From: Karlota (Río Gallegos, Pcia.de Santa Cruz)
Sent:
Miércoles 22 de marzo de 2006 22:41
Sr. Conrado De Lucia:
Estoy queriendo dar mis primeros pasos en el arte de escribir poesías y
cuentos cortos. Si bien escribo desde hace algunos años, recién
ahora puedo dedicarme por entero, ya que dispongo de mayor tiempo para mí.
Por ello es que desearía que puliera a fondo los textos que pienso enviarle
a partir de éste, ya que carezco de talleres literarios previos y con lo
único que cuento es con las ganas de escribir y transmitir lo que escribo,
siempre en un lenguaje simple y no muy tecnificado, para llegar al común
de la gente. Si usted viera que no existe veta poética en lo que escribo,
no dude en transmitírmelo, al igual que enumerarme las dificultades que
puedan presentar mis escritos.
Atte. Karlota
Estimada
Karlota:
Tal como lo hago en los talleres que dicto en forma presencial, le
respondo con algunas consideraciones generales seguidas de una nueva lección de
teoría poética y de un detallado análisis de su poema. Me sentiré muy feliz de
que usted quiera aprovechar estas indicaciones para mejorar sus futuros escritos,
dado el interés que manifiesta en su mail.
Suelo recibir envíos
en los que sus autores agradecen por anticipado las indicaciones y correcciones
que se les hagan, pero cuando ven su obra publicada vuelven a escribirme ofendidos
porque consideran que he maltratado a su criatura literaria. Cierta dama a la
que comenté que la corrección de su texto me había llevado
varias horas me contestó, manifiestamente molesta: "Le agradezco, pero, ¿por qué
tanto trabajo?" Una respuesta adecuada habría sido: "Porque lo único
rescatable de su trabajo es lo que puedo enseñar por medio del análisis de sus
errores".
Solemos tornarnos suspicaces ante la crítica de nuestras obras.
Cierto sedicente escritor se manifestó complacido por la publicación de
un texto suyo, pero volvió a escribirme disgustado al ver que le señalaba
algunos errores. El comentario que le había dedicado elogiaba su producción,
le indicaba algunas maneras de mejorarla y a la vez constituía una lección
de teoría poética cuya elaboración me había llevado
una prolongada sesión de trabajo.
En el Taller
Literario de Terapia Tanguera no me limito a acompañar con un mínimo
comentario cada texto, sino que lo analizo cuidadosamente y escribo un artículo
al respecto, lo que me exige probablemente tanto trabajo como el que empleaó
su autor para producirlo. En su caso, Karlota, me ocupó seis horas repartidas
en dos noches -y dos termos de agua para el mate- mientras analizaba las cuestiones
formales y al mismo tiempo me sumergía en el logrado clima erótico
de su poema.
La saludo afectuosamente, y espero que vuelva a escribime.
Conrado
|
"DESEO"
Temblorosa frente a mí apareciste, diminuta silueta dibujada, tu pelo cayó sobre la almohada, en la penumbra,... tu desnudez cubriste.
Tu cuerpo goloso de experiencia,
Paso a paso, enredados como hiedra,
Fugitivos en medio de la noche,
Karlota |
Deseo
Temblorosa frente a mí apareciste, diminuta silueta dibujada; tu pelo cayó sobre la almohada y en la penumbra tu desnudez cubriste.
Tu cuerpo, goloso de experiencia,
Paso a paso, enredados como hiedras,
Fugitivos en medio de la noche
Karlota |
Estimada Karlota:
Vuelvo sobre el final de su
carta, para decirle que lo que usted denomina bien "veta poética"
está sin duda presente en el texto que antecede. También acierta
usted al aceptar de antemano que pueda haber en él elementos para corregir.
José Hernández ha sentenciado, por boca de Martín Fierro:
"Las faltas no tienen límites/ como tienen los terrenos/ existen
en los más buenos..." Y si bien se refiere a la conducta moral,
es innegable que en todas nuestras actividades cometemos errores, pero afortunadamente
en algunas de ellas podemos corregirlos.
Cuando nos devolvía las "realizaciones" -como llamaba a nuestros ejercicios de armonía- el maestro Sebastián Piana nos decía a sus alumnos: "Ya les corregí lo que estaba mal. No me traigan otra vez los mismos errores". Nos invitaba así a tomar en cuenta y a estudiar cuidadosamente sus indicaciones para incorporarlas a los trabajos siguientes. Es a lo que aspiro con la tarea que he realizado basándome en su poema: No intento señalar errores desde una perspectiva que, en tanto que subjetiva, puede ser también errónea, sino -de acuerdo con la finalidad de mi Taller Literario- proporcionar algunos criterios, preceptos y normas que permitan desarrollar y mejorar las habilidades de escritura.
Nuestra condición humana está sometida a la doble coordenada de la espacialidad y de la temporalidad. Cada ser humano vive en un lugar y en una época, que condicionan su modo total de vivir, es decir, su cultura. Todo quehacer humano queda afectado en mayor o menor grado por el tiempo y por el espacio -a los que Immanuel Kant designó acertadamente como las formas a priori del entendimiento humano-. Las artes no escapan a este condicionamiento, que permite estudiarlas según sus épocas, escuelas, corrientes, modalidades o estilos.
Algunas artes son totalmente temporales, como la interpretación musical, la actuación teatral, el canto, la danza, la locución. En ellas el error que se comete resulta irreversible, por lo que el ensayo reiterado es el único laborioso camino a seguir para que la presentación ante el público no padezca de defectos notorios. Por el contrario, en las artes plásticas, que son totalmente espaciales, el escultor o el pintor disponen de todo el tiempo necesario para pulir su obra antes de exhibirla.
La creación literaria comparte con las artes plásticas esa condición de espacialidad, y por consiguiente puede y debe ser corregida hasta alcanzar el más alto alto grado de perfección formal posible. El estar a salvo de la temporalidad es uno de los aspectos más atrayentes de la literatura: ofrece la posibilidad de volver una y otra vez sobre lo escrito hasta convertirlo en una obra que conserve para siempre la belleza percibida en ese momento tan hondo como efímero de la inspiración artística, y al que sigue necesariamente el prolongado esfuerzo de la elaboración.
Las imperfecciones de un texto literario pueden atribuirse a unos pocos factores: falta de talento, falta de laboriosidad, precipitación por ofrecer un fruto al que todavía le falta sazón. Supuesto el talento y la sensibilidad artística, es el trabajo incansable el que permite diferenciar una obra lograda de un mero ejercicio literario.
Cuando quien escribe asume que su producción perdurará más allá de su propia existencia, comprende también que su responsabilidad como aspirante a artista le impone intentar la mayor perfección que sus talentos le permitan, y esto sólo puede lograrse -como lo propone la cita de Abelardo Castillo en la portada de nuestro taller literario- por el laborioso camino de "Corregir, corregir incansablemente...".
Por cierto que
es totalmente legítimo, cuando nuestra obra es el fruto logrado y maduro
de nuestro esfuerzo, aspirar al éxito y al aplauso, y resulta difícil
aceptar que ese reconocimiento suele llegar demasiado tarde para nuestra condición
de seres finitos.
Mi profesor y amigo, el poeta Homero Expósito, me
contaba que en cierta oportunidad, admirando una muestra pictórica que
estaba ilustrada con frases de grandes artistas, encontró una inscripción
que decía: "Los poetas recién comienzan a vivir cuando mueren.
Ugo Foscolo." Movido por su impulsividad juvenil y por la conciencia
de su vocación, mi maestro escribió debajo: "La puta que
me parió. Homero Expósito".
Se refería proféticamente
a su trayectoria y a sus obras, duramente cuestionadas en algunos períodos
de su vida y definitivamente consagradas hoy. En Lavalle y Paraná, donde
Homero se detenía a disertarnos sobre poesía a sus alumnos y a los
ocasionales transeúntes, una gran placa de bronce anuncia hoy: "Esquina
Homero Expósito. Al creador de inolvidables canciones populares. Homenaje
de la ciudad de Buenos Aires."
Algunas indicaciones
generales
(Se comentan, sin un orden estricto, ajustes al texto
que pueden resultar de utilidad en futuras producciones.)
Uso de las
comillas
El nombre de un poema no debe estar entre comillas -que significan
mención y no uso del término o de la expresión
encerrados entre ellas- a menos que ese título sea precisamente una mención
de otra obra con tal nombre: por ejemplo, una paráfrasis, paródica
o no -aunque tales producciones suelen serlo-, que se llamase "Setenta balcones...",
por alusión al conocido poema de Baldomero Fernández Moreno. Aun
en este caso, el uso de comillas no sería obligatorio. (Sí lo es,
naturalmente, en este párrafo que lo menciona.)
Desuso
de la coma al final de cada verso
Una vez más recordamos que el
régimen de la puntuación es el más flexible de la gramática.
En otras épocas se estilaba concluir cada verso con una coma -lo que llevaba
a lamentables pausas de declamación, como las popularmente ridiculizadas
en los versos "En el cielo las estrellas, en el campo las espinas...",
dichos además con ademanes hacia un lado y hacia el otro.
Si bien
poetas como Mario Benedetti suelen prescindir totalmente de signos de puntuación
en sus poemas -lo que conduce a veces a dificultades de interpretación-,
el criterio que se acepta actualmente es que tanto dentro de los versos como al
final de cada uno se coloquen las comas, puntos y coma o los signos que se requieran
para la correcta comprensión del texto, del mismo modo que si se tratara
de un texto en prosa.
En el poema "Belgrano",
de Gustavo García Saraví, comentamos que una coma incorrecta después
del término "adelantado"
-que aparece en algunas versiones-
lo convierte en un adjetivo aislado, cuando en realidad es un sustantivo y forma
parte de una frase que lo proclama "adelantado fundador del cielo".
Una vez más, es grave responsabilidad no sólo del poeta sino también
de sus copistas, cuidar de la exactitud. (Nótese aquí, nuevamente,
el uso de comillas al mencionar un poema, un término o una frase).
El
ritmo del poema y el ritmo del relato
Un rasgo distintivo del poema es
su ritmo, el acompasado fluir del sonido de sus sílabas -Platón,
anticipandose a la moderna eugenética positiva, aconsejba a las embarazadas
que recitaran poemas para que el niño en su seno comenzara a ser educado
en la belleza del ritmo-, que induce en el lector tanto como en el oyente una
agradable percepción de equilibrio y de armonía. Otro tanto ocurre
con la metrica y la rima, a las que aludiremos más adelante.
Lo anterior
alude al ritmo formal del poema. Como todo relato, el poema posee también
un cierto ritmo en la sucesión lógica de objetos, hechos o situaciones
que propone. El poeta es quien lo determina, y con él sugiere al lector
la prisa, el frenesí, o por el contrario, el moroso transcurrir del tiempo,
o cualquier otro ritmo que quiera dar al desarrollo de su obra.
Como ejemplo
de las infinitas posibilidades de este recurso, cabe recordar el poema "Una
noche" de José Asunción Silva, en el que la anhelada eternidad
del momento se expresa mediante la repetición obsesiva de un mismo verso:
"Y eran una sola sombra larga!/ Y eran una sola sombra larga!/ Y eran
una sola sombra larga!."
He visto virtualmente arruinada esta
estrofa en una versión que suprimía las repeticiones. Nótese
el empleo de la mayúscula en el inicio de cada verso, tesitura también
en desuso actualmente, reemplazada por el uso de mayúscula o minúscula
según lo requiera la sintaxis de la estrofa. Asimismo, el poeta no ha abierto
los signos de exclamación con los que cierra cada verso.
El ritmo
que se intenta dar a los versos puede reforzarse también con la disposición
espacial de éstos, mediante sangrías y otros recursos. José
Asunción Silva publicó en distintas oportunidades el poema anterior
con los nombres "Nocturno" y "Nocturno III", y en cada caso
introdujo algunos cambios formales, entre ellos el escalonado de los versos repetidos
y la conclusión con puntos suspensivos, probablemente más ajustada
al tempo del poema:
Y eran una
sola sombra larga
Y eran una
sola sombra larga
Y
eran una sola sombra larga...
Se podrá argüir que se
trata de sutilezas. Pero de sutilezas del ánimo, cuidadosamente reflejadas
por sutilezas de la forma, se compone la poesía. Y resulta oportuno detenerse
a considerar el hecho de que poetas tan insignes como Silva o Fernández
Moreno corrigieran una y otra vez su logradas producciones.
Correcciones
sugeridas
Los cambios de puntuación propuestos para
la primera estrofa de "Deseo" responden a lo expuesto sobre el ritmo
del relato::
| Temblorosa
frente a mí apareciste, diminuta silueta dibujada, tu pelo cayó sobre la almohada, en la penumbra,... tu desnudez cubriste. | Temblorosa
frente a mí apareciste, diminuta silueta dibujada; tu pelo cayó sobre la almohada y en la penumbra tu desnudez cubriste. |
La
coma al final del primer verso no es la coma formal que ya señalamos como
caída en desuso, sino que, junto con el punto y coma al final del segundo
verso, encierran "diminuta silueta dibujada", aposición
del sujeto tácito "tú" que, como tal, debe ir entre
comas.
La aposición concluye con punto y coma en vez de coma porque
la sintaxis requiere separar la oración constituida por los dos primeros
versos de la oración siguiente. Podría, a criterio del autor, concluir
con punto y seguido, y en ese caso, obviamente, el tercer verso debería
empezar con mayúscula.
La coma al final del tercer verso introduce
una pausa antes del cuarto, que separa sus significados en desmedro del ritmo
del relato. Nada impide que el autor conserve esa coma, si realmente desea
señalar una separación entre "tu pelo cayó sobre
la almohada" y "en la penumbra tu desnudez cubriste",
pero el relato tiene una continuidad temporal que se quebraría con esa
coma, así como con la coma o los puntos suspensivos -no corresponde emplear
ambos, y en todo caso la coma iría despues de los puntos- del cuarto verso.
Analicemos
ahora la segunda estrofa de "Deseo"
| Tu
cuerpo goloso de experiencia, me pedía entre gritos y gemidos, del placer en todos sus sentidos, a la entrega del deseo sin conciencia. | Tu
cuerpo, goloso de experiencia, me pedía, entre gritos y gemidos de placer en todos sus sentidos, la entrega al deseo sin conciencia. |
Nuevamente,
"goloso de experiencia" es una aposición, y debe ir entre
comas. Nótese que si se dijera solamente "goloso", no
sería aposición sino cualidad, y no llevaría ninguna coma:
"Tu cuerpo goloso me pedía". Volvería a ser aposición
-y volvería a requerir comas- tan sólo con cambiar el orden: "Tu
cuerpo me pedía, goloso,".
En el segundo verso está
el predicado del sujeto "Tu cuerpo": "me pedía",
y en el cuarto verso el objeto directo: "la entrega al deseo sin conciencia".
Nótese que al ser un objeto directo, no lleva la preposición "a".
Las
comas luego del verbo y al final del tercer verso encierran el complemento circunstancial:
"entre gritos y gemidos de placer en todos sus sentidos". Repárese
en que "del placer" constituiría a placer en sustantivo:
el placer. Con la preposición "de", funciona en
cambio en forma adjetivada: "gritos y gemidos de placer", que
equivale a "gritos y gemidos placenteros."
Al releer nuevamente la estrofa completa se percibe que, sin desmedro del contenido poético, los mínimos cambios introducidos facilitan la lectura y la consiguiente comprensión del sentido.
Ahora, la tercera estrofa:
| Paso
a paso, enredados como hiedra, sin dejar minúsculo lugar sin recorrer, fusionamos en catarsis, en un todo, gozando sudorosos de placer. | Paso
a paso, enredados como hiedras, sin dejar un lugar sin recorrer, nos fundimos en catarsis, en un todo, gozando sudorosos de placer. |
Aquí
aparece un nuevo aspecto no considerado todavía: el de la métrica,
que constituye otro de los elementos del ritmo poético. Aun a riesgo de
perder algún matiz de expresión, convendría evitar el tropiezo
que ocasiona el término "minúsculo".
El
verbo "fusionamos" exige un objeto directo. El cambio propuesto
incluye tal objeto: "nos fundimos" y la expresión
es alterada ligeramente para conservar la métrica.
Una mínima
acotación final: "enredados" se corresponde gramaticalmente
mejor con "hiedras", y el plural también mejora
el sentido: "enredados como si fuéramos hiedras"
es una imagen más intensa que "enredados como se enreda
la hiedra".
La última estrofa:
| Fugitivos
en medio de la noche, y deseosos de más excitación, encajamos en un plano cóncavo-convexo, dando rienda suelta al descontrol. Disipando el mañana y disfrutando... sólo el hoy. | Fugitivos
en medio de la noche y deseosos de más excitación, fuimos un plano cóncavo-convexo dando rienda suelta al descontrol, disipando el mañana, y disfrutando... sólo el hoy. |
La modificación del tercer verso intenta nuevamente, sacrificando algún matiz de expresión, sostener el escandido -el acompasado fluir- de los versos.
La coma al final separaba como expresiones independientes al tercero y al cuarto verso. Sin la coma, el cuarto verso pasa a ser una oración subordinada y el sentido se integra en una sola expresión "fuimos un plano cóncavo-convexo que daba rienda suelta al descontrol".
El punto seguido constituye al último verso en una oración independiente y debilitada por el gerundio sin un verbo al que referirse. Cambiándolo por una coma, el verso se integra, al igual que el anterior, con el tercero. Su significado equivale, reemplazando los gerundios, a: fuimos un plano cóncavo-convexo que disipaba el mañana, y que disfrutaba sólo el hoy.
Con
lo que el relato arriba acertadamente al final intenso hacia el que se dirigían
las estrofas. El lector las recorre ahora sin tropiezos, mecido por las suaves
asonancias de la rima y por el ritmo que le otorgan las formas correctas, y agradece
al poeta que le ha permitido participar de sus vivencias y sentirlas de algún
modo como propias.
Conrado De Lucia
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