From: César O. H. R.
(México)
Sent: Viernes 11 de agosto
de 2006 3:13
Me gustaría saber sus apreciaciones (las técnicas son las de mayor
interés, pero cualquier otro aspecto más es muy bien recibido)
sobre este
cuentecín. No estoy al 100% seguro de él, y agradecería las luces que le pudiera
arrojar.
Seudónimo: Tristemente conforme
N.B.:
El sábado 3 de marzo de 2007 "Tristemente conforme"envió
otro cuento: Prisión: La perpetuidad del movimiento
Labios/Desnudos
Mis
carnes se pudren al eco del silencio. Lágrimas sanguinolentas se escurren
por los dedos ennegrecidos. Las paredes se ahuecan ante mis gritos por el sello
de los labios. Desde aquellos finos esbozos rojizos, los alientos exhalados afincaron
los barrotes recita la voz sobre el fondo blanco, de esos que parecen no
tener fin, e irremediablemente terminan por poseer la extensión de la nada.
Es una voz gastada. Si se le escucha con cuidado casi se pueden apreciar, sobre
la inmaculada pulcritud del espacio, los moretones salpicados, producto del mismo
monótono embate.
Sergio, todo envuelto en espacio, está parado,
incapaz de escuchar el timbre lacerado que resuena por todo el lugar.
No sabe
con certeza si está desnudo. Está, y sólo eso tiene por seguro;
incluso parece que no siente el peso de su propio cuerpo. El tacto de su misma
piel se hace un recuerdo confuso. Apenas reconoce su rostro, sin labios, tocándolo
con la única parte de sí mismo que parece existir en el vacío
estéril: su mano derecha.
Se pregunta por la importancia de aquella
mano: ¿Por qué no el torso, o el pie, o el cabello?... ¿y
los labios?
Las apenas abultadas carnosidades de la boca obraron una danza.
A través de ella se levantó la voz, sincera, de un discurso que
vendría a tragarse mi existir. Cada palabra, cada sílaba con sus
acentos y entonaciones, se convirtió, sin que lo notase siquiera, en una
flecha. Cuerpos sangraron chorros y cadáveres cayeron uno a uno hasta alcanzar
la totalidad.
Mientras deja crecer la duda en su cerebro, tan invisible como
el resto de las partes corporales enumeradas, un agujero comienza a abrirse en
la mitad de su rostro.
La única mejilla que recorría de un extremo
a otro la cara de Sergio se divide en dos. El hoyo se ensancha poco a poco hasta
formar una "o", desde cuyas profundidades se arrastran un par de carnosidades
rosadas, y se posan, una por debajo de la nariz y otra por encima del mentón,
uniéndose alrededor de ese nuevo agujero. Pronto emergen los dientes y
la lengua avanza sinuosa al encuentro de ellos.
Ahora no sólo tiene
labios para su rostro, sino una boca entera que pronuncia, gracias a la ayuda
de la cariñosa lengua, que abraza efusivamente a sus queridos dientes y
al apreciado paladar:
Tienes miedo.
Sergio no escucha estas palabras.
Ls sonidos tienen la particularidad de perderse en el espacio donde se encuentran,
tan pronto salen del objeto que los produce. Carecería de sentido si no
lo hicieran, especialmente las articulaciones de Sergio, puesto que nadie más,
ni siquiera él mismo que en cierto modo ya conocía al pie
de la letra cada oración del monólogo a punto de llevarse a cabo,
debía escuchar sus palabras. No se debía saber aquel desliz de su
voluntad, el error de sus labios articulando frases.
Guiada por el inexistente
ondeo en el aire de las dos palabras recién pronunciadas, la mano rápidamente
plasma en el suelo si es que así se le pueda considerar: imposible
marcar límites y encontrar paredes en ese mar cegador y vaporoso
el "tienes miedo" con su dedo índice, que al contacto con el
blanco, inexplicablemente fija sus palabras en tinta negra.
Ojos se abren ampliamente
al leerlas, y el propósito de la masa lechosa que mantiene a Sergio cautivo
en sus adentros se le devela.
Forjada a blandir del arco, la masacre no dejó
un sólo objeto sin agrietar. Sus pedazos goteantes, mezcla de lágrimas
y sangre, se desmoronaron para luego filtrarse por el suelo. La ceguera de la
nada llegó con su brillantez. Comprendidas las intenciones, la boca recién
creada continua su atropellamiento de letras, sigue hilando palabras y construyendo
oraciones:
Tienes miedo. Lo comprendo, créeme que sí, pero..
.
Los labios detuvieron su movimiento por voluntad del muchacho. Era preciso
no mancillar la inmaculada pureza del blanco, ni dejar huella alguna tras las
letras que pudiera guiar los pasos del curioso hasta su fuente: la boca con sus
prohibidas carnosidades.
...pero no está bien pronuncia
al fin, abriendo grandes heridas a lo largo de su tráquea por empujar las
duras esquinas de una palabra de cuatro letras a su origen. Las invisibles cuerdas
vocales despedazan cada uno de sus caracteres mientras la sangre se escurre.
Es
una completa cobardía, me parece totalmente egoísta. Tú mismo
dijiste que el hombre debe compartir su humanidad con los otros. Todos tenemos
miedo, estas mismas palabras tiemblan en mi garganta mientras las articulo.
El
iris de mis ojos se hizo inservible, suspendiendo la visión de la tostada
faz, con sus mejillas a medio rasurar y los rizos agradablemente desperdigados
sobre la cabeza. La flor tan deseable de esos labios, abriéndose y cerrándose
al compás de una estática frialdad, terminaba sus fatales pronunciaciones:
La
libertad reside en vencerlo; probablemente ya habrás memorizado la frase.
Su significado ha sido ya muy devaluado, pero yo he de hacerte comprender cómo
te engañas a ti mismo al darle nuevo sentido. Así es, te engañas.
Dices no estar listo: afirmación más falsa simplemente no puede
haber.
Voy a jugar con fuego. Nunca realmente se está preparado; lentamente
se gesta sin avisar siquiera.
Cae lentamente como el agua en un grifo mal
cerrado, y golpe a golpe, incisivo, invasor, se termina por llenar el recipiente.
Así,
a cuentagotas, se impregna el algodón.
En algún momento una
chispa inexplicable provoca la combustión, y el calor comienza a recorrer
el cuerpo.
Se consume la vida y la reduce únicamente a ese mismo instante.
El propósito de la existencia parece condensarse entero al calor de
ese fuego, cuya llama camina por el alma y llena cada hueco vacío.
¿En
su ausencia? En ella sólo se vive del recuerdo. El reloj de arena se vuelca
de cabeza y comienza a contar los segundos para otro encuentro con la flama.
Ese
"¿me quemo?" no es más que la plenitud pura claro,
no he de contradecirte de su fórmula, tan concentrada e intoxicante.
Sólo se nos habrá de conceder su disfrute en pocos y espaciados
momentos. Dime: ¿Estás dispuesto a renunciar a la oportunidad de
volverlo a experimentar, ardiente y sofocante? ¿Verdaderamente prefieres
resguardarte entre cuatro paredes?
En esa habitación de duro hielo
una puerta oculta la salida. Los labios jamás aparecieron, incapaces de
resistir, con el propósito de liberarte.
Siguiendo
la melodía del implacable viento helado, ese par de franjas sonrojadas
formó un sonoro mensaje, que con cada movimiento de sus músculos
reitera mi condena. Hicieron las veces del arco que disparó esas flechas
de palabras, en recta trayectoria a la velocidad de los ritmos melancólicos
de tu canción.
Las palabras, desesperadas, arañan las paredes
de la nada blanquecina, que pronto ceden ante la presión.
¿Esperas
entregar la llave? ¿Deseas acaso que el auténtico dueño del
cerrojo te rescate de tu helada prisión?
No son sino concepciones falsas;
las razones saltan a la vista. No entregarás llave alguna, la vista de
tu cuerpo está vedada, los gruesos muros de la frialdad aseguran que siga
así. Y si aún cayeras presa del místico encanto de algún
paseante por tus lindes, ¿saldrías tú de la prisión
nevada a entregarle la llave bien merecida?
Jamás acudirá el
forjador de la cerradora, el único e irreal portador de tu llave, a salvarte.
No serían más que símbolos, escritos de diestra mano, de
un lenguaje bellamente manipulado por un frío intelecto humano.
¿Qué
de interés podrían mostrar tus muros nevados? ¿Qué
posiblemente lo llevaría a abrir la puerta?
Cierto es que un atisbo
de luz traspasa tu prisión. Yo lo he visto, pero, ¿cuánto
tiempo no he pasado esperando pacientemente a tus afueras? Quizá el dueño
posea infinita paciencia, quizá sólo se detenga unos momentos para
luego marcharse indiferente.
Sal, huye de tus frías paredes. Despréndete
de tus ropas y lánzate en sacrificio; expón a la despiadada masacre
del exterior tu pecho desnudo.
Al compás del índice escribiendo
"desnudo", el rostro recobró su cuerpo. Regresó el torso,
regresaron los pies, las manos y el cabello. Solo en el espeso blanco, el muchacho
estaba desnudo.
Vulnerable, fetal, justo como los labios invitaban a permanecer,
así flotaba Sergio en la brillantez de la nada; así desvió
la mirada de las palabras recién plasmadas por la mano.
Tras dura lucha
recobró el control de su boca y la forzó a dictar su voluntad. Ya
no le importaba dejar marcas:
Perdona mis letras, producto de mi intelectualidad,
disculpa las maneras con las que me dirijo a ti. Mi humanidad ya se cansó
de idolatrarte, ya no soporta más el dolor de mis "te amo" lanzados
al vacío.
Mis agrietados labios se resecaron aún más a
medida que la métrica extensión de tus palabras alejó al
húmedo elixir, tu saliva, negándome el tibio abrazo de tu boca.
Se aprietan dolorosamente como preludio a la última canción ingenua,
queda ante la sentencia de tu boca, horadando, saeta por saeta, mi amor.
De
tierra seca, moribundos, se hieren con cada letra encendida que pronuncian. De
la herida mana la sangre con tu amor, salida de una grieta abierta en el corazón,
rebelde fugitiva de su cárcel.
Al contacto del líquido sobre
la superficie muerta de mis labios, éstos se secan aún más,
escurren el sentimiento no correspondido sobre los nuevos cortes, matando otra
vez la piel, atrofiándola en una sola y profunda llaga en carne viva.
Antes
de abandonarse a la putrefacción, la boca sangrante alcanza a articular
una última palabra:
Mi voz negra se desgarra en la tristeza, exalta
su duda con los contrastantes falsetes, y frasea su dolor al firme y reprimido
arrullo de mi timbre esclavo. No así se apagarán mis ojos iluminados
de intensidad traviesa. No mi corazón dejará de latir en su incompletitud
el amor devoto hacia a ti.
El último punto escrito por la mano marcó
el final de la misiva, retumbando en el blanco espacio.
La cegadora brillantez
pronto se apagó en pedazos y aparecieron las paredes. Surgieron de nuevo
los muebles, y la cama se fue a colocar por debajo del vientre de Sergio. A través
de las ventanas abiertas se apreciaban los árboles golpeados por el viento
de la tarde en agonía.
Retornó el tolerable brillo de la luz
eléctrica, el silbido intermitente de la línea telefónica
volvió a resonar a través del auricular. Regresó el tiempo
en los números llameantes del despertador, y mientras el blanco se reducía
al tamaño de un montón de hojas de papel, la realidad instalaba
sus últimos detalles.
La boca muerta, bañada en chorros constantes
de sangre, ya no existía. Un susurro repetía la palabra en los oídos
del muchacho. Sonido proveniente de muy lejos, de los laberínticos espacios
de la mente, la exhalación de un concepto que la mano no dudó en
plasmar un solo instante: "Confía".
Entonces mi boca
se cierra y mi canto cesa sus lamentos. Desaparecen mis labios de la cara, encerrando
mi querer en las pupilas térreas. Confinándolo en los espacios sedientos
del corazón y apretándolo en el bullicio de mi mente.
Un
precio debió de pagar Sergio por su atrevimiento: en lugar de labios, en
ese espacio entre la nariz y el mentón, una cicatriz horizontal, oscura
e infectada, dominaba el rostro. Aprisionado a fuerza de silencios, llora caudales
de sangre mi amor. Sus dedos vomitan fallidos intentos de unas palabras.
Agoniza
la pulcritud de la prisión.
Por debajo de sus paredes se escurren hilos
de sangre y tinta.
___________________
Estimado César:
No entendí
si el título pretendía ser una opción: "Labios"
o "Desnudos" ambos serían adecuados, o si hay alguna
intención particular en esa inusual separación con la barra en diagonal.
Me agradó también la originalidad de su seudónimo, que parecería
anunciar sintéticamente la personalidad del autor
Publico solamente
la versión revisada de su cuento, porque el único aspecto que ha
requerido correcciones es el de la puntuación:
Por un lado, facilitar
la comprensión de una narración tan compleja como ésta ha
requerido cambiar algunos signos: comas. puntos y coma, puntos seguidos, guiones,
dos puntos, como usted podrá ver comparándola con la versión
original. .
Por otro lado, ha sido necesario modificar
la ubicación de algunas rayas de diálogo, cuyo manejo correcto siempre
resulta engorroso, y sobre el que sorprende constatar que la mayor parte de los
textos de gramática lo trata superficialmente y sin explicar al lector
sus complicados detalles.
Para facilitar la lectura y la comprensión,
uted había recurrido a destacar algunos párrafos en itálicas
(en cursiva) y otros en bold (en negrita), pero un ajustado manejo de los
signos de puntuación y de diálogo hace innecesario tal recurso,
que por lo demás está fuera de lo que se considera correcto para
la presentación de un texto literario.
Salvadas esas cuestiones
formales que pueden dominarse con la práctica, su relato requiere una lectura
cuidadosa que posibilite ir adentrándose poco a poco en su simbolismo a
veces un tanto recargado, para poder percibir correctamente los distintos
planos de realidad en los que transcurre.
Esto no constituye un defecto
que deba ser subsanado, sino que la parsimonia requerida forma parte del clima
de expectativa que se va desarrollando en el ánimo del lector, al que solamente
se le permite retornar a la realidad ¿la realidad? en los párrafos
finales.
Considero que ha escrito usted un excelente cuento del difícil
género fantástico, y que puede completar el ciento por ciento de
seguridad que
deseaba, y enviarlo sin vacilaciones a alguna publicación
que incluya esa especialidad literaria.
Lo saludo afectuosamente.
Conrado
De Lucia