De: Susana F. Q.
Enviado: Sábado 15 de Marzo de 2008 00:27
Asunto: Con un gran abrazo y todo mi agradecimiento
Estimado Conrado:
Nunca participé en ningún taller literario, sólo he visitado
algunos sitios web de aficionados. Me interesaría incorporarme a este
espacio para contar con su valiosa opinión y correcciones a mis textos.
Que son meros intentos de ensayar algún cuento, con perdón de
la palabra, o de esbozar alguna estrofa, en otros casos aún peores.
Con un gran abrazo y todo mi agradecimiento.
Versión original:
El misterioso altillo de Gloucester
Muchas historias se habían tejido alrededor de los viejos almacenes y embarcaderos en desuso a orillas del río Severn. Durante años habían permanecido abandonados1 y se los veía al recorrer el canal que unía el puerto de la ciudad con el estuario. Llamaba la atención uno de ellos, de maderas roídas por la humedad. Algo más sombrío que los demás, presentaba un curioso techo a dos aguas bajo cuyo alero podía percibirse un ventanuco con persianas que el viento movía a su antojo, y un par de vidrios, uno de los cuales era espejado.
Solía a veces2
descender en el amarradero junto al muelle que circundaba un sendero3
bifurcado que conducía al pórtico de la casa construida sobre
pilotes. Ese ritual era casi una obligación para mí4
y lo repetía los días en que conmemoraba la muerte de algún
familiar querido. Iba al cementerio por la mañana, dejaba un ramo de
flores,5 y después de rezar en
silencio una oración me dirigía a la pequeña estación
de lanchas colectivas. Compraba un boleto y partía rumbo al porche desvencijado,
en el cual6 me sentaba durante un rato
en una vieja hamaca Thonet que presentaba7
intacto su esterillado. Al caer la tarde volvía, después de contemplar
el crepúsculo sobre las aguas siempre cambiantes de un río que
no por conocido dejaba de sorprenderme.8
Tal vez sólo buscaba la soledad que el enigmático paraje me brindaba.
Aprovechaba para reflexionar sobre la vida y la muerte, para congraciarme con
tantos recuerdos confusos en mi memoria9
e intentaba al mismo tiempo ponerlos en orden. Por ejemplo, la inexplicable
muerte de la tía Margaret, nunca develada10
por los peritos forenses. Siempre había gozado de buena salud, jamás
se había quejado de dolor alguno, juraba y perjuraba morir longeva11
y tenía la firme determinación de hacerlo por causas naturales.
El día que apareció acuchillada,12
nadie pudo entender quién podría odiar a Maggie, que era pura
ternura. El olor de sus inigualables apple pie13
rodeaba la casa14 y no pocas veces nuestros
vecinos solían visitarnos sin previo aviso, justo15
a la hora del té16 que como en
toda casa inglesa que se precie no era un five oclock tea"17,
era18 siempre más temprano. Los
amigos elogiaban los scons19 de su propia
industria y los pastelitos de jalea de membrillo que eran otra de sus especialidades.
Tampoco quedó claro el enigmático suicidio del tío Stephen20
que apareció ahorcado en el baño, quien era considerado21
el contador22 de cuentos más
gracioso del condado, cuya fama23 había
trascendido los límites de la ciudad. Dueño de un prodigioso optimismo,
incomprensible había resultado la trágica decisión.24
Ni hablar de Doris, el ama de llaves que nos acompañaba desde su adolescencia,
la cual25 había tenido un curioso
accidente cuando un espejo con marco y base de roble26
en el desván, se había desprendido inexplicablemente27
y uno de sus agudos pedazos, en forma de lanza, le había atravesado la
yugular. En cuanto a Cynthia, la costurera que cada viernes se presentaba a
arreglar o modernizar las ropas que sacábamos del arcón escondido
en el altillo de la bisabuela, del cual habíamos descubierto la vieja
llave de hierro debajo de una de las maderas de pinotea del piso,28 había
sufrido un mareo saliendo de la iglesia, se había desvanecido y con su
cabeza había golpeado el cordón de la vereda, con tal mala suerte
que la muerte había sobrevenido de inmediato.29
Todas las fotos de la bisabuela habían desaparecido por una razón
que ignorábamos. Nunca habíamos sido objeto de ningún robo
en la casa,30 de modo que esto permanecía
como un misterio. 31Mamá, antes
de morir también, suponemos, aunque su desaparición nunca pudo
comprobarse porque el cuerpo jamás apareció después de
esa excursión en barco en que misteriosamente dejo de vérsela
en la cubierta durante una noche otoñal en que había salido a
contemplar las estrellas, se había ocupado de guardarlas en una caja.
Un día, después de esos trágicos sucesos, quisimos volver
a verlas y no estaban más allí.
Mientras esto pienso,32 sigo sin entender
la relación entre estos hechos;33
me alivia hamacarme34 e intento poner
la mente en blanco. Cierta somnolencia me va invadiendo. Abro mis ojos35
y descubro que me quedé dormida. Deben haber36
transcurrido unas cuantas horas. Miro el reloj y me doy cuenta de que son ya
las nueve de la mañana. Retiro el saco de gamuza con piel con el que
me cubrí por la noche -estoy algo aterida-37
y dudo sobre si entrar38 o no a la casa
abandonada. Nunca me atreví a hacerlo. La ciudad ya no se refleja, apenas
percibo sus sombras. Camino unos pasos, miro hacia arriba y veo las nubes en
el espacio espejado de la pequeña ventana.
Nunca había creído en la leyenda del altillo39 que los supersticiosos repetían cuando al calor del fuego de los hogares relataban la40 historia a los atribulados41 niños. Ninguno se animaba ni siquiera42 a acercarse, con esa curiosidad que los caracteriza,43 tal era la fuerza con que había arraigado la historia. Tampoco sabía de nadie más que se hubiese aventurado a llegar,44 al menos eso solía decirme el barquero cuando rápidamente se retiraba del lugar luego de que yo descendiera.45
Al pretender entrar, la puerta cedió ante la presión de mi mano y el llamador de bronce emitió un leve sonido metálico. Escuché la sirena de la embarcación que me había traído46 y eso me hizo desistir de la idea de incursionar en la legendaria cabaña. Dirigí mis pasos hacia el muelle, me senté a esperar y grité a Freddie,47 que así se llamaba el que me había traído y ahora48 volvía a rescatarme.49 Alcanzaba a verlo muy bien50 con su pelo entrecano, sus cejas espesas y su infaltable pipa en la boca. Agité mis manos, volví a gritarle; esta vez con más fuerzas.51 Inexplicablemente para mí,52 no pareció verme. Siguió de largo a pesar de que el sonido de mis gritos retumbó de tal manera que sentí que una de las persianas se cerraba con un golpe seco sobre el vidrio derecho del altillo.53
Con todas las lanchas que pasaron me sucedió lo mismo.54 Al final del día, sin saber qué hacer, decidí entrar a la casa, subir55 por la escalera de madera que conducía al entrepiso, y me animé a empujar la puerta entreabierta. Un viejo espejo, idéntico al que mató a Doris, se hallaba ubicado en un rincón. Me miré en él y56 ante mi sorpresa, no ví a nadie.
Una brisa entró por la ventana abierta,57 una caja de cartón con letras en azul cayó desde un estante58 y por el suelo rodaron59 las fotos de la bisabuela. En todas ellas, mi imagen ocupaba el lugar que antes había ocupado el rostro de Muriel.60
FIN
Nota: Gloucester
nombre compuesto por las palabras ceaster y glow- significa:
"el fuerte que brilla en el río.
------------------------------------------------
Correcciones:
Nota: Los cambios propuestos en algunos giros son sólo ejemplos del modo en que puede ser mejorada la frase.
1 La coma antes de "y"
anuncia la oración siguiente y facilita la comprensión.
2 El pronombre "yo" aclara que no prosigue la descripción impersonal
del primer párrafo.
3 El excesivo detalle oscurece la
comprensión. Se deben evitar también los "que" reiterados.
4 El mismo caso de la nota 1.
5 Aquí está correctamente presente la coma a la que se refieren
las notas 1 y 4.
6 El empleo de "que" en
vez de "cual" da un tono menos afectado a la frase.
7 "Conservaba" en lugar de "presentaba" tiene la misma finalidad
que el cambio de la nota 6: Evitar cierta rigidez formal en el tono de la descripción.
8 El punto y aparte resulta oportuno para indicar que se pasa del relato a la reflexión personal.
9 La expresión correcta es "recuerdos confusos de mi memoria" o "recuerdos que permanecían confusos en mi memoria". Nuevamente se requiere una coma antes de la conjunción "e".
10 Los giros correctos pueden ser: "el misterio de la muerte ... nunca develado", o "la extraña muerte ... nunca aclarada".
11 "juraba y perjuraba que iba a morir longeva". Aquí el sentido de "jurar" es afirmar algo futuro, y se corresponde con "la firme determinación de hacerlo por causas naturales.". Se puede prescindir del giro "que iba a", si se reemplaza "juraba y perjuraba morir longeva" por "quería morir longeva", o una expresión equivalente.
12 No va coma, aunque los locutores
suelan hacerla para aumentar el efecto dramático. El giro correcto es
"el día en que apareció".
13 Las palabras extranjeras van en itálicas, y sólo llevarían
comillas si se las estuviera mencionando. Aquí se las está
usando.
14 Va una coma, como en notas anteriores.
15 y 16 Podría estar la coma en: "sin previo aviso, justo a la hora del té", pero se requiere otra coma antes de la explicación: "que como en toda casa...", y la oración queda muy trabada. Se soluciona quitando la primera coma, y reemplazando "justo", que aquí es adverbio pero puede parecer un adjetivo: "aviso justo", por el inequívoco adverbio "justamente".
17 Igual que la nota 13.
18 La afirmación "no era" requiere ser completada por "sino que era". Sin el giro "sino que" se requiere un punto seguido: "...no era un five o'clock tea. Era siempre más temprano.", o más correctamente aún dos puntos: "...no era un five o clock tea: era siempre más temprano".
19 Igual que la nota 13.
20 Va una coma antes del comentario: "que apareció..."
21 Debe evitarse la sucesión de oraciones coordinadas: "quien" se elimina poniendo un punto seguido
22 "Narrador de cuentos" es aceptable dentro del tono culto del discurso", y evita el redundante "contador de cuentos", y el significado equívoco de "contador" (narrador-título profesional).
23 Como en la nota 21, aquí "cuya fama" se reemplaza con "y su fama". Con ambos reemplazos la oración gana en fluidez.
24 La alteración del orden sintáctico hipérbaton resulta innecesaria aquí. Es más adecuado "su decisión" que "la decisión".
25 "la cual" debe reemplazarse por "quien" para conservar el tono literario del relato y evitar el de crónica policial.
26 Se requeriría el giro
"que había en el desván". El relato gana en agilidad
al suprimir ese detalle. Se ahorra también una de las
varias comas que necesita la oración.
27 Va una coma antes de "y
uno de sus agudos pedazos", como en las notas 1, 4 y 14.
28 Conviene separar este inciso tan largo colocándolo entre rayas ("",
o sea Alt+0150. No se debe confundir este signo con el guión que está
en el teclado).
29 El relato se aligera con un punto y aparte antes de iniciar otro tema.
30 Nuevamene el cambio de giro evita el tono "policial".
31 El párrafo que sigue tiene demasiado contenido, y conviene que vaya después de un punto y aparte. Se lo ha corregido cambiando algunos términos, incisos y preposiciones. Se lo podría reemplazar también por varios párrafos breves. Se ha anticipado aquí "la bisabuela Muriel", para que su nombre no cause extrañeza cuando reaparezca al final del relato.
32 El orden correcto aquí es el natural: "Mientras pienso esto".
33 Se requiere completar este giro "la relación que puede haber entre estos hechos;"
34 Se requiere coma antes de "e".
35 "Abro los ojos". "mis" es redundante.
36 "Deben de haber" indica que se trata de una suposición. "Deben haber" significa obligación o necesidad de que haya algo.
37 Aquí no deben ir guiones, sino las rayas descriptas en la nota 28.
38 "dudo sobre si entrar o
no" resulta un giro problemático. Tal vez sea más adecuado
"dudo sobre si entro o no".
39 La coma anticipa el comentario que sigue.
40 El adjetivo demostrativo "esa" se refiere con mayor precisión que el artículo "la" a lo dicho anteriormente.
41 "asustados" (atemorizados), no "atribulados" (apenados, afligidos).
42 "siquiera" no requiere ser precedido por "ni".
43 Nivel de lenguaje poco adecuado, más técnico que literario.
44 "Llegar" requiere especificar adónde: "hasta allí"..
45 "descendiera" es modo subjuntivo, indica algo posible. Lo efectivamente sucedido va en indicativo: "descendía".
46 Va una coma aquí, como en los casos de las notas 1, 4 y 14.
47 "grité a Freddie" significa "le grité". Aquí corresponde "grité llamando a Freddie"
48 Aquí se requiere el nexo coordinador "que": "y que ahora".
49 "para llevarme de regreso" evita la connotación dramática de "a rescatarme".
50 Va una coma antes de la descripción.
51 "Agité mis manos y volví a gritarle, esta vez con más fuerza. La conjunción "y" agiliza la frase; "fuerza" debe ir en singular.
52 "para
mí" es redundante.
53 El cierre de la ventana
como efecto del grito resulta poco verosímil aun en un relato fantástico.
54 La espera se expresa
mejor con un verbo compuesto: "Con todas las lanchas que fueron pasando
me sucedió lo mismo".
55 "subir" no forma parte de la decisión de "entrar". "Subí" inicia una nueva oración, y se relaciona con el "me animé" del inciso siguiente.
56 El comentario "ante mi sorpresa",
va entre comas.
57 No va coma sino punto, para acelerar el ritmo del final mediante oraciones
más breves.
58 Como en los casos anteriores, una coma debe separar la oración siguiente.
59 Más adecuado
que "rodaron".
60 Podría
prescindirse del nombre, y concluir:: "mi imagen ocupaba el lugar en que
antes había estado su rostro.". Para conservar sin que resulte
extraño: "el rostro de Muriel" que es también
un buen remate, se lo ha incluido en un párrafo anterior: "quisimos
volver a ver las fotos de la bisabuela Muriel".
----------------------------------------------
Versión
corregida:
El misterioso altillo de Gloucester
Muchas
historias se habían tejido alrededor de los viejos almacenes y embarcaderos
en desuso a orillas del río Severn. Durante años habían
permanecido abandonados, y se los veía al recorrer el canal que unía
el puerto de la ciudad con el estuario. Llamaba la atención uno de ellos,
de maderas roídas por la humedad. Algo más sombrío que
los demás, presentaba un curioso techo a dos aguas bajo cuyo alero podía
percibirse un ventanuco con persianas que el viento movía a su antojo,
y un par de vidrios, uno de los cuales era espejado.
De tanto en tanto yo solía descender en el amarradero
junto al muelle, por un sendero bifurcado que conducía al pórtico
de la casa construida sobre pilotes. Ese ritual era casi una obligación
para mí, y lo repetía los días en que conmemoraba la muerte
de algún familiar querido. Iba al cementerio por la mañana, dejaba
un ramo de flores, y después de rezar en silencio una oración
me dirigía a la pequeña estación de lanchas colectivas.
Compraba un boleto y partía rumbo al porche desvencijado, en el que me
sentaba durante un rato en una vieja hamaca Thonet que conservaba intacto su
esterillado. Al caer la tarde volvía, después de contemplar el
crepúsculo sobre las aguas siempre cambiantes de un río que no
por conocido dejaba de sorprenderme.
Tal vez sólo buscaba la soledad que el enigmático
paraje me brindaba. Aprovechaba para reflexionar sobre la vida y la muerte,
para congraciarme con tantos recuerdos confusos en mi memoria, e intentaba
al mismo tiempo ponerlos en orden. Por ejemplo, el misterio de la muerte de
la tía Margaret, nunca develado por los peritos forenses. Siempre había
gozado de buena salud, jamás se había quejado de dolor alguno,
juraba y perjuraba que iba a morir longeva y tenía la firme determinación
de hacerlo por causas naturales. El día en que apareció acuchillada
nadie pudo entender quién podría odiar a Maggie, que era pura
ternura. El olor de sus inigualables apple pie rodeaba la casa, y no
pocas veces nuestros vecinos solían visitarnos sin previo aviso justamente
a la hora del té, que como en toda casa inglesa que se precie no era
un five oclock tea, sino que era siempre más temprano. Los
amigos elogiaban los scons de su propia industria y los pastelitos de
jalea de membrillo que eran otra de sus especialidades.
Tampoco quedó claro el enigmático suicidio
del tío Stephen, que apareció ahorcado en el baño. Era
considerado el narrador de cuentos más gracioso del condado, y su fama
había trascendido los límites de la ciudad. Dueño de un
prodigioso optimismo, su trágica decisión había resultado
incomprensible.Ni hablar de Doris, el ama de llaves que nos acompañaba
desde su adolescencia, quien había tenido un curioso accidente cuando
un espejo con marco y base de roble se había desprendido inexplicablemente,
y uno de sus agudos pedazos, en forma de lanza, le había atravesado la
yugular. En cuanto a Cynthia, la costurera que cada viernes se presentaba a
arreglar o modernizar las ropas que sacábamos del arcón escondido
en el altillo de la bisabuela del cual habíamos descubierto la
vieja llave de hierro debajo de una de las maderas de pinotea del piso,
había sufrido un mareo saliendo de la iglesia, se había desvanecido
y con su cabeza había golpeado el cordón de la vereda, con tal
mala suerte que la muerte había sobrevenido de inmediato.
Todas las fotos de la bisabuela habían desaparecido
por una razón que ignorábamos. Nunca había sucedido ningún
robo en la casa, de modo que esto permanecía como un misterio. Mamá
se había ocupado de guardarlas en una caja, antes de morir también
como suponemos, aunque esto nunca pudo comprobarse porque su cuerpo jamás
fue encontrado, tras desaparecer misteriosamente de la cubierta de un barco
de excursiones durante una noche otoñal en que había salido a
contemplar las estrellas. Cierto día, después de esos trágicos
sucesos, quisimos volver a ver las fotos de la bisabuela Muriel, pero ya no
estaban allí.
Mientras
pienso esto, sigo sin entender la relación que puede haber entre estos
hechos; me alivia hamacarme, e intento poner la mente en blanco. Cierta
somnolencia me va invadiendo. Abro los ojos y descubro que me quedé dormida.
Deben de haber transcurrido unas cuantas horas. Miro el reloj y me doy cuenta
de que son ya las nueve de la mañana. Retiro el saco de gamuza con piel
con el que me cubrí por la noche estoy algo aterida y dudo
sobre si entro o no a la casa abandonada. Nunca me atreví a hacerlo.
La ciudad ya no se refleja, apenas percibo sus sombras. Camino unos pasos, miro
hacia arriba y veo las nubes en el espacio espejado de la pequeña ventana.
Nunca
había creído en la leyenda del altillo, que los supersticiosos
repetían cuando al calor del fuego de los hogares relataban esa
historia a los asustados niños. Ninguno se animaba siquiera a
acercarse, con la curiosidad propia de su edad, tal era la fuerza con
que había arraigado la historia. Tampoco sabía de nadie más
que se hubiese aventurado a llegar hasta allí. Al menos eso solía
decirme el barquero cuando rápidamente se retiraba del lugar luego de
que yo descendía.
Al
pretender entrar, la puerta cedió ante la presión de mi mano y
el llamador de bronce emitió un leve sonido metálico. Escuché
la sirena de la embarcación que me había traído, y eso
me hizo desistir de la idea de incursionar en la legendaria cabaña. Dirigí
mis pasos hacia el muelle, me senté a esperar y grité llamando
a Freddie, el patrón de la lancha que me había traído
y que ahora volvía para llevarme de regreso. Alcanzaba a verlo
muy bien, con su pelo entrecano, sus cejas espesas y su infaltable pipa en la
boca. Agité mis manos y volví a gritarle, esta vez con ás fuerza. Inexplicablemente,
no pareció verme. Siguió de largo a pesar de que el sonido de
mis gritos retumbó de tal manera que sentí que una de las persianas
se cerraba con un golpe seco sobre el vidrio derecho del altillo.
Con
todas las lanchas que fueron pasando me sucedió lo mismo. Al final del
día, sin saber qué hacer, decidí entrar a la casa. Subí
por la escalera de madera que conducía al entrepiso, y me animé
a empujar la puerta entreabierta. Un viejo espejo, idéntico al que mató
a Doris, se hallaba ubicado en un rincón. Me miré en él
y, ante mi sorpresa, no ví a nadie.
Una brisa
entró por la ventana abierta.Una caja de cartón con letras en
azul cayó desde un estante, y por el suelo se esparcieron las fotos de
la bisabuela. En todas ellas, mi imagen ocupaba el lugar en que antes había
estado el rostro de Muriel.
FIN
Nota: Gloucester nombre compuesto por las palabras ceaster y glow significa: "el fuerte que brilla en el río.
Susana F. Q.
------------------------------------------------------------------
De: Lic. Susana F. Q.
Enviado: Sábado 15 de Marzo de 2008 16:30
Estimado Conrado:
Involuntariamente dejé de observar algunos requisitos referentes a la
presentación del texto, razón por la cual lo envío nuevamente.
Agradezco el tiempo dedicado a su lectura, como así también todas
las observaciones, indicaciones o correcciones que me permitan mejorarlo.
He empleado varios seudónimos para escribir, como una manera de canalizar
una actividad que me reporta un inmenso placer, aunque soy consciente de que
lo que escribo no tiene valor literario alguno. Nunca asistí a ningún
taller, y descubrir su espacio gracias a la indicación de un amigo
a quien conocí en un foro, me permitirá contar con sus valiosas
sugerencias y correcciones, en la ardua tarea de intentar escribir un poco mejor
cada día.
Soy socióloga y manejo un lenguaje técnico del cual quiero de
a poco despojarme.
Le expreso todo mi agradecimiento por el tiempo dedicado a la lectura y lo felicito
por su interesante página.
Un cálido abrazo.
Susana
FQ
Estimada Susana:
Durante la madrugada estuve revisando su texto. Siguiendo la consigna de Abelardo
Castillo: corregir encarnizadamente (tanto los textos que recibo para
el taller como mis propios escritos), dediqué varias horas a las tres
tareas que se requieren para poder publicar un escrito: Primero leerlo pausadamente,
marcando los rasgos que puedan corregirse o mejorarse; luego redactar las notas
al pie, para que las correcciones y comentarios vayan formando en su conjunto
un verdadero curso de lenguaje escrito, literatura y estética, y finalmente
last, but not least, como diría usted, que por lo visto
tiene conocimiento de la cultura inglesa, reescribir (no "generar",
como se suele decir ahora) el texto en lenguaje HTML que a veces resulta
tan incomprensiblemente díscolo como el Word, para poder subirlo
a la Internet.
Esta tarde, después de preparar el programa de radio para mañana
a la noche (o "por la noche", pero no "en la noche", como
se acostumbra decir actualmente), con dBase III y en la vieja 286 que
utilizo desde 1990, encendí la Pentium IV para seguir trabajando
en la actualización de este sitio y encontré este nuevo mensaje
suyo, en el que gentilmente me reenvía su texto, con algunos cambios
que revelan su interés por la buena escritura. De todos modos, las correcciones
que realicé sobre el primer texto pueden seguir siendo de utilidad.
Como suelo hacerlo, anoche comencé mi tarea marcando directamente ya
en la primera lectura del texto cada rasgo susceptible de corrección
o mejora. Esta modalidad me permite ir interiorizándome parsimoniosamente
del contenido, ya que debo detenerme frecuentemente para considerar qué
es lo que encuentro erróneo o discordante y de qué manera explicarlo
en cada nota al pie. Y quería contarle que al llegar a las líneas
finales, cuando la protagonista no se ve en el espejo y se cae la caja con las
fotografías, se me puso en marcha uno de nuestros mecanismos atávicos
de defensa y, para mi sorpresa, me horri-pilé (se me erizó
el vello de los antebrazos), lo que suele ocurrirle al lector cuando un cuento
terrorífico logra su objetivo.
Le envío mis felicitaciones y la
saludo afectuosamente.
Conrado
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