El tango, un modo de ver y sentir la vida
por
Conrado De Lucia.
Especial
para el diario "La Nueva Provincia"
Publicado
el 25 de octubre de 2001
Se atribuye a Homero Manzi el haber dicho que en vez de ser un hombre
de letras, él eligió hacer letras para los hombres. Discepolo
añadió que esas letras, puestas en música, eran pensamientos
tristes que hasta podían bailarse, y expresarse no sólo como ideas,
sino también como melodías de una canción y como pasos
de una danza. Las vivencias del hombre de la calle fueron así convertidas
en arte por sus poetas, músicos y bailarines.
La danza cumple su ancestral propósito de mostrar plásticamente
un sentimiento, una emoción, un anhelo, mientras que la música
le habla al corazón con palabras que se comprenden en todos los idiomas.
Pero las letras de tango, esos versos cuyo significado a veces ni se percibe,
ocultado por el éxtasis que producen la melodía o el estrecho
abrazo del baile, no son solamente palabras que al ser entonadas embellecen
al tango instrumental, sino que constituyen su dimensión más significativa
y profunda.
El tango es danza, es música y es letra. El tango bailado es el más abordable para los hombres y mujeres de otras culturas, porque el lenguaje universal y atávico del ritmo y del movimiento encuentran en todas partes un eco entusiasta que actualmente hace posible una vez más su auge internacional.
En su lenguaje sin palabras, la melodía, la riqueza armónica y los recursos del arreglo orquestal hacen accesible el tango al oído de los pueblos más variados. Por eso el tango para escuchar cautiva a países de cultura tan dispar como Finlandia o Japón, si bien abarca un espectro menor que el tango danza.
Pero el tango que adquiere pleno significado para el hombre de nuestra cultura es el tango para pensar: Las letras de los grandes tangos proponen verdades esenciales que pertenecen al ámbito de la filosofía, y hasta llegan a expresar conceptos que en forma latente o explícita aluden a la búsqueda de Dios.
Así Tita Merello escribió "Decime, Dios, ¿dónde estás?". Esta gran pieza dramática comienza en forma de pregunta casi irreverente, se torna descripción cada vez más acuciante y dolorida de los pesares de la existencia, y nos conmueve por último hasta lo profundo del alma cuando exclama humildemente: "¡Que me quiero arrodillar!".
Se ha dicho que la oración del dolor llega hasta el cielo. Al cantar el dolor suyo, que es también el de cada uno de nosotros, Tita nos invita a buscar junto con ella esa dimensión trascendente que va a dar respuesta definitiva a nuestro anhelo de sentido.
El tango es uno de los productos artísticos más elevados de nuestra
cultura. No sólo reúne en su riqueza evolutiva musical y literaria
más de un siglo de nuestro devenir histórico, dando testimonio
de nuestros sueños, esperanzas y frustraciones como individuos y como
pueblo, sino que expresa toda una manera de ver la realidad, a la vez que nos
confirma en nuestro propio modo de pensar, de sentir y de vivir.
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Conrado De Lucia conduce desde hace más de
una década el programa radial "Terapia Tanguera".