Julio Sosa
Dos horas antes del alba


Mi viejo navío

El navío reposa majestuoso y sereno
recogiendo en su vientre de metal enmohecido
el abrazo tirano y eterno de los mares
que encadena su cuerpo de gigante vencido.

No habita en sus entrañas el marino broncíneo
y sus mudos cañones no gritan sus cantares
vomitando la muerte hacia el barco enemigo.

Ah, mi viejo navío... ya ni ratas te quedan
hasta ellas se han ido
pues tu vieja bodega ulcerada y vacía
no puede ya ofrecerles alimento y abrigo.

Pero yo no abandono a mis viejos amigos
y por eso cruzando cien leguas
a tu lado he venido.

Tres años han pasado, más de mil días, ¿recuerdas?
desde el maldito encuentro con la goleta inglesa
que te quitó la vida, y a mí la pierna izquierda.

Ya mis padres han muerto, se los llevó la guerra
y María, la novia que lloraba en sus cartas mi ausencia
hoy no sabe ocultar la vergüenza
que le inspira mi pierna de palo
golpeteando en la vieja calleja.

Ah, mi viejo navío... como ves, estoy solo
y por eso he venido
a guardar en tu viejo cadáver
el mío...