Literatura
fecunda y literatura estéril
From: Franco Albanesi
Sent: Miércoles 6 de Junio de 2001 06:55 PM
Estimado Conrado: Quería conocer cuál es su opinión respecto
de la obra de algunos escritores argentinos como J.L. Borges, Roberto Arlt y
Ernesto Sabato.
Suelo referirme frecuentemente a Ernesto Sabato en mi programa radial, pues
en sus escritos y en su vida encuentro una calidad humana y una asunción
de valores que comparto plenamente. La novela Sobre héroes y tumbas
de Sábato es una cosmovisión sólo comparable con el Adán
Buenosayres de Leopoldo Marechal y con el Martín Fierro de
José Hernández.
Admiro en Roberto Arlt a un precursor de un género de literatura iconoclasta,
un talento intuitivo que tiene el coraje de abandonar maneras y estilos literarios
tan sacralizados como estériles, para comprometerse con nuestro pueblo
y ser uno de su profundos voceros. Los lanzallamas, Los siete locos
y El juguete rabioso merecen ser leídos por su visceral rechazo
del afán de instalarse y de acumular riquezas de nuestra burguesía.
En cuanto a Borges, ya he manifestado en otras oportunidades que comparto la
expresión del más grande polígrafo argentino, el padre
Leonardo Castellani, cuando dice de él: "ese pobre hombre".
Es que perseguir el preciosimo estético y los juegos lógicos que
no comprometen al espíritu, es mera vanidad humana. Forma parte de esa
literatura vacía de sentido que ya fue descalificada por Platón.
Comparto en esto la actitud de Armando Tejada Gómez , que en una de sus
Tonadas para Usar dice: "Hermano, no escribas nada/ si no te duele
la mano". Cuando no hay nada para comunicar que enriquezca y dignifique
a nuestro prójimo, es mejor guardar silencio.
Desde otro punto de vista, transcribimos el mensaje de un visitante a nuestro
sitio:
From: Antonio Navarro
Sent: Jueves 30 de Mayo de 2002 09:49 PM
La fama internacional de Jorge Luis Borges oculta a veces lo que, más
allá de la fruición, sus escritos pueden ofrecer como estímulo
a nuevos horizontes de investigación.
Borges nos ha legado una literatura prolífica, que se distingue paradójicamente
por su internacionalismo y por el amor nostálgico de algunos lugares
míticos o mínimos: Buenos Aires, el Sur, Islandia, Inglaterra,
el Lejano Oriente, ciertos patios, ciertas esquinas.
Profundamente filósofo de la poesía y poeta de la filosofía,
presenta cada uno de sus escritos como un enigma ontológico. Muchas veces,
al revés, un cuento o un poema reviste los rasgos de un tratado.
Ontologías fantásticas, etimologías transversales, genealogías
sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas,
múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos
ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias,
thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos
inventados, son parte del paisaje inmenso que las obras de Borges ofrecen al
estudioso o al hedónico lector. Se lo ha presentado, con razón,
como el erudito más grande de este siglo, lo cual no impide que la lectura
de sus escritos suscite momentos de viva emoción o de simple distracción.
Hombre de ficción literaria, paradójicamente preferido de semióticos,
matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges
ofrece, por la perfección de su lenguaje, la erudición de sus
conocimientos, el universalismo de sus ideas, la originalidad de sus ficciones,
la belleza de su poesía, una verdadera Summa que honra a la lengua española
y al espíritu universal.
Nos parece oportuno, como conclusión, citar la opinión del escritor
uruguayo Eduardo Galeano sobre Borges, que compartimos:
"Le horroriza todo lo que reúne a la gente, como el fútbol
o la política, y todo lo que la multiplica, como el espejo o el acto
del amor. No reconoce otra realidad que la que existe en el pasado, en el pasado
de sus antepasados, y en los libros escritos por quienes supieron nombrarla.
El resto es humo.
Con alta finura y filoso ingenio, Jorge Luis Borges cuenta la Historia universal
de la infamia. De la infamia nacional, la que lo rodea, ni se entera."
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