De: Sergio Reyes (Venezuela)
Enviado: Sábado 28 de enero de 2012   21:38
Muy buenas noches. Quisiera saber si todavía está abierto el acceso al taller literario. ¿Podría enviar un texto?
Muchas gracias.

Estimado Sergio:
Sigo ofreciendo el taller literario de mi sitio, de modo que cuando guste hacerlo puede enviarme un texto suyo.
Me agradaría saber en dónde está usted, y cuáles son sus actividades.
Lo saludo cordialmente.


Estimado Conrado:
Gracias por su tiempo y la buena noticia. Soy peruano, pero escribo desde Venezuela, donde resido. Soy un ingeniero químico aficionado a la escritura de cuentos y relatos. Desde octubre del año pasado integro el Taller Virtual Ciudad Seva en el cual he participado con algunos cuentos. No he asistido a otro taller de creación literaria, ni presencial ni virtual.
Tengo interés por saber cuál es la extensión máxima del texto a revisar.
Siempre agradecido por su generosidad.
Sergio

Estimado Sergio:
La intención del taller es ayudar a escribir mejor, por lo que, como puede verse en la sección "Textos Enviados", son suficientes un par de páginas para poder señalar posibles errores formales, fundamentar las correcciones que se requieran y hacer indicaciones que el autor pueda tener en cuenta para aplicarlas a otras producciones suyas.    
Los demás requisitos para el envío de textos aparecen en el encabezamiento de esa misma sección.
Lo saludo cordialmente, y espero que vuelva a escribirme pronto.
 
Apreciado Conrado:
Le envío el texto de mi último ejercicio.
Le agradecería tomar del mismo la parte que usted crea conveniente para su respectivo análisis.
Siempre agradecido:
Sergio.

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Texto revisado:
                                                                                             Disociación  

    –No siempre se mata por lucro, Matías; a veces se mata por placer.
Matías redondeó los ojos y ennegreció sus pupilas. El profesor Fernández se quedó callado, ausentándose por un momento… tratando de ordenar sus ideas. Sorbió un trago de su mocachino y entrecerró los ojos evitando el hiriente vaho que desprendía la bebida. Matías lo seguía, expectante, en espera de una explicación que abundara más en la  hipótesis que había planteado.
   –La naturaleza humana, mi querido amigo –continuó Fernández–, es de tan variopinto pelaje, que es imposible desentrañar todos los profundos misterios que ella envuelve. El hilo que separa la cordura de la locura es infinitesimal, y hasta podría asegurarle que no existe. ¡Somos locos y cuerdos al mismo tiempo, señor!
   Matías trastabilló en su asiento, sintiendo la mirada punzante de su contertulio. Sus últimas palabras irrumpieron en sus oídos como dagas ardientes clavándose en su hipotálamo.
   –¿Es capaz de asegurarme, Matías, que usted es un ser completamente normal? ¿Es capaz de asegurarme  que no tiene la más mínima sombra de insania?
   Matías se sintió desconcertado ante la pregunta escabrosa del profesor. Trató de retomar la postura tomando un sorbo de té. No pudo. Las manos le temblaban. La tacita se le escurrió entre los dedos como si fuera de látex; dio un brinco, evitando que la infusión hirviente salpicara sus pantalones. Apenado, se disculpó por su torpeza. Recogió el trasto tartajeando una tímida respuesta:
   –Me considero un tipo común y corriente, pro…profesor.
   –¿Tan común como Li Yuan, que desolló a quince imberbes por el simple hecho de tener padre y madre? ¿O como John Smith, que mató a su padre y a sus cinco hermanos por celos de su madre? ¿O quizás como Samanta Erg, que roció de ácido a toda su clase sólo por el simple hecho de haber sido víctima de una broma pesada? ¡Tan normales como ellos, señor Matías Robles! –bramó.
   Un silencio sepulcral invadió el ambiente. Matías se desabotonó el cuello de la camisa aflojándose el nudo de la corbata que lo estaba estrangulando.
   –Ellos, mi querido joven –continuó Fernández–, eran tan normales, tan comunes como usted o como yo. Pero… ¿corrientes?... ¡No! ¡Corrientes jamás! –enfatizó.
   Matías se sentía cada vez más desalado. Los músculos del plexo comenzaron a palpitar compulsivos, sin tono y sin ritmo. Su frente rezumaba un sudor nervioso. Quiso levantarse. Quiso huir. No pudo. La mirada mefistofélica del profesor se lo impidió. Su mejor amigo y condiscípulo se lo había advertido. Lo había alertado sobre las excentricidades y manías del viejo académico, aconsejándole que tomara a otro asesor para su tesis de grado en Criminalística. No le creyó. Ahora lo estaba comprobando en carne propia, “¡y de qué manera!”, pensó.
    –Puedo aseverarle sin temor a equivocarme, bachiller, que aquellos seres tan vituperados y vilipendiados por una sociedad momia, no eran corrientes. ¡Qué va! ¡No lo eran! Como tampoco yo lo soy, y le puedo asegurar que tampoco usted lo es.  Sólo muy pocos seres podemos andar por esos mundos paralelos. Somos pocos los privilegiados. Somos pocos los elegidos. ¡Hemos sido tocados por la mano de Dios, mi querido amigo! Demos gracias al Gran Hacedor por habernos embebido en ese maravilloso estigma.
   Matías, más que entender, sentía el galimatías del profesor. Un vínculo impalpable lo unía a aquel ser tan desconcertante. Él no sabía qué, pero lo sentía en las vísceras. Tuvo miedo de esa elucubrante vorágine que lo estaba arrastrando contra su voluntad…Pero no ponía obstáculos, ni se resistía. Con un esfuerzo sobrehumano se liberó por un momento de esa influencia maligna y placentera que lo llenaba y consumía, y alcanzó a decir:
   –Profesor, yo estoy aquí por…
   –Sé perfectamente el motivo de su presencia en este lugar, caballero. Es más, ha de saber que no soy de los académicos que brindan asesorías baratas a imberbes como usted. Vi su imagen, su perfil completo, en ese maravilloso instrumento que nos brinda la tecnología moderna: el ordenador. Escudriñé lo más íntimos recovecos de su espiritualidad malsana. Fuiste convincente, y es por eso que estás aquí. ¡Sí! ¡Por ti! Y no por ese deslucido opúsculo que me remitiste por correo. Ten la seguridad de que hoy te conozco más que tu propia madre.
   Matías se sentía como un animálculo frente a un gran titán. No podía articular ideas; menos aún, palabras. Inerme, se dejó llevar por esa personalidad avasallante que lo fustigaba, que lo agobiaba inmisericorde. Bajó la mirada; sintió la flacidez de sus esfínteres que ya no soportaban la trepidante carga de estrés. Apretó las nalgas para evitar defecarse. Un fino hilo de orina borboteó en sus interiores. Lo contuvo, mientras un flato nauseabundo emanaba de su ano constreñido. Sintió vergüenza y pena de sí mismo.
   –No tenga pena –asintió el profesor–; la descarga de humores, cuando más nauseabundos más afincan nuestra naturaleza extraordinaria. Acepta tu sino como lo he aceptado yo. Somos psicópatas solapados; te lo digo yo que soy experto, docto y practicante de este alucinante arte.  –Calló por un momento escrutándolo con fijación.
   –Mira tus manos, detalla tu mirada, observa tu sonrisa… ¿Lo has hecho alguna vez? –preguntó el maestro a su ahora ya discípulo.
   –No –contestó Matías muy quedo, casi mascullando.
   –Manos finas, delicadas, inmaculadas. Manos de pianista. De pianista de la muerte. Manos asesinas, de asesino escrupuloso y ladino. Y la mirada… taimada, sin sombras de culpa, engañadora y farsante, como tu crapulosa sonrisa que no dice nada.
   –¿Eres casado?
   –No.
   –¿Mujer?
   –No.
   –Quizás ¿novia?
   –No. No tengo novia.
   –¿Flirteo, enamoramientos…?
   –No. Nada de eso.
   –¿Eres gay?
   –¡No!, no lo soy. Es que… soy muy inestable en mis relaciones de pareja –tartajeó Matías.
   –Hummm…
   –¿Amabas a tu madre?
   –Demasiado –contestó Matías, quebrándose y emitiendo un dolido suspiro.
   –¿Y a tu padre?
   –Matías, calló.
   –¿Lo amabas? –repreguntó Fernández con solidez.
   –…
   –¿¡Amabas a tu padre!? –rugió el profesor, reincorporándose y dando un feroz manotazo sobre su secreter.
Matías rompió en llanto. Fuera de sí, y como poseído por una malsana esencia, saltó sobre el escritorio como un felino herido de muerte. Se abalanzó sobre el profesor, atenazando su  cuello con ambas manos. Apretaba sin piedad, trozando casi a cercén el esmirriado gollete. Blanqueó los ojos, y rotando la cerviz como un poseso, vomitó un líquido viscoso y putrefacto que empastó el rostro del académico. Un horrísono grito infernal retumbó en las paredes del habitáculo:
   –¡No! ¡No!, yo no amaba a ese maldito.Yo lo odiaba, y mil veces lo hubiera asesinado si no fuera por mamá, que amaba enfermizamente a esa alimaña.
   Los dos rodaron como una inmensa bola sobre la alfombra púrpura del  bufete. Las garras de Matías no daban respiro al anciano que, con los ojos desmesuradamente abiertos, esbozaba una ácida sonrisa de satisfacción. Pasado el clímax, Matías recobró los sentidos, aquellos que nos diferencian de la bestia y nos dan la catadura de seres humanos.
   Un momento después, ambos recobraron la compostura y siguieron platicando.

                                                                         ____________________________


Texto original:

                                                                Disociación

    –No siempre se mata por lucro, Matías; a veces se mata por placer.
Matías redondeó los ojos y ennegreció sus pupilas. El profesor Fernández se quedó callado, ausentándose por un momento… tratando de ordenar sus ideas. Sorbió un trago de su mocachino y entrecerró los ojos evitando el hiriente vaho que desprendía la bebida. Matías lo seguía, expectante, en espera de una explicación que abundara más en la  hipótesis que había planteado.
   –La naturaleza humana, mi querido amigo –continuó Fernández–,  es de tan variopinto pelaje, que es imposible desentrañar todos los profundos misterios que ella envuelve. El hilo que separa la cordura de la locura es infinitesimal, y hasta podría asegurarle que no existe. ¡Somos locos y cuerdos al mismo tiempo, señor!
   Matías trastabilló en su asiento, sintiendo la mirada punzante de su contertulio. Sus últimas palabras irrumpieron en sus oídos como dagas ardientes clavándose en su hipotálamo.
   –Es capaz de asegurarme, Matías, 1¿qué2 usted  es un ser completamente normal? ¿Es capaz de asegurarme  que no tiene la más mínima sombra de insania?
Matías se sintió desconcertado ante la pregunta escabrosa del profesor. Trató de retomar la postura tomando un sorbo de té. No pudo. Las manos le temblaban. La tacita se le escurrió entre los dedos como si fuera de látex; dio un brinco, evitando que la infusión hirviente salpicara sus pantalones. Apenado, se disculpó por su torpeza. Recogió el trasto tartajeando una tímida respuesta:
   –Me considero un tipo común y corriente, pro…profesor.
   – ¿Tan común como Li Yuan3 que desolló a quince imberbes por el simple hecho de tener padre y madre?,4 5o,6¿cómo7 John Smith8que mató a su padre y a sus cinco hermanos,9 por celos de su madre?10 O,11 quizás ¿cómo12 Samanta Erg13que roció de ácido a toda su clase solo14 por el simple hecho de haber sido víctima de una broma pesada? ¡Tan normales como ellos, señor Matías Robles! –bramó.

Notas 1 a 14:

1
El signo de pregunta va al comienzo de la oración, para indicar en dónde debe empezar la entonación interrogativa. De lo contrario la    primera  parte no tendría tono de pregunta sino de afirmación. En la oración siguiente los signos están abarcando correctamente toda la    pregunta. La puntuación va variando en distintas épocas y lugares. Puede aparecer entre signos sólo una parte de la pregunta, excluyendo    los vocativos. Ejemplo de un texto escolar de 1920: La maestra le pregunta a María: "¿Hiciste tu tarea? María".  Actualmente lo correcto es:    "¿ Hiciste tu tarea, María?".

2 Aunque está dentro de una pregunta, este "que" va sin acento porque no es interrogativo sino relativo (introduce una    oración    coordinada).

3 Los incisos (comentarios: "que desolló...") van entre comas que los delimitan. Si con el inciso concluye la oración, la coma de cierre se    reemplaza por el punto, o por el signo de interrogación o de exclamación que corresponda.

4 No va coma entre dos preguntas, porque el signo de interrogación es conclusivo (equivale a un punto).

5 Como en 1, el signo de pregunta va al comienzo de la oración.

6 No va coma después de la conjunción "o", que debe ir en mayúscula porque queda al comienzo de una nueva oración.

7 No va acento en  "como", porque no es interrogativo sino relativo a "¿Tan común...".

8 Como en 3, va una coma antes del inicio del comentario.

9 Esta coma puede omitirse porque introduce una pausa innecesaria dentro de la unidad del comentario.

10 Como en 1, el signo de pregunta va al comienzo de la oración.

11 Igual que en 6, no va coma después de la conjunción "o".

12 Igual que en 7, "como" va sin acento.

13 Como en 3 y en 8, va una coma antes del inicio del comentario.

14 Aunque la academia española ha quitado el acento a "sólo" cuando equivale al adverbio "solamente", conviene mantenerlo para evitar      la ambigüedad con el adjetivo "solo" –como lo estableció siempre la misma academia–.


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Continúa el texto original:


   Un silencio sepulcral invadió el ambiente. Matías se desabotonó el cuello de la camisa aflojándose el nudo de la corbata que lo estaba estrangulando.
   –Ellos, mi querido joven15–continuó,16 Fernández– , eran tan normales, tan comunes como usted o como yo. Pero… ¿Corrientes17?... ¡No! ¡Corrientes,18 jamás! –enfatizó.
   Matías se sentía cada vez más desalado. Los músculos del plexo comenzaron a palpitar compulsivos, sin tono y sin ritmo. Su frente rezumaba  un sudor nervioso. Quiso levantarse. Quiso huir. No pudo. La mirada mefistólica19 del profesor se lo impidió. Su mejor amigo y condiscípulo se lo había advertido.20 Él le21había alertado sobre las excentricidades y manías del viejo académico, aconsejándole que tomara a otro asesor para su tesis de grado en Criminalística. No le creyó. Ahora lo estaba comprobando en carne propia, “¡y de qué manera!”, pensó.
    –Puedo aseverarle sin temor a equivocarme, bachiller,  que aquellos seres tan vituperados y vilipendiados por una sociedad momia, no eran corrientes. ¡Qué va! ¡No lo eran! Como tampoco yo lo soy 22y le puedo asegurar que tampoco usted,23 lo es.  Solo24 muy pocos seres podemos andar25 esos mundos paralelos. Somos pocos los privilegiados. Somos pocos los elegidos. ¡Hemos sido tocados por la mano de Dios!26, mi querido amigo. Demos gracias al Gran Hacedor por habernos embebidos27 de28 ese maravilloso estigma.

Notas 15 a 28:

15 Coma, para cerrar el vocativo "mi querido joven".

16 No va coma entre el sujeto y el verbo, aunque éste se anteponga: "Fernández continuó" o "continuó Fernández".

17 Minúscula al comenzar la pregunta, porque prosigue la misma oración.

18 Puede omitirse la coma para no debilitar la exclamación.

19 Mefistofélica. (Probable error de tipeo.).

20 El pronombre "él" es innecesario porque el sujeto tácito es inequívoco, y su supresión mejora la fluidez del relato.

21 Aunque se lo suele emplear en España y en varios países hispanos, el pronombre "le" es objeto indirecto, y para el      objeto directo corresponde el pronombre "lo".

22 Coma antes del comentario: "y le puedo asegurar..."

23 No va coma entre el sujeto y el verbo, aunque haya un objeto directo interpuesto: "usted también es"; "usted también lo es".

24 Como en 14, "sólo" lleva acento cuando equivale al adverbio "solamente" y no al adjetivo "carente de compañía".

25 Conviene que después de "andar" haya una preposición: "andar en", "andar por". Si falta la preposición el complemento circunstancial se      convierte en objeto directo.

26 El signo de exclamación debe estar al final de la oración.

27 Como participio pasado, "embebido" es invariable. Tiene número y género cuando funciona como adjetivo.

28 La preposición correcta es "en": una cosa está embebida "en", no "de".

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Continúa el texto original:

   Matías, más que entender, sentía el galimatías del profesor. Un vínculo impalpable lo unía a aquel ser tan desconcertante. Él no sabía qué, pero lo sentía en las vísceras. Tuvo miedo de esa elucubrante vorágine que lo estaba arrastrando contra su voluntad…Pero no ponía obstáculos, ni se resistía. En29 un esfuerzo sobrehumano se deslastró30, por un momento, de esa influencia maligna y placentera que lo llenaba y consumía. Dijo:31
   –Profesor, yo estoy aquí por…
   –Sé perfectamente el motivo de su presencia en este lugar, caballero. Es más, ha de saber que no soy de los académicos que brindan asesorías baratas a imberbes como usted. Vi su imagen, su perfil completo32 en ese maravilloso instrumento que nos brinda la tecnología moderna: el ordenador. Escudriñé lo más íntimos recovecos de su espiritualidad malsana. Fuiste convincente, y es por eso que estas33 aquí. ¡Sí! ¡Por ti!,34 y no por el35 deslucido opúsculo,36 cuyo texto37 me remitiste por correo. Ten la seguridad38 que hoy por hoy38b te conozco más que tu propia madre.
   Matías se sentía como un animálculo frente a un gran titán. No podía articular ideas; menos,39 palabras. Inerme40 se dejó llevar por esa personalidad avasallante que lo fustigaba, que lo agobiaba,41 inmisericorde. Bajó la mirada,42 sintió la flacidez de sus esfínteres que ya no soportaban la trepidante carga de estrés. Apretó las nalgas para evitar defecarse. Un fino hilo de orina borboteó en sus interiores. Lo contuvo, mientras un flato nauseabundo emanaba de su ano constreñido. Sintió vergüenza y pena de sí mismo.

Notas 29 a 42:

29 La preposición correcta es "con", que significa "mediante". "En" es un anglicismo por "durante".

30 En lenguaje más llano: "se liberó".

31 Una coma seguida por la expresión "y alcanzó a decir:", en vez de un punto y la expresión más seca "Dijo:", mantiene la fluidez del relato.

32 Coma para concluir el inciso "su perfil completo".

33 Acento en "estás".

34 El punto y la nueva oración mantienen el tono seco de las exclamaciones precedentes.

35 Se acentúa el matiz despectivo de la oración reemplazando el artículo "el" por el demostrativo "ese".

36 No se requiere la coma para introducir la oración coordinada.

37 Se sobreentiende "cuyo texto". Basta con el relativo "que".

38 Falta la preposición "de": "Ten la seguridad de que..." (Ten la seguridad de eso, de algo: "de que hoy te conozco...". La falta de la      preposición suele ser llamada "queísmo" –sería el presente caso–.  Su inclusión incorrecta es llamada "dequeísmo", y es frecuente en el      habla coloquial: "Me dijo de que estaba bien"; "Le ordenó de que no fuera".

38b Simplemente "hoy te conozco...", que significa "actualmente –ahora, ya– te conozco...".  La expresión adverbial "hoy por hoy" se        emplea erróneamente para dar énfasis al adverbio "actualmente", pero originalmente es un inciso agregado a "hoy": "hoy –por hoy–",
       y significa que el hablante se refiere específicamente al día de la fecha, y no en forma genérica a la circunstancia actual.

39 "Menos" es un comparativo, y requiere un término final. En este caso, "Menos aún".

40 Coma para separar el inciso "Inerme".

41 Sin coma, porque "inmisericorde" no funciona aquí como un adjetivo de "personalidad", sino como un adverbio que modifica      a "agobiaba":  lo agobiaba inmisericordemente.

42 Punto y coma en vez de coma, porque se trata de dos oraciones distintas: "Bajó la mirada" y "sintió la flaccidez..."

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Continúa el texto original:

     –No tenga pena –asintió el profesor–,43 la descarga de humores–continuó–,44 cuando45 más nauseabundos,46 más afincan nuestra naturaleza extraordinaria. Acepta tu sino como lo he aceptado yo. Somos psicópatas solapados,47 te lo digo yo que soy experto, docto y practicante de este alucinante arte.  –Calló por un momento escrutándolo con fijación.
   –Mira tus manos, detalla tu mirada, observa tu sonrisa… ¿Lo has hecho alguna vez?–48 preguntó el maestro a su, ya,49 discípulo.
   –No –contestó Matías.  Muy fino,50 casi mascullando.
   –Manos finas, delicadas, inmaculadas. Manos de pianista. De pianista de la muerte. Manos asesinas, de asesino escrupuloso y ladino. Y la mirada… taimada, sin sombras de culpas51 engañadoras y farsantes, como tu crapulosa sonrisa que no dice nada.
   – ¿Eres casado?52
   –No.
   – ¿Mujer?
   –No.
   –Quizás ¿novia?
   –No. No tengo novia.
   – ¿Flirteo, enamoramientos…?
   –No. Nada de eso.
   – ¿Eres gay?
   – ¡No!, no lo soy. 53
   –Es que… soy muy inestable en mis relaciones de pareja –tartajeó,54 Matías.
   –Umh…
   – ¿Amabas a tu madre?
   –Demasiado –contestó Matías, quebrándose y emitiendo un dolido suspiro.
   – ¿Y a tú55 padre?
   –Matías, calló.
   – ¿Lo amabas? –repreguntó Fernández con solidez.
   –…
   – ¿¡Amabas a tu padre!? – rugió el profesor, reincorporándose y dando un feroz manotazo sobre su secreter.



Notas 43 a 55

43 Punto y coma, como en 42, porque termina una oración y se inicia otra diferente..

44 Comentario superfluo: El cercano inciso anterior ya indicó quién era el hablante.

45 Corresponde el adverbio "cuanto", porque se comparan cantidades. El adverbio "cuando" indica tiempo o modo.

46 Coma innecesaria porque es una comparación, no un comentario: "cuanto más nauseabundos más afincan..."

47 Punto y coma, como en 42 y 43.

48 Va espacio entre el signo de interrogación y la raya. No va espacio entre la raya y el comentario siguiente.

49 Sin las comas antes y después de "ya", porque no es un comentario sino una adverbio que funciona como adjetivo de      "discípulo". El sentido mejora incluyendo otro adverbio: "ahora ya discípulo" (a esta altura del diálogo ya es un discípulo).

50 "Muy quedo", adjetivo con sentido adverbial: "muy quedamente". El adjetivo "fino" no puede funcionar como adverbio.

51 La expresión adjetiva "sombras de culpa" no admite el plural "sombras de culpas". Los adjetivos que siguen también califican a "mirada",      y van en singular: "mirada sin sombras de culpa, engañadora y farsante.". Si se quería adjetivar a "culpas": "engañadoras y farsantes",      entonces "sin sombra" es una expresión adverbial y debe ir en singular: "sin sombra de culpas..."

52 No va espacio entre la raya de diálogo y el texto. De igual modo debe ir en el resto del diálogo.

53 Aquí debe continuar la oración siguiente, porque sigue hablando Matías.

54 Sin coma entre sujeto y verbo: "tartajeó Matías": Matías tartajeó.

55 Sin acento en "tu", porque no es pronombre sino adjetivo posesivo.


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Concluye el texto original:

   Matías rompió en llanto. Fuera de sí56 y como poseído por una malsana esencia57 saltó sobre el escritorio como un felino herido de muerte.
   Se abalanzó sobre el profesor, atenazando su  cuello con ambas manos;58 apretaba sin piedad, trozando casi a cercén el esmirriado gollete. Blanqueó los ojos, y rotando la cerviz como un poseso, vomitó un líquido viscoso y putrefacto que empastó el rostro del académico.  Un horrísono grito infernal retumbó en las paredes del habitáculo:
   – ¡No! ¡No!, yo no amaba a ese maldito. Yo lo odiaba59 y mil veces lo hubiera asesinado,60 sino61 fuera  por mamá, que amaba enfermizamente a esa alimaña.
   Ambos rodaron como una inmensa bola sobre la alfombra púrpura del  bufete. Las garras62 de Matías no daban respiro al anciano que, con los ojos desmesuradamente abiertos, esbozaba una ácida sonrisa de satisfacción. Caído el clímax, Matías recobró los sentidos, aquellos que nos diferencian de "la bestia”63 y nos dan la catadura de “seres humanos”64.
   65Recobraron la compostura y siguieron platicando.

                                                           _____________________

Notas 56 a 65

56 Coma al iniciarse el inciso.

57 Coma al concluir el inciso.

58 Mejor punto y seguido, para dar mayor fuerza dramática al relato.

59 Coma al iniciar el comentario que concluye con la coma después de "mamá".

60 Sin coma, porque el comentario no se interrumpe: "...lo hubiera asesinado si no fuera por mamá..."

61 Locución conjuntiva: "si no": de otro modo. "Sino" es conjunción adversativa.

62 Sin letras itálicas, porque la imagen "garras" no requiere distinguirse como una acepción inusual o un término extranjero.

63 Sin comillas, porque la expresión "la bestia" se está usando, no mencionando.

64 Sin comillas, porque la expresión "seres humanos" no se está mencionando sino empleando en su acepción corriente.

65 Se evita el cambio brusco de situación añadiendo una circunstancia preparatoria como: "Un momento después..."


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Miércoles 15 de febrero de 2012   03:31
Estimado Sergio:
Ya puede ver su cuento "Disociación" en el taller literario de www.terapiatanguera.com.ar
Espero que vuelva a escribirme con sus comentarios, y también para indicarme si encuentra algún error en el tipeo o en las referencias numéricas de las notas.
Lo saludo afectuosamente.
Conrado

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Miércoles 15 de febrero de 2012   23:39
Apreciado Conrado:

Profundamente agradecido por su tiempo, y por el análisis prolijo del texto enviado. Enriqueció mi conocimiento incipiente del idioma.

Tengo las siguientes preguntas:


1.- En el siguiente párrafo del texto corregido, ¿la “o” debería ser en mayúscula y  los “cómo”, sin acento?

– ¿Tan común como Li Yuan, que desolló a quince imberbes por el simple hecho de tener padre y madre? ¿o cómo John Smith, que mató a su padre y a sus cinco hermanos por celos de su madre? ¿O quizás cómo Samanta Erg, que roció de ácido a toda su clase sólo por el simple hecho de haber  sido víctima de una broma pesada?

Efectivamente, la nota 6 está incompleta. Omití señalar que, al quedar al comienzo de la oración, la "o" debe ir en mayúscula.
En la nota 7 está indicado que los "cómo" relativos deben ir sin acento, pero  faltó hacer el cambio en el texto revisado.


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2.- En la siguiente oración, también del texto corregido ¿no faltaría “hoy”?

En efecto, así lo indiqué en la nota 38b, pero nuevamente omití hacer el cambio en el texto revisado.
A propósito de esto, también dejé sin incorporar el comentario sobre "queísmo" y "dequeísmo". (Para no tener que cambiar la numeración completa, ahora designé esas notas como 38 y 38b.).

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3.- En las correcciones numéricas, la número 54 se repite y pareciera que la 55 debería ir en la 54 repetida.

Es así, y lo acabo de corregir. Le agradezco que haya tomado en cuenta mi pedido de indicarme si encontraba errores en los números. 

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4.-  En la siguiente oración, se podría poner la coma que resalto en verde. El texto corregido no la tiene:
Un momento después, ambos recobraron la compostura y siguieron platicando.

En la nota 65 propuse agregar "Un momento después", pero dudé entre anteponer esa coma u omitirla para darle más fuerza al remate.
Tal como lo señala usted, lo correcto es ponerla, y su inclusión no debilita el final.

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Reitero mi agradecimiento y con su permiso pondré el texto corregido en el taller, para el comentario de los compañeros.
Espero su respuesta.
Saludos cordiales.
Sergio

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Jueves 16 de febrero de 2012 02:35
Estimado Sergio:

Por supuesto que puede utilizar el cuento –al que usted modestamente llama "ejercicio"– del modo que considere oportuno.
Compruebo que no se ha sentido molesto por las indicaciones para mejorarlo formalmente, sino que las ha revisado con detenimiento.

Cuando publico un texto con correcciones algunos autores suelen expresar fastidio, pese a la advertencia de que un taller no es un lugar para mostrar obra sino para mejorar las habilidades de escritura.

Otros participantes vuelven a enviar textos en los que incurren en los mismos errores, lo que indica que no han tomado en cuenta las correcciones ni aprecian el trabajo requerido para hacerlas y fundamentarlas. En tales casos no vuelvo a ocuparme de sus envíos.

Pero también hay personas a las que realmente les interesa escribir del modo más correcto posible. Cuando envían nuevos textos al taller no vuelven a aparecer los errores señalados en escritos anteriores. Resulta gratificante poder considerarlos como verdaderos discípulos.

Estimado Sergio, su actitud permite augurarle éxito tanto en su profesión como en sus futuras producciones literarias.

Conrado

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