Enrique Santos Discepolo
| DISCEPOLÍN Conozco
de tu amargo sufrimiento, La
gente se te arrima con su montón de penas, | ![]() |
EL PADRE
Santo, su padre, fue un destacado músico
napolitano establecido en Buenos Aires y que puede haber sido una primera señal
hacia el arte combinado de la organización sonora y letrística de
Discépolo.
"Tuve una infancia triste. No hallé atractivo
en jugar a la bolita o a cualquiera de los demás juegos infantiles. Vivía
aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo. A los cinco años
quedé huérfano de padre, y antes de cumplir los nueve perdí
también a mi madre. Entonces mi timidez se volvió miedo, y mi tristeza
desventura." (Enrique Santos Discepolo)
MAESTRO NO, ACTOR
A poco de comenzar sus estudios en la Escuela Normal "Mariano Acosta",
los abandonó para dedicarse al teatro, con la aprobación de su hermano
y tutor Armando. A los dieciséis años debutó como actor en
la compañía de Roberto Casaux, bajo el apodo de E. Santos,
en la obra "El chueco Pintos", un sainete compuesto por su hermano y
por Rafael José De Rosa. Su primer papel protagónico fue en la obra
"Mateo", también de su hermano Armando. Por su parte, él
mismo escribió el sainete "Día feriado" que le estrenó
la compañía de Blanca Podestá en 1920.
SU PRIMER
TANGO
En 1924 estrena en Montevideo el insípido "Bizcochito",
su primer tango, composición hecha a pedido del dramaturgo Saldías
a quien hizo firmar como autor y fue estrenada por Juan Carlos Marambio Catán;
luego, en 1925, el notable y revulsivo "Qué vachaché",
en el que describía mordazmente la situación social que atravesaba
el país. Fue editado por Julio Korn en 1926, y estrenado en un teatro de
Montevideo por Mecha Delgado, bajo una total indiferencia. Enrique insistió
en 1928 con "Esta noche me emborracho", que incorporó Roberto
Maida a su repertorio en el teatro "Astral". Antes había escrito,
junto con Armando, "El Organito". "En la escuela empecé
por hacerme la rabona.(...) Y así seguí unos meses hasta que le
dije a mi hermano Armando -yo vivía en la casa de él- que no quería
ser maestro de escuela sino actor. Desde entonces lo que perdí en el colegio
lo recuperé en la calle, en la vida. Tal vez allí, en ese tiempo
tan lejano y tan hermoso, tal vez allí haya empezado a masticar las letras
de mis canciones."(Enrique Santos Discepolo)
RETRATOS DEL DOLOR
Tenía una personalidad alegre, festiva y picaresca. Discépolo
se transformó en "la voz del pueblo", mimetizándose con
el dolor, el abandono y la injusticia que padecían los porteños
en esos años. En esa época escribió varios éxitos,
uno tras otro, como el ya citado "Esta noche me emborracho", a los que
siguieron " Chorra", "Soy un arlequín", "Yira...
yira...", "Victoria", "Qué sapa, señor",
"Sueño de juventud", etc. En 1937 Gardel le había grabado
"Qué vachache", pero no había concitado atención.
La línea que empieza con este tango, y madura en "Yira... yira...",
se prolonga en los tangos "Qué sapa, señor" y desemboca,
en 1935, en "Cambalache".
"Una canción es un pedazo
de mi vida, un traje que anda buscando un cuerpo que le ande bien. Cuantos más
cuerpos existan para ese traje, mayor será el éxito de la canción,
porque si la cantan todos es señal de que todos la viven, la sienten, les
queda bien." (Enrique Santos Discepolo)
AZUCENA MAIZANI
Todo cambió cuando Azucena Maizani, en el esplendor de su fama, aceptó
cantarle "Esta noche me emborracho", en el teatro "Porteño".
Allí cambió la suerte de Discepolo, porque gracias a ese tango conoció
a Tania, que lo había incorporado a su repertorio.
TANIA
Ana Luciana Devis nació el 1 de octubre de 1908 en la ciudad española
de Toledo. Y como su hermana, dedicada a la zarzuela, había adoptado el
seudónimo "La Luciano", ella optó por el de "La Lucianito".
Pero a poco, para evitar comparaciones, Ana decidió autobautizarse como
"Tania".
José Razzano fue quien llevó a Discépolo
al cabaret en el que Tania trabajaba y hacía "Esta noche me emborracho".
"Él nos presentó. Chachi (así lo llamaba en la
intimidad) no conocía los lugares de la noche de Buenos Aires. Conmigo
empezó a frecuentar los ambientes más divertidos. Yo lo saqué
o por lo menos lo aparté un poco de su entorno intelectual y aburrido.
Hay un Discépolo antes y otro después de haberme conocido."
(Tania)
DANTE A. LINYERA
Francisco Bautista Rimoli, que firmaba
con el seudónimo de Dante A. Linyera y que dirigía su propia revista,
"La canción moderna", lo apoyó, lo estimuló, lo
llamó filósofo. Desde entonces comenzaron a presentarse cantores
para sus tangos y empresarios para sus obras teatrales y cinematográficas.
TEATRO
Las obras que presentaba Discepolo no pasaban inadvertidas, y casi siempre cosecharon
abultadas taquillas. Como ejemplo más notorio, las presentaciones de "Blum"
y de "Wunder Bar".
GIRAS Y PRODUCCIÓN ARTÍSTICA
En 1935 realiza una extensa gira por Europa y el norte de África, lugares
en los que actuó y brindó también numerosas conferencias.
De vuelta en Buenos Aires formó su propia orquesta con la que se presentó
en Radio Municipal y realizó varias grabaciones para la casa "RCA
Victor".
Podría asegurarse que toda su producción artística
está articulada por un estilo común, un cierto aire o espíritu
discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración,
como si su obra -más de una vez definida como "profética"-
expresara el sentido común de los argentinos. La singularidad de Discépolo
sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la
producción de la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña
para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso "Cambalache"
persiste, está vigente. O, para decirlo con una de sus imágenes
preferidas, sigue mordiendo. "La imagen del cambalache como escenario
del azar insolente, de la confusión de valores y la desacralización,
le pareció la más adecuada para sellar su texto de denuncia."
(Pierre Vidal Naquet)
"Por eso, un tango puede escribirse con un dedo,
pero necesariamente se escribirá con el alma, porque un tango es la intimidad
que se esconde, es el grito que se levanta airado, desnudo." (Enrique
Santos Discepolo)
LAS LETRAS
La proliferación de ideas
en cada letra hallaba en el humor socarrón y en el lirismo de la música
un cierto equilibrio, una compensación sensorial, un modo de "decir
cosas" en y a través del tango. Ningún otro autor llegaría
tan lejos Desde luego, el hecho de que Carlos Gardel grabara casi todos sus primeros
tangos ayudó en gran medida a la difusión y legitimación
de Discépolo como autor y compositor de un género lleno de autores
y compositores. "El drama no es invento mío. Acepto que se me culpe
del perfil sombrío de mis personajes -por aceptar algo nomás-, pero
la vida es la única responsable de ese dolor. Yo -honradamente-, no he
vivido la letra de todas mis canciones, porque eso sería materialmente
imposible, inhumano. Pero las he sentido todas. Me he metido en la piel de otros
y las he sentido en la sangre y en la carne. Brutalmente. Dolorosamente."
(Enrique Santos Discepolo)
ETERNO AUTOR
Paralelamente a
su actividad en el teatro y en el cine -en donde llegó a actuar con Cantinflas-
con memorables interpretaciones, especialmente en "El hincha", no dejaba
de componer, y en esa época dejó "Alma de bandoneón",
"Melodías porteñas", "Desencanto", "Tormenta",
"Martirio" , "Infamia", "Uno" y "Canción
desesperada"..En la última etapa de su vida estrenó "El
Choclo" y, con música de Mariano Mores, "Sin palabras" y
"Cafetín de Buenos Aires".
BUSCADOR INCANSABLE
Sus obras eran producto de un estudio de cada palabra que integraba cada verso.
A veces pasaba mucho tiempo buscando la palabra apropiada para la rima trunca.
Pasó con el tango "Uno", de los pocos que escribió, después
que la música estuviera compuesta, que casi colma la paciencia de Mariano
Mores por el año que se tomó Discépolo, para redactar su
letra.
"Era un descontento...De pronto, él leía una obra
de teatro suya y le decían:´!Qué bien!´Luego, al día
siguiente, la rompía. Le costaba mucho escribir. ¨Yira, yira´
le llevó dos años terminarla..." (Tania)
PRIMER MÁRTIR
DEL PERONISMO
Hombre querido y querible, comenzó a leer en un microprograma
radial monólogos acres y audaces, que le escribían primero Julio
Porte y luego Abel Santa Cruz. Eran dardos certeros que daban de lleno a los opositores
de Perón. Los más enconados de éstos no se lo perdonaron
y, haciendo honor al apodo de "Mordisquito" con el que Discepolo los
fustigaba, desgarraron con dientes venenosos el alma del poeta. Discépolo,
peronista sincero, sería el primer mártir espiritual del peronismo.
"Él tendría que haber nacido de nuevo para ser alfombra.
Si por algo lo distinguieron Perón y Evita fue precisamente porque les
dio una adhesión sin obsecuencia. En una oportunidad, mientras cenaban
en la casona presidencial comida recalentada por la intensa actividad de Evita
y su falta de horarios precisos, Enrique, que apenas probaba bocado, comenzó
por decirle que la comida era mala. Evita se rió y le contestó:
´Fijate lo que son los adulones: suelen decirme que es exquisita´."
"Un hombre a quien la dureza de una clase mezquina le dio la espalda a
propósito de aquellos monólogos de 'Mordisquito'. Y yo pregunto:
¿Qué le criticaban? ¿Que fuera fiel a su clase? ¿La
misma coherencia que más de cuatro de ellos no tenían? (...) ¿Que
tuviera el coraje de ser fiel a sí mismo y fiel a un amigo que habíamos
conocido cuando estábamos en Chile y este hombre, Perón, estaba
agregado a la embajada argentina y todas las noches, entre truco y truco imaginaban
una Argentina distinta y más justa?" (Tania)
"ENGRASADO
POR LA ANGUSTIA"
"Todo en él era bondad instantánea,
veloz, escudada en el humorismo sarcástico del porteño de ley que
no despinta su sentimiento y lo esconde con pudores de varón, para no que
no se le vea la punta acuosa de la lágrima. Por eso solía decir
en su camarín, al cambiarse la ropa: ´¡No me mirés que
me doy lástima!´(...) Frase que desleía desde su vibrátil
nariz ciranesca y su acento preciso, matemático... (...) ...del que tironeaba
en escena para traducir, como nadie lo podría hacer jamás, su arte
instintivo y definitivo. (...) ...había sido el perno del humorismo porteño,
engrasado por la angustia". (En cierto modo, ésta era una definición
discepoliana.) "¡Qué lastima que Carlitos Chaplin no lo conoció!"
(Nicolás Olivari)
"NO LE VAS A PODER LEVANTAR LA VOZ"
"Yo cantaba en radios con la orquesta de Francisco Lauro, y él solía
frecuentar los medios, como hombre que era del espectáculo. Recuerdo que
tenía que cantar pegadito al micrófono, porque mi voz no daba para
más. Y él me cargaba por ese detalle: ´A tu mujer no vas a
poder levantarle la voz nunca´. (...) Era un tipo con gran sentido del humor.
Siempre estaba así, haciendo bromas." (Osvaldo Miranda, "El Discepolo
que conocí")
LAS PROPINAS
"Con Discepolo solíamos
ir al cine. Tania y Amelia, mi mujer, iban a su vez por su lado a otro cine. A
la salida nos encontrábamos los cuatro en el restaurante "La fusta"
que estaba en Federico Lacroze y Libertador. Enrique tenía la costumbre
de hacer ataditos de dinero que él daba de propina a los mozos en el momento
de retirarse (Por eso todos se acercaban a despedirlo, y de paso en el apretón
recibían la propina de Enrique). (...) Pero una noche pasó que a
la salida se habían juntado los mozos de otro restaurante que estaba pegado
a "La fusta", y también se acercaron a darle la mano. Enrique
no se había dado cuenta de que eran de otro local, y dale sacar paquetitos
del bolsillo, que iba pasando en cada apretón de manos, hasta que yo por
lo bajo le avisé: ´Pará, les estás dando propina a
los mozos de al lado.´ ´Con razón -me contesto también
por lo bajo-, me estaba diciendo cómo había progresado esta gente
para poner tantos mozos´." (Osvaldo Miranda, ibidem)
"DEJALO...
DEJALO..."
"...en Punta del Este, esto fue en el ´49,
me corrí hasta una boite que tenía Enrique y se llamaba "Wunder
Bar". (...) Cuando me vio me llamó desde lejos y empezó a contarme
cosas, y cualquier cosa contada por él tenía un encanto muy particular,
entonces le ponía la máxima atención. Pero pasaba que atrás
mío estaba un señor con un pito que hacía sonar en forma
estridente, y me resultaba difícil oir bien a pesar de que Enrique prácticamente
me gritaba en el oído. (...) Hasta que no pude más, y medio me di
vuelta para decirle algo, y Enrique, adivinando mi intención, me paró
diciéndome: ´Dejalo... dejalo... el señor se acaba de enterar
que esta tarde se recibió de pelotudo, y lo esta festejando´."
(Osvaldo Miranda, ibidem)
"¿EMPIEZO...?"
"Una noche me llama Tania a casa para invitarnos a cenar a su casa, porque
había una sorpresa para Enrique. En realidad mucho no me entusiasmaba la
idea de comer en casa de ellos, por la sencilla razón de que allí
se comía poco. Enrique era un tipo de comer poco -nada, diría-,
y Tania lo mismo. (...) Pero claro, se trataba de una sorpresa y había
que ir, y fuimos. Llegamos y ya estaban el gordo Troilo y Zita, su mujer. Al rato
cae Homero Manzi, y empezamos a comer. Al rato, a la hora del whisky el gordo
pregunta: ´¿empiezo?'. Manzi le dice que sí, y Troilo con
la boca hace una especie de introducción musical y Homero empieza a decir
´Sobre el mármol helado, migas de medialunas y una mujer absurda
que come en un rincón...'. La sorpresa era esa: recitarle a Enrique el
poema que Homero había escrito para él. Enrique se emocionó
hasta las lágrimas. Además lo adoraba a Manzi, y Manzi sentía
lo mismo por Discepolo." (Osvaldo Miranda, ibidem)
Tino
Diez
Volver
a La página de Tino Diez
Volver a la Página principal