma de características que mejoran la seguridad de su vestimenta y la eficiencia de sus herramientas para adecuarse a nuevas necesidades operativas surgidas como consecuencia de los cambios del entorno material y social en que se desarrolla su tarea, como ocurre con las utilizadas en accidentes de tránsito o en siniestros por escape o derrame de sustancias tóxicas.

La tarea específica del bombero

La tarea que realiza el bombero voluntario se desarrolla siempre en una situación de riesgo. La magnitud de este riesgo puede llegar a alcanzar el rango de situación límite, por lo que el control y dominio de un siniestro requiere del bombero una decisión y un arrojo similares a las que se encuentran en las situaciones de combate de una fuerza militar. Se ha dicho con acierto que no se percibe su importancia cuando no se los necesita, hasta que de pronto todo pasa a depender de ellos, de su capacidad y su coraje.

Para poder desempeñar sus misiones específicas, una organización cuya tarea habitual implica tales riesgos requiere, aun siendo una institución civil, que sus integrantes observen el clásico lema: "Subordinación y valor". En el caso de los bomberos voluntarios, su lema propone tres actitudes: Abnegación, desinterés, altruismo, que unidas a las anteriores pueden sintetizarse en la expresión "Servicio al prójimo".

La eficacia de la acción bomberil se fundamenta en varios aspectos: Por una parte se requiere una intensa y completa capacitación técnica por medio del conocimiento y de la ejercitación práctica. Por otra parte, el bombero debe poseer el coraje corporal y anímico necesario para enfrentar los riesgos físicos y psicológicos a los que deberá exponerse en el desempeño de su tarea. Y finalmente se requiere de la conducción serena y eficiente de los Jefes, Oficiales y Suboficiales.

Una dotación de bomberos es un equipo de hombres valerosos y capacitados, pero también disciplinados. Esta condición resulta también indispensable, ya que es imposible que un grupo logre sus objetivos cuando se ignora quiénes mandan y quienes obedecen. La iniciativa personal autónoma, que en algunas situaciones puede decidir el éxito de una acción, entraña también el riesgo de la ineficacia cuando no se subordina al criterio unificador que debe conducirla.

Un siniestro es una situación compleja y riesgosa que para ser afrontado con éxito requiere cumplir con las tres condiciones que el pionero de la aviación civil argentina Antoine de Saint–Exupéry consideró necesarias para lograr el objetivo de cualquier emprendimiento: Sentido del deber, fervor comunitario y mando responsable.

Al inscribirse como cadete, el aspirante a bombero demuestra poseer un marcado sentido del deber y un fervor comunitario que lo impulsan a querer servir a su prójimo. Y durante su aprendizaje para integrarse al Cuerpo Activo aprende cómo gana en eficiencia su tarea cuando obedece no sólo a sus generosos impulsos sino también a la tercera condición señalada por Saint–Exupéry: la subordinación a un mando responsable.

El superior no ejerce sobre el bombero un dominio basado en el poder, sino que su autoridad emana de sus cualidades personales. La experiencia y la serenidad del jefe motivan anímicamente al bombero, y su mando responsable le facilita desempeñarse con mayor eficiencia, consciente de que el grado y la autoridad de los superiores indica la mayor responsabilidad de quienes tienen otros hombres a su cargo y comparten su mismo fervor comunitario.

Por consiguiente, la disciplina del cuerpo activo tiene una tonalidad predominantemente anímica y moral. Si bien en la actualidad puede recurrirse al procedimiento formal del sumario ante la gravedad de alguna falta, el mantenimiento de la disciplina tradicionalmente ha dependido de las atinadas decisiones del comandante y los oficiales y suboficiales.

La sanción más dolorosa para el bombero que había cometido alguna falta, solía ser que a la hora de subir a la autobomba para salir hacia un siniestro, el comandante le dijera: "Te necesito aquí; vos no salís a este incendio", que hasta hacía aparecer lágrimas en los ojos de quien era castigado ¡con la eximición del cumplimiento de su tarea!

Un joven bombero que debió permanecer un tiempo en reposo por enfermedad, contaba también de sus varoniles lágrimas de impotencia cuando desde su lecho escuchaba la sirena del cuartel que lo convocaba. Es que, como los integrantes del cuerpo activo suelen expresarlo, "se nace bombero, y se es bombero para toda la vida".

Las autoridades del Cuerpo Activo

Los grados de los Jefes, Oficiales y Suboficiales del Cuerpo Activo están establecidos por la ley Nº 10.917 de la Provincia de Buenos Aires que rige a las asociaciones voluntarias de bomberos.

Los grados de Oficiales Jefes son: Comandante Mayor, Comandante y Subcomandante.

Los grados de Oficiales Subalternos son: Oficial 1º (de Dotación), Oficial 2º (de Escuadra) y Oficial 3º (Auxiliar).

Las jinetas de los Oficiales son de color rojo, rectangulares, con una fila horizontal de tres, dos o un sol dorado las de los Jefes, y tres, dos o un sol plateado las de los Subalternos.

Los grados de Suboficiales Superiores son: Ayudante Mayor y Ayudante Principal.

Los grados de Suboficiales Subalternos son: Ayudante de 1ª, Ayudante y Subayudante.

Las jinetas de los Suboficiales son también de color rojo, rectangulares y atravesadas horizontalmente por dos o una franja amarilla ancha los Superiores, y tres, dos o una franja amarilla delgada los Subalternos.

Las designaciones de los Oficiales Jefes del Cuerpo Activo se realizan a propuesta de la Comisión Directiva, que las eleva para su aceptación a la Dirección de Defensa Civil de la provincia. Por su parte, el ascenso a los distintos grados de oficiales y suboficiales es aprobado por la Comisión Directiva a propuesta de las autoridades del Cuerpo Activo.

Las Comisiones Directivas

La comisión directiva y el cuerpo activo son dos modos complementarios de agruparse para alcanzar los objetivos de la institución bomberil, por lo que la organización formal de una asociación de bomberos voluntarios presenta cierta analogía con la de una institución deportiva.

También en un club, cuya actividad principal es el deporte –el fútbol, por ejemplo–, pueden distinguirse dos modalidades de participación que se complementan e integran para alcanzar sus objetivos. Por una parte están la agrupaciones que constituyen el lado más visible de las actividades de la institución: los equipos de jugadores, sus divisiones y rangos. Se los podría considerar en conjunto como el "cuerpo activo" de la institución.

Por otra parte, los deportistas no podrían alcanzar adecuadamente sus objetivos si no contaran con la estructura estable que le aporta a la institución otro grupo de personas, constituido por la comisión directiva y por las distintas subcomisiones que de ella dependen.

Ambas maneras de participar de una institución de bomberos, la "activa" y la "directiva", son complementarias e imprescindibles para el logro de sus finalidades. En aquel año fundacional de 1907 la naciente Asociación se constituyó con estas dos modalidades, mutuamente potenciadas a lo largo de este primer siglo de actividades y esfuerzos de sus integrantes, quienes han dado a Ingeniero White una de sus instituciones más valiosas y representativas.

La comisión fundadora

El acta inaugural de la institución está fechada el 8 de septiembre de 1907. Ese día se constituyó la primera comisión, compuesta por los siguientes integrantes:

Presidente: Antonio Valle
Vicepresidente: Fortunato Costa
Secretario: Florencio Rodríguez
Prosecretario: Indalecio Ruiz
Tesorero: Ángel Sclavi
Protesorero: Domingo Gavellotti

Vocales: Antonio Arregui, Alejandro Campaya, Juan de León, Alejandro Dignani, Francisco Domenech, Ricardo Festa, Ramón Iguacel, Francisco Lemus, Luis Rocca, Gerónimo Usandizaga y Carlos Weiland

Presidentes de la Comisión Directiva

El primer presidente de la asociación fue Antonio Valle (17 de febrero de 1909 al 3 de junio de 1928), quien fue nombrado posteriormente Presidente Honorario. Los presidentes que lo sucedieron son:

Dr. Manuel R. Molina (Electo el 3 de junio de 1928, no aceptó el cargo por sus
múltiples ocupaciones.)
Alejandro Sardi (24 de junio de 1928 al 30 de junio de 1946)
Carlos Rapetti (30 de junio de 1946 al 30 de junio de 1950)
Ezio Andreanelli (30 de junio de 1950 al 30 de julio de 1954
Román Mendizábal (30 de julio de 1954 al 31 de julio de 1957, fallecido el 14 de marzo de 1957)
Enrique Mazzone (14 de marzo al 31 de julio de 1957, a cargo interinamente)
Walter Martinsen Hansen (31 de julio de 1957 al 31 de julio de 1959)
Martín Gil (31 de julio de 1959 al 28 de julio de 1967)
Esser Aníbal Jorge (28 de julio de 1967 al 6 de julio de 1973)
Walter Luis Mandolesi (6 de julio de 1973 al 27 de julio de 1975)
Rodolfo Gil (27 de julio de 1975 al 31 de julio de 1981)
Walter Luis Mandolesi (31 de julio de 1981 al 23 de julio de 1982,
fallecido el 2 de marzo de 1982)
Osvaldo Ceci (23 de julio de 1982 al 16 de septiembre de 1983)
Aquilino Rusell Fernández (16 de septiembre de 1983 al 19 de agosto de 1988)
Andrés Jorge Bartolomé (19 de agosto de 1988 al 30 de julio de 1997)
Aquilino Rusell Fernández (30 de julio de 1997 al 26 de junio de 1998)
Neldo Quirico (26 de junio de 1998 al 30 de mayo de 2003)
José Ángel Ceci (30 de mayo de 2003 al 28 de mayo de 2004
Sergio J. Tomasetti (28 de mayo de 2004 hasta la fecha)

Además del Presidente Honorario Antonio Valle, otros dos directivos fueron designados Socios Honorarios de la institución: el miembro fundador y posteriormente Tesorero Gerónimo Usandizaga, y quien lo sucedió en la misma función durante más de un cuarto de siglo, Felipe Cot.

El cargo dejado vacante por Usandizaga en 1929 fue ocupado por Felipe Cot, quien durante más de dos décadas siguió cuidando celosamente los intereses de la institución. Español, nativo de Cataluña como su esposa, Encarnación Juliá –quien fue presidenta de la comisión de damas entre 1933 y 1935–, Felipe Cot se radicó en Ingeniero White, en donde estableció un almacén en el clásico estilo de la época: un sólido edificio de una planta, de gruesas paredes, que actualmente es la sede del SOMU, sindicato de trabajadores marítimos.

El comercio ocupaba un extenso frente en la esquina de las calles Elsegood y Mascarello, a escasos metros del cuartel de bomberos. En las dependencias interiores vivía don Felipe con su familia. Próspero comerciante, como Valle y Usandizaga, fue uno de los primeros propietarios de automóviles de la localidad. Su lujoso REO 1928, con floreros de cristal en los parantes y encendedor de cigarrillos con cable retráctil en el tablero de madera lustrada, engalanó las calles del pueblo y se lució en los corsos de carnaval que se realizaban por Elsegood, desde la esquina de su almacén hasta Guillermo Torres, con otro trayecto lateral por la calle Siches hasta el salón de la sociedad "La Siempre Verde".

Cada año, en los almuerzos con que los bomberos celebraban el aniversario de su fundación, don Felipe se hacía presente trayendo una gran fuente con una exquisita salsa mayonesa sazonada con ajo –él la llamaba "alio e olio"–, que preparaba él mismo y servía personalmente en el plato de los comensales. Preparaba también "fruta en vaso" –clericó o macedonia– para servir a los postres. Ambos manjares todavía son recordados por los miembros de la Escuadra de Reserva.

Felipe Cot fue designado Socio Honorario de la institución en julio de 1954, y el 19 de septiembre de ese mismo año se le ofreció un agasajo al cumplir veinticinco años en el cargo de Tesorero de la Comisión Directiva, de la que se retiró al año siguiente. En 1965 se produjo su fallecimiento.

Muchos otros vecinos whitenses han estado vinculados con la entidad desde sus primeros tiempos, en cargos directivos o aportando su colaboración en innumerables circunstancias; sería imposible hacer una enumeración completa ni detallar la infinidad de ocasiones de su participación. Hace algunos años el periodista Ampelio Liberali, fallecido en 2006, inició la tarea de glosar episodios y evocar nombres representativos, y entre sus notas y apuntes incluyó esta lista textual, que dejó abierta con puntos suspensivos:

Andrés Marés, Domingo Bussetti, Obdulio Bargueño, Andrés Mazzone, Dionisio Bergeret, José Deulofeu, Isidro Bargueño, Domingo Massa, Octavio Valle, María V. de Morlaas, el capellán Antonio Meccico, Arturo Mosotegui, Nazareno Poloni, Juan P. Suttora, Mateo Jederlinich, Mardiros Mardiros, Enrique Giorgetti, el maestro Vicenciano Villa, Bartolomé Genovart, José Teobaldelli...

Pueden agregarse los apellidos de familias enteras que se asocian de inmediato con el término"bomberos", por el número de sus integrantes relacionados con la institución: los Valle, Mishevitch, Troisi, Esposito, Spósito, Andreanelli, Grillo, Cendali, Anagnostopulos, Bugarini, Ceci, Gil, Fidani, y tantos otros simpáticamente emparentados entre sí. La lista resulta inevitablemente incompleta, y corrobora la afirmación de que los whitenses son todos integrantes de una misma gran familia. En las miles de páginas de los libros de actas de la entidad se mencionan innumerables apellidos locales que así lo confirman.

En un pueblo que se constituyó con el aporte de inmigrantes italianos, españoles, griegos, croatas, montenegrinos, árabes, escandinavos y de tantas otras nacionalidades, los vínculos matrimoniales, facilitados por la ausencia de prejuicios de quienes compartían la misma situación de humildad, produjeron una estirpe de hombres y mujeres particularmente tenaces, decididos y laboriosos.

Este crisol familiar fue transformando el origen cosmopolita de los primeros pobladores y lo convirtió gradualmente en la reconocida singularidad whitense, que ha dado origen a tantos frutos culturales y comunitarios: hombres de teatro, de prensa, profesionales en número y calidad sorprendente, literatos y artistas de todo género.

Y así surgieron también los organizadores natos como Antonio Valle, vecinos llenos de iniciativa y de interés por su prójimo, que en pocas décadas dieron al pueblo instituciones de las que otras comunidades todavía hoy carecen: asociaciones recreativas, mutuales, deportivas, de scouts y, singularmente, el cuerpo de bomberos, cuya riquísima historia se comienza a reflejar en estas páginas.

De las once estrellas originales que en el escudo de la entidad recuerdan el número de integrantes de sus grupo fundador, han surgido centenares de dirigentes que a lo largo de un siglo han aportado su talento y su esfuerzo para contribuir al desarrollo de la institución.

La Comisión Directiva actual está compuesta por los siguientes integrantes

Presidente: Sergio Javier Tomassetti
Vicepresidente: Roberto Vitali
Secretario: Florentino Cimini
Secretario de actas: Sergio Lorca
Tesorero: Juan Carlos Lucchi
Protesorero: Juan Germán García
Vocales titulares:
1º Oscar Mazzello
2º Héctor Díaz
3º Ricardo Moreno
4º Juan Corpaz
5º César Castronuño
6º Ricardo Adrián Valle
Vocales suplentes:
1º Rubén Antonelli
2º Daniel Fuertes
3º Neldo Quirico
4º Dr. Adolfo Cappelli
Revisores de cuentas titulares:
1º Juan Marzocca
2º Antonio Valle
3º Carlos Genovesio
Revisor de cuentas suplente:
Ricardo Mishevitch

Subcomisiones y colaboradores

Actualmente existen distintos grupos que se ocupan de las numerosas tareas requeridas por el funcionamiento de la institución. Están integrados tanto por miembros del Cuerpo Activo como de la Comisión Directiva y de la Brigada de Reserva, así como por personas que colaboran desde su oficio o profesión. Cabe destacar al grupo de Damas Colaboradoras, que continúa con la tarea iniciada en1912, en los comienzos de la entidad, por señoras y señoritas vinculadas familiar y afectivamente con la institución.

De una subcomisión interna depende el casino de la entidad, que cumple con una función complementaria a la de tono familiar de la cocina: una barra con sus anaqueles de copas y bebidas, mesas y sillas, configuran un amable ambiente de club de barrio, cuyas paredes lucen, en vez de trofeos y fotografías de glorias deportivas, emblemas de la institución y de entidades amigas, imágenes de los bomberos en su lucha contra el fuego y retratos de algunos de los integrantes más antiguos.

Llama la atención la modalidad de cobro del casino, en la que el precio de los consumos se deposita en una caja o, en el caso de no disponer de efectivo, se anota para ser abonado en la siguiente oportunidad. Una subcomisión interna se ocupa de la gestión y administración de las existencias y de mantener el orden y pulcritud característicos de todas las dependencias del cuartel. El beneficio económico que se obtiene se destina a mejorar las instalaciones del casino y a adquirir elementos de equipamiento para el Cuerpo Activo.

Las actividades de la entidad han requerido desde sus comienzos el concurso de un amplio espectro de profesionales, y de operarios calificados de toda clase de oficios. Médicos, contadores, abogados, escribanos, ingenieros y arquitectos, además de albañiles, carpinteros, mecánicos y electricistas, muchos de ellos sin tener una vinculación directa con la institución, han prestado su colaboración en forma en algunos casos gratuita y en otros por una compensación sensiblemente inferior al valor de la tarea desarrollada. Tradicionalmente la entidad les ofrece hacia el final de cada año un agasajo en reconocimiento a su desinteresado esfuerzo.

Las Damas Colaboradoras

Las actividades sociales han sido desde los inicios de la institución un medio permanente de consolidar y ampliar los vínculos entre los miembros del Cuerpo Activo, los de la Comisión Directiva, los integrantes de la familia bomberil y los de la gran familia whitense, además de ofrecer a toda la comunidad y a las demás instituciones la simpática presencia de los bomberos en todo acontecimiento público de significación.

Como en todo emprendimiento comunitario auténtico, hombres y mujeres han trabajado conjuntamente para llevar adelante a la entidad. Ya en la primera época, el 11 de noviembre de 1912, un grupo de señoras y señoritas pertenecientes a familias de la localidad, constituyó la primera Comisión de Damas. Sus cargos fueron desempeñados por:

Presidenta: Marta Trotti de Orzali (madre del destacado pianista Oscar Orzali)
Vicepresidenta: Nicolasa M. de Ninno
Secretaria: María A. V. de Valle
Prosecretaria: Julia T. de Coletto
Tesorera: María Luisa V. de Morlaas
Protesorera: Matilde R. H. de Usandizaga

Colaboraban además como vocales otras veinticinco damas: las señoras Herminia C. de Vignale, Palmira A. de Cantera, Antonia de Cortés, Tomasa G. de Vallejos, Francisca S. de Torre, Ana S. de Lavergne, Juana D. de Mazzello, Rosa P. de Valle y Josefa C. de Soler, y las señoritas Teresa Angélica Cortés, Angélica Vilardebó, Rosa Vallejos, Ángela Valle, Julia Canevaro, Antonia Facio, Catalina Facio, Gemimá Lavergne, Blanca Testavein, Ángela Vallejos, Susana Stanton, Elvira Stanton, Ana Mazzello, Irma Rossini, Enriqueta Camilucci y Clara Camilucci.

De inmediato, la primera comisión se abocó a organizar una fiesta para recolectar fondos a la que denominó "bazar rifa", que se realizó los días 30 de noviembre y 1º de diciembre de 1912. Desde esos remotos comienzos y hasta la actualidad, las damas de la institución, en su mayoría esposas, madres, hijas y novias de los integrantes de las comisiones directivas y del cuerpo activo, han constituido una verdadera fuerza de trabajo paralela a la de los hombres de la entidad.

Tanto el primer salón de fiestas, inaugurado el 25 de julio de 1909, como el edificado como parte de las nuevas instalaciones del cuartel, cuya apertura se produjo en 1952, contaron de inmediato con la participación de la Comisión de Damas y la adhesión de la población whitense que lo solicitaba para realizar celebraciones familiares. Era alquilado también a otros clubes e instituciones que no disponían de comodidades semejantes.

En la memoria de 1940 aparece por primera vez –y en la primera página de la Memoria– la lista completa de las integrantes de la Comisión de Damas:

Presidenta: Constantina Ufano (luego señora de García)
Vicepresidenta: Leonilda Carayanis (luego señora de Chiarastella)
Secretaria: Leonor Filinich (luego señora de Cafisso)
Prosecretaria: Zulema Fernández (luego señora de Santiago)
Tesorera: Alda E. Capella (luego señora de Valle)
Protesorera: Libertad Fernández (luego señora de Manzano)

Vocales: Mafalda Porta, Palmira Isidro, Carmen Isidro, Elena Cuchán, Elsa O. Capella, Emilia Santiago, Angélica y Josefa Villalba, Elisa y María Angélica Rapetti, Coca y Fidela Vidal, Elba Fernández, Julia Pérez, Amelia Schulz, Dora Sanz, Mercedes Suquía, Elvia y Lidia Jurisich, Marina y Ángela Bartolini y Argentina Ferrucci.

En el ejemplar de la Memoria que aún se conserva aparecen también, agregadas con tinta en letra manuscrita: María Elsa Porta, Lucía y Lydia Filinich, Eugenia y Élida Bianchini, Enriqueta, Élida y Josefa Sangrillo y Carmen Gómez.

Anos después fue designada Presidenta Honoraria de la Comisión de Damas la señora Constantina Ufano de García, madre de Juan Germán García, quien en reiterados períodos ha sido miembro de la Comisión Directiva y representante de la entidad ante la Federación Centro Sur de Bomberos Voluntarios de la Provincia de Buenos Aires.

Desde aquel primer "bazar rifa" de 1912, las damas colaboradoras prosiguen organizando actividades que además de aportar ingresos mantienen la vigencia de la institución en la comunidad de las familias whitenses. Por su originalidad cabe recordar algunos como un "Chocolate a la española" que organizaron a mediados de agosto de 1989, un "Trago largo", un "Chocolate con churros", y numerosos "Té canasta" realizados en el Centro de Jubilados y Pensionados de Ingeniero White.

Los sesenta mil australes que produjo el chocolate a la española de 1989 equivalían a noventa dólares, lo que destaca el valor del aporte de las damas, ya que por la constante devaluación los insumos para el cuartel debían adquirirse en esa moneda. Un té canasta realizado tres meses antes había producido ocho mil australes, en ese momento cuarenta y cinco dólares, y con otro té canasta realizado en mayo de 1990 las Damas Colaboradoras reunieron dos millones de australes, que equivalían a 385 dólares. El primer día de 1992 el gobierno dispuso un cambio del signo monetario para disimular la devaluación.

La situación de esos años era tan difícil que en septiembre de 1989 la Comisión Directiva dispuso celebrar el aniversario sin la fiesta acostumbrada, y realizar en su lugar visitas a escuelas y otras instituciones para difundir las actividades de los bomberos mediante charlas y proyección de películas referidas a la prevención de incendios.

A lo largo de toda la vida de la institución la actividad de las damas vinculadas con la institución ha sido constante no sólo en el plano social y económico, sino colaborando también en el aseo y mantenimiento del cuartel, apoyando la tarea de los bomberos con la preparación de alimentos y bebidas según los requerimientos de cada siniestro prolongado, y aportando la intangible y reconfortante presencia femenina en los momentos de mayor exigencia anímica durante las mayores emergencias afrontadas por el Cuerpo Activo.

Actualmente la institución cuenta con un grupo de Damas Colaboradoras que prosiguen desarrollando toda clase de actividades sociales para contribuir con las necesidades económicas del cuartel y mantener su vigencia en la comunidad whitense y en las de la ciudad y la zona.

Varias integrantes del grupo llevan ya más de medio siglo colaborando con la institución: Desde 1951, María Cendali de Esposito, y desde 1953 Basilia Anagnostopulos Vda. de Grillo (Cholita) y Celia Radulovich Vda. de Terrón (Zenka).

Las demás integrantes actuales del grupo de Damas Colaboradoras son:

María del Carmen Mishevitch Vda. de Capurso
Vicenta Ventura de Carbonara (Chicha)
María Estauro Vda. de Stacco
Susana Amedrano Vda. de Ronca
Rosa Sueldo de Magno
Nélida Elisia Sánchez (Nelly)
Marta Albrizio de Ftuli (Titi)
Concepción Albrizio de De Palma (Lita)
Elsa Gómez de Natalicchio (Lede)
Nora Reali de Mishevitch (Nori)
Norma Cruz de Mendiondo
Marta García de Gruicich
Isabel Valente de Mazzello
Elsa Stalldecker de Baley
Amanda Berto de Fidani (Chony)
María Orellano de Deisel (Mary)
Celia Jensen de Vitali (Coca)
Martha Maisonave de Álamo
Alejandra Marzocca de Allegretta
María Cricelli de Moccia
Carolina Grau
Cintia García

Entre las colaboradoras permanentes de la entidad se encuentra también Miriam Norma Esposito de Luciani Merli –hija de la decana de las damas, María Cendali– quien se desempeña como secretaria contable. Por razones laborales durante un período fue reemplazada por Zulma Moreno, quien a su vez dejó el cargo por maternidad. Con anterioridad habían sido sucesivamente secretarios Osvaldo Danei y Hugo Seijas.

La Comisión del Centenario

Las actividades de celebración y conmemoración del primer centenario de la entidad están a cargo de una comisión integrada por estos miembros:

Presidente: Jorge Allegretta
Vicepresidente: Rosa Sueldo de Magno
Secretario: Marta García de Gruicich
Prosecretario: Nora Reali de Mishevitch
Tesorero: Sergio Martínez Curcio
Protesorero: José Ftuli
Vocal: Daniel Farinaccio
Vocal: Constancio García Camacho
Vocal: Ricardo Moreno
Vocal: Omar Ríos
Vocal: Enrique Úbeda

Actividades artísticas, culturales y de difusión

Desde la época del primer salón social se realizaron en el cuartel de bomberos actividades teatrales y musicales con el fin de proporcionar distracción y a la vez enriquecimiento cultural a sus integrantes y a toda la población whitense. No existía la televisión, ni siquiera la radio; se contaba con pocos medios de transporte, y las reuniones sociales, celebraciones y actividades culturales se realizaban en los salones de los bomberos, de "La Siempre Verde", del club "Sportivo Whitense" y de la Sociedad Italiana.

A comienzos del siglo XX ya había una sala de cine, el "Bar y Biógrafo" de los hermanos Mingorance, en la que se exhibían películas mudas acompañadas por pianistas como Oscar Orzali y Alfredo Pampín, y violinistas como el cieguito Elías Hanuch, mientras el público consumía bebidas sentado a las mesas. Este cine se incendió en 1907 junto con varias viviendas linderas, lo que motivó una colecta para auxiliar a los damnificados que encabezó Antonio Valle, quien pocos meses después propondría a sus vecinos la creación del cuerpo de bomberos.

Una segunda sala cinematográfica fue el "Cine Aída", ubicado en la esquina de Siches y Harris (Brown) que se convirtió años después en sede social de la Cooperativa Pesquera, luego en el local nocturno "Tabarís", y finalmente en cámara frigorífica de la misma cooperativa. A media cuadra de allí, sobre Siches, el salón de "La Siempre Verde" funcionaba como "Cine Monumental", y en la misma esquina del "biógrafo" de Mingorance estuvo durante muchos años el "Cine Jockey Club", más tarde convertido en la cantina "Il Vero Tulio"–en donde entonaba sus tangos Tulio Angelozzi–, y finalmente utilizado por una iglesia pentecostal.

Además del teatro vocacional y de las veladas musicales en el salón de fiestas, las inquietudes culturales de los bomberos se encauzaron en otras actividades. El interés por la música ha sido siempre un motivo más para congregar a los intérpretes y a sus oyentes en el cuartel, verdadero segundo hogar de los bomberos, que les proporcionó también el ámbito adecuado para sus expresiones artísticas.

En 1962 varios boy scouts integrantes de la agrupación "Don Ernesto Pilling" –otra de las entidades pioneras de Ingeniero White– habían formado un conjunto folklórico al que denominaron "Los Cantores de la Zafra". Sus integrantes eran: Ricardo Morelli, Andrés "Chiche" Bartolomé, Nicolás "Bocha" Bartolomé y Francisco Feola. Estos tres últimos ingresaron como cadetes al cuerpo de bomberos, y Chiche Bartolomé fue posteriormente presidente de la Comisión Directiva durante una década. "Los Cantores de la Zafra" ensayaban sus temas en la cocina del cuartel, y otras veces elegían la tranquilidad del vestuario o de la piecita que oficiaba de dormitorio para las guardias nocturnas.
Otro miembro del Cuerpo Activo de destacada actuación en el ambiente tanguero de la localidad ha sido Antonio Campos, nombre artístico de Antonio Martiniuk, quien forma parte actualmente de la Escuadra de Reserva. Dotado de gran voz y presencia física, era uno de los integrantes del "Círculo Gardeliano", agrupación creada por iniciativa de Víctor Palacios, Francisco "Pichín" Angelozzi, Héctor Porfirio y Mario Allende, todos ellos empleados de la Secretaría de Estado de Intereses Marítimos ("el Ministerio", por su nombre anterior). Varios músicos bahienses y puntaltenses también formaban parte de este recordado grupo de aficionados a la intepretación vocal del tango.

En diciembre de 2002, en conmemoración del Día Nacional del Tango la Secretaría de Cultura del municipio, a cargo del licenciado Margo, ofreció un festival en el Teatro Municipal a total beneficio del cuerpo de bomberos whitense, y realizó otro con la misma finalidad en marzo de 2004.

En el año del centenario de la entidad, el 2 de mayo de 2007 LU2 Radio Bahía Blanca,
por gentileza de su director Jorge Tirabasso, difundió en horas de la tarde un programa institucional que se realizó desde el cuartel de Ingeniero White.

El Colegio de Escribanos de Bahía Blanca organizó el 9 de mayo de 2007, a beneficio de la institución y en el marco de las celebraciones en el año de su centenario, un concierto de cámara que se realizó en el Teatro Municipal y contó con la presencia del Cuerpo Activo, la Comisión Directiva y gran cantidad de público.

Desde el mes de marzo y durante todo el año 2007, los viernes de 19 a 19:30 se difunde por LU3 Radio del Sur, por gentileza de su director Alberto Mac Dougall, un programa institucional en el que participan integrantes del Cuerpo Activo y Miembros de la Comisión Directiva, y en el que comentan distintos aspectos de las actividades de la entidad.

Los símbolos: Escudos y composiciones musicales

A fines de 1909 se encargó a Antonio Console realizar el escudo de la asociación, según el diseño hecho por Antonio Valle a semejanza del de los bomberos de La Boca. En lo alto un sol y una estrella superpuestos simbolizan la guardia permanente sobre el gorro frigio de la República, que está flanqueado por dos hachas de bomberos. El campo del escudo está dividido en dos cuarteles: El izquierdo –del lado de quien lo sostiene para protegerse– es rojo y tiene la figura de una bomba de estruendo. El derecho es dorado y contiene once estrellas, que es el número de miembros fundadores de la entidad (con el mismo simbolismo, el de La Boca tiene trece estrellas). Al pie lleva una cinta ornamental con los colores de la bandera argentina.

Para la celebración del centenario se ha realizado un emblema conmemorativo consistente en un círculo blanco con el nombre de la institución y la fecha de su fundación rodeando a los clásicos símbolos bomberiles de hachas y laureles, y una bomba llameante que incluye la figura de un antiguo carro de bomberos y la inscripción "100 años".

El logotipo del centenario se realizó mediante un concurso entre los establecimientos escolares ubicados en jurisdicción de la entidad, y fue seleccionado por un jurado de la Asociación Artistas del Sur, que eligió el presentado por el alumno de la EGB Nº 58 Mariano Repollo.

Existen dos composiciones musicales que honran el quehacer de los bomberos voluntarios whitenses: Una es la marcha "Bomberos de White", con música del maestro Néstor Lorenzetti, que fue interpretada por primera vez el 16 de diciembre de 2000 por la Banda "Santa Cecilia" con la dirección del propio compositor, y entonada por Raúl Barzola. La letra de la marcha, escrita por Omar Ciolino, dice:

Cuando suena la sirena del cuartel
también suena la sirena del deber.
Deja su vida de lado por acudir al llamado
el bombero voluntario, el vecino solidario.

Cuando suena la sirena del cuartel,
convocado por la urgencia y el deber,
va vestido de heroísmo sin pensar en el peligro,
va trepado a la autobomba, con orgullo y con valor.

Naciste entre chapas, maderas y barro,
la sal de la ría que te bautizó
Bombero de White del temple bizarro,
tu cuna fue el pueblo que te cobijó.

Amigo y hermano que nos das la mano,
héroe silencioso, coraje y arrojo,
hombre diferente que enfrenta la muerte
cotidianamente, con agua y amor.

Existe también una composición instrumental anterior, la marcha "Heroicos bomberos whitenses", que fue ejecutada por primera vez el 8 de septiembre de 2003 por la banda del Batallón de Comunicaciones 181, dirigida por el Teniente Diego Gonzalo Cejas. La marcha fue compuesta por Daniel U. Farías, quien también escribió el arreglo musical correspondiente para clarinete, trompetas, saxos, trombones y percusión.

Las federaciones de asociaciones de bomberos

El 1° de febrero de 1954 se constituyó la Federación Argentina de Asociaciones de Bomberos Voluntarios, que dio cohesión a las entidades de bomberos que existían hasta la fecha y a las que se crearon posteriormente.

El 25 de septiembre de 1954 se realizó en Lanús el Primer Congreso de Bomberos Voluntarios; el Segundo Congreso se realizó en junio de 1960, y el 31 de mayo y primeros días de junio de 1974 se llevó a cabo el Tercer Congreso, con la participación de doscientas dieciséis asociaciones de bomberos voluntarios.

El 20 de noviembre de 1988, el diario "La Razón" anunciaba: "Acaba de formalizarse, después de 20 años de negociaciones, a fusión de los quinientos cuerpos de bomberos voluntarios del país, a través de lo que se llamará el Consejo Nacional de Federaciones de Bomberos Voluntarios." La entidad había quedado constituida, al ser aprobados sus estatutos y serle otorgada la personería jurídica, el 15 de octubre de 1988, con el nombre oficial de "Confederación de Bomberos Voluntarios de la República Argentina".

Nuestro país, a través del Consejo Nacional, es una de las naciones miembros de la Federación Mundial de Asociaciones de Bomberos Voluntarios, constituida en diciembre de 1982. Esta Federación tiene por objeto contribuir al desarrollo de la lucha contra incendios en cada país y al fortalecimiento de las buenas relaciones internacionales mediante la promoción del intercambio cultural y social entre los bomberos voluntarios.

En lo que concierne a su estructura operativa y de capacitación, el Sistema Nacional de Bomberos está organizado en 19 federaciones provinciales y cinco delegaciones de otras tantas provincias, que representan a 660 cuerpos de bomberos, integrados por 40.000 efectivos y que poseen diez escuelas de capacitación con sus respectivos centros regionales. El Consejo Nacional de Federaciones las agrupa a todas y es su representante ante los gobiernos nacionales y las autoridades internacionales.

La Dirección de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires reconoce en su jurisdicción a cuatro federaciones de bomberos, que a su vez forman parte del Consejo de Federaciones de Bomberos Voluntarios de la República Argentina. Las federaciones de bomberos voluntarios bonaerenses son:

Federación de Bomberos Voluntarios de la Pcia. de Bs. As.
Federación Bonaerense de Asociaciones de Bomberos Voluntarios de la Pcia. de Bs. As.
Federación Centro Sur de Bomberos Voluntarios de la Pcia. de Bs. As.
Federación "2 de Junio" de Bomberos Voluntarios de la Pcia. de Bs. As.

La entidad whitense es cofundadora de la Regional Sur de la Federación de Asociaciones de Bomberos Voluntarios, cuyos representantes se reunieron por primera vez en el cuartel de Ingeniero White, el 12 de abril de 1992.

La institución es también propulsora y cofundadora de la Federación Centro Sur de Bomberos Voluntarios de la Pcia. de Bs. As, que inició sus actividades el 29 de noviembre de 1992 con la firma de un acta compromiso y la redacción de su estatuto. La nueva federación obtuvo su personería jurídica el 24 de septiembre de 1993, y su creador y primer presidente fue el ingeniero Néstor H. Sposito, ex bombero y dirigente de la institución. La Federación Centro Sur está integrada actualmente por veinticinco instituciones de bomberos.

La creación de nuevas federaciones tuvo como fundamento la necesidad de dar respuesta a las muy diferentes realidades socioeconómicas de las asociaciones situadas en el norte de la provincia, el conurbano bonaerense y las de áreas sureñas. Por la gran distancia entre los lugares de reunión (Cañuelas, Olavarría, San Justo, Bahía Blanca) se presentaban también dificultades para el traslado y asistencia de los delegados de las distintas asociaciones.

Las creación de nuevas entidades de segundo grado tales como la Federación Centro Sur de Bomberos Voluntarios de la Provincia de Buenos Aires responde a criterios de descentralización y de jerarquización que facilitan una mejor gestión y otorgan mayor poder de decisión a las entidades que las integran.

En la provincia existe actualmente un total de 241 cuarteles, cuyos cuerpos activos están compuestos por 12.500 integrantes masculinos y femeninos de entre 16 y 60 años. Se han creado además varias escuelas de cadetes en las que participan niños y niñas, y jóvenes varones y mujeres de entre nueve y dieciséis años.

La jurisdicción operativa de los bomberos whitenses

En 1985 la Jefatura de Bomberos de la Policía bonaerense se propuso reducir drásticamente a menos de la mitad de su extensión el ámbito operativo de los Bomberos Voluntarios de Ingeniero White. Esta medida que desplazaba de su jurisdicción histórica a una institución que aportaba con singular eficiencia sus servicios desde hacía casi ocho décadas, fue resistida por la entidad junto con toda la comunidad que iba a resultar afectada por la disposición, tan arbitraria como carente de fundamento.

Se contó con el apoyo de sociedades de fomento, sindicatos y clubes, del Concejo Deliberante bahiense y de varios legisladores. Por citar algunos ejemplos, el 14 de junio de 1989 se realizó una reunión con representantes de las sociedades de fomento de distintos barrios, quienes manifestaron su decidido apoyo a lo requerido por la entidad con respecto a los límites históricos de su jurisdicción.

A fines de junio se recibió la visita del Presidente del Concejo Deliberante, Jaime Linares, quien luego de ser puesto en antecedentes del caso coincidió con la posición de la entidad y comprometió su colaboración, y a comienzos de julio el concejal José Sabatini visitó también la institución para interiorizarse del problema jurisdiccional. En esa fecha la Comisión Directiva elevó copia del expediente y un informe de la capacidad operativa de la institución al Subsecretario de Seguridad de la provincia, Tte. Cnel. Carlos Pombo.

El 18 de septiembre de 1989 se realizó una reunión de representantes de instituciones y de vecinos pobladores del área a cargo de los bomberos whitenses, en la que se acordó constituir una Comisión de Apoyo. Esta comisión fue recibida el 3 de octubre por el intendente de Bahía Blanca Juan Carlos Cabirón, a quien se entregó una "Carta Abierta" avalada por gremios, asociaciones intermedias, clubes y comunidad en general, en la que se solicitaba el otorgamiento de su jurisdicción histórica al cuerpo de bomberos de Ingeniero White. El intendente prometió elevarla al Ministerio de Gobierno de la Provincia.

En la reunión de Comisión Directiva del 11 de octubre de 1989 se leyó un informe enviado por el 2º Jefe de la Policía de la Provincia, en el que se menciona un denominado "Destacamento 6 de Septiembre", ubicado en la jurisdicción histórica de la entidad whitense y creado –según el texto– con el aval de la Municipalidad, a solicitud de algunas sociedades de fomento.

Resulta significativo señalar que con el achicamiento que se intentaba legalizar, toda la zona de las grandes fábricas petroquímicas recientemente instaladas pasaría a estar bajo la jurisdicción de los bomberos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Finalmente, después de numerosas alternativas y arduas gestiones que se prolongaron durante seis años, con fecha 27 de abril de 1991 se logró que la Dirección de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires reconociera y otorgara a la Asociación Voluntaria de Bomberos de Ingeniero White la jurisdicción operativa que históricamente tenía desde su fundación.

El Coordinador de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires se hizo presente en el cuartel el 8 de mayo de 1991 para hacer entrega de la resolución respectiva, que establecía los límites siguientes:

Al sur, las vías del ferrocarril, límite con la jurisdicción de los bomberos de la Prefectura Naval Argentina.

Al noroeste, el límite con la jurisdicción de los Bomberos Voluntarios de General Cerri, constituido por las vías del ferrocarril a Neuquén hasta la intersección de la Ruta 3 Sur con el Camino Sesquicentenario, y desde allí por una línea imaginaria que llega hasta el Club de Pesca de Gral. Cerri.

Al norte, desde la intersección mencionada en el límite anterior hasta la calle Fitz Roy y, por el ramal ferroviario contiguo a ésta, hasta la Ruta 3 Norte.

Al noreste, la Ruta 3 Norte hasta la rotonda de Grünbein

Al este, la misma rotonda y el límite del partido de Bahía Blanca con el de Coronel Rosales, jurisdicción de los Bomberos Voluntarios de Punta Alta.

El 19 de junio de 1991 se realizó una reunión para informar a la Comisión de Apoyo y demás entidades representativas sobre la jurisdicción definitiva otorgada por la Dirección de Defensa Civil. La resolución disponía también en su artículo tercero la creación de un destacamento en el sector más distante del cuartel, proyecto que la institución ya tenía en marcha y se concretó el 25 de septiembre de 1993 con la habilitación del Destacamento de Villa Ressia.

Los vehículos utilizados por los bomberos

Los primeros cuerpos de bomberos de nuestro país, creados en Buenos Aires, acudían a prestar sus servicios en carros, a caballo o simplemente de a pie, ya que así lo permitían las reducidas dimensiones de la ciudad. El material rodante consistía solamente en las sencillas máquinas para impulsar el agua accionadas a mano que dan origen al nombre de la actividad: las bombas.

Para facilitar el traslado al lugar de su utilización estos artefactos estaban dispuestos sobre sencillos rodados, que en los comienzos eran tirados y empujados por las calles por los propios bomberos. Las crónicas del siglo XIX mencionan incluso accidentes mortales padecidos por el personal al caer bajo las ruedas de esos pesados carros.

Se consideró un gran adelanto el disponer de caballos –con los aperos, pesebres y demás instalaciones requeridas para albergarlos– para reemplazar la fuerza humana, que debía aplicarse sin embargo para accionar a las primitivas bombas. Las de mayor tamaño tenían un balancín que debía ser accionado por cuatro hombres de cada lado, que debían ser reemplazados cada quince minutos por lo agotador de la tarea.

Como sucedió con todo el naciente industrialismo, la máquina de vapor vino a aliviar esta parte del esfuerzo de los bomberos. Las primeras fueron importadas desde Inglaterra y Francia, pero eran difíciles de accionar, requerían tiempo para encender sus calderas –sólo en ciudades importantes de Europa los bomberos las mantenían encendidas en forma permanente, al modo como se procede con las locomotoras de vapor–, y a menudo quedaban inutilizadas por la falta de piezas de repuesto para solucionar sus inevitables desperfectos.

En las últimas décadas del siglo empezaron a utilizarse y difundirse los motores de combustión interna, y a comienzos del siglo XX se comenzó a utilizar su energía tanto para impulsar los vehículos que transportaban las bombas como para reemplazar el esfuerzo humano que requería su funcionamiento.

Los automotores de los bomberos whitenses

En junio de 1923, cumpliendo con lo dispuesto por la asamblea de asociados en el mes anterior, fue adquirido el primer automotor con que contó la entidad. Era un pequeño camión Fiat modelo 1915 con cabina descubierta, que había sido utilizado en la Primera Guerra Mundial y conservaba incluso huellas de disparos. Sus ruedas no tenían neumáticos, sino que todavía eran de goma maciza. Costó cuatro mil pesos, a los que hubo que agregar 670 pesos más para acondicionarlo como vehículo de transporte para los bomberos y sus equipos.

En 1928 se adquirió otro pequeño vehículo de transporte, un camioncito International modelo 1927 que fue carrozado en la firma "El Bahiense". Se lo conservó hasta mediados de 1972, en que fue transferido a la Asociación Bomberos Voluntarios de Rawson, que lo denomina "El transportín" y lo conserva como reliquia.

En septiembre de 1936 fue adquirida la primera autobomba, que sigue llevando actualmente el número 1. Es un chassis Dodge modelo DF 37 de cabina descubierta, de dos toneladas y media, cuyo equipamiento como autobomba fue realizado por la misma firma importadora, Fevre y Basset. Se conserva en impecable estado de funcionamiento y es exhibido a menudo en desfiles y celebraciones. Está equipada con una bomba centrífuga con una capacidad de 60.000 litros por hora y un tanque de 800 litros que permite comenzar inmediatamente la tarea de extinguir el fuego.

Uno de los primeros conductores de la autobomba Dodge fue Juan Vignoni. Se cuenta que su suegro, el sereno Bernardo Porta, la cuidaba celosamente y no permitía que ningún bombero estuviera junto a Vignoni viendo cómo la ponía en marcha, para que nadie pudiera desplazarlo de su puesto de manejo.

Recién en marzo de 1957, después de prolongadas gestiones ante sus autoridades, se pudo adquirir a Yacimientos Petrolíferos Fiscales, por un precio preferencial de cinco mil pesos, un camión marca White sin motor, equipado con un tanque de 6500 litros. Pocos meses después se incendió la carpintería de Mercanti, en la esquina de Cabral y Plunkett –en donde hoy tiene su taller mecánico Cacho Baley–, y ante la escasa presión de la toma ubicada a doscientos metros de distancia, en Cabral y Mascarello, se aportó el agua del camión tanque trayéndolo a remolque con un tractor de la Municipalidad.

Algunos meses después se consiguió que el municipio donara un motor marca International para el camión, con la condición de que éste se utilizara también para regar los árboles de la avenida San Martín. Este requisito fue sensata y prontamente eliminado, para que la unidad estuviera disponible en todo momento en caso de incendio.

En 1959 la Armada Argentina donó a la entidad un chasis Chevrolet Canadiense de 1946, excedente de la Segunda Guerra Mundial, al que se resolvió equipar como camión tanque. Se le quitó el techo, que conservaba una abertura circular para ubicar la ametralladora, y se conservó solamente el parabrisas, por lo que quedó con la cabina descubierta como la autobomba Dodge y el transporte International.

La adaptación del motor para el "White" y del tanque para el "Canadiense" fueron realizados por los propios bomberos bajo la dirección del Jefe de Máquinas Gregorio López, quien en su trabajo del Ministerio de Obras Públicas tenía el cargo de Contramaestre de taller. Cuando tenía problemas con su lancha pesquera, Andrés Esposito venía a ver a López al cuartel, y le explicaba: "Il motore mi fa 'pif, puf, paf'".

El precario estado de los neumáticos del camión ocasionaba frecuentes pinchaduras con la consiguiente dificultad para su utilización en emergencias.
Enterados de la situación, la comisión directiva de la Cooperativa Obrera Portuaria de Estibajes Limitada, COPEL, adquirió y donó a los bomberos un juego completo de cubiertas nuevas.

El trabajo realizado para acondicionar los dos camiones da una idea de la precariedad de los medios de que se disponía, y es un ejemplo del ingenio y del trabajo con que los integrantes de la institución resolvían las necesidades de equipamiento del cuartel.

La unidad número 2 era una autobomba Ford modelo 1965. Por su longitud resultaba de insuficiente maniobrabilidad en el tránsito urbano y luego de algún tiempo de servicio fue transferida al cuerpo de bomberos de la localidad de Oriente. El número 2 corresponde actualmente a un camión Volkswagen de reciente adquisición, cuyo chasis ha sido llevado a Buenos Aires para su carrozado y equipamiento como autobomba. Para la fecha del centenario –septiembre de 2007– se espera contar con esta nueva unidad ya lista para entrar en servicio.

La unidad número 3 es una autobomba Ford 1970 que está equipada con un tanque con 3.400 litros de capacidad y una bomba con un caudal de 120.000 litros por hora.

La unidad número 4 era una autobomba Dodge 1966 equipada con una bomba de 120.000 litros por hora y un tanque de 4.200 litros. Fue transferida en noviembre de 1998 al cuerpo de bomberos de Gral. San Martín, provincia de La Pampa. El vehículo número 4 es actualmente un automóvil Ford Fiesta modelo 1996 que es utilizado por la Comisión Directiva para agilizar la realización de gestiones y trámites.

El número 5 correspondió a una camioneta Ford que fue utilizada desde la década de 1980 hasta hace algunos años para transporte de personal y de herramientas. Actualmente el vehículo número 5 es un utilitario Peugeot Boxer modelo 2001 con capacidad para doce personas, que es utilizado para viajes a distancia, traslado a cursos en otras ciudades, asistencia a celebraciones y demás requerimientos similares, además de servir en los siniestros como transporte de personal.

El número 6 correspondía a una autobomba Dodge liviana que fue transferida en diciembre de 1984 al cuerpo de bomberos de Puan. Actualmente la unidad numero 6 –que llevaba anteriormente el número16– es un camión Mercedes Benz 1620 modelo 1995 especialmente preparado para emergencias con sustancias peligrosas. Está provisto de trajes encapsulados y de instalaciones para su descontaminación, equipos autónomos de respiración, elementos para obturar pérdidas en depósitos y cañerías, binoculares para observación y el instrumental de una estación meteorológica que permite determinar las condiciones ambientales de vientos, temperatura, presión y humedad.

La autobomba número 7 es una unidad de primera línea de ataque, constituida por un camión Ford 7000 modelo 1979, adquirido a fines de abril de ese año, con una capacidad de 2700 litros de agua, equipado con bombas Rosenbauer de baja y de alta presión, y de medios para la extinción de incendios de hidrocarburos (líquido emulsor espumígeno) y en instalaciones eléctricas (polvo seco). Está apostada habitualmente en el Destacamento de Villa Ressia.

El número 8 es el gran camión Scania que por sus avanzadas características fue elegido en 1988 por la firma Rosenbauer para ser exhibido en la Muestra "Interschutz" que se realiza anualmente en Hannover, Alemania. Esta autobomba dispone de bombas de presión normal y de alta presión, y transporta 6.000 litros de agua. Posee además un tanque con 400 litros de líquido emulsor espumígeno y un extintor con 250 kilogramos de polvo seco, que es impulsado por un cilindro de nitrógeno comprimido. Estos medios la habilitan para operar en todo tipo de incendios.

La unidad número 9 es un camión Mercedes Benz 1517 modelo 1981 equipado con una cisterna de 12.000 litros de capacidad, que fue totalmente reacondicionado en el taller del cuartel, y puesto en servicio el 2 de junio de 1994, durante los actos de celebración del Día del bombero Voluntario.

La unidad número 10 es un camión liviano Ford 350 modelo 1983, equipado con una bomba impulsada por un segundo motor y otros materiales para combatir incendios forestales y de campos, a los que se agregaron elementos de rescate en 1998.

El vehículo número 11 correspondía a una kombi Volkswagen utilizada en el Destacamento de Villa Ressia para transporte. Actualmente ha sido reemplazada por una Renault Traffic modelo 1995, que lleva el número 12.

La camioneta Ford F–100 modelo 1992 que lleva el número 13 es utilizada en el cuartel central para todo tipo de diligencias locales y como transporte y apoyo durante los siniestros. Fue adquirida en mayo de 1998.

El camión con el número 14 es una autobomba holandesa DAF modelo1988 que perteneció al cuerpo de bomberos de la ciudad de Gilze en Rijen. Está equipada con tanques para 2.000 litros de agua y 200 de liquido emulsor, generador eléctrico y torre de iluminación, malacate, cizallas y otros accesorios para rescate vehicular y en altura. Fue puesta en servicio el 8 de septiembre de 1998, en el 91º aniversario de la institución.

El equipamiento se completa con instrumentos para detección y medición de gases, explosímetros, indicadores de grado de acidez o alcalinidad, además de camillas y elementos de primeros auxilios. La unidad dispone también de una sala aislada provista de computadora, manuales de procedimiento para todo tipo de sustancias peligrosas, mesa y asientos para reuniones de coordinación de las autoridades que conducen la acción contra el siniestro.

La Armada Argentina ha cedido en comodato a la entidad una lancha para efectuar rescates durante inundaciones. La hélice que impulsa esta embarcación se encuentra alojada dentro del casco, lo que le proporciona un mínimo calado y le permite navegar con toda su carga en apenas cuarenta centímetros de profundidad.

Se cuenta también con un acoplado con tanque de 1000 litros de capacidad para transportar líquido emulsor espumígeno, y de otro acoplado provisto de un grupo electrógeno para ser utilizado como usina parque.

Los edificios del cuartel

En sus primeros tiempos los bomberos se reunían en el domicilio de Antonio Valle, y sus modestos equipos eran guardados en dependencias de la Sociedad Italiana, situada en la vereda de enfrente.

En 1909 la asociación de bomberos todavía no disponía de cuartel propio. El gobierno nacional, con la aprobación del obispo de La Plata, doctor Juan Terrero, había otorgado la autorización para construir el cuartel y la secretaría de la entidad en la calle Mascarello, en una fracción del amplio terreno que la Curia Eclesiástica poseía entre las calles Avenente, Dasso, Mascarello y Muñoz, y en cuyo frente sobre Dasso (Actual San Martín) Antonio Valle construiría el templo parroquial en 1914. Hasta esa fecha se celebraba misa en una pequeña capilla ubicada en el amplio solar del domicilio de Valle.

Habiendo sido aprobado el Estatuto de la entidad el 17 de febrero de 1909, la Comisión Directiva realizó su primera reunión oficial el 17 de abril. En esa oportunidad se encomendó a los señores Antonio Valle, Víctor Fortunato, Indalecio Ruiz y Domingo Gavellotti consultar los precios de los materiales necesarios para edificar el cuartel.

Varios miembros de la comisión decidieron contribuir con la donación de partidas de ladrillos según sus posibilidades: Gerónimo Usandizaga aportó cinco mil, Luis Rocca dos mil, Francisco Sablich, Víctor Fortunato, Indalecio Ruiz, Domingo Gavellotti y Florencio Rodríguez se suscribieron con mil, Esteban Vignale y Alejandro Campaya con quinientos, y Alejandro Dignani con doscientos.

La construcción se efectuó con rapidez, y el domingo 25 de julio de 1909 a las 14, en presencia de la Comisión Directiva y del Cuerpo Activo, se realizó el acto de instalación de la entidad en su edificio propio y la entrega de los equipos al Comandante del cuerpo.

Las nuevas instalaciones de los bomberos comprendían un cuartel de 12 por 12 metros y un gran salón de 22 por 8 metros, ambos de ladrillos, además de una habitación para secretaría, y una pieza, cocina y baño construidos de madera y chapas para vivienda de un sereno, que ese mismo día inició sus funciones de custodiar el cuartel y de encargarse de dar la alarma mediante una bomba de estruendo.

Se eligió el tipo de bomba que se iba a utilizar, que estallaba precedida por varios petardos, para diferenciarla de las que entonces se empleaban en diversas actividades sociales, tales como el inicio y la finalización de los corsos de cada noche de carnaval, los bailes e incluso las funciones teatrales.

Todavía se disparan botti en las procesiones en honor a San Silverio, siguiendo la costumbre de otras festividades religiosas europeas como la de San Giovanni Giuseppe della Croce, en la isla de Ischia. El sentido de las bombas y las baterías de petardos y bombas es que el ruido no sólo ahuyenta a los perros sino también al diablo y a los espíritus del mal.

Desde su inauguración, el salón social del cuartel fue requerido en alquiler para toda clase de reuniones y celebraciones, tanto de instituciones como de particulares. Durante algún tiempo funcionó allí la biblioteca popular "Mariano Moreno" del Centro Cultural Whitense, y también fue utilizado para funciones teatrales por un elenco que integraban entre otros Cayetano Ferrari, las hermanas Sara y Pura García y el maestro –años después abogado e intendente de Bahía Blanca– Federico Baeza.

En 1936 se comenzó a proyectar una refacción y ampliación de las instalaciones, que incluía un salón para reuniones, un guardarropa y nuevos baños para el aseo de los bomberos al regresar de los incendios.

En 1937 se obtuvo la escrituración del terreno ocupado por el cuartel. El documento respectivo fue recibido en 1938, y de inmediato una subcomisión se abocó a la ardua tarea de conseguir recursos para el proyectado edificio, en plena época de crisis económica mundial. Recién en 1946 pudo constituirse otra comisión para encargarse de los planos y presupuestos de la construcción.

En 1947 el gobierno nacional otorgó a la entidad un subsidio de cincuenta mil pesos, y finalmente el nuevo edificio se comenzó a construir y pudo ser inaugurado parcialmente en 1951. La obra quedó concluida en 1952, y su costo total se estimó en alrededor de setenta y cinco mil pesos.

El cuartel tenía en su frente dos grandes persianas metálicas que se levantaban para dar paso a los únicos vehículos, el International y la autobomba Dodge. Se ingresaba por una puerta con vidrios pintados de rojo, y a la derecha estaba el salón de fiestas con sus ventanas a ambos lados de la puerta de ingreso. Todas las aberturas tenían dos hojas y grandes vidrios repartidos, en el estilo que todavía puede verse en las casas de madera más antiguas. Bajo la cornisa que abarcaba todo el amplio frente, en letras rojas grandes y delgadas se extendía la inscripción "Asociación Bomberos Voluntarios".

En 1960 se recibió del gobierno bonaerense un subsidio de ciento sesenta mil pesos para dar comienzo a una nueva remodelación y ampliación del cuartel. Se decidió realizar las obras en varias etapas, la primera de las cuales, que quedó concluida en 1961, incluía varias nuevas salas, dormitorios, vestuarios y baños.

El edificio actual

En 1978 se dio comienzo a un nuevo proyecto de remodelación y ampliación del edificio del cuartel y de la sede social. En su primera etapa se construyó una gran cochera de 500 metros cuadrados con capacidad para una docena de vehículos, y un taller de cien metros cuadrados provisto de fosa y de vigas para el desplazamiento de aparejos. Ambas instalaciones se comunican directamente y permiten albergar los rodados y equipos y realizar su reparación y mantenimiento.

El 26 de mayo de 1978 el Club de Leones de Ingeniero White entregó a la entidad la suma de un millón de pesos –entonces 1300 dólares–, suma recaudada en una tallarinada que se realizó para colaborar con la nueva construcción. Por su parte la Corporación del Comercio y de la Industria realizó el 23 de junio una donación consistente en cien bolsas de cemento.

El 10 de noviembre de 1978 el Tesorero Ángel Hermenegildo Trufero informó desde la Capital Federal que la Federación Argentina de Asociaciones de Bomberos Voluntarios le había entregado un subsidio consistente en un cheque por un millón cuatrocientos mil pesos, que por la constante devaluación de la época eran equivalentes a1440 dólares.

El 8 de septiembre de 1979, en coincidencia con el 72º aniversario de la institución, se inauguraron la cochera, el taller y el pañol anexo.

En 1982 se inició la segunda etapa, que comprendía la construcción de depósitos y la ampliación y realización de nuevas instalaciones para la cocina, obras que quedaron concluidas en 1983.

En 1984 se inició la tercera etapa, que fue bendecida y habilitada el 8 de septiembre de 1985, en el 78º aniversario de la institución. Se inauguró la Sala de Guardia, con su consola de comandos de iluminación y alarma; la Sala de Comandancia con su mobiliario, y nuevos vestuarios con capacidad para 90 hombres y equipados con cincuenta y ocho taquillas (armarios) individuales para la vestimenta de cada bombero, además de sanitarios, duchas y dormitorio para guardias.

Estas obras se han seguido financiando parcialmente con el producto de las rifas organizadas por la institución, con las que se repitió el éxito y el beneficio económico obtenido con las anteriores. En la actualidad el gran salón social edificado sobre la cochera que alberga a las autobombas y demás vehículos aguarda para ser inaugurado a que se concluyan las modificaciones que se están realizando para satisfacer las nuevas exigencias de seguridad vigentes.

El grupo electrógeno del cuartel

En la década del 1980 los bomberos disponían de un pequeño grupo electrógeno marca Wincolux, de 1,8 Kw., facilitado por DEBA Zona Sud mediante un comodato que fue renovado por tres años en 1987. En 1989 se tuvo conocimiento de que en dependencias de la Usina Luis Piedrabuena había un grupo electrógeno mayor que estaba fuera de uso, por lo que la Comisión Directiva solicitó su cesión mediante un nuevo comodato. A fines de febrero de 1990 las autoridades de DEBA aprobaron la solicitud, con la condición de que por razones administrativas se devolviera previamente el otro equipo.

La institución explicó por nota que, por razones de seguridad –iluminación de emergencia y funcionamiento de la sirena de alarma– la devolución iba a poder realizarse cuando estuviera instalado y en funcionamiento el nuevo equipo. El 11 de abril de 1990 se firmó el comodato correspondiente, y el 15 de junio, con la firma del ingeniero Raúl Rossi en representación de DEBA y del señor Norberto Rana por la institución, se realizó el acto de entrega del grupo electrógeno que está instalado actualmente en una dependencia especial del cuartel. Puede generar hasta 60 Kw. y es impulsado por un gran motor diesel marca Berliet de fabricación francesa.

El equipamiento del Cuerpo Activo

La extensión de la urbanización, la radicación de plantas industriales de grandes dimensiones con instalaciones y depósitos que presentan nuevos riesgos para la población, el incremento del parque automotor con un aumento consiguiente en la cantidad y complejidad de los accidentes de tránsito, son realidades que exigen una capacitación y actualización permanente por parte de los bomberos, además de requerirles contar con medios adecuados para afrontar las nuevas situaciones de emergencia.

Siniestros en edificios e instalaciones de difícil acceso por su altura o su configuración, derrames de sustancias peligrosas en la vía pública, rescate de personas en distintas circunstancias de riesgo, forman parte de los requerimientos a los que los bomberos han tenido que responder incorporando nuevos equipos y modificando sustancialmente su vestuario.

La vestimenta del bombero

La ropa de gala

En las celebraciones del Día del Bombero Voluntario y del Aniversario de la institución, y en toda clase de ceremonias y representaciones oficiales, los integrantes del Cuerpo Activo visten su uniforme de gala, de hermoso color azul con vivos rojos. Lucen en la chaqueta las insignias de sus grados de oficiales y suboficiales y las estrellas doradas otorgadas por cada lustro de servicios prestados a la institución, que en los integrantes más antiguos llegan a ser una docena.

Los trajes estructurales

El traje que utilizan los integrantes del cuerpo activo durante los siniestros se ha ido renovando desde el año 1995 con equipos estructurales de origen estadounidense. Debido a su elevado costo, de cerca de 600 dólares, en septiembre de 2004 la Comisión Directiva dispuso que se prosiguiera renovando el vestuario con la adquisición de un traje por mes. Una donación de 12.000 pesos efectuada por la Asociación de Industrias Químicas y Petroquímicas de Bahía Blanca posibilitó además la compra de ocho trajes. Esta vestimenta está compuesta básicamente por chaquetón, pantalones, botas, casco y guantes, realizados con materiales que ofrecen una elevada protección al bombero.

Antiguamente los pantalones estaban confeccionados con paño de pura lana sin el agregado de fibras sintéticas, que pueden adherirse a la piel en caso de combustión. Un procedimiento usual para aumentar la resistencia de la lana al fuego consistía en empapar con agua los pantalones del sufrido bombero cuando éste debía situarse demasiado próximo a las llamas.

Actualmente tanto los pantalones como el chaquetón están confeccionados con varias capas de material. La tela exterior es ignífuga y resistente al desgarro y la perforación por incluir en su composición Kevlar, el material de los chalecos antibala. Interiormente las prendas llevan un recubrimiento antitérmico, y exteriormente tienen parches de refuerzo y franjas reflectantes de luz para facilitar la localización del bombero entre la oscuridad y el humo.

El chaquetón se cierra como un saco cruzado y se sujeta con facilidad con un sólo gancho de rápido accionamiento. Del mismo modo, los pantalones se guardan en las taquillas vueltos de revés sobre las botas a las que recubren, de tal modo que el bombero sólo necesita calzarlas, subir los pantalones y sujetarlos con los dos tiradores que poseen y que le aseguran seguridad y comodidad de movimientos.

El casco

Antes de cubrirse con el casco el bombero se coloca en la cabeza una capucha antiflama –llamada familiarmente "monjita"– hecha enteramente de Nomex, un material sintético incombustible de textura similar al algodón. Con el mismo material están confeccionados sus guantes, de varias capas acolchadas que permiten asir incluso metales a alta temperatura.

En los primeros tiempos el casco de los bomberos era una bella estilización del de los centuriones romanos, de silueta característica en todos los cuerpos de bomberos del mundo. Su forma y su composición ha ido variando desde la lámina de bronce y el cuero hasta el policarbonato, las fibras de vidrio y de carbono y otros modernos materiales compuestos.

El casco negro con el penacho de centurión dejó de utilizarse hace varias décadas, y fue reemplazado por cascos de fibra de vidrio de color rojo, con una nervadura superior que les otorga mayor resistencia a los impactos. Estos cascos tienen una pequeña ala delantera y lateral que se prolonga atrás en forma de "cola de pato" para proteger la espalda, al modo del sombrero "sueste" –por "sudeste", "sudestada"– que los marinos utilizan durante las tormentas.

Por la complejidad de su estructura, el casco actual es más pesado que los modelos anteriores. Es de color amarillo, y exteriormente está hecho de fibra de vidrio. La verdadera resistencia al impacto la proporciona una pieza de material sintético grueso y a la vez liviano, que va adherida al interior del casco con Velcró –"abrojo"–. Luego tiene una estructura de soportes ajustables a la cabeza, un contorno de tela de Nomex que la rodea enteramente y queda bajo el cuello del chaquetón, y un visor movible de Plexiglás para la protección de los ojos.

Las botas

Las botas de caña alta son de caucho, provistas de una suela protectora y una puntera interior ambas de acero. Una vez totalmente vestido, el bombero está razonablemente protegido del calor, el fuego y el impacto de objetos contundentes, y conserva suficiente movilidad para desempeñar su difícil y riesgosa tarea, aunque debe soportar un peso total cercano a los veinte kilos.

Los trajes encapsulados

Para intervenir en siniestros especiales –derrames o escapes de sustancias tóxicas o corrosivas– se utilizan otro tipo de vestimenta, diferente según el grado y tipo de peligrosidad del producto, que protege enteramente al bombero del riesgo específico que debe afrontar. Se trata de equipos "encapsulados", semejantes a una escafandra o a un traje espacial, que incluyen un equipo de respiración autónoma con tanques de aire comprimido.
El aire ya respirado proporciona además una pequeña presión positiva en el interior del traje, lo que asegura que en el caso de una fisura no pueda penetrar ninguna sustancia desde el exterior.

Al igual que en el proceso de descontaminación de los astronautas, se cuenta con una pileta portátil en la que el traje encapsulado es lavado y enjuagado con manguera para eliminar cualquier sustancia peligrosa que pueda tener adherida, antes de que el bombero proceda a quitárselo.

Los equipos autónomos para respiración

Los equipos de respiración autónoma están provistos de cilindros metálicos que son llenados con aire a una presión de ciento cincuenta atmósferas mediante un equipo compresor portátil accionado por un motor de explosión. Se cuenta además con una batería transportable de grandes tubos de aire comprimido.

Las herramientas del bombero

Las herramientas clásicas del bombero consisten en hachas de diversos tamaños –su silueta estilizada forma parte del emblema de los bomberos–, palas, barretas, tijeras con pértigas aislantes para cortar o apartar conductores eléctricos, bicheros –semejantes a los de uso náutico– para desplazar y remover materiales, llaves manuales para las uniones "Storz" de las mangueras, y otros accesorios.

También se utilizan algunos instrumentos especiales: explosímetros que indican la presencia de mezclas de gases en proporción que puede estallar, "peachímetros" –indicadores del grado de acidez o alcalinidad (pH) de sustancias peligrosas desconocidas, para orientar en su tratamiento o neutralización–, sensores de campo magnético para detectar la presencia de tensión en conductores eléctricos aún en el interior de paredes y estructuras.

Las mangueras y las lanzas

El término "bombero" se asocia de inmediato con el de "manguera" y con la lanza de metal que empuña en los incendios y con la que arroja el agua impulsada por la autobomba. La presión del agua, su caudal, su composición y la manera de proyectarla varían según la clase y magnitud del fuego, y requiere el empleo de diferentes tipos de mangueras, que se empalman mediante uniones especiales, y de distintos tipos de lanzas, además de la destreza del bombero para su adecuado manejo. La elevada presión exige en algunos casos el empleo de mangueras de mayor resistencia y de lanzas con mecanismos especiales de cierre gradual, para evitar el efecto de ariete hidráulico que podría llegar a dañar incluso a la autobomba.

Cizallas, expansores, amoladoras

La intervención cada vez más frecuente de los bomberos en accidentes de tránsito ha requerido el equipamiento con herramientas adecuadas para socorrer a las personas atrapadas dentro de sus vehículos. Para este propósito se cuenta con cizallas –semejantes a grandes y poderosas tijeras– y expansores hidráulicos de accionamiento manual, y un equipo de potencia compuesto por una cizalla y un expansor accionados mediante una manguera por una bomba hidráulica impulsada por un motor de explosión.

Otra herramienta indispensable para extricar –literalmente, desenredar– la estructura deformada de los vehículos accidentados son las amoladoras eléctricas –discos de corte que giran a gran velocidad– accionadas por un grupo electrógeno portátil.

Otras herramientas e implementos

Cuando se requiere levantar vehículos o trozos de mampostería para liberar a una persona atrapada, se cuenta con un mini cojín, una resistente bolsa de caucho sintético que se introduce debajo del obstáculo y lo levanta gradualmente al ser inflada mediante un tubo de aire comprimido. Se dispone también de malacates eléctricos con cables de acero, dispuestos sobre el paragolpes delantero de varias de las unidades.

Aunque la idea del fuego se asocia con la del resplandor de las llamas, en muchos incendios –y por supuesto en los accidentes de tránsito nocturnos– se requiere iluminar el área del siniestro. Se dispone para ello de reflectores accionados por un grupo electrógeno portátil, y de soportes para disponerlos adecuadamente en el lugar del siniestro.

Para el socorro de las víctimas de accidentes se dispone de camillas, medios de inmovilización y protección y demás implementos requeridos para un eficaz trabajo de primeros auxilios y de preparación para la posterior evacuación de los afectados.

Existe también un variado equipamiento para hacer frente a las necesidades cada vez más complejas de las nuevas clases de siniestros que pueden ocasionar las grandes instalaciones industriales, que incluyen computadoras, manuales de procedimiento y hasta una estación meteorológica portátil para evaluar las condiciones de temperatura, humedad, y fuerza y dirección del viento.

Ante la necesidad de afrontar derrames de productos químicos se dispone de sustancias adecuadas para su neutralización, además de bridas y parches para contener pérdidas en conductos y tuberías, y de los elementos habituales para la extinción de fuegos de hidrocarburos –líquido espumígeno que se agrega al agua– y de instalaciones eléctricas –polvo seco, no conductor de la electricidad–.

Finalmente, dado que en Ingeniero White existe el riesgo siempre latente de que una combinación de lluvia intensa y temporal marítimo produzca una inundación, se dispone de medios para socorrer y evacuar a los pobladores afectados.


Las inundaciones causadas por mareas y grandes lluvias

Como lo evoca el historiador Antonio Crespi Valls en la Memoria del Cincuentenario, Ingeniero White comenzó siendo una localidad palustre, con viviendas construidas en algunos casos a más de un metro sobre el nivel del terreno. A pesar de ello, a menudo las grandes mareas penetraban en las viviendas, y los bomberos han tenido que realizar desde sus comienzos tareas de rescate de pobladores amenazados por la crecida de las aguas.

Esta modalidad de salvataje no se limitaba a las inundaciones causadas por las mareas, ya que las grandes lluvias también ocasionaban que se requirieran sus servicios.

A las nueve de la mañana del 1º de septiembre de 1923 se recibió aviso del desborde del arroyo Napostá. Convocados por la bomba de estruendo, los bomberos consiguieron varias canoas que cargaron en el camión Fiat recientemente adquirido, y acudieron a los parajes Saladero y Villa Talleres en auxilio de las familias necesitadas

Un grupo de bomberos permaneció en el lugar prestando ayuda, y el resto se trasladó a la estación Bahía Blanca del Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano –convertida posteriormente en la terminal de ómnibus de la ciudad–, en donde se colaboró en diversas tareas con personal de la Subprefectura. Recién a las 20 los bomberos retornaron al cuartel, en donde también se proporcionó albergue a varias familias.

Otra gran inundación se produjo durante el invierno de 1945, coincidente con una lluvia en la zona serrana que hizo desbordar al arroyo Sauce Grande y destruyó algunos puentes. En Ingeniero White las canoas volvieron a navegar por las calles como en los primeros tiempos del pueblo, y los bomberos fueron una vez más los encargados de socorrer a la población.

Tres décadas después, en la noche del lunes 21 de abril de 1976, una tempestad de lluvia y fuertes vientos que se había iniciado durante el fin de semana se combinó con una gran marea cuyo oleaje socavó el terraplén de las vías del ferrocarril entre Ingeniero White y Puerto Galván, y en medio de la oscuridad comenzaron a penetrar por allí enormes cantidades de agua de mar, con una velocidad inusual que motivó que rápidamente el pueblo se inundara.

El agua tenía una altura de más de un metro en proximidades de la avenida Vélez Sársfield y penetraba en las viviendas afectando muebles y enseres y poniendo en peligro a sus pobladores. Para poder evacuar a un enfermo en cercanías de Cárrega y Knout los bomberos tuvieron que requerir el auxilio del Ejército, que envió un vehículo Unimog apto para desplazarse en esas condiciones.

A pesar de que el fuerte viento producía cortocircuitos que en algunos lugares ponían al rojo los conductores del tendido aéreo en tramos de decenas de metros, atinadamente fue mantenido el servicio eléctrico y se evitó sumar la oscuridad a las dificultades de pobladores y bomberos para afrontar la situación.

Durante muchos años la población del Bulevar Juan B. Justo gestionó infructuosamente la construcción de un tajamar –un gran canal paralelo a la zona edificada, que amenguara el efecto de las mareas–. Hasta hubo algún comercio bulevarense que se denominó "El Tajamar", en apoyo del proyecto. La construcción del camino pavimentado entre Ingeniero White y Grünbein vino a cumplir la función de la obra nunca realizada: el elevado terraplén de la ruta protegió de la inundación a la mayor parte de las viviendas.

Resultaron en cambio muy afectados por la gran inundación los vecinos del barrio Saladero, del lado del camino que queda expuesto al mar, muchos de los cuales debieron ser auxiliados y evacuados por los bomberos y ser alojados en el cuartel y en otras entidades whitenses.

Además de ofrecer alojamiento y abrigo en el cuartel hasta que la situación comenzara a normalizarse con el descenso de las aguas, durante los días y semanas siguientes la institución fue depositaria de donaciones en ropa, alimentos y enseres, y se encargó de su distribución a las familias afectadas.

Por fuera de la curva en que se prolonga la bajada del puente "La Niña" habían quedado dos antiguas construcciones de madera asentadas sobre pilotes –a las que el escritor bahiense Eduardo Mallea menciona en una de sus novelas–, que diariamente eran rodeadas por las mareas como era habitual en las casas de antaño. Esa noche ambas viviendas desaparecieron, arrasadas por la fuerza de las olas, y afortunadamente sus habitantes, que fueron los primeros en llamar a los bomberos, alcanzaron a ponerse a salvo.

Al día siguiente, como luego de las grandes inundaciones del pasado, las calles cercanas al puerto aparecieron cubiertas de barro y resaca, y en las veredas se secaron al sol durante varios días colchones, ropa y toda clase de objetos y muebles. Para mitigar el efecto corrosivo de la sal marina la cabina de algunos automóviles fue llenada de agua corriente con baldes y mangueras, como si se tratara de piletas domésticas.

Durante las grandes inundaciones producidas en la provincia de Buenos Aires en 1980, los bomberos whitenses participaron activamente en el socorro de los afectados en el partido de Guaminí y en la ciudad de Olavarría, y nuevamente la institución se hizo cargo de la distribución de la ayuda que se recibía en forma de ropas y alimentos. El 2 de mayo de 1980 se accedió también a la solicitud del Club de Leones para depositar en el cuartel los elementos de ayuda obtenidos por esa entidad y poder ser distribuidos por los bomberos.

Actualmente la entidad dispone de una lancha de poco calado especialmente apta para navegar en inundaciones, facilitada en comodato por la Armada Argentina para que pueda utilizarse en el socorro a la población durante este tipo de emergencias.

Las mareas de antaño tenían una duración de pocas horas, ya que las aguas se retiraban siguiendo su ritmo astronómico previsto, mientras que inundaciones padecidas en años más recientes, originadas en grandes lluvias que han abarcado desde la zona serrana hasta Bahía Blanca, han permanecido durante varios días anegando la localidad y requiriendo el trabajo incesante de los bomberos, por la falta de adecuadas obras de desagüe y la presencia de grandes radicaciones industriales que dificultan su escurrimiento hacia la ría.

La torre de los bomberos, un emblema de Ingeniero White

En 1933 la Comisión Directiva dispuso construir una instalación que resultaba indispensable para el secado de las mangueras luego de un incendio, pues la humedad las deterioraba rápidamente. Se decidió erigir una torre metálica, cuya construcción se encareció porque debido a la escasa consistencia del suelo hubo que emplear en sus cimientos pilotes de hormigón, que fueron hincados por la empresa Pilotes Franki.

La torre de treinta metros de altura ubicada en el patio del cuartel, con una plataforma en su parte superior que puede emplearse como mirador, fue inaugurada el 4 de febrero de 1934. En años recientes se le ha agregado un nuevo tramo de diez metros para aumentar el alcance de la antena de comunicaciones que se encuentra en su cúspide.

Junto con la inconfundible silueta del palacio románico de la ex Usina General San Martín –con su torre almenada y la hornacina con la estatua de San Jorge luchando con el dragón (obra del escultor italiano Troiano Troiani)–, la torre metálica de los bomberos es uno de los elementos más característicos de la arquitectura whitense. Fue construida para ser utilizada como lugar de vigía y como "tendedero" indispensable para el secado de las mangueras de la época, hechas con tela de lino que se deterioraba rápidamente con la humedad.

Así como el suelo poco firme desaconsejaba la edificación de casas de ladrillos y hacía preferir las de madera de pino importado de Finlandia, también la torre de los bomberos tuvo que tomar en cuenta esa condición, y se optó por erigirla sobre pilotes hincados en el barro arcilloso hasta llegar a la firme tosca del subsuelo.

Con este procedimiento se construyó en la calle Belgrano –entonces Elsegood– el bello edificio de dos plantas del mercado Rocca, cuyo propietario, don Luis Rocca, había sido miembro de la comisión fundadora de los bomberos, y años más tarde se erigió en la misma calle, también sobre pilotes, otro gran edificio de dos plantas, el de la sastrería de don Angelo Forte, que es ocupado actualmente por el Banco de la Nación Argentina.

Los vecinos más viejos recuerdan todavía el rítmico golpeteo, que se escuchaba día y noche, de los martinetes que hincaban los pilotes para el futuro Elevador Central de Granos. La misma firma que realizaba esa tarea, la empresa belga Pilotes Franki, fue contratada para la fundación de la torre de los bomberos y se ocupó también de realizar su construcción con perfiles de acero.

La estructura principal va disminuyendo su sección con la altura, como si se tratara de una torre petrolífera, pero una elegante superestructura adosada a sus cuatro aristas hace que se la perciba visualmente como de lados perfectamente verticales. A una treintena de metros está ubicado "el canasto", una plataforma de madera de lapacho con barandas de metal a la que se llega por una escala vertical unida a un larguero de la torre. La estructura posee también un pararrayos y una luz de alerta que se mantiene encendida durante las horas nocturnas.

En varias oportunidades la torre fue restaurada, reemplazándose pernos y otros elementos oxidados, y fue pintada varias veces –la más reciente a mediados de 1999– conservando su color plateado original. La base de hormigón de la torre está rodeada por una gran pileta del mismo material para recoger el escurrido de las mangueras. Permanece siempre llena de agua y está poblada con peces de acuario, de cuyo cuidado y alimentación se ocupa tradicionalmente el jefe del Cuerpo Activo.

A fines de diciembre de 2001 una empresa bahiense de comunicaciones solicitó autorización para erigir una antena sobre un tramo de torre que se agregaría a la estructura original. Para los requerimientos técnicos de la ampliación fue consultado el ingeniero Eloy Varela, encargado de la dirección técnica de las obras del nuevo cuartel. El 23 de mayo de 2002 se firmó el contrato de locación correspondiente, que incluye la inspección periódica de la estructura de la torre por parte de la empresa prestataria.

Las dos sirenas de alarma para convocar a los bomberos se encuentran ubicadas en la torre, la más antigua en la plataforma superior y la que se agregó en la década de 1980 a media altura. Al ser presionado el pulsador desde la guardia, ambas sirenas inician en forma automática tres ciclos de llamada, y el cuartelero puede seguir ocupándose del teléfono y de los equipos de radio. Con anterioridad los tres toques debían realizarse manualmente, contando los segundos de accionamiento y de pausa.

En la década de 1940, los muchachos del Cuerpo Activo rivalizaban en su rapidez para trepar hasta la plataforma de madera de lapacho situada en lo alto de la torre. Uno de los más veloces era Luis "Porfi" Cappella, pero también lo hacían Juan Sposito, Hugo Marcaccio, Osvaldo Chiarastella y Humberto Sposito, conocido por "Mbicciariello" (en italiano: pequeño fastidio), años después afamado chef de la cantina "Tulio" y padre del ingeniero Néstor Sposito, que fue secretario de la Comisión Directiva.

Cuando jugaba Comercial en su nueva cancha de la avenida SantiagoDasso (actualmente avenida San Martín), los bomberos más jóvenes acostumbraban subir a la torre llevando un termo y el equipo para matear, y se instalaban en la plataforma superior para ver desde allí el partido, mientras los hinchas de Comercial los veían desde la tribuna de madera y chapas, y hacían suposiciones acerca de quiénes serían. Anteriormente el club había tenido su cancha en Guillermo Torres al 3700, en un amplio solar que luego se siguió utilizando para realizar kermesses y bailes al aire libre.

Durante el cincuentenario, en 1957, la torre brilló durante muchas noches como un faro visible desde muchos kilómetros, gracias a varias hileras verticales de potentes lámparas blancas colgadas desde la plataforma superior.

A partir de 1997, para la época de Navidad los bomberos erigen en la torre su propio arbolito de luces multicolores, visible desde todos los sectores de Ingeniero White. Es el árbol navideño más alto, constituido por guirnaldas con decenas de luces que descienden en distintos ángulos y configuran la típica silueta de un abeto.

La autobomba Dodge, patrimonio histórico

Pese a estas dificultades, en septiembre de 1936 se pudo adquirir a la firma Fevre y Basset, representante de la fábrica Dodge Brothers, una autobomba construida por la propia casa importadora. Se conserva actualmente en impecable estado y es un motivo de legítimo orgullo para la entidad, a la que se le solicita a menudo su exhibición en actos y desfiles. Con sus setenta y un años cumplidos, la Dodge es un testimonio palpable de la dedicación y responsabilidad con la que cuidan y conservan sus equipos las sucesivas generaciones de integrantes de la institución, a diferencia de lo que suele suceder con vehículos de algunas reparticiones estatales.

El ingeniero Miguel Rolle fue designado por la casa vendedora para supervisar la entrega de esta preciada unidad, que prontamente demostró su eficacia en el incendio de los depósitos de la firma Agar Cross. Ltd. ocurrido el 25 de febrero de 1937, que fue el mayor de los cinco siniestros a los que debió acudir el Cuerpo Activo durante este ejercicio.

En esa oportunidad, la flamante autobomba se mantuvo en funcionamiento durante seis horas, y el nuevo equipo puso en evidencia la necesidad de adquirir otros elementos acordes con su poder: mangueras, lanzas, columnas hidrantes. También comenzó a tramitarse la adquisición de máscaras contra gases y humos.

Durante sus largos años de servicio la autobomba fue utilizada en centenares de incendios, entre los que cabe recordar el del Frigorífico Sansinena –luego Frigorífico CAP Cuatreros–, que se produjo el 20 de octubre de 1957 y requirió que los integrantes del Cuerpo Activo trabajaran en medio del humo y con sus trajes empapados durante más de veinticuatro horas, con la autobomba funcionando continuamente.

La Dodge ha desfilado por las calles de Buenos Aires en varias ocasiones. Por primera vez lo hizo durante los actos que se realizaron en homenaje al General San Martín el 17 de agosto de 1944, a los que fueron convocados los cuerpos de bomberos voluntarios de todo el país. Casi medio siglo después volvió a desfilar por la Avenida de Mayo, durante el Congreso Mundial de Asociaciones de Bomberos Voluntarios, que por primera vez se realizaba en nuestro país.

Ese mismo año 1992, en el mes de junio, la Dodge había intervenido también en el desfile de vehículos antiguos organizado por la entidad de bomberos voluntarios de Quilmes, como parte de la celebración realizada al inaugurarse su Cuartel Central.

Conservada en perfectas condiciones, al igual que el resto de las unidades de que dispone el cuartel, el 29 de septiembre de 1993 la autobomba Dodge ha sido declarada Patrimonio Histórico de la Institución, la que se constituye en su poseedora y guarda natural, con lo que el invalorable vehículo queda a cubierto de cualquier enajenación.


Los años del servicio de ambulancia

Ingeniero White había contado desde 1928 con una ambulancia adquirida con los fondos recaudados por una comisión de vecinos. Era un chassis Chevrolet, carrozado en Bahía Blanca por la firma Verdozzi y Zeppilli.

Algunas décadas después una nueva comisión de vecinos adquirió otra ambulancia, cuyo servicio cesó de prestarse por falta de personal, por lo que quedó depositada durante varios años en el corralón municipal ubicado en la Avda. San Martín, frente al estadio del club Puerto Comercial. Allí vivía Pascual Di Lernia, empleado del municipio, quien en los actos oficiales estaba a cargo del mortero y de las bombas de estruendo –como la salva de veintiuna que disparaba al amanecer de los 25 de Mayo–.

En el mismo corralón se guardaba el único camioncito volcador del que dispuso durante muchos años la Delegación Municipal de Ingeniero White. Estaba pintado de verde oscuro, llevaba en sus puertas un gran número18 de color blanco, y para descargarlo había que hacer girar laboriosamente una manivela muy pesada que accionaba un gran tornillo vertical y hacía elevar la caja.

La vieja ambulancia radiada de servicio fue transferida a los bomberos, y luego de ser reacondicionada íntegramente por cuenta de la institución volvió a ser utilizada mediante un nuevo esfuerzo de los integrantes del cuerpo activo. El 18 de julio de 1954 comenzó a funcionar el servicio de ambulancia, vehículo "del que se carecía en este pueblo, por lo que llena una sentida necesidad". Esta actividad implicó una sobrecarga de tareas para los bomberos, quienes a sus responsabilidades habituales debieron agregar otra guardia permanente, con un chofer y un acompañante que pernoctaban en el cuartel.

En el acto de presentación oficial del nuevo vehículo, que fue bendecido por el cura párroco P. Alejandro Fahn, pronunciaron palabras alusivas el Vicepresidente de la Comisión Directiva, Román Mendizábal y el Comandante del Cuerpo Activo, Amado Gómez, y se impuso a la ambulancia el nombre del fallecido Segundo Jefe del cuerpo, Américo Bugarini.

Se recibieron numerosas donaciones en efectivo y en elementos útiles para la ambulancia. La señora Pilar Vidal de Pérez –hermana del entonces segundo jefe Andrés Vidal– hizo entrega de un crucifijo para ser colocado en su interior, y la niña Gloria De Lucia –actualmente médica clínica– donó la suma de cincuenta pesos.

En esos años tanto en Ingeniero White como en el país en general era escaso el número de personas diestras en la conducción de vehículos, dado que no abundaban los medios de transporte automotor ni los coches particulares, y aún no se había iniciado su fabricación nacional en gran escala.

Se contaba con varias decenas de acompañantes –en su mayoría, integrantes del Cuerpo Activo– capacitados para prestar el servicio de camilleros, pero dada la escasez de choferes, en circunstancias de emergencia conducían la ambulancia personas que no pertenecían al cuerpo pero que estaban familiarizadas con la conducción, como los hermanos del bombero y chofer oficial Sauro –" Lelo" o "El Negro"– Stacco; Tercirio "Cholo" –vicepresidente de la entidad durante algunos períodos–, y Haroldo "Toto", popular campeón colombófilo en una época en que el cielo de Ingeniero White se engalanaba cada tarde con las evoluciones de las bandadas provenientes de numerosos palomares.

Los otros bomberos que desempeñaban oficialmente la función de choferes eran Héctor R. González y dos empleados más de la firma Stacco Hnos.: Juan Vignoni y Nicolás "Nicola" Gruicich, cuyo hijo Pablo también ha sido miembro del Cuerpo Activo e integra actualmente la Escuadra de Reserva.

La Memoria menciona "un gravísimo accidente" acaecido en la noche del 21 de enero de 1955, cuando la ambulancia de los bomberos regresaba a Ingeniero White por el camino adoquinado, luego de llevar hasta el Hospital Municipal a una señora a punto de dar a luz.

Había una gran tormenta de viento y lluvia, y dos caballos del escuadrón de la "Guardia de Seguridad de Caballería" de la calle Brickman, espantados, habían conseguido escapar de sus encierros y venían al galope en medio de la oscuridad de la avenida General Arias –denominada entonces "Eva Perón"–, desde "El bebedero", paraje en el que se detenían los carros para que abrevaran los animales, y en dirección a Villa Rosas.

Ante la súbita aparición de los equinos, Sauro Stacco consiguió eludir al primero con un oportuno volantazo, pero no pudo evitar que el segundo caballo embistiera de frente a la ambulancia, destrozando su parabrisas, torciendo sus parantes y causando varias heridas a sus ocupantes.

Se trataba de la salida número 177 que efectuaba la ambulancia de los bomberos. Había sido habilitada hacía apenas 188 días, lo que da una idea de la necesidad e importancia de su servicio para atender a los requerimientos de la población. Inmediatamente se inició su reparación, y volvió a prestar sus servicios en menos de dos meses, el 17 de marzo.

Una semana después del accidente, mientras "Lelo" y sus acompañantes se reponían de las heridas recibidas, su hermana Teresa –hija de uno de los primeros miembros del Cuerpo Activo, don Pablo Stacco–, ante la nueva carencia de ambulancia debió ser trasladada a Bahía Blanca para el nacimiento de su hijo Eduardo "Chiquito" Cappelli en el automóvil oficial asignado al Delegado del Ministerio de Trabajo don Pascual Cappelli.

En previsión de nuevos accidentes se contrataron entonces dos nuevos seguros en la compañía "Columbia", uno para los integrantes del Cuerpo Activo, y otro para cubrir los riesgos del servicio de ambulancia.

La ambulancia de los bomberos permaneció en servicio hasta 1962. El 25 de mayo de 1960 se había inaugurado el Hospital Menor de Ingeniero White, y desde el año siguiente se dispuso de un vehículo municipal –una Kaiser Estanciera que era conducida habitualmente por Juan Marconi–, por lo que el esfuerzo adicional del Cuerpo Activo de mantener una guardia permanente para el servicio de ambulancia dejó de ser imprescindible.

Ingeniero White en una semblanza de Antonio Crespi Valls

La memoria de 1957, año de las Bodas de Oro de la entidad, incluyó por este motivo fotografías de sus primeros directivos y miembros del cuerpo activo, además de una reseña de acontecimientos destacados y una evocación de los primeros años de Ingeniero White, que fue escrita por el historiador Antonio Crespi Valls –cuyo nombre es recordado por una calle de Bahía Blanca–. En ella relata:

"Fue el Ferrocarril del Sud el que dio el primero y más vigoroso impulso al puerto de Bahía Blanca, al llevarse a cabo en 1883 la construcción de la vía férrea de Buenos Aires a Bahía Blanca." ... "En aquel entonces toda la población se reducía a escasas viviendas y tabernas, a más de precarias instalaciones para la Subprefectura y la Aduana."

"Los obreros empleados en la construcción del llamado Muelle de Hierro del Ferrocarril del Sud, la mayoría de ellos inmigrantes italianos, formaron el núcleo primitivo de la futura población, sumándose al grupo de marineros y pescadores establecidos en la costa. Todo un pequeño pueblo iba surgiendo en el cangrejal, y los pobladores vivían en casillas de madera techadas de zinc, levantadas sobre viejos rieles empotrados de punta."

"Más tarde, al extenderse el pueblo, las casas siguieron siendo de índole palustre, pues la periódica invasión de las mareas inundaba todo el lugar. Las viviendas, exclusivamente de madera y chapa canaleta, estaban asentadas como las primitivas sobre pilares y munidas de escalera y balaustrada, a más de un metro sobre la superficie del terreno. Aún así, no pocas veces el agua salada invadía las habitaciones penetrando por pisos y puertas, y muy a menudo los trabajadores llegaban a sus hogares en chalanas, cruzando a remo los cangrejales anegados y atando la embarcación a la escalera de la vivienda."

"De la inmigración golondrina, casi toda ella constituida por españoles que acudían año tras año a las labores de la cosecha y la carga de buques, una parte quedó también en el puerto como población estable y permanente. Contribuyó a la radicación la construcción de los Elevadores de Hierro, el primero de los cuales fue inaugurado en enero de 1908, y su gemelo, el número dos, en enero del año siguiente."

"Una época de indudable esplendor se desarrolló en el puerto durante la primera década del siglo." ... "Ya en 1907 existían cuatro escuelas públicas, designadas con los números 11, 13, 15 y 21, además de un colegio privado.
Aparecían los semanarios "El Censor" y "Puerto Comercial". Una imprenta, "La Minerva", y una buena librería, representaban el aspecto cultural de un pueblito en cuya lista de pobladores figuraban unos mil nombres, y que daba vida a ciento cincuenta comercios y pequeñas industrias caseras."

"El carácter especial que tenía en aquel entonces la población, eminentemente trabajadora y cosmopolita, lo da el elocuente dato que, entre fondas, restaurantes, bottiglierias, casas de bebidas, cafés, bares, posadas y cantinas, contaba con el elevado número de ochenta y tres, además de treinta almacenes. Los nombres de algunos comercios eran sumamente nostálgicos: "Balear", "Inglesa", "La grotta marchegiana", "Peninsola sorrentina", "Europa", "Dante Alighieri", "Marchegiana", "Garibaldi", "New York", etc."

"Entre las instituciones de Ingeniero White se contaban la "Società Italiana di Mutuo Soccorso 'Unione Operai'", "La Porteña", la "Sociedad Recreativa Coral y Musical 'La Siempre Verde'", "Prácticos del Puerto", "Sol de Mayo", "Unión Protectora del Trabajo Libre". La primera institución de crédito establecida con sucursal en el puerto fue el Banco de Italia y Río de la Plata."

"Desde entonces, la población de Ingeniero White ya pudo declararse estable, contando con un poderoso grupo de ferroviarios que, por razones de comodidad, prefirieron vivir en el puerto y no en Bahía Blanca."

"Distintas alternativas ha tenido el desenvolvimiento de Ingeniero White, motivadas por el auge o decrecimiento del comercio de importación y de exportación, pero así y todo, desde el año 1907 lo que era una escuálida reunión de casas levantadas sobre estacas se ha convertido en una población ribereña moderna, y ello por el exclusivo esfuerzo del propio y entusiasta vecindario, porque en el terreno gubernativo o fiscal muy escasa ayuda, o ninguna, ha tenido el pueblo. Lo que significa un honor para los esforzados pobladores whitenses."

Así concluye la emotiva descripción escrita por Antonio Crespi Valls para conmemorar el cincuentenario de los bomberos voluntarios whitenses.

La muestra de 1988 en Hannover

Anualmente se realiza en Alemania, en la ciudad de Hannover, la más importante muestra mundial sobre medios para la lucha contra incendios, denominada "Interschutz". En 1988 la firma Tecin-Rosenbauer decidió participar con uno de sus productos más modernos y mejor equipados, la autobomba tipo ULF 3000/500/250 que habían adquirido los Bomberos Voluntarios de Ingeniero White.

La empresa ofreció hacerse cargo de los gastos de traslado y presentación de la unidad y de dos becas para integrantes de la institución, que además de asistir a la exposición realizarían una estadía de capacitación en cuerpos de bomberos de Alemania y de Austria y una visita a la fábrica Rosenbauer de la ciudad de Linz, en Austria.

La entidad fue el primer cuerpo de bomberos de Sudamérica invitado a participar en esta exposición. La autobomba Scania 112H fue trasladada por sus propios medios hasta el puerto de Buenos Aires, y allí se la embarcó con destino al puerto de Hamburgo. Antes de su partida la autobomba fue exhibida en el cuartel con gran presencia de público, y también se la presentó en la calle peatonal de Bahía Blanca, que era en esa época la segunda cuadra de Alsina.

Para representar a la institución en este importante acontecimiento fueron designados el entonces Jefe de Cuerpo Activo, Velimir Radulovich, y el Secretario de la Comisión Directiva, Ingeniero Néstor H. Sposito.

La muestra se realizó entre los días 28 de mayo y 2 de junio de 1988, participaron en ella 750 vehículos y fue visitada por ciento cincuenta mil personas. Luego de su finalización el Jefe Radulovich y el Secretario Ing. Sposito recorrieron las instalaciones de varios de los veintidós cuarteles y cuerpos de bomberos de Hannover, que agrupan a unos mil setecientos hombres. Visitaron también la Escuela de Capacitación de Celle, en el estado de Baja Sajonia, Alemania, y la Escuela de Bomberos de Linz, en Austria.

A su regreso a nuestro país los dos representantes de la institución ofrecieron una serie de disertaciones acompañadas con material fotográfico obtenido en la muestra y en los cuarteles y escuelas visitados, a las que asistieron, además de los integrantes de la institución, autoridades municipales, de Defensa Civil, de cuerpos de bomberos voluntarios de la región y de otros organismos y entidades comunitarias.

El Destacamento de Villa Ressia

Desde fines de la década de 1980 existía la idea de crear un destacamento de bomberos en cercanías de Villa Rosas, para satisfacer el requerimiento de la población y poder acudir con mayor prontitud ante cualquier siniestro. El 28 de abril de 1990 la Comisión Directiva resolvió presentar a la Municipalidad, el Concejo Deliberante y las sociedades de fomento de la zona un informe sobre el personal y los elementos con que se contaría para el proyecto.

A mediados de julio, en una reunión que se realizó en la Municipalidad con los presidentes de los bloques de concejales, se trató el ofrecimiento de la entidad para ubicar en esa zona un destacamento con una autobomba debidamente equipada.

El 22 de agosto de 1990 se recibió una nota del diputado David Hirtz interesándose en el proyecto, en la que se mencionaba la zona de Villa Ressia, y el 22 de octubre se convocó a una nueva reunión con representantes de las sociedades de fomento y de los bomberos de Bahía Blanca, para determinar la ubicación del destacamento.

En la reunión de Comisión Directiva del 11 de marzo de 1992, el jefe y el 2º jefe del Cuerpo Activo informaron que recorrerían la zona del destacamento para determinar su ubicación más conveniente. El 8 de julio de 1992 se informó a la Comisión Directiva que dentro del sector elegido por la jefatura del Cuerpo Activo existía un depósito con oficina ubicado en Villa Ressia en la calle Brickman, cuyo precio de venta era de 24.000 dólares. Antes de decidir su compra se consideró la de otro depósito en ese sector por un precio de 40.000 dólares, y se estudiaron varias otras ofertas.

Finalmente, el 29 de julio de 1992 se decidió la compra del edificio de Brickman 1282, compuesto por un salón de mampostería en el frente del terreno y un galpón con techo parabólico en el fondo, con un total de 220 metros cubiertos, en el precio de 24.000 dólares. Se disponía de recursos propios depositados en el Banco de la Nación por más de 31.000 dólares, por lo que el inmueble fue adquirido al contado, y el 26 de agosto de 1992 se firmó la escritura correspondiente.

En la reunión de Comisión Directiva del 5 de agosto se dispuso comunicar la adquisición a los clubes, sociedades de fomento y otras entidades de la zona, y anunciar la inscripción de aspirantes a bomberos. También se visitó al Intendente Jaime Linares para comunicarle la creación del futuro destacamento y proponerle entre otras colaboraciones posibles la asignación de personal. En consecuencia, durante más de un año los haberes del cuartelero fueron abonados por el municipio.

El 25 de septiembre de 1993 comenzó a funcionar el Destacamento de Villa Ressia, a cargo del Oficial 3º Lucio Trapani. Con esta habilitación se dio también cumplimiento a lo dispuesto por la Dirección de Defensa Civil al otorgar su jurisdicción a la entidad. En un comienzo el personal estuvo integrado por oficiales, suboficiales y bomberos del cuartel de Ingeniero White, pero con la expectativa futura de capacitar e incorporar como bomberos voluntarios a jóvenes residentes en la zona.

El 24 de marzo de 1994 se comenzó a tramitar ante la empresa Telefónica de Argentina la instalación de una línea de teléfono. El 30 de septiembre de 1994 se celebró el primer año del destacamento con un vino de honor en sus instalaciones.

La inversión realizada para adquirir el inmueble y adecuarlo para el desarrollo de sus actividades fue estimada a valores de la época en unos 90.000 dólares, previéndose entonces realizar un desembolso total de ciento cincuenta mil dólares para lograr su completo equipamiento.

Actualmente se encuentran en el destacamento una unidad de primera línea de ataque, la autobomba Nº 7, y un vehículo para transporte Renault Traffic. La sala de guardia cuenta con comunicación permanente por VHF con el cuartel central, además de disponer de dos handies.

En la amplia sala destinada al Cuerpo Activo se dispone de mesas y sillas, una cocina de tipo industrial, alacenas, heladera con freezer y televisor. Los vestuarios cuentan con baño con ducha y diecisiete taquillas para la vestimenta de los bomberos. En el patio de acceso se encuentra una antena de comunicaciones de varias decenas de metros de altura, y sobre el techo del edificio está la sirena de alarma, que perteneció al cuartel central.

Revistan en el Cuerpo Activo varios integrantes que residen en las proximidades del destacamento, y los oficiales a cargo provienen del cuartel central. El personal está organizado en dos brigadas que se renuevan cada quince días, y se dividen a su vez en dos turnos de una semana cada uno.

El vecindario manifiesta su reconocimiento hacia la institución, cuyo destacamento mejora sensiblemente la seguridad de la zona. Se han realizado actividades a beneficio de la entidad, organizadas por damas colaboradoras, a semejanza del grupo de Ingeniero White.

Los grandes incendios

Desde el gran siniestro que destruyó varias viviendas en 1907 en la esquina de Torres y Elsegood, y que motivó que don Antonio Valle tomara la iniciativa de convocar a sus vecinos para constituir un cuerpo de bomberos voluntarios, son incontables las ocasiones en las que los integrantes del Cuerpo Activo han acudido a combatir la acción destructora del fuego.

Algunos incendios son recordados por su magnitud, otros por el riesgo para personas y bienes, por la destrucción de humildes viviendas, por la desaparición de instalaciones que constituían fuentes de trabajo, y –los más graves y lamentables– por haber ocasionado la pérdida de vidas humanas.

El 20 de octubre de 1956 se produjo el gran incendio del "Frigorífico CAP Cuatreros", en General Daniel Cerri. Los bomberos whitenses participaron desde las tres de la tarde con su única autobomba Dodge, cuyo motor funcionó ininterrumpidamente durante más de veinticuatro horas. Se pudo salvar la sala de máquinas del frigorífico gracias a su denodado esfuerzo, pero debieron trabajar mojados toda la noche y padeciendo descomposturas, nauseas y vómitos por el calor y la inhalación de humo.

El 10 de octubre de 1977 hubo una explosión e incendio en una de las galerías de los elevadores de granos del puerto, que causó la muerte de tres personas y heridas y quemaduras a varios trabajadores. El número de víctimas no fue mayor porque el siniestro se produjo durante una pausa en la labor, a las nueve y cuarto de la mañana.

A esa hora se encontraban en el cuartel el sereno y la secretaria administrativa, quien corrió hasta el tablero que se encontraba en la cocina y dio manualmente los tres toques de la sirena de alarma –que ahora se producen en forma automática–, mientras el cuartelero abría los portones y atendía el teléfono que sonaba una y otra vez.

El 13 de marzo de 1985, poco después de la medianoche, el personal del elevador Nº 5 de la Junta Nacional de Granos avisó a los empleados que se desempeñaban como guardias contra incendios, que había fuego en el tambor de la noria número cuatro, en el piso de norias ubicado a setenta metros de altura.

Los encargados de la guardia contra incendio eran amigos de toda la vida, y estaban próximos a contraer matrimonio. Ambos eran también miembros del Cuerpo Activo de la institución: Miguel Ángel Sancho era bombero y Rubén Omar Aceituno, apodado "Mate", era Oficial 3º. Sancho permaneció en la sala desde donde se acciona el sistema de aspersión de agua, y Aceituno avisó al cuartel de la existencia de un problema, y comenzó a subir en ascensor hacia el lugar que le habían indicado, acompañado por dos operarios del taller mecánico.

En ese momento se produjo una serie de explosiones en forma de reacción en cadena, que fue recorriendo las galerías y descendiendo por el hueco del ascensor. Alcanzado por la deflagración, Aceituno recibió quemaduras mortales, al igual que otras veintidós personas que estaban en el lugar, incluyendo a varios camioneros que se encontraban en la zona de descarga de cereales.

La explosión destruyó la pared exterior del hueco del ascensor en un tramo de más de setenta metros, desplomó el techo de los silos y destruyó las balanzas y las galerías de embarque, la sala de control, el subsuelo y las tolvas para la descarga de camiones.

La galería paralela al sitio 9 quedó envuelta en llamas. Junto a ella estaba amarrado el "Hellespont Mariner", un bulkcarrier griego de 36.000 toneladas. El oficial de Prefectura Salvador Ortiz dirigió la tarea de los remolcadores "Competidor", de la empresa Rua, y "Cazador", de Satecna, para alejar a la nave, que estaba a cargo del práctico Pedro Taramasco, del inminente peligro.

En el cuartel se encontraban el sereno y los bomberos José Carbonara y Oscar Mazzello, quien había llegado a las 0:25. Mazzello comentó que parecía verse fuego en dirección a General Cerri, por lo que Carbonara comenzó a subir a la torre para ver mejor de qué se trataba. Mientras lo hacía escuchó a sus espaldas varias pequeñas explosiones, y al darse vuelta pudo ver la gran explosión del elevador, que hizo temblar la tierra.

Durante unos instantes José se aferró a la torre, mientras veía ascender y caer trozos de materiales en llamas. Bajó enseguida, gritando "¡Oscar, cambiáte, voló un pedazo del elevador!". La explosión produjo un corte general del servicio eléctrico; todo estaba a oscuras, y a la luz de una linterna ambos fueron hasta sus taquillas y comenzaron a colocarse sus vestimentas, mientras el sereno se dirigía a poner en marcha el grupo electrógeno Winco.

De inmediato llegó a la carrera el comandante Velimir Radulovich, quien vive hasta hoy enfrente del cuartel, y comenzó a tomar las primeras disposiciones. El bombero Sergio Martínez abrió los portones, mientras otros que iban llegando se dirigían a encender las luces de todas las autobombas y ponían en marcha la Siete y la Cinco. La primera de ellas salió a la calle y permaneció dando la alarma con su sirena mientras se cargaba un grupo electrógeno portátil en la Cinco y ambas partían hacia el lugar del incendio. En la Siete iba el comandante Velko Radulovich, seguido por la Tres, en cuya dotación iba Mazzello.

Tras la madrugada de crítica labor por parte del Cuerpo Activo auxiliando a los heridos, retirando a los fallecidos y dominando el múltiple incendio, el pueblo amaneció sumido en un sombrío silencio que se prologó durante varios días en sus calles desoladas.

La extinción de los últimos focos y el hallazgo de los últimos cuerpos prosiguió hasta el día 17, y posteriormente las tareas de remoción de escombros se extendieron durante nueve meses más, a cargo de los operarios de la Junta encargados también de la brigada de bomberos del elevador y a la vez integrantes del Cuerpo Activo Hugo Andreanelli, Carlos Berruet –años después comandante–, Norberto Luciani y Miguel Sancho.

En los días siguientes se produjo el deceso de otros trabajadores alcanzados por las llamas. Rubén Omar Aceituno falleció al mediodía del 19 de marzo en Buenos Aires, en el Instituto del Quemado adonde había sido trasladado para su atención. La autobomba Nº 8 y la plazoleta de la Avenida San Martín y Mascarello en donde se encuentra el monumento al bombero voluntario llevan actualmente su nombre, y la chaqueta de su uniforme de gala, enmarcada y protegida por un cristal, puede verse en el acceso al salón del piso superior del cuartel.

El siniestro del elevador Nº 5, con sus consecuencias de dolor y de luto, sigue permaneciendo vivo en la memoria de los bomberos y de todos los habitantes de Ingeniero White.

También un 13 de marzo, pero en el año 1988, se produjo un gran incendio, esta vez en Puerto Rosales. Esa noche había habido una gran sudestada acompañada por lluvia y tormenta eléctrica, y los bomberos habían estado realizando desagotes y traslados de personas afectadas.

Al amanecer se recibió un pedido de colaboración de los Bomberos Voluntarios de Punta Alta, y el cuartelero avisó por teléfono al Oficial 1º Norberto Luciani que se había incendiado "un tanquecito". Un rayo había caído en la planta de YPF de Puerto Rosales, y la tapa de uno de los enormes tanques, con cuarenta mil metros cúbicos de crudo, había volado por los aires y caído a cierta distancia, sobre las válvulas que accionan los dosificadores de espuma. Al no poder utilizarse el agua a presión que se envía desde la sala de bombas y se mezcla con el líquido emulsor, solamente se pudo recurrir a las autobombas para apagar el incendio.

Siniestros más afortunados, en tanto que no causaron desgracias personales a pesar de su espectacularidad, fueron los grandes incendios de las plantas de YPF en Ingeniero White, en 1969, y de Gas del Estado en General Cerri, en 1972.

Como en tantos otros pueblos y ciudades, en Ingeniero White se conservaba la tradición de encender cada año grandes fogatas en la noche de San Pedro y San Pablo, Cada barrio preparaba la suya, y la del año 1968 en la "cuadra" cercana a la planta de YPF había sido tan grande que hasta motivó la denuncia policial de un vecino preocupado, la tarde misma de la "fogarata".

No sucedió nada anormal, y por lo demás, en Ingeniero White se tenía siempre la tranquilidad de saber que si la fogata comenzaba a escaparse de control, como sucedió algunas veces debido al viento, el Cuerpo Activo iba a acudir para eliminar el peligro, agregando a la fiesta la admirada presencia de los bomberos en acción con sus relucientes equipos, agregándoles una tarea más a las que realizan cada día para estar listos ante cualquier pedido de auxilio.

Al año siguiente la festividad de San Pedro y San Pablo caía en día domingo. Curiosamente, luego de la gran fogata realizada el año anterior esa noche no iba a haber celebración en las proximidades de las vías del ferrocarril y de la planta de YPF. Los muchachos de "la cuadra" no habían preparado la gran parva de pastos prensados, ramas de palmera y cubiertas viejas de vehículos, que levantaban, coronada por un muñeco, en la calle Plunkett entre Cárrega y Rubado.

Poco después de las 13, los whitenses estaban en su mayoría rodeando la mesa de la pasta asciutta familiar. En la planta de inflamables de YPF unos pocos operarios realizaban tareas de mantenimiento y soldadura. De pronto se escuchó el ruido apagado de una pequeña explosión, y la tapa de registro de uno de los tanques más grandes, que contenía tres mil metros cúbicos de petróleo crudo, voló por los aires a gran altura, mientras se escuchaba un fuerte zumbido causado por gas que escapaba en grandes cantidades por la abertura. Unos instantes después el suelo tembló por una gran explosión, y el techo del tanque se levantó y volvió a caer, dejando descubierto un costado por el que comenzaron a salir grandes llamaradas.

Así comenzó un incendio espectacular, que recién pudo ser sofocado a la madrugada siguiente. Trabajaron junto a los bomberos whitenses en la lucha para evitar que el fuego se propagara a los tanque de nafta cercanos, bomberos voluntarios de Tornquist, Dorrego, Punta Alta y Cerri, junto a hombres de la Prefectura, bomberos policiales de Bahía Blanca y personal de la Armada, que aportó tambores de líquido emulsor para producir espuma.

Esa tarde de invierno oscureció temprano, y poco después de las 18:30, al rasgarse por la acción del fuego las paredes del gran tanque, el combustible se derramó dentro de su pileta de contención de hormigón, y una gigantesca llamarada de más de cien metros de alto iluminó todo el pueblo. Se pudo ver gente que escapaba de sus hogares llevándose el televisor –el aparato más costoso en esa época–, y a familias enteras que corrían por Guillermo Torres hacia las afueras con colchones y otros enseres.

A pesar de la espectacularidad del incendio, la gran corriente de convección producida por el fuego atraía el aire helado de la noche y permitía que los bomberos pudieran proseguir su tarea prácticamente debajo de las llamas, aunque soportando una radiación que les causó algunas quemaduras en el rostro, cuello y manos, y que llegó a dañar pintura de las autobombas.

En varias familias se rezaban rosarios para que la Virgen intercediera ante Dios por la vida de los bomberos, mientras que algunos moradores de viviendas cercanas al incendio permanecían empecinadamente en sus hogares a pesar de la orden de evacuar la zona hasta la avenida San Martín. Pareció que los santos Pedro y Pablo, en cuyo honor se hubieran encendido esa noche las fogatas, también otorgaron su protección, y las únicas consecuencias personales que tuvo el incendio fueron las quemaduras de poca gravedad de algunos bomberos.

El periódico "Mundo Whitense" tituló esa semana a toda página: "Deben alejarse los tanques de YPF", y por gentileza del abogado Dr. Adolfo Cappelli reprodujo la ley que prohibe construir depósitos de combustibles y plantas de sustancias tóxicas en cercanías de un lugar poblado. Las autoridades de la empresa solicitaron al director del periódico, Conrado De Lucia, que concurriera a la sede de la calle Estomba para expresarle su desagrado, pero pocos meses después se desactivó la planta de YPF y posteriormente fue desmantelada. En su lugar se encuentran hoy las instalaciones de la firma Cargill.

Una rara coincidencia se produjo tres años después del incendio de YPF. En la noche del 29 de junio de 1972 tampoco se había encendido las grandes fogatas tradicionales de cada barrio. Los muchachos de las "cuadras" de Arens, de Baley y de tantas otras, se estaban convirtiendo en hombres, y la siguiente generación de pibes se sentía atraída cada vez más por la diversión pasiva que les ofrecía la televisión.

Pero al comenzar esa madrugada, una intensa luz anaranjada visible claramente desde Ingeniero White iluminó el cielo. Se había incendiado la planta de Gas del Estado cercana a General Cerri, y los bomberos whitenses y de otros cuerpos debieron montar guardia mientras se consumía el combustible que escapaba del gasoducto afectado. Una camioneta con personal de la empresa partió hacia Cabildo y otra hacia Río Colorado, para cerrar las válvulas ubicadas allí y apresurar el fin del incendio. Fue otro siniestro espectacular, pero afortunadamente sin consecuencias de gravedad para los trabajadores de la planta ni para los bomberos.

Una gran desgracia se produjo cerca de la medianoche del 9 de diciembre de 1980, al incendiarse una vivienda de la calle Cárrega al 3200. El fuego fue prontamente extinguido por los bomberos, pero tres niños que se encontraban durmiendo perecieron asfixiados. Miguel Sancho y Raúl Troisi se ocuparon de la penosa tarea de retirar los cuerpos, y comentaron que por primera vez asistían a un suceso tan lamentable. Pocas semanas después se produjo un incendio semejante en el Bulevar, en el que murieron otros dos chicos.

En la madrugada del 17 de agosto de 1988 se incendió el salón de baile y cantina del Club Comercial, ubicado junto a su gran pileta de agua de mar. La advertencia tardía del siniestro, sumada a la fácil combustibilidad de los decorados y del techo ocasionó que pese al esfuerzo de los bomberos las pérdidas fueran casi totales. El edificio fue posteriormente reconstruido, y actualmente es el salón denominado "Koketo".

El 22 de diciembre de 1992 poco después de las 14 los bomberos acudieron a extinguir un incendio de pastos en las proximidades de la estación Ingeniero White del ferrocarril. Alrededor de las 16 estaban terminando su tarea cuando advirtieron que desde varios puntos del edificio de la estación, que se extendía por un centenar de metros, comenzaba a salir humo y de inmediato brotaban grandes llamaradas. José Ftuli llamó entonces al cuartel por la radio de la autobomba, y le dijo al cuartelero: "¡Tocá la sirena, que se quema la estación...!"

Pese a los esfuerzos de los bomberos fue imposible detener el avance del fuego, que se propagaba velozmente por el edificio de estructura y paredes de pino tea –pino utilizable como tea, es decir, como antorcha, por su gran contenido de resina que lo hace fácilmente combustible–. Hacia la medianoche sólo quedaban los restos humeantes de la estación ferroviaria, que había sido una verdadera reliquia histórica de Ingeniero White.

Ha habido incendios que, de tan reiterados, pasaron a ser clásicos. Uno de ellos es el del "tanque negro" del ferrocarril, en el bulevar Juan B. Justo, y otro el de la zanja de petróleo que se encuentra en sus proximidades. En la Memoria de 1928 ya consta que se acudió a extinguirla el 12 de septiembre. Y cierta vez, en esa época, unos muchachones celosos arrojaron en ella al novio whitense de una de las buenas mozas del bulevar.

El humo que producía el fuego en el "tanque negro" era visible desde el cuartel, lo que permitía reconocer el incendio desde antes de recibir el aviso correspondiente. En algunas tardes de verano la avenida Juan B. Justo se llenaba de vehículos con curiosos que venían desde Bahía Blanca atraídos por la gran humareda.

Extinguir el combustible ardiendo en grandes pantanos era difícil, y solían estropearse materiales y vestimenta. El 29 de enero de 1978, "en el depósito de fueloil del galpón de locomotoras hubo pérdidas parciales y totales del equipo de los bomberos, cuyo costo de reposición ascendió a $ 2.162.000" –unos tres mil dólares–, por lo que se solicitó al Ferrocarril Roca que contribuyera con el gasto.

Se trataba además de una tarea riesgosa para los bomberos, en medio del humo y de los resbalosos charcos de combustible. En uno de los incendios, en la década de 1970, el sargento Héctor Tomás cayó en el petróleo y quedó afectada su visión. Su compañero Alejandro Serafín logró rescatarlo y Tomás –"El Turco"– tuvo que ser asistido en una clínica oftalmológica, afortunadamente sin posteriores consecuencias.

La institución colabora con su Cuerpo Activo y sus unidades en siniestros fuera de su jurisdicción cuando así se lo requiere, como lo consignan las notas de agradecimiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y de la Prefectura Naval Argentina. Han hecho llegar también su reconocimiento en numerosas oportunidades los bomberos de Punta Alta, Tornquist, Dorrego y otros municipios. En años recientes se colaboró en incendios forestales con el cuerpo de bomberos de Saavedra, en diciembre de 2000, y con los bomberos de Villa Iris, en diciembre de 2000 y en enero de 2001.

Otros incendios frecuentes, en los que la intervención de los bomberos evita que se conviertan en siniestros de mayor gravedad, son las quemazones de pastizales en los meses de calor y sequía. Desde la relativa frescura de sus viviendas, en las tardes de viento más calurosas los whitenses oyen la sirena del cuartel y consideran una vez más lo abnegado de la vocación de los bomberos, que los impulsa a cumplir una tarea tan ingrata y sofocante como indispensable.

Resultaría imposible solamente enumerar las ocasiones en que los bomberos voluntarios de Ingeniero White han acudido en socorro de los afectados por todo tipo de emergencias y siniestros en el transcurso de estos primeros cien años de la institución. Cabe concluir la memoria de los casos particularmente significativos que se han mencionado, con esta reflexión de Antoine de Saint–Exupéry –el autor de El principito–, en su obra póstuma Ciudadela:

"He visto a las bailarinas componer sus danzas. Y una vez creada y bailada la danza, nadie se lleva el fruto del trabajo como provisión. La danza pasa como un incendio."

Quienes realizan su peligrosa danza en torno del fuego no regresan a su hogar con provisiones. Solamente han crecido un poco más, el pueblo al que custodian ha vuelto a la paz de su silencio, y cada bombero puede rezar, como el soldado de Ciudadela: "Señor, déjame crecer en el silencio de mi pueblo."

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