Soneto de infancia perdida
Se pierde entre la bruma mi sólida nostalgia.
pues llora el joven en mí y en dulce lecho muere,
que trágico pasado igual que el mío fuere,
y su vida entiende cual densa, amarga y agria.
Mas me acerco un poco hacia mi propio olvido,
y cuanto anhelo pierdo, más fuerte lo siento,
que cuyo triste niño, el protector del viento
arranca su corazón del pecho suyo hundido.
Perder la propia niñez, de un súbito golpe,
cual infierno de lúgubres vampiros nauseabundos,
es perder la cordura sin saber de su existencia.
Mas mucho peor fue siempre, muy más peor que la muerte,
perder vida consciente y vivir olvidando,
y en tu presente sentir que no te queda ya alma.
R.
A.
Estimado Rodrigo: La forma poco ortodoxa, acaso balbuceante, de sus versos,
les imparte paradójicamente un mayor sentido de dolor y desgarramiento,
que constituye su mayor acierto. Su poema no es estrictamente un soneto en
tanto que no respeta cabalmente sus cánones, pero falsearía
su intención si se cambiara el término "soneto" del
título para que corresponda mejor con su forma. Se lo puede llamar "soneto"
no como una licencia benevolente lea usted en Textos
enviados el análisis para nada concesivo que hice en El
complejo arte del soneto, de un ejercicio sin forma ni contenido valederos
sino porque su poema lo es más allá de lo formal, y el poeta se
vale de la forma en la medida en que le ofrece un soporte adecuado para su particular
intuición del Ser (con mayúsculas, cuando se trata de verdadera
poesía) que, como artista, está tratando de comunicarnos. Debe
en lo posible respetar la forma, pero se siente a la vez libre de transgredirla
toda vez que lo requiere la fuerza incontenible de su verdad poética,
que no es capricho ni ocultamiento capcioso de su incapacidad de artesano, sino
sometimiento humilde a una realidad superior a toda preceptiva, y a la que siente
que debe prestar acatamiento.
Por cierto que la forma puede y debe trabajarse pulirse, enmendarse, pues
todo arte acabado es fruto tanto del esfuerzo como de la espontaneidad caer
en la idolatría de la efusión primera es error frecuente, fruto
de la pereza cuando no de la necedad, y su resultado es la publicación
de tanto libro de "poemas" olvidable y huero, que sólo revela
la fatuidad de su autor.
Existe también la tontería de cierta pretendida "generosidad",
con la que algunos seudo artistas anuncian su intención de "compartir"
sus engendros, cuando en realidad sólo pretenden obligar a su prójimo
a soportar sus desabridos y mal guisados manjares presuntamente poéticos.
Puede leer, como ejemplo, la página Juan
Francisco en Textos enviados.
Los versos que me ha enviado contienen en agraz lo poético, la des-ocultación
original del ser que se persigue en toda obra de arte, y el mejor reconocimiento
que usted puede hacerle a su propia obra es amarla pero sin enamorarse de ella,
cultivarla y corregirla como se cultiva y corrige a un hijo, luego del deslumbramiento
tan humano que nos produce el milagro de su nacimiento. Creo que
vale la pena que se empeñe en la tarea, ya que no se es poeta por una
decisión que puede estar inficionada de vanidad y egocentrismo, del mero
anhelo de querer sobresalir de alguna manera entre la muchedumbre de quienes
no somos poetas, sino que ser poeta es asentir a un llamado profundo del Ser,
es la respuesta a un modo singular de ser vocado a encaminarse como en
toda verdadera vocación hacia una particular, personal, única
e irremplazable búsqueda del Ser.
Ciencia y arte casi imposible diferenciarlas son dimensiones de
la condición intrínsecamente religiosa del hombre. Por eso pudo
decir Goethe: "El que tiene ciencia y arte ya tiene una religión;
quien no tenga ciencia ni arte, ¡que tenga una religión!".
Entender cabalmente la profunda humildad y a la vez la altiva grandeza de la
afirmación de Goethe nos permite comprender cómo el poeta él
lo era en grado sumo se remonta por encima de su época, de lo convencional,
de lo presuntamente "correcto", y se acerca se religa al Dios por
cuya gracia existimos, tanto como lo hacen desde sus respectivas vocaciones
el santo, el héroe o el mártir.
Conrado
De Lucia
Volver
a Textos Enviados Volver
a Taller de Textos
Volver
a la Página Principal