I
Después de mucho tiempo, seis años más o menos,
ayer te vi de nuevo del brazo de tu amor,
y esta pasión inmensa,
descontrolada y loca,
como un fantasma rojo mis sienes envolvió.
Felina y majestuosa, con fría indiferencia
tus bellos ojos grises mordieron
mi ansiedad,
y en alas de tu paso, tan pequeñito y suave,
espléndida
y dichosa, con él te vi pasar.
II
Retrocedí
seis años, parado en la vereda;
me vi cantando un tango, aquel que
nos unió
en épocas lejanas de efímera grandeza:
mi
nombre en los carteles, y yo en tu corazón.
Tras el amargo ensueño,
volví al montón de diarios;
tu engominado amigo me pidió
"La Razón";
se la entregué rogando que no me conocieras,
y te fuiste contenta del brazo de tu amor.
I
bis
Me adelanté
unos pasos con ansias de llamarte,
mi pobre voz quebrada fue un grito sin
color;
mis manos transpiraban, heladas por la angustia,
crispadas de impotencia,
como mi corazón.
Noté, tras la vidriera del turbio bar cercano,
que un rostro me miraba con cruel curiosidad;
entonces tropezando, avergonzado
y triste
me fui silbando un tango, para disimular...