Julio Sosa
Dos horas antes del alba


Naipes rojos


El negro bostezo de una puerta abierta
se asoma a la noche en la calle muerta...
tras ella, inquietante y dormido un pasillo
se adorna con pasos nerviosos y alerta...
Se queja a intervalos la anciana escalera
y llora un polvillo de madera vieja...
Sepultan peldaños los pasos ansiosos
y suben adonde seis hombres esperan...
Con rasgos sombríos seis rostros de piedra
los ojos en sombras, las manos muy bellas
aguardan fumando que llegue el que falta...
Seis rostros sombríos rodeando una mesa...
Un último impulso del hombre que llega
entierra en las sombras la turbia escalera...
En forma elegante, discreta y muy blanca
su mano se eleva y la puerta golpea...
La puerta se abre, y doce pupilas
como doce manos lo examinan frías...
Se quita su abrigo, saluda y se acerca,
y sin más palabras ocupa su silla...
Un viejo encorvado con aire de apóstol
trae una bandeja con las copas llenas,
y su mano izquierda deja en el tapete
un mazo de naipes, y el juego comienza...
Dos manos morenas manejan las cartas
y éstas se atropellan de una a otra palma,
y su tableteo de cartón prensado
es el desafío de una carcajada.
Los oros, las copas, los bastos y espadas
se mezclan veloces por las manos sabias,
y el recién llegado confiado hace apuestas
dinero en la diestra y en la boca el alma.
Pasaron seis horas... ya es de madrugada...
Un cielo de humo moja las miradas...
en los labios resecos se apaga un cigarro
y hay sienes febriles y ojeras hinchadas...
Pálido, angustiado y en franca derrota
en la nueva apuesta vuelca su alma rota...
Y en la última chance del azar suicida
desprecia el caballo y elige la sota...
Y se juega entero lo que aún le queda...
Mas la sota ríe de su amarga espera
y el galope quieto del caballo de oros
al bando contrario su plata se lleva...
Aprieta los puños, maldice entre dientes,
mientras el que talla sigue indiferente...
mas su indiferencia pronto se hace espanto,
pues caen de su manga tres sotas sonrientes...
En la calle el alba moja las aceras
y el viento las barre con su voz doliente...
Tres sotas se bañan en sangre caliente
mientras un cadáver cae por la escalera...