De: ADL
(París, Francia)
Enviado: Domingo 12 de Julio de 2009 20:23
Estimado Conrado:
He estado leyendo la actividad del taller virtual que usted ha propuesto,
y me sentiría halagado y agradecido si el relato breve que adjunto,
"Diluidos", pudiera recibir sus sugerencias y opinión. Valoro
sinceramente su trabajo y la oportunidad que brinda con su tiempo a los escritores
noveles, y le deseo plena prosperidad y aún mayor satisfacción
de la que, presiento, disfruta usted cada día.
Con afecto,
A.
De: ADL (París, Francia)
Enviado: Domingo 02 de Agosto de 2009 05:28
Estimado Conrado:
Estoy profundamente
agradecido por las correcciones y sugerencias que me ha señalado en
el cuento Diluidos. Ha sido un verdadero placer releer el texto
corregido y revisar varias consignas del lenguaje olvidadas e incluso desconocidas
que al aplicarlas valorizan aún más la historia. Sin duda, el
uso exagerado de comas es algo que debo considerar en mis escritos, y la claridad
de las observaciones al respecto que usted incluyó en el cuento será
de enorme utilidad para mí.
Le envío
un saludo afectuoso, Conrado, e intentaré esta madrugada escuchar su
programa radial. Muchas gracias otra vez.
ADL
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Texto corregido:
Diluidos
"On n'habite pas un pays, on habite une langue. Une patrie, c'est
cela et rien d'autre."
[No
se habita un país, se habita un idioma. Una patria es eso y nada más.]
Emil Cioran
La primera
lluvia torrencial de junio se había descargado sobre la ciudad, y en
aquel callejón perdido del bajo nadie pudo escuchar el disparo ni el
grito de dolor.
Sus ojos se abrieron en la inmensidad de la madrugada con
una sorpresa que en el fondo había estado esperando. Luego se desorbitaron,
y habrán intentado buscar el resquicio de alguna luz. Un par de pies
improvisó una carrera alocada que la cortina pesada del agua se tragó
a los pocos metros. Las manos intentaron en vano contener el vientre
violentado mientras el cuerpo se desplomaba justo al lado de la alcantarilla.
No tuvo tiempo de hacer la pregunta, y la mirada se le heló para siempre.
Como en un lavado inclemente e incontrolable, la sangre que brotaba del orificio
mortal de la herida fue diluyéndose con el agua, y la mezcla convulsionada
de carmín comenzó a filtrarse a través de la rejilla
de desagüe.
En la oscuridad de la cloaca las primeras gotas habían
atraído un batallón de ratas enceguecidas que buscaban alimento
y refugio. Como una horda incontenible agitaban sus bigotes y sus colas a
medida que se aproximaban a la fuente del olor que las guiaba. Lo que escapó
a las miles de lenguas promiscuas babeó hasta el circuito de canalización.
Allí el plasma y los leucocitos se entremezclaron con los millones
de lágrimas que se escapan cada noche por los resumideros de tantas
cocinas y salas de baño. Hubo un breve reconocimiento de la sangre
en contacto con el agua, quizá la memoria caprichosa de la esperanza
que hermanaba los elementos de la sopa, o habrá sido simplemente la
familiar oscuridad de la cloaca agitada por los reflejos de la tormenta eléctrica
que alcanzaban a filtrarse por las alcantarillas. Pero el raudal del desagüe
no dio más tiempo y el menjunje siguió su avance indefectible.
Del carmín inicial sólo quedaba su microscópica
identidad diseminándose por las venas más abyectas de la ciudad.
Debajo de una esquina céntrica la lluvia descargó
sobre el curso subterráneo un amasijo de papeles y decenas de colillas
de cigarrillos. Por un momento todo flotó en un rincón como
un grupo de náufragos resignados; luego ganó
velocidad y se dispersó. La mitad de una fotografía desgarrada
que alguien habría abandonado en alguna plaza se zambulló, suicida,
en el flujo agitado, y danzó su última figura de cisne
muerto. Una alcantarilla después, una carta de despedida
se desplegó como un manto de olvido y vomitó su tinta deleble
y atormentada de nubes grises en el intento de corromper los componentes mismos
del carmín primario. Pero la persistencia del agua desatada siguió
siendo inclemente y se lo llevó todo sin prejuicios.
El vertido terminó su carrera alocada de dilución
unos kilómetros al este de la ciudad, allí donde yace el ano
oculto de la civilidad, cuyos efluvios nauseabundos todos intentan ignorar:
ese río abierto, aún más grande que la ciudad, que recibe
sin protestas los miasmas entremezclados de sus habitantes anónimos.
Él no reparó en que lo que traía la
vertiente justo debajo de sus pies lo unía con el cuerpo que, por su
causa, yacía inerte en una alcantarilla perdida del bajo. No podía
imaginarlo en esos momentos, parado al borde del acantilado, ni se permitió
más vida para intentarlo. Le había disparado porque ya no era
nada sin ella.
La lluvia enmudeció el segundo bang
certero de la noche y acompañó la zambullida en el
río. Un manto carmín lo arropó por unos segundos, antes
de hundirse para no volver a emerger. Luego el universo terminó de
mezclarse en aquel lugar indiferente donde el agua enjuaga y guarda todos
los secretos.
Aclaraba y escampaba hacia el este.
ADL
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Comentario
Se trata de un cuento de sólida estructura
lógica, con claves sutiles que invitan a su relectura para poder disfrutarlo
mejor y percibir con creciente claridad el sentido de las acotaciones del
narrador, que evocan la weltanschauung si es que existe
de Emil Ciorán, uno de cuyos pensamientos preside el relato.
El título también constituye un acierto de
síntesis. En este texto no sólo pasa algo que merece ser
contado requisito de todo cuento, sino que se invita
y hasta se conduce obligadamente al lector a una reflexión sobre el
sentido o sinsentido de la existencia, expresado dramáticamente a
través de las imágenes de ese mundo subterráneo y sórdido
sobre el que se asienta la aparente luminosidad de lo cotidiano. Su
lectura trae también a la memoria análogas descripciones de
Ernesto Sabato en Sobre héroes y tumbas.
Es oportuno consignar una vez más que
las correcciones que siguen no intentan "encontrar la secreta falla que
les permita volver a la propia mediocridad" (Ezequiel Martínez
Estrada) a quienes no tenemos talento de creadores, sino que sólo se
trata de desarrollar a través de ejemplos reales un curso de escritura
que pueda ser aprovechado por todos los interesados en escribir mejor.
Conrado
De Lucia
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Texto original:
Diluidos
La primera lluvia torrencial de junio se había
descargado sobre la ciudad, y en un1
callejón perdido del bajo nadie escuchó2
el disparo ni el grito de dolor.3
Sus ojos se abrieron en la inmensidad de la madrugada con una sorpresa que
en el fondo había estado esperando. Luego se desorbitaron, y habrán
intentado buscar el resquicio de alguna luz. Un par de pies improvisó
una carrera alocada que la cortina pesada del agua se tragó a unos4
pocos metros. Las manos intentaron en vano contener el vientre violentado
mientras el cuerpo se desplomaba justo al lado de la alcantarilla. No tuvo
tiempo de hacer la pregunta5 y la
mirada se le heló para siempre. Como en un lavado inclemente e incontrolable,
la sangre que brotaba del orificio mortal de la herida fue diluyéndose
con el agua, y la mezcla convulsionada de carmín comenzó a filtrarse
a través de la rejilla de desagüe.
En la oscuridad de la cloaca,6
las primeras gotas habían atraído un batallón de ratas
enceguecidas que buscaban alimento y refugio. Como una horda incontenible,7
agitaban sus bigotes y sus colas a medida que se aproximaban a la fuente del
olor que las guiaba. Lo que escapó a las miles de lenguas promiscuas
babeó hasta el circuito de canalización. Allí,8
el plasma y los leucocitos se entremezclaron con los millones de lágrimas
que se escapan cada noche por los resumideros de tantas salas de baño
y cocinas.9 Hubo un breve reconocimiento
de la sangre en contacto con el agua, quizá la memoria caprichosa de
la esperanza que hermanaba los elementos de la sopa, o habrá sido simplemente
la familiar oscuridad de la cloaca agitada por los reflejos de la tormenta
eléctrica que alcanzaban a filtrarse por las alcantarillas. Pero el
raudal del desagüe no dio más tiempo y el menjunje siguió
su avance indefectible.10 Del carmín
inicial,11 sólo quedaba su
microscópica identidad diseminándose por las venas más
abyectas de la ciudad. Debajo de una esquina céntrica,12
la lluvia descargó sobre el curso subterráneo
un amasijo de papeles y decenas de colillas de cigarrillos. Por un momento
todo flotó en un rincón como un grupo de náufragos resignados,13 luego
ganó velocidad y se dispersó. La mitad de una fotografía
desgarrada,14 que alguien habría
abandonado en alguna plaza,15
se zambulló16
suicida en el flujo agitado17
y danzó su última figura de cisne muerto. Una alcantarilla después,18
una carta de despedida se desplegó como un manto de
olvido y vomitó su tinta deleble y atormentada de nubes grises en el
intento de corromper los componentes mismos del carmín primario. Pero
la persistencia del agua desatada fue igual de19
inclemente,20 se lo llevó todo
sin prejuicios.
El vertido terminó su carrera alocada de dilución
unos kilómetros al este de la ciudad.21
Allí donde yace el ano oculto de la civilidad y22
sus efluvios nauseabundos que todos intentan ignorar.23
Ese río abierto, y24 aún
más grande que la ciudad, que recibe sin protestas los miasmas entremezclados
de sus habitantes anónimos.
Él no reparó en que lo que traía la
vertiente justo debajo de sus pies lo unía con el cuerpo que, por su
causa, yacía inerte en una alcantarilla perdida del bajo. No podía
imaginarlo en esos momentos25 al borde
del acantilado, ni se permitió más vida para intentarlo. Le
había disparado porque ya no era nada sin ella.26
La lluvia enmudeció el segundo "bang"27
certero de la noche y acompañó la zambullida
en el río. Un manto carmín lo arropó por unos segundos28
antes de hundirse para no volver a emerger. Luego el universo terminó
de mezclarse en aquel lugar indiferente donde el agua enjuaga y guarda todos
los secretos.
Aclaraba y escampaba hacia el este.
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Correcciones
1 "en un callejón" se refiere a un lugar indeterminado. Aquí corresponde "en el callejón" (en ese callejón determinado, en el que "nadie escuchó el disparo ni el grito de dolor."). La repetición cacofónica del artículo se evita reemplazando el primero por "ese" o por "aquel".
2 Mejora la correlación verbal reemplazar "nadie escuchó" por "nadie pudo escuchar".
3 Corresponde punto y aparte, porque el relato pasa de las circunstancias al sujeto.
4 Corresponde
"a los pocos metros", que se refiere a la longitud
del trayecto. ("a unos pocos metros" especifica la
ubicación de un lugar. Ejemplo:
"encontró el lugar a los pocos kilómetros";
"el lugar estaba a unos pocos kilómetros".
5 La coma indica que lo que sigue a la conjunción "y" no es el último término de una comparación sino que se trata de dos oraciones diferentes: "No tuvo tiempo de hacer la pregunta" y "la mirada se le heló para siempre". Incluso podría prescindirse de la conjunción y poner punto y coma o punto y seguido.
6 Para anteponer el complemento circunstancial no se requiere separarlo con una coma (el orden habitual sería: "Las primeras gotas habían atraído un batallón de ratas enceguecidas que buscaban alimento y refugio en la oscuridad de la cloaca".).
7 Como en la nota anterior, quitando la coma la oración adquiere mayor fluidez.
8 Sin coma, como en las notas anteriores.
9 Se adecua mejor al ritmo de la oración "cocinas y salas de baño" en vez de "salas de baño y cocinas".
10 El punto y aparte aligera el párrafo y remarca que se pasa de la acción a una nueva descripción.
11 Sin coma, como en los casos anteriores.
12 Sin coma, como en lo anterior..
13 Punto y coma para separar la oración siguiente. Si ésta fuera más extensa se podría incluso poner punto y seguido.
14 Sin coma
15 Entre el sujeto y el verbo de una oración no debe haber coma.
16 En función
de adverbio el adjetivo "suicida" debe ir entre comas. Si hubiera
un adverbio de significado análogo no
requeriría las comas. Ejemplo: "se
dirigió sumisamente hacia la salida" (adverbio); "se
dirigió, sumiso, hacia la salida" (adjetivo
en función adverbial).
17 Coma antes de la conjunción "y", porque no se trata de una enumeración.
18 Aquí es correcto que permanezca la coma, porque indica que "después" es un adjetivo que modifica a "una alcantarilla", y no un adverbio que modifica a "se desplegó".
19 "igual
de" es una locución adverbial comparativa. Requiere que haya
un segundo término de la comparación, precedido por el
nexo coordinante "que": "pero la persistencia del agua
desatada fue igual de inclemente que el viento." Puede
evitarse
la comparación reemplazando "igual de
inclemente" por "siguió siendo inclemente", o
simplemente "fue inclemente".
20 Se requiere
la conjunción "y" para unir las dos oraciones: "Pero
la persistencia del agua desatada fue inclemente y se lo
llevó todo sin prejuicios.".
21 Coma en
vez de punto y seguido, porque la oración prosigue: "...al este
de la ciudad, allí donde yace..."
22 "...cuyos efluvios nauseabundos todos intentan ignorar".
En vez de la conjunción "y", la coma seguida por el pronombre
relativo "cuyos" mejora la fluidez
de la oración: evita la oración subordinada "que
todos intentan ignorar".
23 Dos puntos, para anunciar el comentario siguiente.
24 Debe ir sólo la coma o sólo la conjunción "y". Es redundante que estén ambas.
25 Se requiere completar el inciso descriptivo y separarlo con una coma: "No podía imaginarlo en esos momentos, parado al borde del acantilado"
26 Punto y aparte para separar el último episodio del relato.
27
El término "bang" debe ir en itálicas porque
pertenece a otro idioma, y sin comillas porque no se lo está mencionando
sino usando.
28 Coma para indicar que "antes" no es un adjetivo que modifica a "segundos" sino un adverbio de orden: "antes de hundirse".