Los detractores argentinos del tango


                                                                                                   A mí me gusta el tango, pero el tango,
                                                                                                   aquel que fue tildado de guarango…

                                                                                                                                     Carlos Bahr, Sencillo y compadre

                                                                                                  Negar la argentinidad del tango es un acto tan patéticamente
                                                                                                  suicida como negar la existencia de Buenos Aires.

                                                                                                                                                  Ernesto Sabato

Algunos escritores argentinos de fuste se dedicaron a desprestigiar el tango, a negar su origen o a renegar del mismo. Dado su prestigio o las posiciones relevantes que ocuparon, sus opiniones fueron acogidas en algunos periódicos nacionales y extranjeros, además de ser manifestadas en conferencias y charlas o vertidas en sus libros.

En la primera edición de Cosas de negros. Los oríjenes (sic) del tango y otros aportes al folklore rioplatense. Rectificaciones históricas del uruguayo Vicente Rossi –impresa personalmente por su autor en 1926 así como en las sucesivas ediciones publicadas con su título abreviado– éste expresó su asombro y desconcierto ante esa abjuración:

       "La 'arjentinidad' (sic) del Tango tuvo sus impugnadores; fue un caso curiosísimo; eran arjentinos (sic) de figuración social e         intelectual. (…)    Rechazaron indignados la 'arjentinidad' del Tango, en varios diarios ingleses y franceses". (1)

Encabezaban la protesta Enrique Rodríguez Larreta –Ministro Plenipotenciario en Francia (diciembre 1910 a octubre 1916)– y Leopoldo Lugones, quienes intentaron demostrar que, si bien el tango procedía de Buenos Aires, era allí un desagradable aparecido y no un nativo. Ambos explayaron sus agravios en París, donde el tango ya se había impuesto, por lo que sus manifestaciones –contrariamente a lo que en su vanidad esperaban– fueron recibidas con total indiferencia.

Enrique Rodríguez Larreta
Entrevistado en París por un periodista, dijo Enrique Rodríguez Larreta:

         "Se baila, en efecto, el tango en nuestro país, pero no en las pampas, sino en ciertas grandes ciudades y sobre todo en Buenos Aires: es          un baile especialmente reservado a los lupanares, de donde no ha salido sino para conquistar la Europa… El tango, entre nosotros, es algo          como el baile de los apaches, como la 'chaloupé' de las barreras…; además el tango es más una especie de aperitivo sensual que un baile…          Una ciudad como París, la más delicada y refinada, no podría bailar el tango como la canalla de las pocilgas de Buenos Aires. Es el mismo          baile, los mismos gestos, las mismas contorsiones; pero estoy seguro de que las parisienses ponen en todo eso la templanza, la medida          que saben poner en todas las cosas y que hace que, para ellas, nada haya imposible… Hay en París por lo menos un salón donde no se          baila el tango argentino y ese salón es el de la legación argentina". (2)

Insistiendo en sus injurias, afirmó en otra oportunidad:

         "El tango es en Buenos Aires una danza privativa de las casas de mala fama y de los bodegones de la peor especie. No se baila nunca en          los salones de buen tono ni entre personas distinguidas. Para los oídos argentinos la música del tango despierta ideas realmente          desagradables. No veo diferencia alguna entre el tango que se baila en las academias elegantes de París y el que se baila en los bajos          centros nocturnos de Buenos Aires. Es la misma danza, con los mismos ademanes y las mismas contorsiones". (3)

Leopoldo Lugones
En su ponencia El proyecto nacionalista de los intelectuales del centenario dice María Lourdes Lodi:

         "Siguiendo con otra antinomia representativa del enfrentamiento entre Buenos Aires y el interior que también simboliza las querellas entre          'nacionalismo y cosmopolitismo', y entre 'espiritualismo y materialismo' encontramos lo que se da entre la 'música autóctona y el tango'. En          Lugones hay una reivindicación de la música criolla y un denuesto colmado de ironías hacia el tango.', "ese reptil del lupanar, tan          injustamente llamado argentino en los momentos de su boga desvergonzada…" (4)

El 25 de octubre de 1913, en la sesión pública anual de las cinco Academias (Francesa, de las Inscripciones y Lenguas Antiguas, de Ciencias, de Bellas Artes, y de Ciencias Morales y Políticas) celebrada en el Instituto de Francia, el poeta y dramaturgo Jean Richepin, delegado de la Academia Francesa, pronunció un elogioso discurso titulado A propos du tango. (5)

El café "Los Inmortales"–bautizado así por su gerente, el francés León Desvarnats– (6) debe su nombre al discurso de Richepin: los "inmortales" son los 40 miembros de la Academia Francesa..

Lugones, a la sazón en París, replicó ese discurso en "La Nación" de Buenos Aires del 23 de noviembre afirmando:

         "…hay temas imposibles, dada su bajeza, y el tango es uno de ellos…" (…) "… danza prostituta…" (…) "…el talento [del orador], a          despecho de su propio dueño y señor, es incompatible con los necios, los degenerados, los advenedizos, que forman la clientela danzante          de la macaquería dernier cri…" (…) "… el objeto del tango es describir la obscenidad…" (…) "… [el tango] resume la coreografía del          burdel, siendo su objeto fundamental el espectáculo pornográfico…" (…) "…. su éxito proviene de ser exótico conducto de lo          indecente…" (…) "… el tango no es un baile nacional, como tampoco la prostitución que lo engendra. No son, en efecto, criollas, sino por          excepción, las pensionistas de los burdeles donde ha nacido. Aceptarlo como nuestro, porque así lo rotularon en París, fuera caer en el          servilismo más despreciable… " (… ) "… cuando las [damas] del siglo XX bailan el tango, saben o deben saber que parecen prostitutas,          porque esa danza es una danza de rameras…" (….) "… el pesado mamarracho lo exagera [el contacto corporal] cuanto puede, haciendo de          la pareja una masa tan innoble que sólo el temperamente de un negro puede aguantar su espectáculo sin repugnancia…" (…) "… y para          apreciar cuán inferior, cuán innoble, cuán fea, en una palabra, es nuestra sediciente danza nacional, basta saber que su talento [el de          Richepin] no ha logrado justificarla…". (7)

Disertando sobre "La poesía gaucha", expresó Lugones:

         "Nada más distinto de esos tangos mestizos y lúbricos que el suburbio agringado de nuestras ciudades cosmopolitas engendra y esparce          por esas tierras a título de danza nacional, cuando no es sino deshonesta mulata engendrada por las contorsiones del negro y por el          acordeón maullante de las 'tratorías'…". (8)

El desprecio de Lugones por el negro, el mestizo y el mulato no condice con su aspecto achinado y su tez oscura. La acusación de mulatillo era lanzada en forma reiterada hacia Lugones, tanto en privado como en público, desde Manuel Gálvez en sus memorias hasta Edmundo Guibourg en su correspondencia privada. (9)

Manuel Gálvez
Manuel Gálvez tenía con el tango una relación de amor-odio. En Crónica general del tango (10), José Gobello cita algunas frases de los libros de Gálvez que revelan esa antinomia:

         "Hacia 1904 o 1905 tocaba tangos en el piano en la tertulia de Leopoldo Lugones". (11) "La danza del arrabal me resultó fácil. No era          extraño: yo sentía su música, y desde 1900 o 1901 tocaba tangos en el piano. Quienes me oían se asombraban de que yo, un 'joven          distinguido', le diese a la música del arrabal tanto sabor. Lo bailé, pues, y bastante bien, 'con mucho sentimiento', según mis cómplices          compañeras. Es que de veras lo sentía; sentía su alma, su color, su gusto a pecado, su voluptuosidad hipócrita". (12)

Pero, por otra parte, Gálvez no mezquinó epítetos cuando se refirió al tango en sus novelas:

         "Los vaivenes pecaminosos del tango…" (Una mujer moderna); "Un canallesco tango arrabalero…" (La maestra normal); "Mientras, de          la guitarra y el bandoneón surgían las frases compadronas de un tango. Era una música sensual, canallesca, arrabalera, mezcla de          insolencia y bajeza, de tiesura y voluptuosidad, de tristeza secular y alegría burda de prostíbulo, música que hablaba en lengua de          germanía y de prisiones y que hacía pensar en escenas de la mala vida, en ambientes de bajo fondo poblados por siluetas de crimen. La          melodía era de líneas desiguales, tan pronto unida como cortada, recta como sinuosa. Se hacía rígida para quebrarse enseguida. A veces          se precipitaba para interrumpirse de súbito, o marcaba golpes rítmicos y duros para deslizarse al fin oscuramente. Y a su encanto          adormecedor y turbador, a su sabor, que mareaba como un vino fuerte y espeso y que emborrachaba los sentidos, todo el patio bailaba.          Las parejas se movían con lentitud pesada. Se bajaban, se alzaban, torcían a un lado y luego a otro, seguían tiesas caminando rectamente,          y al fin se detenían para hamacarse hacia adelante y hacia atrás, en siluetas grotescas, cada hombre pegado a su compañera: ellas, graves          y con los párpados entornados, y ellos con miradas torvas bajo sus chambergos de alas grandes que les caían sobre los ojos…" (Historia         de arrabal) (13); "El litoral ha olvidado su música. Los inmigrantes, desalojando a los gauchos, han concluido con las canciones y los         bailes criollos (…) En cambio tenemos ahora el tango, producto del cosmopolitismo, música híbrida y funesta. Yo no conozco nada tan          repugnante como el tango argentino (…) Su baile es grotesco a fuerza de actitudes torpes y ridículas y significa el más alto exponente de          guaranguería nacional. La música del tango ha penetrado en las más elevadas clases sociales; y en todas partes uno oye como castigo esa          música fea y antiartística, prodigiosa de guaranguería y lamentable síntoma de nuestra desnacionalización. Cuando el argentino se          emborracha le entra por hablar en 'malevo', por cantar La morocha o El choclo y por hacer odiosas posturas de compadrito orillero. Todo          eso me parece muy natural. Su borrachera guaranga necesita exteriorizarse en una música y en un baile que son específicamente          guarangos". (El diario de Gabriel Quiroga, opiniones sobre la vida argentina). (14)

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges también experimentaba una relación amor-odio hacia el tango. Denostaba públicamente al tango con letra, al que consideraba un engendro lacrimoso, y aseguraba que no soportaba a Carlos Gardel. Sin embargo, admitió que esos mismos tangos que su intelecto rechazaba le hicieron brotar lágrimas cuando los escuchó en el extranjero (15) y, además, dejó en su "Soneto para un tango en la nochecita" –antecesor de su poema "El tango"– su homenaje a la música de Buenos Aires: (16)

         ¿Quién se lo dijo todo al tango querenciero
         Cuya dulzura larga con amor me detuvo
         Frente a unos balconcitos de destino modesto
         De ese barrio con árboles que ni siquiera es tuyo?
         Lo cierto es que en su pena vi un corralón austero
         Que vislumbré hace meses en un vago suburbio
         Y entre cuyos tapiales hubo todo un poniente.
         Lo cierto es que al oirlo te quise más que nunca.

Carlos Ibarguren
En De nuestra tierra (Bs.As., 1917, p.17), dice Carlos Ibarguren:

         "Sin embargo, un producto ilegítimo que no tiene la fragancia silvestre ni la gracia natural de la tierra, sino el corte sensual del suburbio, ha          corrido por todo el mundo deleitando a la clientela abigarrada de los hoteles europeos y de los cafés cantantes de las grandes capitales: el          tango, que el mundo le ha dado patente de argentino, otorgándole una filiación que, en realidad, no tiene. El tango no es propiamente          argentino; es un producto híbrido o mestizo, nacido en los arrabales y consistente en una mezcla de habanera tropical y de milonga          falsificada. ¡Cuán distinto al crudo balanceo del tango es el noble y distinguido de la 'cueca', que se desenvuelve con una mímica tan          aristocrática como la de una pavana o la de un minuet! (17)

Ernesto Sabato refutó esa apreciación diciendo:

         "Esa tesis autista no define correctamente al tango, pero lo define bien a Ibarguren. Si bien es cierto que el tango es producto del hibridaje,          es falso que no sea argentino ya que no hay pueblos platónicamente puros y la Argentina es el resultado de sucesivas invasiones          empezando por la que llevó a cabo la familia de Carlos Ibarguren". (18)

Leónidas Barletta
Olvidando tal vez que Fulvio Salamanca y Osvaldo Pugliese eran sus conmilitones en el Partido Comunista, afirmó Leónidas Barletta:

"El tango es una jeremiada de afeminados, el tardío despertar de una mujer inconsciente de su femineidad. Es la música de unos degenerados que se niegan a usar ropas proletarias, cuyas mujeres de grasientos cabellos abandonan las fábricas por los burdeles. El tango es insano. La sensualidad que en él prevalece es la de la inhibición, la timidez y el miedo. La música de otras naciones es francamente sensual, ingeniosamente sensual. En el tango la sensualidad es postiza, artificialmente creada". (19)

Es paradójico que quien creara el Teatro del Pueblo despreciara la música de ese mismo pueblo.

Ezequiel Martínez Estrada
En Radiografía de la pampa (20) pontifica Ezequiel Martínez Estrada:

         "El tango, la música nocturna, entristece estos lugares de diversión [el cabaret], porque trae en su ritmo reminiscencias del pasado abyecto          y las voces sofisticadas de la vida rehusada. Nació después de la jornada del negro arrancado de su tierra y metido en las plantaciones de          tabaco, azúcar y café. Encierra en sus cadencias la esclavitud y la voluntad de hundir en la carne la propia fatiga, hasta convertirla en          placer".

Cabe aclarar que los esclavos fueron utilizados en el servicio doméstico y no en las plantaciones; por otra parte, la Argentina nunca tuvo plantaciones de café. Martínez Estrada parece haber olvidado que la esclavitud fue abolida en 1813, mucho antes de que apareciera el tango. Continúa Martínez Estrada:

         "Baile sin expresión, monótono, con el ritmo estilizado del ayuntamiento. (…) Es un baile sin alma, para autómatas, para personas que han          renunciado a las complicaciones de la vida mental y se acogen al nirvana. (…) Baile del pesimismo, de la pena de todos los miembros; baile          de las grandes llanuras siempre iguales y de una raza agobiada, subyugada, que las anda sin un fin, sin un destino, en la eternidad de su          presente que se repite. La melancolía proviene de esa repetición, del contraste que resulta de ver dos cuerpos organizados para los          movimientos libres sometidos a la fatídica marcha mecánica del animal mayor".

         "Por entonces tenía su prestigio en las casas de lenocinio. Era música solamente; una música lasciva que llevaba implícita la letra que          aparecería años después, cuando la masa popular que lo gustaba hubiera formado su poeta. Oíanse los acordes a la noche, en las afueras          de los pueblos, escapando como vaho del lupanar por las celosías siempre cerradas; e iba a perderse en el campo o a destrozarse en las          calles desiertas. Llevaba un hálito tibio de pecado, resonancias de un mundo prohibido, de extramuros. Después echó a rodar calles en el          organito del pordiosero, para adquirir ciudadanía. Se infiltraba clandestinamente en un mundo que le negaba acceso. Así, a semejanza de la          tragedia en la carreta, llegó a las ciudades hasta que entró victoriosamente en los salones y en los hogares, bajo disfraz. Venía del          suburbio, y al suburbio llegaba del prostíbulo; donde vivió su vida natural en toda la gloria de sus filigramas; donde las síncopas          significaban algo infame; donde las notas, prolongadas en las gargantas del órgano, estremecían un desfallecimiento erótico. Diluíase en la          atmósfera con el perfume barato, el calor de las piernas fatigadas y las evaporaciones del alcohol".

         "En el baile de 'candil', untuoso, lúbrico, bailado con la ornamentación de cortes, corridas y quebradas, ponía en el ambiente familiar cierto          interés de 'clandestino'. Todo eso era lo que le daba personería, carácter propio y se perdió; pero en cambio apareció el verso para recoger,          como el drama satírico tras la tragedia, el elemento fálico, ritual. Aun hoy la letra dice bien claro de su estirpe. En ella está la mujer de mala          vida; se habla de la canallada, del adulterio, de la fuga, del concubinato, de la prostitución sentimental; del canflinflero que plañe. La joven          más pura tiene en su atril ese harapo que antes fue vestido de un cuerpo venal. La boca inocente canta ese lamento de la mujer infame y no          la redime, aunque ignore lo que expresa su palabra. Suena en su voz la humillación de la mujer".

         "Pero ahora es cuando el tango ha logrado su cabal expresión: la falta de expresión. Lento, con los piés arrastrados, con el andar del buey          que pace. Parecería que la sensualidad le ha quitado la gracia de los movimientos; tiene la seriedad del ser humano cuando procrea. El          tango ha fijado esa seriedad de la cópula, porque parece engendrar sin placer (…) Tiene algo del quejido apagado y angustioso del          espasmo. No busquemos música ni danza; aquí son dos simulacros. No tiene las alternativas, la excitación por el movimiento gimnástico          de otros bailes; no excita por el contacto casual de los cuerpos. Son cuerpos unidos, que están, como en el acoplamiento de los insectos,          fijos, adheridos. (…) El baile en parejas puede ser incitante, sensual, una 'transferencia' freudiana; el tango en particular es el acto mismo          sin ficción, sin inocencia, sin neurosis. Es, hasta si se quiere, un acto solitario. Tiene algo de la rumia su música lamentable en el          bandoneón, como hay algo del mugido en éste, su instrumento propicio…."

Conclusión
Insólita conjunción de conservadores, nacionalistas, socialistas y comunistas unidos en el común empeño de denigrar al tango. Ante las ignominiosas diatribas de esas prestigiosas celebridades cabe aplicarles la reflexión de Sarmiento: "¿Argentinos? Hasta dónde y desde cuándo, bueno es darse cuenta de ello" (Domingo F. Sarmiento. Conflictos y armonías de las razas en América. Ed. La Cultura Argentina. Bs.As., 1915, p.63).

Evidentemente, los denigradores fracasaron en su propósito: no obstante sus derogatorias opiniones, el tango siguió triunfando en París, en otras capitales europeas y en Japón y fue aceptado en nuestro país sin distinción de clases sociales. Como dice Manuel Romero en "La canción de Buenos Aires":

                                              Este es el tango, canción de Buenos Aires,
                                              nacido en el suburbio, que hoy reina en todo el mundo…

                                                                                                                                            Carlos A. Manus
                                                                                                                                                Febrero 2007
Notas


1    Rossi, Vicente. Cosas de negros. Ed. Taurus. Bs.As. 2001, p. 168.
2    Rossi, Vicente. Ob. citada, y en La Nación Nº 15281 (21/12/1913), p. 10 c.2 "El tango argentino",
      mencionado en El tango en la sociedad porteña. 1880-1920 de Hugo Lamas y Enrique Binda.
      Ed. Héctor L. Lucci. Bs.As. 1998, p. 135.
3    Zalko, Nardo. París/Buenos Aires. Un siglo de tango. Ed. Corregidor. Bs.As., 2001, p. 100.
4    Lugones, Leopoldo. El payador. Ed. Huemul. Bs.As. 1972, p. 123.
5    Gasio, Guillermo. Jean Richepin y el tango argentino en París en 1913. Ed. Corregidor. Bs.As.,
      octubre 1999.
6    Zalco, Nardo. Ob. citada, p. 128.
7    Gobello, José. Crónica general del tango. Ed. Fraterna. Bs.As., 1980, p. 112.
8    Lamas, Hugo y Enrique Binda, Ob. citada, p. 131.
9    Devoto, Fernando J. Nacionalismo, fascismo y tradicionalismo en la Argentina moderna.
      Ed. Siglo XXI. Bs.As. 2006, ps. 101 y 314.
10  Gobello, José. Ob. citada, p. 159.
11  Gálvez, Manuel. Amigos y maestros de mi juventud, 1961, p. 196.
12  Gálvez, Manuel. En el mundo de los seres ficticios, 1961, p. 200.
      Ed. De Decaulión, 1956, p. 43.
13  Lodi, María Lourdes, ponencia citada y Varela, Gustavo. Mal de tango, historia y genealogía moral de
      la música ciudadana
. Ed. Paidós. Bs.As., 2005, p. 44.
14  Abálsamo, Ernesto J. Crónicas de tango. Ed. Margus. Bs.As., 2004, p. 359.
15  Salas, Horacio. Lecturas de la memoria. Encuentros con escritores. Ed. Fondo de Cultura Económica.
16  Citado en el artículo "Borges y el tango", diario "La Nación" (31/12/2005).
17  Gobello, José. Ob. citada, p. 105.
18  Sábato, Ernesto. Tango, discusión y clave. Ed. Losada. Bs.As., febrero 2005, p. 11.
19  Salas, Horacio. Tango, poesía de Buenos Aires. Ed. Manrique Zago. Bs.As., 1998, p.. 128.
20  Martínez Estrada, Ezequiel. Radiografía de la pampa. Ed. Losada. Bs.As. 2001, p. 210 y ss.

                                                                                     Volver a Artículos de Carlos A. Manus
                                                                                             Volver a Notas y Artículos  
                                                                                             Volver a la Página Principal