Federico Pinedo, politico y economista

Roberto Azaretto, Federico Pinedo, político y economista, Bs.As., Emecé, 1998

Con ese título, Roberto Azaretto ha publicado una panegírica biografía del dirigente que ocupara la cartera de Hacienda de la Nación durante los gobiernos de Agustín P. Justo, Ramón S. Castillo y José María Guido.

Aunque de familia patricia, Federico Pinedo se había afiliado de joven al Partido Socialista, del que fue separado por su casamiento religioso. Integró luego el Partido Socialista Independiente y, como senador por ese Partido, criticó el pacto Roca-Runciman por considerar que el mismo no era bilateral sino "una obligación unilateral argentina" (1), críticas que abandonó al ser designado ministro en el gabinete del presidente Justo.

A fin de proteger los precios de la producción agrícola-ganadera, el gobierno de Justo creó la Junta Reguladora de Granos, la Junta Nacional de Carnes, la de la Industria Lechera, del Algodón, la Comisión Reguladora de la Producción y Comercio de la Yerba Mate y la Junta Reguladora de Vinos. Las cosechas no se levantaban si los precios no eran suficientemente remunerativos, y el vino se tiraba a las acequias en Mendoza. Cuesta entender por qué no se intentó exportar los vinos en lugar de emborrachar a los caballos mendocinos.

El debate de las carnes exaltó los ánimos del senador Lisandro de la Torre (interpelador) y de los ministros interpelados: Luis F. Duhau, de Agricultura y Ganadería, y Pinedo, de Hacienda. Como consecuencia de los agravios intercambiados, ambos ministros desafiaron a duelo a De la Torre, quien aceptó batirse con Pinedo no así con Duhau a quien le negó condiciones de caballero.

Como Pinedo sufría de bocio, De la Torre le había gritado "cotudo", que aquél entendió como cornudo. De la Torre pudo haber aclarado sus palabras a fin de evitar el duelo, pero no quiso hacerlo. No le reconoció condiciones de caballero a Duhau por haber sido Ramón Valdés Cora -guardaespaldas de Antonio Santamarina que éste prestara a Duhau- el que matara al senador Enzo Bordabehere -amigo y correligionario de De la Torre- en pleno Senado de la Nación. Casualmente (?), por ausencia de Julio A. Roca (h), el Senado estaba presidido por Santamarina.

El proyectil estaba destinado a De la Torre pero, al trastabillar éste por el empellón que le diera Duhau, Bordabehere quiso ayudarlo a reincorporarse recibiendo él la bala asesina. Apresado Valdés Cora por la policía del Senado, De la Torre dijo "Se conoce el nombre del matador, pero hace falta conocer el nombre del asesino".

Justo -principal responsable de las transgresiones de sus ministros- debió haber declarado duelo nacional ante ese crimen político fríamente premeditado; en cambio, esa noche, mientras era velada la vícima inocente, asistió a una función de gala en el teatro Colón (2). Afirmó el diputado radical Ernesto Sanmartino:

          "Cuando caía bárbaramente asesinado en el Senado de la Nación el doctor Bordabehere, pocas horas después de ese hecho inaudito que estremeció al país, pero que en un país de mayor cultura y más fina sensibilidad democrática que el nuestro habría determinado la caída inmediata de un gobierno y habría lanzado a la calle a las multitudes para señalar a los responsables morales de ese crimen, a las pocas horas de ese hecho, el presidente de la República ocupaba con rostro plácido su palco del teatro Colón, queriendo demostrar así un valor que no había tenido ocasión de demostrar hasta entonces y, a Dios gracias, su espada vieja, pero virgen todavía de general de la nación" (3).

En el duelo, Pinedo disparó a matar, pero no acertó, y De la Torre disparó al aire. Finalizado el lance, no aceptaron reconciliarse. No obstante haber sido Pinedo el desafiante, descalificó los lances caballerescos diciendo que eran "una fantochada de irracionales".

Leopoldo Melo, ministro del Interior, consciente del perjuicio que el debate y su trágico final había producido al gobierno, insistió en que Pinedo y Duhau debían dejar sus carteras (4), siendo reemplazados recién dos meses después por Roberto M. Ortiz y Miguel Angel Cárcano.

Lisandro de la Torre puso en evidencia los intereses que había detrás del crimen:

           "La señora madre del doctor Bordabehere no fue admitida como querellante, modificándose a ese efecto la jurisprudencia tradicional de los tribunales federales; el principal testigo, el comisario de este recinto, que declaró instantes después del hecho ante algunos senadores y ante el prosecretario del Senado, que había hecho entrar a Valdés Cora al recinto por un pedido o por una orden especial, no fue procesado ni por encubrimiento ni por falso testimonio; el personal del Senado se encerró en una mudez absoluta; y Duggan (?), que había ido a la oficina de taquígrafos a inducir a que se tuviera magnanimidad con el ex ministro de Agricultura, no con Valdés Cora, y a que dijeran falsamente que habían visto un revólver en manos del senador Bordabehere, tampoco ha sido procesado ni por encubrimiento ni por falso testimonio, cuando en realidad su manifestación al solicitar magnanimidad en beneficio del ex ministro de Agricultura y no del autor material del hecho comprometía seriamente a este último; y el ex ministro de Agricultura, convicto de falso testimonio por la declaración de cuatro testigos, dos declararon que lo habían visto saludar a Valdés Cora en la puerta de su casa, conversando con él y recibiendo instrucciones. Y eso, que en un caso ordinario basta y sobra a la justicia argentina como semiplena prueba de delito y como fundamento de un auto de presión preventiva, en este proceso excepcional ha sido desechado y tergiversado" (5).

El presidente Justo necesitaba desviar la atención pública del asesinato de Bordabehere y le vino de perillas la muerte de Carlos Gardel. Justo solicitó a su par colombiano que demorara la entrega de los restos de Gardel y, con la complicidad de Natalio Botana, director-propietario de "Crítica", este diario inició una campaña mediante la publicación de artículos relacionados con el cantor: "La madre de Gardel", "La infancia de Gardel", "Los amigos de Gardel", "Los amores de Gardel", etc. Transcurridos varios meses, y logrado su propósito, Justo solicitó al presidente de Colombia la repatriación de los restos de Gardel (6). (Véase "El monumento. La manito póstuma de Carlos Gardel")

Federico Pinedo, político y economista fue prologado por Domingo F. Cavallo, desafortunada elección del prologuista dadas las diferencias entre ambos economistas: Pinedo llevaba su renuncia en el bolsillo mientras que a Cavallo había que echarlo de sus cargos. Pinedo -ante las críticas de sus correligionarios del Partido Conservador por haberse entrevistado con el ex-presidente Marcelo T. de Alvear- renunció como ministro del presidente Ramón S. Castillo y propuso como reemplazante a José Heriberto Martínez, aunque éste había sido uno de sus críticos (7). Durante su actuación como ministro del presidente Guido, Pinedo dispuso una drástica devaluación del peso y renunció pocos días después ante la sospecha de haber adelantado esa medida a familiares y amigos que supuestamente se beneficiaron con la misma.

Cuando Cavallo presintió que el presidente Menem estaba por despedirlo e intuyó que sería reemplazado por Humberto Petrei, despidió a éste de su cargo de Director Ejecutivo por Argentina en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sin importarle la larga amistad que los había unido, el ser ambos integrantes de la Fundación Mediterránea y que la familia Petrei lo hubiera ayudado en sus comienzos. Finalmente, Cavallo fue despedido de su cargo mientras que Petrei fue confirmado en el suyo. Por último, Cavallo fue una vez más despedido en las postrimerías de la presidencia de Fernando de la Rúa.

La preocupación y el cuidado de Pinedo por el erario público no condice con la estatización de la deuda privada que ejecutó Cavallo como presidente del Banco Central ni con la desprolija venta de las empresas públicas que realizó siendo ministro.

                                                                                                       Carlos A. Manus
                                                                                                            Abril 2004

Notas
1 Floria, Carlos Alberto y César A. García Belsunce. Historia de los Argentinos. Tomo 2, pág.    344. Editorial Kapeluz. Buenos Aires, 1971.
2 Larra, Raúl. Lisandro de la Torre. El Solitario de Pinas. Editorial Hemisferio. Buenos Aires,    1952, pág. 270.
3 Luna, Félix. Historia Integral de la Argentina. Tomo 9, pág. 55. Editorial Planeta. Buenos    Aires, 1997.
4 Rosa, José María. Historia Argentina. Tomo 12, pág. 81. Editorial Oriente. Buenos Aires,1981.
5 Senadores. Diario de Sesiones, sesión de 6 de agosto de 1936 (citado por Féliz Luna en
   Historia
Integral de la Argentina. Tomo 9, pág. 54).
6 Botana, Helvio. Memorias. Tras los dientes del perro. Peña Lillo editor. Buenos Aires, 1985,    pág. 204.
7 Pinedo fue sustituido por Carlos Alberto Acevedo.  

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