De: Daniel
O. P. (San Nicolás, Pcia. Bs.As.)
Enviado: Domingo 05 de octubre de 2008
Asunto: Mandar cuento
Estimado Conrado
De Lucia:
Estuve hojeando su
taller virtual y he visto que hace usted un excelente trabajo de corrección.
Además, no carece en absoluto de humildad, inteligencia y conocimientos
literarios. Estas razones y algunas otras me alientan a acercarle uno de mis
textos, que sin dudas dejaré en muy buenas manos.
Pero antes de enviárselo, como no deseo entrar en casa ajena sin golpear
la puerta, le pregunto si es posible hacerle el envío y si los requisitos
son solamente los que se enumeran en su página virtual: 'Algunos aspectos
que agradecemos tener en cuenta' y 'Algunos requerimientos para la presentación
de un texto literario'.
Como presiento que no dispondrá usted de mucho tiempo sobrante, me disculpo
por el que le hice perder con este mensaje. Aun así, quedo a la espera
de una breve respuesta.
Le envío mis felicitaciones por su tarea, y un fuerte abrazo,
Daniel
Estimado Daniel:
Le agradezco la gentileza de escribirme previamente al envío de su texto. Los
únicos requisitos son lo que –a modo de sugerencia–
aparecen en la página. Me interesaría que me informara en dónde está usted y
cuáles son sus actividades.
Lo saludo cordialmente.
Conrado
De: Daniel
O. P.
Enviado: Lunes 6 de octubre
de 2008 1:39 PM
Subject: Envío de cuento
Estimado Conrado:
Muchas gracias por responderme. Vivo en San Nicolás, en el norte de Buenos
Aires. Mi actividad principal es dar clases de guitarra. En otros tiempos toqué
con un cantante folklórico llamado Mario Álvarez Quiroga (autor,
entre otras canciones, de 'A don Ata', que fue éxito de Soledad), pero
ya no lo hago en forma profesional. Tengo 38 años y hará ocho
que escribo.
Últimamente, como ciertos amigos al parecer ven en mí vocación
por la enseñanza, los ayudo con sus creaciones literarias hasta donde
me lo permiten mis limitados conocimientos.
Le dejo este texto que creo cumple con los requisitos sugeridos,
y le agradezco por adelantado el trabajo que le dedicará.
Respecto del uso de seudónimo,
yo había
pensando en que se publicara mi nombre para afrontar con él las correcciones.
Pero si usted considera que el texto está bien y el comentario será
para destacar alguna virtud, entonces prefiero aparecer bajo seudónimo:
aunque le parezca extraño, los comentarios positivos me hacen poner colorado.
Un abrazo,
Daniel
Día de pesca
Recién
amanece, y mi padre prepara las cañas y los anzuelos. Debe de ser domingo,
o a lo mejor sábado o feriado, porque no voy a la escuela.
Mi vieja calienta el agua del mate mientras corta mezquinas
rodajas de pan para tostar. También es mezquina el agua de la pava, que
ya está a punto de hervir. Le agrega un chorrito de la canilla y ceba
el primer mate. Pero a ése hay que escupirlo porque hace mal, y entonces
lo echa en la pileta de lavar los platos.
El silencio es un ahorcado que cuelga del techo. A veces mi
padre me pregunta alguna tontería, para que yo no note que algo anda
mal. Mi vieja, en cambio, ha decidido callarse. Tal vez no le interesa que yo
me dé cuenta de que anoche pelearon, o quizá piensa que mi intuición
de niño ya me ha puesto al corriente. Ha dejado una taza frente a mí.
Ha mirado la taza sin verla. Ha gruñido la palabra "caliente".
Empiezo a tomar la leche de a sorbos cortos, cuidando de que
no se me salga por la nariz. El último trago baja con esfuerzo. La nuez
de mi garganta es un palo de mortero machacando el líquido que se empecina
en volver.
Mi padre trajo una palangana y una toalla, y cambió
la hoja de afeitar. Se pasa la brocha con espuma por la cara. Mi madre le alcanza
un mate; después saca los panes del tostador y los unta con una finísima
capa de manteca.
Yo ya preparé los rieles y voy a juntar unas lombrices.
Todavía no termino de dar la segunda palada, cuando mi padre irrumpe
en el patio y agita un brazo por encima de la cabeza.
El mate vuela lentamente, y yo lo veo rebotar contra la pared
del bañito viejo. Es un golpe seco, hiriente, el que se oye. A veces
ahora por ejemplo me parece que vuelvo a oírlo.
Mi vieja no se atreve a quejarse, o acaso tantos años
de convivencia la han resignado. Y por eso se calla y mira el piso y camina
hacia el mate de lata, que en adelante tendrá un abollón más.
Yo vuelvo la vista sobre mi pie que empuja la pala dentro de la tierra. Y estoy
pensando que a lo mejor el mate estaría demasiado caliente o lavado o
muy corto o muy largo. Pero no es fácil entender.
Mi padre ya ha puesto en marcha el 4L y pisa el acelerador,
muy suave, como diciendo "el problema no es con el auto".
Levanto la caja de pesca y el mojarrero. Envuelvo el tarro
de las lombrices con un diario y me acerco a mi vieja, que ya arregló
el mate y está sorbiéndolo de pie, contra la cocina, de frente
a los azulejos. Me despido tímidamente, y ella, sin mirarme, me suelta
un "chau" ahogado. Oigo roncar dos veces la bombilla y cierro la puerta
de calle.
No recuerdo si aquel día pescamos algo.
Daniel
O. P.
Comentario
Su cuento no requiere ninguna corrección
formal. Solamente quité la 'justificación' de cada línea,
para facilitar su lectura.
El
empleo del tiempo presente en la narración es muy oportuno, porque presenta
con particular vivacidad la evocación de un momento de la infancia del
narrador.
El relato alterna adecuadamente dos niveles distintos de discurso:
En el primero se describe con un lenguaje apropiado las vivencias del niño
de entonces, que contempla la realidad desde su pequeño mundo pero que
también capta los sutiles matices de la situación que sus padres
intentan disimular. En el otro se pone de manifiesto la percepción del
hombre actual, que contempla al niño que ha sido y describe el episodio
con imágenes y metáforas propias de su perspectiva de adulto.
El final es acertado. El contenido de esa media línea
puede parecer meramente anecdótico, pero su efecto literario es el de
volver a reunir la identidad hombre-niño en la persona del narrador,
lo que remata muy bien el desarrollo del cuento.
Conrado
De Lucia
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