Taller de Textos de Terapia Tanguera
Ejercicio Nº 1

Le proponemos hacer un pastiche

El ejercicio de reescribir un texto literario cambiando libremente las palabras, el nivel de lenguaje y el orden de los párrafos, convirtiendo una narración en un diálogo o viceversa, se llama pastiche (en francés, imitación; en español se pronuncia aproximadamente "pastísh").

1- Lea atentamente el siguiente texto :

"Son muy pocas las horas libres que nos deja el trabajo. Apenas un rápido desayuno que solemos tomar pensando ya en los problemas de la oficina, porque de tal modo nos vivimos como productores que nos estamos volviendo incapaces de detenernos ante una taza de café en las mañanas, o de unos mates compartidos. Y a la vuelta a la casa, la hora de reunirnos con los amigos o con la familia, o de estar en silencio como la naturaleza a esa misteriosa hora que nos recuerda los cuadros de Millet*, ¡tantas veces se nos pierde mirando televisión! Concentrados en algún canal, o haciendo zapping, parece que logramos una belleza o un placer que ya no descubrimos compartiendo un guiso o un vaso de vino o una sopa de caldo humeante que nos vincule a un amigo en una noche cualquiera."

                                                                                         Ernesto Sabato, La resistencia, Bs.As., Seix Barral, 2000, p.20

*Jean François Millet, pintor francés, 1814-1875. Encuadrado dentro del realismo social francés del siglo XIX, entre sus cuadros más notables figuran La lechería, Las espigadoras, El Angelus, Primavera y La iglesia de Gréville.

Contemplar algunos cuadros de Jean Millet le ayudará a situarse en el ánimo y la perspectiva a la que alude Sabato en su texto. Haga click sobre los títulos para ver:

El angelus (1851)
Pastora con su rebaño (1864)
La partida para el trabajo (1851)

En el óleo denominado "El angelus", observe que los campesinos se han detenido para rezar, respondiendo al llamado
de las campanas de la iglesia que se ve al fondo, en el pueblo cercano. Esto nos recuerda la poesía de Baldomero Fernández Moreno:

          Crepúsculo argentino

Crepúsculo argentino sin campanas...
¡Qué ganas, sin embargo, de rezar,
de juntar nuestras voces humanas
al místico mugido y al balar!

A estas horas marea la pampa como un mar.

                              Las cien mejores poesías de Fernández Moreno, Bs.As., Eudeba, 1961, p.36


2 - Reescriba el texto encomillado de Sabato, con sus palabras y a su manera. Recuerde que está en total libertad de alterarlo, ampliarlo, desarrollarlo en un sentido opuesto -por ejemplo elogiando la alienación que denuncia Sabato-. Lo importante es ejercitarse, "aflojar la mano", y eso sólo se logra escribiendo a menudo sobre cuanto tema se nos ocurra.

3 - Envíenos su trabajo a taller@terapiatanguera.com.ar

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Ejemplos:

De: A. G., Jueves 07 de Mayo de 2009

De: Mónica Gill (Asunción, Paraguay), Domingo 19 de Julio de 2009
Vivir la vida como un androide: cada cosa archivada, cada persona etiquetada, cada situación analizada. Descoser las horas, no es una tarea fácil cuando se empeñan en bombardearnos con el sueño capitalista. Empezar el día sobornando a la oscuridad. Una taza de café al apuro, apenas un “Te quiero. Nos vemos”, correr, correr, siempre correr. El maldito destino que se obstina con esta maquiavélica rutina. Sombras que vienen y van. Más androides, muchos más. El tiempo se permita con valores en la bolsa.

¿Qué pasó con mi chip de ser humano? ¿Quien lo saboteó? Este no era el resultado esperado. A veces añoro mi irreconocible humanidad, esa que podía disfrutar de un violonchelo ejecutando una Suite de Bach o perderse melancólicamente en algún cuadro de Van Gogh, el de los paseos vespertinos, el de los mates compartidos… Sentir, vivir, son pautas que entorpecen el producir….

Y luego volver al nicho de mi esclavitud, encadenarme con los parámetros que la sociedad estableció para mí, esa dura carga de ser quien uno no es desnuda mis antifaces de paranoias...

Pero llega él, el pequeño duende de los bucles de oro, pasos vacilantes, sonrisa cautivante... Me asusta termine siendo igual que yo. No quiero que sus alas se fulminen igual que las mías, suficiente como mi triste parodia. En sus brazos encuentro el último vestigio de humanidad que me puede redimir...

De "Páramo alucinado", Jueves 24 de agosto de 2006  
El trabajo apenas nos deja horas libres. El desayuno ha pasado a ser una forma rápida de calentar motores pensando ya en la arrera que nos espera a lo largo del día. Al final de esa carrera, lo único que quedará son las fuerzas imprescindibles para arrastrarse al sofá y encender la televisión; apenas una sonrisa que dedicar a las personas que comparten sus vidas con la nuestra, mirándonos como unos eternos, y condenados a perpetuidad, corredores de fondo.

"Páramo alucinado" ha hecho un original enfoque del tema, estableciendo un paralelo con las carreras automovilísticas y pedestres. Podría desarrollar con mayor detalle esas dos metáforas, o mejor aún una sola de ellas, por ejemplo. la que se refiere a la competencia a pie, por su aspectos más fácilmente parangonables con el esfuerzo humano de cada día.

De: Rodrigo Abal , jueves 11 de agosto de 2005
Pocas son las horas que nos quedan libres. Al levantarnos, con la mente en nuestro trabajo, tomamos un desayuno, casi sistemáticamente. Al regresar, la televisión se adueña de nuestra atención y poco les queda a los que nos rodean, esos que le dan sentido a nuestra vida, encerrándonos así en nuestro "perfecto" mundo.

De Tonantzin Zapata, Mexico, DF, 8 de febrero de 2005
El trabajo absorbe nuestro tiempo. Apenas despertamos y ya estamos pensando en el trabajo y sus problemas, disminuye nuestra capacidad de disfrutar una taza de café durante el desayuno. El placer que nos proporcionaba charlar con la familia compartiendo una sopa humeante y que nos vinculaba ha perdido esa fascinación y nos concentramos en algún canal sentados frente al televisor, dejando pasar el tiempo.  

Otro (De N.N., s/f)
Cada vez tenemos menos tiempo libre. Desayunamos apurados y salimos a cumplir con nuestras obligaciones. A la vuelta, a la hora de encontrarnos con la familia, o quedarnos tranquilamente en silencio, ¡encendemos el televisor! Parece que nos gusta más ver televisión que tomar o comer algo mientras conversamos y nos sentimos juntos.

Otro (De N.N., s/f)
Apenas nos levantamos, ya estamos pensando en las tareas del día.
No tenemos tiempo ni para tomar unos mates juntos porque hay que irse a producir. Y a la vuelta, tampoco somos capaces de serenarnos, de charlar un rato, sino que nos ponemos a ver televisión, en vez de aprovechar esa hora de tranquilidad para comer algo y contarnos las cosas que nos pasan.

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