From: Ángel (Aguascalientes, México)
Sent:
Sábado 5 de agosto de 2006 14:49
Mucho
les agradeceré incluir el pequeño poema para someterlo a revisión.
Acabo de iniciarme en la composición y me gustaría leer su crítica.
Atentamente
Angel.
| ¿Lo
sabes? Te confieso que dentro de mi alma Imaginándome como
explicarte Imposible llegar a describirte La indiferencia si, me deprime | ¿Lo sabes? Te confieso que dentro de mi alma Imagino el modo de explicarte, Imposible
llegar a describirte La cruel indiferencia me deprime |
Estimado Ángel:
Como
usted gentilmente me pide una revisión y una crítica, haré
primeramente una corrección de algunos aspectos formales y un análisis
del contenido de su poema, para desarrollar a continuación algunos conceptos
de teoría poética que pueden parecer demasiado extensos o incluso
poco pertinentes -ya me ha sucedido con algún aficionado que esperaba que
me ocupara exclusivamente de su poema-, pero que se enmarcan en mi propósito
de explicar elementos de estética mediante comentarios a los textos que
recibo en el Taller Literario.*
* Una vez más ilustro
la necesidad de trabajar cada texto hasta lograr la mayor perfección formal
posible, mencionando el hecho de que he empleado siete horas para escribir el
análisis de su poema de tal manera que pueda resultarle una lección
tan personalizada como si usted estuviera presente en alguno de mis talleres literarios.
De este modo, tanto usted como quienes lean esta página podrán encontrar
una cantidad de indicaciones que pueden resultarles útiles para guiar la
elaboración de sus próximos textos.
Una señora a cuyo
texto dediqué, como en este caso, varias horas de trabajo, me escribió,
visiblemente amoscada por la cantidad de errores que le había señalado
en su obra: "Gracias, pero ¿por qué tanto tiempo?". Es
decir, que ni agradeció la tarea que había realizado en su obsequio,
ni entendió que el mensaje implícito en mi comentario de las horas
utilizadas para la correción era: "Trabaje usted en sus próximos
textos tanto como yo he trabajado para corregir éste".
Correciones
formales
Pueden señalarse algunas cuestiones gramaticales,
que se podrán cotejar en las dos versiones del texto, transcriptas estrofa
por estrofa:
| Te
confieso que dentro de mi alma existe un sentimiento prodigioso que a veces me resulta caprichoso único, fugaz, amanecer en calma. | Te confieso que dentro de mi alma existe un sentimiento prodigioso que a veces me resulta caprichoso, fugaz como un amanecer en calma. |
Suele cometerse el error de concluir
cada verso con una coma -la puntuación de un poema es la misma que la de
un texto en prosa, dado que su finalidad es señalar la prosodia correcta,
es decir, la entonación adecuada en función del sentido de la frase-.
Por el contrario, otras veces se considera que el paso al verso siguiente es suficiente
indicación de que debe hacerse una pausa, cuando en realidad la ausencia
de coma indica que la entonación no debe descender, sino mantenerse elevada
porque la oración prosigue en el verso siguiente.*
*
En el origen de este error está el estilo de declamación escolar,
que emite cada verso como un todo de significación desvinculado de su contexto:
"En el cielo las estrellas" (gesto hacia arriba); "en el campo
las espinas" (gesto hacia abajo), etc.
Toda esta prolija fundamentación
se refiere a un sentimiento "que a veces me resulta (sigue una enumeración,
y todos sus elementos deben estar separados por comas) caprichoso, único,
fugaz..."
En el último verso hay una sílaba de más,
y el comienzo con una palabra esdrújula desequilibra el ritmo que establecían
los versos anteriores. Se propone un reemplazo que a la vez, integra en la oración
a la imagen siguiente: "fugaz como un amanecer en calma."
| Imaginándome
como explicarte espero encontrar si, la manera rompiendo para siempre la quimera otrora me obligaba a recordarte. | Imagino el modo de explicarte, y espero conseguir una manera de romper para siempre la quimera que otrora me obligaba a recordarte. |
El
primer verso de la segunda estrofa también se incia con una esdrújula
difícil de integrar con el ritmo ya establecido. Deben evitarse, además,
los gerundios, que producen una conexión lógica gramaticalmente
correcta, pero quitan agilidad al verso.
Se propone: "Imagino el modo
de explicarte...".
En el verso original, "cómo" tiene
un sentido interrogativo, por lo que debe llevar acento. Igualmente la afirmación
"sí", que en este caso funciona como un inciso de una sola palabra,
y como tal debe ir entre comas: "espero encontrar, sí, la manera,..."
De
todos modos, las necesarias comas alteran el ritmo, y pueden evitarse, por ejemplo,
con: "y espero conseguir una manera..."
Después de "manera"
va otra coma, porque sigue un inciso diferente. No llevaría coma si el
verso siguiente fuera un complemento de "manera", p.ej.: "la manera/
de romper para siempre la quimera..."
Además, "rompiendo",
es incorrecto, porque el gerundio debe referirse a una acción anterior
o simultánea a la del verbo principal, "espero". *
La
dificultad se soluciona en este caso reemplazando el gerundio por un complemento
de "manera": "de romper para siempre la quimera..."
* Se
trata del clásico "gerundio policial", que suelen utilizan los
voceros de la repartición cuando relatan un acontecimento:
"Los
ene ene masculinos se dirigieron al comercio, entrando por una puerta auxiliar,
encañonado a un empleado, apoderándose del dinero de la caja y saliendo
por la citada puerta, ascendiendo a un automóvil. El mismo se encontraba
con el motor en marcha, dirigiéndose con rumbo desconocido..."
El
verso siguiente requiere el nexo coordinador "que", y se lo puede incluir
sin dificultad de métrica, pues se produce una sinalefa con la vocal con
la que empieza la palabra siguiente: "que otrora" suma tres silabas
lo mismo que "otrora".
| Imposible
llegar a describirte tan gran afecto, gentil, sublime alguna misiva al cielo dirigirte. | Imposible
llegar a describirte tan gran afecto, gentil, tierno, sublime, y una misiva al cielo dirigirte. |
En el segundo verso de este terceto falta
una sílaba, por lo que el ritmo tropieza. Puede resolverse cambiando "tan
gran afecto":
por "tal afecto", para que quede lugar en el verso
para otro adjetivo de dos sílabas, p.ej.: "tal afecto gentil, tierno,
sublime,...". O puede agregarse el adjetivo propuesto como ejemplo, "tierno",
sin otra modificación, con lo que el verso pasa a tener una sílaba
de más -doce en vez de once-. Paradójicamente, el escandido -entonación
requerida por la lectura del verso- permite ocultar la sílaba excedente:
El ritmo no varía si se lee "tal afecto gentil, sublime, tierno..."
o si se lee "tan gran afecto gentil, sublime, tierno...", porque se
cambia lo que musicalmente sería un tiempo de cuatro corcheas: "ta-la
fec-to", por un tiempo de un tresillo -tres corcheas en el tiempo de
dos- y dos corcheas: "tan-gra-na fec-to".*
* Este
ejemplo permite comprobar la estrecha relación que existe entre la poética
y la cancionística, entre la preceptiva estrictamente literaria
y la preceptiva musical, que a las reglas gramaticales agrega las restricciones
propias de los tiempos, compases y pulsos de la melodía. Dicho con otras
palabras, ser un buen letrista de canciones es aún más difícil
y exigente que ser un buen autor de poemas. Sobre estos temas de la disciplina
que mis maestros Homero y Virgilio Expósito bautizaron "Cancionística",
volveré en otras oportunidades, dado que he recibido reiteradas invitaciones
para dictar un taller sobre la técnica de escribir canciones.
En
el verso siguiente, que visualmente parece más breve, hay una sílaba
de más, y en este caso no puede solucionarse haciendo un "tresillo",
pues la sílabas de los términos utilizados no permiten que se las
lea de esta manera. La solución, sin embargo, es sencilla: basta con reemplazar
"alguna" por "una", como aparece en el texto corregido, y
se consigue la métrica correcta.
| La
indiferencia si, me deprime igual que siempre, y al preguntarte al final ¿lo entenderas ?, tu dime... | La cruel indiferencia me deprime igual que siempre, y quiero preguntarte si alguna vez lo entenderás. Tú dime... |
En este último terceto hay más dificultades
para resolver. Si se señala correctamente el inciso "sí"
entre comas -y con acento para distinguirlo del condicional "si"-, el
verso original diría "La indiferencia, sí, me deprime...".
Además de la pausa artificial introducida por ese inciso, igualmente faltaría
una sílaba. Se sugiere una posible solución: "La cruel indiferencia
me deprime...", que agrega la sílaba faltante y elimina la pausa de
las comas que alteraban el ritmo.
En el verso siguiente también falta
una sílaba, por lo que se sugiere cambiar "al" por "quiero"
para satisfacer la métrica.
En el último verso también falta una sílaba. En este caso, agregar el condicional "si" lo soluciona a medias, porque se requiere el hiato "si-al fi-nal" para separar la natural sinalefa "sial fi-nal". Puede solucionarse la dificultad cambiando la construcción del verso sin alterar su sentido, y evitando de paso la pausa requerida por la interrogación directa -con signos de pregunta-, que puede reemplazarse por una interrogación indirecta: "si alguna vez entenderás."
Esta última modificación
permite concluir netamente la oración, y da pie a una pausa para destacar
el remate que da sentido a todo el poema: "Tu dime..."
Acerca
del contenido
El poema produce la impresión general
de que el autor tiene mucho más para expresar que lo que efectivamente
consigue decir. Las ideas todavía se agolpan, y quedan esbozadas sin llegar
a desarrollarse completamente.
Por cierto que una de las mayores dificultades
de la poesía es su condición de síntesis, que se manifiesta
de dos maneras: por una parte requiere la mayor economía de recursos para
poder enmarcarse en las exigencias formales del verso y de la estrofa, y por la
otra demanda que se desarrolle acabadamente el contenido que se intenta ofrecer.
*
* En sus clases de Cancionística, a las que tuve
el privilegio de asistir durante tres años a partir de 1973, Homero Expósito
nos decía: "Ahorren palabrerío: el "no" definitivo
cabe en una sola nota" (La modalidad usual de la letra establece que cada
sílaba del texto debe corresponderse con una nota de la melodía.
Cuando sobran notas, las sílabas se alargan artificial y penosamente, como
cuando la letra de nuestro Himno Nacional
dice: "Co-ro-na-dos de glo-ria vi-va-a-a-a-a-a-mos...".
El jefe de
locutores de LU3, Hugo "Toto" Del Sero, que me acompañaba en
el estudio en los primeros tiempos de "Terapia Tanguera", solía
subrayar con sonoras carcajadas el humor irónico con el que acostumbro
aligerar el tono excesivamente docente de mis explicaciones, y muchos oyentes
me comentaban que la risa de "Toto" les servía de indicación
de que en el sobrio comentario del conductor se había deslizado alguna
picardía. En cierta oportunidad, refiriéndome a la relación
entre la letra y la música del himno, propuse una posible corrección:
"Co-ro-na-dos de glo-ria vi-va-mos o mu-rá-mo-nos...",
que concluyó con la previsible carcajada de mi amigo y maestro radiofónico.
De
todos modos, Ángel anticipa que se está iniciando en la composición
literaria, y huelga mencionar que el prolongado análisis que he realizado
a partir de su soneto no es una crítica -en el sentido usual de rechazo
o descalificación- sino un aporte de herramientas conceptuales que me propongo
obsequiarle para colaborar con el desarrollo de su habilidad literaria, y que
considero puede ser de utilidad para todo aquel que se inicia en el valioso oficio
del poeta.
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Este lunes recibí un nuevo mail de Ángel que
confirma lo anotado más arriba acerca de que ciertas ideas no terminaban
de desarrollarse -incluso notaba, aunque consideré que no era pertinente
mencionarlo, que algunos errores de métrica como el de escribir "alguna"
en vez de "una" eran fáciles de subsanar-. Pero ahora recibí
una agradable sorpresa: Ángel me proporcionó la clave -que no alcancé
a percibir- de esa cierta rigidez que notaba en los versos. Sucede que su poema
es al mismo tiempo un ACRÓSTICO.
From: Ángel
Sent:
Lunes 7 de agosto de 2006 12:27
Estimado Sr De Lucia:
Acabo
de leer su amplia revisión a mi poema. De verdad MUCHAS GRACIAS por tomarse
tanto de su valioso tiempo.
La verdad, me da gusto encontrar gente que ama
la poesia tanto como se le nota a usted.
Se me olvidaba
comentarle que el poema lleva inscrito un acróstico con el nombre de una
dama.
Tal vez esto me redujo un poco más las variantes.
De cualquier forma, le agradezco de nuevo su tiempo y sus finas atenciones.
Pronto
le enviaré otra composición, para recibir orientacion (no tan extensa)
y su opinion al respecto.
Gracias mil.
Ángel
Es
decir, que además de las ya dificultosas restricciones formales que tiene
el soneto en cuanto a su extensión, su rima y la longitud de sus versos,
Ángel redujo, como bien dice, sus posibilidades, al exigirse comenzar cada
verso con una letra predeterminada. Creo que hasta el mismo Lope de Vega -uno
de los maestros indiscutidos del soneto, como puede verse incluso en los humorísticos
como Un soneto
me manda hacer Violante- hubiera encontrado dificultades para incluir
en él un acróstico, que en el caso del compuesto por Ángel,
quedó arruinado con mis correcciones. Considero que merece ser felicitado
por su intento.
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Algunos conceptos de teoría
poética
Se ha empleado para el poema analizado la forma
de soneto endecasílabo. Es un marco clásico, adecuado para expresar
una idea o un concepto que se debe ir desarrollando a lo largo del texto hasta
encontrar su remate en el último o en los últimos versos del segundo
terceto.
Un requerimiento básico previo a la escritura de un soneto
es determinar claramente de antemano a qué conclusión se dirigirá
el
discurso lógico implícito en los versos.* Como un centro de
atracción conceptual, ese objetivo facilita la tarea de ir circunstanciando
el desarrollo, así como la de encontrar los términos, las imágenes
y las metáforas más adecuadas para que el lector pueda ser guiado
hasta la conclusión en un gradual aumento de significado y de sentido.
* Aun en un soneto aparentemente sin sentido, como "Rompe
la niebla de una gruta escura..." (hacer click para leerlo completo),
la estructura formal que le sirve de soporte es completamente lógica, la
sintaxis es impecable y la evolución conceptual conduce coherentemente
a su final humorístico.
Este ejemplo pone también de manifiesto
la necesidad de observar escrupulosamente las reglas gramaticales, comenzando
por lo más elemental: la ortografía. También se deben tomar
en cuenta las reglas de la puntuación -de menor exigencia, porque ofrecen
variantes igualmente legítimas cuyo empleo debe ser decidido por el autor
en función de los matices de significado que desea expresar-. Posteriormente
deber observarse los requerimientos sintácticos de coordinación
y subordinación entre las distintas oraciones e incisos expresados en los
versos, y finalmente la coherencia que debe conservar entre sí el contenido
de las estrofas para que integren un nivel superior de sentido que las abarque,
justifique la inclusión de cada una de ellas y otorgue solidez al conjunto
que integran: el poema, una de las más elevadas construcciones de la literatura.
El
placer estético que se experimenta al leer un buen poema tiene entre sus
componentes esa sensación fundamental de ir descubriendo paso a paso las
belleza que el autor ha ido sembrando por el camino, ya sea como aciertos lógicos
que sorprenden por su agudeza, o como nuevas asociaciones de términos que
nos iluminan acerca de aspectos nuevos que el autor ha descubierto entre las palabras
que ha relacionado.
Todas estas percepciones son experimentadas por el lector
del poema a medida que avanza en la lectura, y así como crece su entusiasmo
crece también su expectativa de encontrar nuevas revelaciones que lo deleiten.
Cuando alguien lee una producción poética sobresaliente, se siente
arrastrado por una emoción estética tal que cuando percibe que se
aproxima el final, que quedan unas pocas estrofas o versos, comienza ya a percibir
la nostalgia del deleite ya concluido, algo semejante al obligado descenso anímico
desde la cumbre lírica de una gran interpretación musical, que experimentamos
con su conclusión. Como en tantas otras actividades humanas, se asciende
hasta un climax, en este caso una plataforma o cumbre lírica, y luego se
retorna a lo prosaico y cotidiano. En algunos casos el éxtasis se prolonga,
o su desaparición no resulta tan brusca merced al recurso de ir atenuando
gradualmente la intensidad de la experiencia. Ocurre así con la música,
con la poesía, y con el más íntimo de los encuentros entre
un hombre y una mujer.
En otro orden de consideraciones, así como
disculpamos las imperfecciones técnicas de un ejecutante musical de talento
-entendido el talento como un don superior a la mera habilidad mecánica-,
y valoramos un encuentro interpersonal por el nivel de comunión vivido
obviando la precariedad de las circunstancias de orden práctico, del mismo
modo un poema puede sobreabundar los problemas técnicos de métrica,
de rima, de longitud -que a veces resultan insalvables aun para el artista dotado
de sólido oficio-, con la hondura y la riqueza de su mensaje, que logra
la meta estética propuesta a pesar de los errores técnicos.*
* Un ejemplo de lo que antecede, entre tantos posibles, puede
serlo la incongruencia sintáctica en que incurre la letra de algunas célebres
canciones: "Aquél que un domingo bailaron un tango..."
(Ventanita de arrabal, de Pascual Contursi). Ha resultado peor el intento de algunos
intérpretes de forzar la corrección con un acartonado gerundio:
"Aquél que un domingo, bailando en un tango..."
Otro
ejemplo, en este caso de incongruencia entre el acento musical y el prosódico:
Le Pera escribió: "Arrábal amargo metido en mi vida...",
y también "Me pérsigue implacable su boca que reía...";
Manzi escribió: "Malena canta el tango comó ninguna..."
El
aspecto decisivo, lo reitero, no lo constituye la impecable construcción
formal, sino el sentido de la obra artística considerada como una totalidad,
pero esta salvedad no excluye la obligación, por parte del artista, de
extremar la perfección formal de sus producciones por medio del estudio
y de la práctica. Se escucha por allí que la gramática debe
ser descriptiva y no prescriptiva. No comparto esta tesitura, que
no sólo abre las puertas a neologismos innecesarios y a construcciones
sintácticamente caprichosas -destaco lo de innecesario y caprichoso,
porque no siempre estas innovaciones lo son-, sino que
pone en riesgo la estabilidad
requerida por el lenguaje para conservar su condición de medio de comunicación
que intenta ser lo más universal posible.*
* En
este sentido, cierta iconoclastia de moda, que pretende destruir hasta los códigos
más profundos del idioma en nombre de una pretendida libertad creativa,
enmascara en realidad una actitud mucho más amplia de rechazo a todo orden,
toda jerarquía, todo precepto, que se dirige inconsciente o deliberadamente
al plano de lo moral y al plano superior de las relaciones del hombre con Dios:
el ámbito de lo sagrado. La innegable existencia de esta dimensión
de la realidad exaspera a los ateos militantes y a quienes padecen distintas formas
de neurosis religiosa, del mismo modo que la existencia de la honestidad o de
la lealtad disgusta a aquél que es deshonesto o desleal.
Algunas
críticas pretenden disculpar los errores subsanables de una obra artística
aplicando a su autor la calificación de "intuitivo". Como tantas
otras actividades humanas, la creación artística posee siempre elementos
intuitivos, que por esa misma razón no pueden ser explicitados por medio
de un análisis conceptual, pero detrás de una obra de arte digna
de tal nombre se encuentra también un prolongado, disciplinado y muchas
veces agotador esfuerzo por expresar el ideal de belleza perseguido por el artista
-la causa ejemplar, en la terminología aristotélica-. Sin
duda han existido y existen artista intuitivos, en un amplisimo espectro que abarca
desde Mozart hasta Gardel, pero para la generalidad de los mortales el camino
del arte es una ascesis, un laborioso aprendizaje en el que nos motiva y nos sostiene
el anhelo -compartido también por la generalidad de los humanos- de acceder
a la belleza como valor supremo en el que llega a manifestarse lo Ganz Andere,
lo totalmente otro, la divinidad impersonal o personal, el Ser trascendente en
el que -lo admitamos o no- todos existimos y nos movemos.
Lo
dicho hasta aquí forma parte del propósito enunciado al comienzo
y también en otros comentarios a los textos recibidos, de ir dando forma,
con ocasión de cada nueva circunstancia, a un compendio de criterios y
valoraciones que puedan ser de utlilidad para quienes desean perfeccionar sus
habilidades literarias.
Resulta habitual que algunos participantes en talleres
literarios no son motivados por este deseo, sino por el igualmente legítimo,
pero no pertinente en un contexto de aprendizaje, de dar a conocer sus producciones.
Para eso estan las tertulias, los salones, los encuentros, o como quiera que se
llame a los ámbitos en los que se presentan, se disfrutan y se aplauden
las producciones literarias.
Otras personas asisten a talleres, a veces significativamente
onerosos, por otro legítimo deseo: el de encontrarse con iguales, conversar
acerca de las inquietudes artísticas comunes, concretar una simpática
forma de terapia de grupo contra los efectos del aislamiento y la soledad. Por
cierto que muchos "talleristas" saben lucrar con tales comprensibles
necesidades.
Otros, aun, participan movidos por la simple y mera vanidad: son
los mismos que, a la menor oportunidad que consideran propicia, desinsaculan sus
escritos y los espetan a un auditorio reunido muchas veces con otros objetivos,
en busca del elogio y el aplauso que los gratifique. Hasta se organizan deslucidas
tertulias bajo el tácito lema: "Vos lees lo tuyo y yo te aplaudo;
a cambio, yo leo lo mío y vos me aplaudis, todos nos leemos y nos aplaudimos",
actitud que poco tiene que ver con el deseo de acceder a lo poético. En
la película "La colmena", con argumento del Premio Nobel de Literatura
Camilo José Cela, el propio Cela encarna un personaje que asiste periódicamente
al café y lee a un grupo de contertulios su discurso de aceptación
a un sillón académico. Luego los premia con una vuelta de café
para todos. En una patética y a la vez conmovedora escena, Cela acude al
bar, recibe la consabida invitación a leerles su discurso, y se excusa
humildemente diciéndoles a los aprovechados parroquianos que en esa oportunidad
carece de dinero para pagarles el café. En nombre de todos, uno de ellos,
con verdadero amor activo por su prójimo, le dice que no importa, que lea
su discurso que ellos igual lo van a escuchar atentamente.
Sin duda Cela es
un genio, y ha sabido no sólo escribir maravillosamente bien, sino que
ha iluminado con sus escritos algunos de estos aspectos tan risibles y a la vez
tan llenos de significado de nuestra falible condición humana.
Conrado
De Lucia
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