Por
Eduardo de la Serna,
cura
párroco de San Francisco Solano, Bs.As.
Sin
entrar a aludir a la canalla de comentarios, notas, opciones o bocinazos, no
dejo de tener en cuenta muchas críticas que
han hecho y hacen honestos sectores progresistas a la persona y
a la política de Néstor Kirchner, continuada por la presidenta
Cristina Fernández.
En algunos
diarios de hoy hay sendos artículos que hacen un breve sumario de los
logros de su gobierno. Logros difícilmente
cuestionables por personas sensatas o justas, y que por tanto no voy a repetir. Por
eso quiero detenerme a comentar unas pocas cosas que me parecen también
incuestionables, y que tienen directa incidencia en el mundo de los pobres:
Es un
dato incuestionable lo gravísimo que es, y cuánto atenta contra
la persona humana la falta de trabajo. Poder tener comida, pero por dádivas
o planes, no es sino tapar un agujero. Algo necesario,
por cierto, pero que no repara las causas, sino que incluso las agrava. Muchísimos
jóvenes de los barrios del conurbano (y del interior del país
también), jamás han visto a sus padres trabajar, y nunca han visto
que el plato de comida sea consecuencia del esfuerzo o del sudor
de la frente.
Una colaboradora de la parroquia, Gladys, nos comentaba la
alegría que tiene Franco, su marido, ahora que trabaja. Cuando
no tenía trabajo estaba como león enjaulado. Los ejércitos
de cartoneros eran uno de los pocos trabajos estables en los varones. No hace
falta recordar estadísticamente cuánta era la desocupación
en mayo de 2003, y cuánta menor es hoy, ¡en sólo 7 años!
Es cierto que falta mucho, ¡muchísimo!, pero
no es menos cierto que con Néstor y Cristina, al aumentar de un modo
descomunal el empleo también ha aumentado el reconocimiento de la propia
dignidad. ¿Qué pasa por la cabeza de un pibe que no le ve ningún
futuro a estudiar, y no ve tampoco la posibilidad de trabajar? El auge de la
droga por ejemplo, ¿no es razonable atribuirlo en gran parte
a este sinsentido de la vida? Recién ahora empieza a haber trabajo, y
con el trabajo, salario.
Sumado a la imprescindible Asignación Universal por Hijo, se agrega esto
a las mesas en la casa. Los chicos comían en los comedores de escuelas,
parroquias y otras organizaciones; ahora pueden también comer en su casa
con sus padres y hermanos. ¿Esto no ayuda notablemente a la paz social?
Ya no es estar en una esquina con una birra viendo pasar la vida
(o esperando al dealer, o la próxima dosis), sino que también
es posible estar sentados en torno a una mesa en la propia casa.
Todo esto, y mucho más, significa la ocupación en un barrio. Decir que trabajo es dignidad es absolutamente cierto, aunque deba mejorar la calidad del trabajo, deba haber blanqueo de trabajadores en negro, reconocimiento de los tercerizados, participación en las ganancias y en las instancias de decisión de las empresas, y muchas otras cosas más de las tantas que destruyó empezando por la cabeza el genocidio menemista.
Si de dignidad se trata, no deja de ser importante también reconocer la destrucción del sistema individualista y perverso de las AFJP y el retorno a un sistema de solidaridad. Pero evidentemente tantos años de destrucción del empleo, sumado a los años de egoísmo concentrado, hacían también indispensable el reconocimiento a aquellos que no habían podido completar sus aportes, o no les habían sido reconocidos. El caso de la jubilación de amas de casa, o trabajadores sin aportes completos, o irregulares, no puede menos que reconocerse y aplaudirse. Pocos, si acaso alguien, pueden negar el aporte que ha significado para los jubilados todo ese justo reconocimiento ¡en sólo 7 años!, siempre insuficiente, por otra parte. No me importan los buitres carroñeros que hoy hablan del 82%, lo que sí me importa es que la bandera principal que hoy se levanta no es la del individualismo sino la de la solidaridad. ¡Nada menos!
Podemos
también hacer referencia a la educación, y no sólo a la
gran cantidad que se reincorporó al sistema a partir de la
Asignación Universal por Hijo, sino al notable aumento de presupuesto
para la educación. Y el aumento a los docentes. Siempre insuficiente,
por cierto. Pero nunca antes recibí aumentos soy docente
hasta los frecuentes aumentos de los últimos tiempos. O podemos también
referirnos a la salud: En particular en Solano, al sur de la Capital, por primera
vez en décadas se inauguró un hospital de alta complejidad excelente,
por lo que todos dicen, al que son derivados los casos graves. O podemos
referirnos a la diferencia entre cómo viajaba la gente hace seis años
y cómo viaja ahora en el ferrocarril Roca. Sólo basta con querer
mirar.
Podría
añadir un tema importantísimo en los barrios, aunque siempre insensible
a primera flor de piel, que es la integración
latinoamericana. Podemos señalar por ejemplo, como lo hicieron Evo Morales
y Pepe Mujica, al reconocimiento de los emigrantes latinoamericanos en Argentina.
El aporte a la unidad latinoamericana, el reconocimiento de que somos latinoamericanos
(y no unos europeos mal habidos), la UNASUR, los festejos del Bicentenario,
y hasta su velorio en el salón de los patriotas latinoamericanos,
sólo puede molestar a quienes miran a Europa, o a quienes dicen que en
el
Mundo se nos cagan de risa (sic Jorge Lanata), entendiendo el
mundo como el "primero. Son los mismos que sólo entienden
por mundo lo que ellos desearían para nosotros que
no es lo que muchos deseamos, por cierto.
Me queda una cosa más por decir: se habló y habla de la intransigencia, falta de diálogo, autoritarismo y odio que generó Néstor. En lo personal no sé cómo es posible enfrentar a Bush en Mar del Plata, a Clarín en la Ley de Medios, al FMI en la deuda, a los empresarios agropecuarios, a los militares genocidas, y a muchos otros casos, sin una importante dosis de intransigencia. Que es posible exagerarla y exasperarla, no me cabe duda. Pero no fueron los K los que tocaron bocinas ante la muerte (o pintaron ante la enfermedad de Evitaviva el cáncer). Curiosamente recordaba, la palabra amor (esencial en el mensaje cristiano) no es habitual en la política. No se usa. Debo decir que solamente la recuerdo como habitual en discursos de Eva Perón, y ahora en los de Néstor Kirchner. Y eso no parece ingenuo.
Queda mucho por hacer. ¡Muchísimo! Muchísimo que no va en la línea de lo que algunos editorializan desde la prensa hegemónica, según lo veo yo. Muchísimo más, no muchísimo menos.
Creo
que muchos progresistas confunden pensar política con hacer
política, y olvidan que en el pensar uno tiene en cuenta ideales,
sueños y utopías, pero en el hacer no se puede sino
partir de la realidad, la que es, nos guste o no; ser honrados con lo
real. Y confunden sueños con realidades. Soñamos con una
patria más justa, más fraterna, más llena de vida y esperanza.
No la tenemos. Falta mucho. La pregunta es si el camino emprendido conduce o
no a esa vida y a esa esperanza; y viniendo de la muerte y de la nada de los
80 y 90, y estando donde hoy estamos, no me cabe duda de que el
camino emprendido y conducido por Néstor y por Cristina es
infinitamente más justo y más solidario que ninguno de los que
hayamos emprendido desde que el pueblo único padre de la
democracia recuperó el manejo de las instituciones.
Y no deja de llamarme la atención la cantidad de gente,
en el velorio de Néstor, a la que le ponen el micrófono y lo primero
que reconocen es que nos devolvió la política. El
retorno de la militancia por ahora incipiente no puede sino llenarnos
de esperanza e invitarnos y comprometernos en la lucha por un mañana
mejor. Néstor murió militando; ojalá la militancia nos
devuelva la esperanza, y con ella la confianza en que otro mundo es posible.
Eduardo
de la Serna
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