Julio Sosa
Dos horas antes del alba


Espejismo

Boca arriba en el lecho alquilado
de un hotel de este pueblo sureño
prisioneros mis ojos hastiados
de un paisaje de cal y cemento.
Sobre mí tengo un cielo cercano
de ladrillos oscuros y viejos
y una gran asamblea de moscas
como muertas estrellas pendiendo.
A mi lado ella duerme sonriente
con la húmeda boca entreabierta
por los últimos besos gustados
en mi boca tan sabia y tan vieja.
Es apenas mujer, casi niña
y dormida la veo tan bella
que un instante la amo embrujado
por su aspecto de gracia y pureza.
Mas el sueño se irá de su frente
será turbia y procaz su mirada
y su impúdica boca sonriente
insultante a las luces del alba
seguirá repartiendo caricias
por un precio irrisorio o muy caro;
yo me iré cada vez más vacío
a otro pueblo, a otro hotel, a otros brazos.
Con mi ropa, su enagua y corpiño
se abrazaron de amor en la silla
y en la cama abrazaron sus piernas
el desorden total de mi vida.
A un costado del lecho me espera
mi valija de eterno viajero;
está abierta y me envía burlona
una gran carcajada de cuero.
Sólo existe este cielo cercano
de ladrillos oscuros y viejos
con su gran asamblea de moscas
como muertas estrellas pendiendo...