Edmundo Rivero

                             EL FEO     (Ovillejo)

                         Cantor de canto profundo...
                         Edmundo
                         ...su garganta es un pincel...
                         Leonel
                         con su apariencia de fiero.
                         Rivero.

                         Recio, eximio guitarrero,
                         amigo, artista cabal,
                         este cantor nacional:
                         Edmundo Leonel Rivero.

                                                       Tino Diez

LAS RAÍCES
Don Máximo Aníbal Carmelo Rivero, su padre, era un apasionado total por el canto y la guitarra, pero lamentablemente no pudo volcar su vocación en ese sentido, ya que había que apuntalar un hogar y con el arte no bastaba. Se tuvo que conformar con ser un humilde funcionario del ferrocarril. Este trabajo lo llevó a desempeñarse en distintas estaciones o paradores de lo que después se llamó "el Gran Buenos Aires".
Doña Juana Anselma Duró, su madre, también se daba maña con la viola y cantaba repertorio criollo. Con estos ancestros, el muchacho no podía haber tenido otro destino que el que tuvo... Por esos pagos, debió haber aprendido mucho de payadores y cantores de boliche, aunque su padre y su tío Alberto Duró colaboraron enseñándole al pibe los fundamentos de la ejecución de la guitarra a la manera criolla.

"...de ellos aprendí las primeras canciones que entoné. Mucho después llevé algunos de esos cantares al disco. Por ejemplo, mi madre me enseñó "Milonga en negro", escrita o recreada por el payador Higinio Cazón" (Reportaje a Edmundo Rivero de Roberto Selles, en revista "Todo es historia ", septiembre 1987).

Su niñez se desarrolló en el barrio de Saavedra, y en Belgrano cursó los estudios comunes y corrientes de todos los chicos alternándolos con otro estudio, el del canto. Para ello ingresó al Conservatorio Nacional, donde tuvo como profesor al maestro Marcelo Urizar.

"Nací bajo el mismo cielo al que tantas veces he cantado con versos de Homero Manzi: el de Pompeya y más allá la inundación. Fue el 8 de junio de 1911, a unas cuadras de la iglesia de Nueva Pompeya y del paredón del Sur, que todavía queda en la calle Esquiú; junto al puente del Ferrocarril Belgrano, que entonces se llamaba Midland; exactamente en la estación Puente Alsina, de la que mi padre era jefe. ¡Quién iba a decirme que treinta y siete años más tarde iría a tocarme estrenar el tango que habla del paisaje que me vio nacer!" (Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

EL PRIMER VUELO
Teniéndolo a su hermano mayor, Aníbal, como compinche, frecuentó centros gauchescos y peñas tradicionalistas, entonando canciones criollas a dúo. Todavía no le había llegado el tango. Como con el canto no le bastaba, se consagró al profundo estudio de la guitarra. Su ambición era ser un artista integral .

SU PRIMER SUELDO
"Formé un dúo con mi hermana Lidia Eva. Más tarde, en 1929, llegué a la radio junto a mi hermano Aníbal, con quien también cantábamos a dúo. En aquel repertorio teníamos cosas como "La yegüecita" o "Mirala como se va", que acompañábamos con nuestras guitarras. El primer sueldo que cobré en la radio fue producto de un trueque entre la emisora -broadcasting se le decía entonces- y una casa anunciadora: ¡un pescado!... aunque a elegir entre pejerrey y merluza" (Reportaje de Roberto Selles, ibidem).
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SU APARICIÓN EN RADIO
Al salir de la "colimba" -por supuesto en Granaderos-, se presentó con su hermana Eva en radio Cultura, donde no solamente la acompañó a ella, sino que fue contratado para secundar la labor de todos los cantores y cancionistas que pasaban ante esos micrófonos, con un contrato como guitarrista estable de la emisora. Además de tocar de tocar en radio, lo hizo en el Teatro Casino, como intérprete de música clásica española.
Cierta vez dijo Rivero: "Quiero aclarar que a mí me gusta toda la música, porque en casa se escuchaba de todo, por eso también me volqué a lo clásico (...) y entre las cosas que me gustaban, estaba el tango".

CONCURSO
El periodista Iván Casero conducía por LR4 Radio Splendid un programa en el que se realizaba un concurso de cantores. Edmundo acompañaba a un postulante que ese día no se presentó. Lo consultaron para ver si podía reemplazarlo. "El Feo" dijo que sí y entonó "Vieja recova". Y con ese tango, ante su propio asombro, ganó. Pero aun no le había llegado el momento.

CONJUNTO DE GUITARRAS
Como virtuoso que era con la guitarra, se incorporó al conjunto de guitarras de César Bó y luego al grupo de cuerdas de acompañamiento del dúo folklórico "Ocampo-Flores".

EL CINE
En el filme "Pampa y cielo" (1938) cantó a dúo con su hermana Eva. En la película "El último encuentro" (1938), donde actúan Amanda Ledesma y Floren Delbene, se escucha su voz en la banda sonora. Su guitarra se escucha en "El inglés de los güesos" (1940), que protagonizaron Arturo García Buhr y Anita Jordán. En "El camino de las llamas", con Elías Galvé, cantó haciendo dúo con Héctor Marcó, y en "Fortín alto" (1940), con Agustín Irusta e Ignacio Corsini, interpretó un gato.
A las películas mencionadas debemos agregar "El cielo en las manos", en 1949, el la que canta el tango del mismo nombre que el film. También intervino en "Pelota de cuero" (1948) y en "Al compás de tu mentira" (1950).

SERENATA PROVIDENCIAL
En 1935 un grupo de amigos del barrio fue a cantarle una serenata a una muchacha, que resultó ser la hermana de José De Caro.. A los pocos días Edmundo era cantor en la orquesta de José. No dejaron registros grabados, pero actuaron en los bailes de Carnaval que don Clemente Lococo -el magnate de la famosa cadena de cines- organizaba en su teatro "Pueyrredón" de Flores.

"Hermelinda De Caro me conectó con José De Caro -ambos hermanos de Julio y de Francisco-. Así debuté cantando tangos en la agrupación de José De Caro. Dos años más tarde pasé a la orquesta de Don Julio. No duró mucho: El público paraba de bailar para prestarme oídos, y eso a De Caro no le gustó nada. En conclusión, me quedé sin trabajo".

Mas tarde cantó con el conjunto de Emilio Orango y, al inicio de la década del ´40, con Humberto Canaro.

"... Y ya nomás estaba cantando con Humberto Canaro -el hermano de Francisco, y autor de "Gloria". Tras lo cual abandoné el canto por varios años: nadie quería contratarme y aun llegaron a decirme que con una voz tan "gruesa" debería estar enfermo de la garganta. Hasta que en el cuarenta y pico, casi de casualidad, entoné un par de canciones en radio La Voz del Aire. También de casualidad me oyó Horacio Salgán y me contrató. " (Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

HORACIO SALGÁN
Luego de haber estado inactivo por casi cinco años, período en el que se empleó en el Arsenal de Guerra, le llega el momento con Horacio Salgán. Estuvo con el talentoso maestro hasta 1947.
En sus actuaciones con Salgán en Radio El Mundo, y en locales nocturnos de Buenos Aires y Mar del Plata, hicieron conocer revolucionarias creaciones como "Trenzas", "La uruguayita Lucía", "Sus ojos se cerraron" y muchos éxitos más.
Lamentablemente, para los empresarios discográficos de la época "tanto la avanzada concepción de la orquesta, como la inusitada voz de bajo de Rivero resultaron trabas para ser contratados.(En 1956 se tomarían desquite en Montevideo, grabando juntos "La última curda" y "La casita de mis viejos")". [Horacio Ferrer]

PASILLOS COLOMBIANOS
Paralelamente a su actuación con Salgán, Rivero tuvo oportunidad de grabar en 1946, con "Los Cantores del Valle", pasillos colombianos a dúo con Carlos Bermúdez, para exportar a Colombia y la costa del Caribe. Esto también resultó un éxito.

1947, AÑO FUNDAMENTAL
Alberto Marino se había desvinculado de la orquesta de Aníbal Troilo para iniciar su etapa de solista. Pichuco necesitaba un cantor que formara rubro con Floreal Ruiz. No le hizo falta buscar mucho: su ojo clínico le indicó que la voz que le hacía falta era la de Edmundo Rivero. El día 3 de abril de 1947 Rivero se presentó integrando la orquesta de Troilo en el cabaret "Tibidabo", ante un público que ovacionó de pie a la orquesta y al nuevo cantor. Lo mismo sucedió en LR1 Radio El Mundo, donde se repitió el estruendoso aplauso.

Los estudios fonográficos de RCA Víctor los estaban esperando para realizar la primera grabación: "El milagro" de Armando Pontier y Homero Expósito, aunque el primer disco que salió a la venta fue "Yira... yira...".
"Nos acercó Carlos de la Púa. El encuentro fue en un boliche. ¿Sabe que yo desenfundé la viola, canté algún tango, después se animó Troilo -que aunque tenía voz ronca era muy afinado- y nos olvidamos del asunto que nos había reunido...?  Fue recién a altas horas de la madrugada cuando el gordo lo recordó. El 29 de abril de 1947 grabamos nuestro primer tango en colaboración: "El milagro", de Pontier y Expósito" (Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

FUERON TRES AÑOS
Tres años de resonante éxito, por el resultado de la exquisita amalgama de talentos artísticos que produjo, con fuerza de testimonio antológico, un puñado de grabaciones definitivas. Algunas de ellas: " Yo te bendigo", "El último organito", "Tu pálido final", "Tapera" y, desde luego, "Sur". Fueron veintidós versiones, algunas a dúo con Floreal Ruiz y con Aldo Calderón.

"Cambié florando por flotando [en la letra de "Sur"]. ¡Qué hermoso término, florando! Lo que pasa es que cuando comencé a cantarlo, el público no comprendía el significado de ese verbo; me preguntaban qué quería decir. Entonces, con el consentimiento de Manzi, lo reemplacé por flotando. También en la segunda parte hice un cambio: troqué "y mi amor y tu ventana" por "y mi amor en tu ventana " (Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

INFLUENCIAS
"No. No tuve influencias de nadie. La única escuela existente fue la Carlos Gardel. Que en ese momento -lógicamente hablo de mil novecientos treinta y cinco-, era un cantor que cantaba... Nada más. El tiempo se encargó de acrecentarlo como figura. En cuanto a otros intérpretes, sabía quiénes eran pero no tenía la menor idea de cómo cantaban" (Versión de Horacio Ferrer).

LA VOZ ESPERADA
Al dejar la orquesta de Troilo en 1950, en plenitud de sus facultades vocales y con el conjunto de guitarras que integraban Pagés, Pessoa, Carné, Achával y Milton, irrumpe en los mediodías de "Jabón Federal", la audición más escuchada en ese momento, ya que se transmitía por la llamada "Primera cadena gigante de emisoras de todo el país y de América". Fue una verdadera apoteosis.

PRIMERA GRABACIÓN COMO SOLISTA
No tardó en grabar su primer disco como solista para el sello Víctor: De un lado el tango "Audacia" de Hugo Larocca y Celedonio Esteban Flores, y del otro " Para vos, hermano tango" del propio Rivero con versos de Mario Battistella.
Sus grabaciones alternaron el acompañamiento de guitarras con el de la orquesta de Miguel Buchino.

TEATRO
El 17 de agosto de 1972 actuaron conjuntamente en el teatro "Colón" las orquestas de Florindo Sassone, Horacio Salgán con Roberto Goyeneche, el Sexteto tango, el Noneto de Piazzolla y Aníbal Troilo con Edmundo Rivero.
Aníbal Troilo volvió a presentarse en el teatro "Odeón" el 3 de abril de 1975, esta vez con la obra de Horacio Ferrer "Simplemente, Pichuco". Allí intervinieron Alba Solís, Roberto Achával y el ballet de Juan Carlos Copes con María Nieves, presentados por Juan Carlos Palma. La figura invitada fue Edmundo Rivero, quien cantó con Aníbal Troilo "La ultima curda", "El último organito" y "Sur". Pocos días después Pichuco nos dejaba para siempre.

TELEVISIÓN
Los ciclos televisivos en los que actuó Rivero son, entre otros: "Noches de Huemul", "Sábados circulares de Mancera", "Grandes valores del tango", "Séptimo piso", "Tango 7", "El tango del millón" y "Argentinísima".

SUS LIBROS
La inquietud de Edmundo Rivero lo llevó a escribir dos libros: Una luz de almacén (1982) y Las voces, Gardel y el tango (1985). Cuando estaba por finalizar un profundo estudio sobre el lunfardo, lo sorprendió la muerte.

DIRECTORES QUE LO ACOMPAÑARON
Las orquestas con las que cantó fueron en primer término las de José De Caro, Emilio Orlando y Humberto Canaro. Posteriormente las de Aníbal Troilo, Víctor Buchino, Carlos Figari, Héctor Stamponi, Mario Demarco, Roberto Pansera y Astor Piazzolla.

SUS GIRAS INTERNACIONALES
Rivero actuó durante cuatro meses en Radio Madrid, en España, y quedó pendiente volver al año siguiente, propósito que no pudo realizar debido a un conflicto en la Madre Patria, donde también actuó en televisión y filmó un cortometraje. Pero con absoluta sinceridad manifestó al volver: "No conocen a nadie! ¡Allá creen que Pichuco es un tipo que vende "chuenga"en las canchas de fútbol!".
También actuó, en 1959, en el "Lincoln Center" de Nueva York. Un año después volvió, para visitar las ciudades de Los Angeles, San Fancisco, San Diego y otras.
En 1967 y en 1968 realizó una tournée por los países del Pacífico, especialmente Japón, en donde lo consideran un ídolo.
"Allá en Japón hay sociedades de tangos en las que se agrupan millones de personas. Y son ellos, precisamente, quienes nos conocen mejor. Nos estudian, nos analizan, nos respetan.." -declaró al volver.
"...un año antes, en el 68. Podría contarle tantas cosas acerca de ese pueblo maravilloso... Algo que me impactó y habla de la sabiduría de los japoneses: yo había observado que todas las mañanas la gente se inclinaba ante la puerta de su sitio de trabajo; no comprendía el motivo y lo averigüé; me respondieron que acostumbraban a hacer eso para agradecer a Dios por haberles dado un día más de trabajo. Otra cosa: cuando hacen huelga, los japoneses van a trabajar, pero usan un distintivo que indica su adhesión a la misma. Es un pueblo con una cultura y una filosofía milenarias. Nunca podré olvidar el cariño, la admiración y la cortesía de los japoneses durante mis actuaciones"
(Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

EL LUNFARDO
Consultado el músico cantor sobre su inclinación por este tipo de expresión idiomática, respondió: "Es un lenguaje que escuché desde muy chico. Que todos usamos sin saberlo, que se renueva constantemente. Actualmente escuchamos chetos, pardos, pálidas: siempre es lunfardo." "Me interesé por las compañías que tenía: amigos del hampa, (...) Cuando lo adopté , intenté rescatar sus poetas agregándole melodías mías sus letras". "Nadie lo hizo antes, seguramente porque el soneto es breve y difícil de musicalizar, debido a sus tercetos. A mí me interesaron porque tanto esa forma poética como el vocabulario lunfardo son sintéticos, en pocas palabras pintan al mundo. Además, las acepciones lunfas embellecen la poesía. He rescatado para el cancionero a los grandes poetas de nuestra jerga: Carlos de la Púa, Felipe Fernández "Yacaré", Iván Diez, al principio; Celedonio Flores, después; finalmente, algunos de los actuales, entre ellos Juan Bautista Devoto, Nydia Cuniberti o Enrique Otero Pizarro, ya fallecido, que firmaba como "Lope de Boedo" y escribió sonetos tan estupendos como éste:"

Dos ladrones

Hay tres cruces y tres crucificados
en la más alta, al diome, el Nazareno.
En la del wing lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo; dientes apretados,
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio, y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? Dale, salvate.
Sos el Rey de los Moishes, arranyate.
¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!
Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!
Y le dijo al buen chorro: Estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraíso."


POEMAS LUNFARDOS DE RIVERO
"Todos son sobre personajes que he conocido, que me ha acercado la noche, como Aldo Saravia, el de La toalla mojada. Lo conocí "en un ambiente turbio de nocheros": quinieleros, malandras, cafishios. Saravia solía contar sus aventuras como explotador de mujeres. Decía que las fajaba con una toalla mojada y que tenía diferentes técnicas, como las de agregar sal fina o gruesa al agua en que la sumergía, según los casos. Y refería todas estas cosas con una voz especial, de pesado, que sólo usaba de noche.
A Osvaldo Pojatti le escribí un soneto que titulé "A un nochero que quiso ver el sol". Pojatti era un nochero bravo, respetado por malandrines y policías. El amor lo arrancó de las sombras nocturnas y terminó con una esposa y tres hijas, levantándose con el sol. Otro de esos personajes es Domingo, el conserje de un hotel marplatense. Parábamos allí con Julieta (17) y Domingo nos trató siempre con el mayor respeto. En una oportunidad, caímos a Mar del Plata y el conserje inesperadamente nos abrazó y comenzó a tutearnos. No entendíamos nada. Después nos aclaró: "Ahora soy un hombre de la noche como vos, Edmundo, ¡qué fenómeno es el ambiente nochero! Desde que laburo de cheno soy otra persona". Un tipo así no se me podía escapar y le escribí "A un nochero". Siempre se sintió honradísimo con la última estrofa, que en realidad iba a modo de cargada:

Veo en vos a Cacho Otero,
a Picabea, a Ruggero,
Julio el Gallego y con él
a cafishios y punguistas,
cuenteros y descuidistas.
¿Querés más?... ¡Vos sos Gardel!
"  (Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

EL VIEJO ALMACEN
"Fue una ocurrencia de Carlos García y Álvarez Vieyra. Y también mía. El proyecto nació una noche, mientras nos encontrábamos cenando. Nos entusiasmamos y tratamos de ubicar un sitio adecuado. Y lo encontramos en una antigua casona de Independencia y Balcarce. Era un edificio con historia; en tiempos de la colonia había funcionado allí el Hospital de Hombres, más tarde se convirtió en el Hospital Británico -donde se llevó a cabo la primera operación con anestesia en Sudamérica- y luego fue una "tienda de ultramarinos". El tiempo parecía haberse demorado entre aquellas paredes. Era lo que necesitábamos."
"El 8 de mayo de 1969 lo inauguramos. Aquella noche actuaron los binomios Horacio Salgán-Ubaldo De Lío y Ciriaquito Ortiz-Edmundo Zaldívar, la orquesta de Carlos García y los cantantes María Cristina Láurenz y Félix Aldao. La presentación estuvo a cargo de Horacio Ferrer. Por entonces compusimos una milonga con Horacio; la titulamos "Coplas del Viejo Almacén" (la voz profunda y comunicativa del cantor nos arrima una de las coplas): "En este Viejo Almacén / tengo un coro de gorriones./ Sabios, poe-tas y chorros; / se mezclan por los rincones, / un tango de antiguos sones / y un son de tangos cachorros."
(Reportaje de Roberto Selles, ibidem).

 

    

SUS HIJOS, LOS PILARES DE APOYO
Decir " de tal palo tal astilla" es un horrible lugar común cuando un hijo abraza la carrera de su padre. Sobre todo si lo hace bien. Viviendo en un ambiente muy especial, donde papá, abuelos y tías, habían abrazado la música... bien, es muy difícil que ocurriera de otra forma...
Edmundo "Muny" Rivero nació en Buenos Aires el 3 de febrero de 1944. Estudió música con el recordado folklorista José María de los Hoyos y cursó estudios de canto con Germán Elizalde. Debutó como profesional en 1967, integrando el elenco de "La Botica del Angel". Actuó luego en el local nocturno "Nuestro tiempo".
Accedió a grabar un disco familiar con su padre, su tía Eva y su hermana Ligia, donde dejó el registro de la canción de Cristino Tapia "Las Carretas"; su hermana Ligia grabó "Usted", "Sin fe", y a dúo con su tía Eva "Zamba para no morir". Eva, también en dúo con su hermano Edmundo, llevó al surco "Juera, toro".
Edmundo "Muny" Rivero compuso temas como "Genial Buenos Aires", Romance para una vereda", "Puerto azul", "Final", "Disonancia" y otros.
Recientemente "Muny Rivero participó en el ciclo "En concierto", por el canal "Solo Tango". Cantó algunos de los temas citados acompañado con guitarras, y otros más recientes de su autoría. Se lo escuchó afinado, muy consolidado y personal.
El otro "bastión", Jorge, no canta tangos, pero acompañó a su padre en la administración de "El Viejo Almacén", reducto al que Rivero dedicó su corazón."Todo corresponde a mi padre y a mi hermano, que son los artistas. Mi trabajo aquí es diferente, yo estoy en las cuestiones administrativas (...) Me ocupo de la publicidad, del movimiento del local en sí, de la atención al público (...) Mi tarea es difundir lo que se hace en "El Viejo Almacén".

RIVERO, AUTOR Y COMPOSITOR
Rivero obtuvo como compositor el premio "Recorrido de oro" que la Sociedad de Distribuidores de Diarios y Revistas de la República Argentina otorga anualmente a la más importante personalidad en su respectivo quehacer. Además, la Academia Porteña del Lunfardo le otorgó la Medalla de Plata, el Farolito de Oro y finalmente el Diploma Académico.
Compuso tangos, milongas, valses y canciones criollas. En total son cuarenta obras; siete de ellas tienen su propia letra y las restante treinta y tres acompañan a los versos de Víctor Felice, D. De Biase, José María Contursi con Víctor Buchino, Enrique Cantore, Angel Gatti, Eugenio Majul, Eduardo Giorlandini, Tiscornia, Martín Castro, César Bó, A. Luces, Cáceres, Daniel Giribaldi, Iván Diez, Horacio Ferrer. Arturo de la Torre, Jorge Serrano, Fernando Tell, Héctor Marcó, Celedonio Flores, Juan Carlos Devoto, Yacaré, Carlos de la Púa, J. Pagano, Luis Alposta y Mario Battistella.

Sobre versos de nuestro convecino bahiense el doctor Eduardo Giorlandini, Edmundo Rivero compuso este célebre tango:

AGUJA BRAVA

La laburó de guapo, piolamente,
y la milonguera, su caro berretín,
ñapada postamente en su bulín,
rejunó cayetana el expediente.

Era una naifa piya y cadenera
que andaba con la yuta cabreiroa;
con prontuario a la gurda, sobradora,
y una pintusa de percanta buena.

Él, que había sido un liso bien cheronca,
un caferata de tapín y escuela,
perdió su cancha laburando, ¡oi, dioca!,
de colchonero y refilando tela.

   (recitado:)
   Tanto amó el longipietro a la taquera
   que aguantiñó, cabrero,
   que la barra nochera lo llamara,
   por pamela y por merlo mishé,
   Aguja Brava.

Y así terminó un piola, Aguja Brava,
que por amor quedó cardando lana.
Antes, sacaba tela de las minas
y ahora le hace colchones a la cana

TESTIMONIOS

"¡ES GRANDE EL FEO!"
"Yo le confieso que cuando canta Rivero disfruto como un tarado; para mí, nadie dice como él. Si la letra dice que lo dejaron amurado o que la mina se tomó el raje con su mejor amigo, uno cree que efectivamente al pobre hombre le hicieron esa porquería. Si recuerda a la vieja, te arrugás (...) Y aunque parezca una barbaridad, estoy convencido que es así por una cosa rara que me ha sucedido varias veces: cuando canta El Feo no sólo gozo y me emociono, sino que hasta me parece lindo..." (Juan Mondiola [Miguel Bavio Esquiú], revista "Avivato", 11 de abril de 1955).

EL TANGO, TESTIGO SOCIAL
"Mi carrera comenzó hace muchos años; empecé tocando música de cámara, luego toqué música clásica con la guitarra. Posteriormente integré la orquesta de José De Caro. Antes no se grababa tanto, solamente accedían los nombres muy conocidos. Grabé para Colombia y para toda la costa del Caribe tangos y pasillos colombianos. No era el cantor de la orquesta, acompañaba a los cantores. Tal vez si hubiera llegado a la orquesta de D´Arienzo o de Pugliese no me habría adaptado. Siempre fui resistido por los directivos de las grabadoras. Lo mismo pasa ahora, porque no soy cantor de tangos, soy cantor nacional, cantaba temas de folklore sureño, canciones. Generalmente, cuando se poetiza mucho, se pierde la e-sencia del tango. Lo mismo pasa con los músicos: cuando se los adorna mucho se les quita la esencia a los tangos. El tango debe seguir reflejando lo cotidiano, debe ser testigo social de la época" (Edmundo Rivero en un reportaje de Norberto Chab).

LA VOZ DIFERENTE
"La década del 40 llegó postulando valores que prometían una fuerza vital, no sólo en el aspecto instrumental de las orquestas típicas sino también en el hallazgo del aporte vocal, acaso diferente y personal, frente a la avasallante dimensión de Carlos Gardel, ya adentrado en la senda de la mitología de América. De todas esas cuerdas diferentes ninguna acusó la personalidad absoluta y original de Edmundo Rivero, con su gallardía distinta -a su modo-, en contrapartida masculina y reciamente varonil al galán romanesco y afeminado. Es como es: con una cuadratura de caballero hispano donde corre una veta sanguínea de nativos indígenas con la que se enorgullece.
Guitarrista de medios convincentes, une a su registro baritonal, de timbre grave, una emoción que controla inteligentemente, en la exacta dimensión con que "mastica" el contenido literario de aquello que interpreta. Su gran promoción al estrellato, junto a Pichuco, lo reveló en la exacta medida de sus posibilidades, hasta entonces difusas. Después se hizo independiente y singular portador de una manera sin antecedentes. En Rivero, secundado por las orquestas de Mario Demarco, de Héctor Stamponi o de Horacio Salgán, siempre hemos de hallar su factura creacional, ya dentro de la misma cuerda popularesca pero intelectual de Jacinto Chiclana, en la airada y también filosófica reprimenda de Infamia o en la contextura compadre, vigorosa, de Malevaje, como en la íntima y dolorosa fábula de Confesión -para establecer cuatro cardinales, acaso disímiles, en la orientación estética de este gran romero de las canciones ciudadanas."
(Cátulo Castillo).

                                                                                                                                  Tino Diez
                                                                                                                 

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