De: Jorge
Alessandro
Enviado: Lunes 22 de febrero de 2010 12:44
Asunto: Cuento breve
Una grata
sorpresa descubrir la página. Mucho agradezco quiera leer mi primer cuento y
hacerle todas las críticas posibles.
Mi saludo.
Jorge
____________________________________________
Versión corregida:
"Milonga"
Nadie
lo extrañó demasiado el día que se fue del barrio cuando
al padre lo trasladaron. Sólo algunos. Yo fui uno de ellos.
Ubieta no era de caer simpático, más bien todo
lo contrario. Se hacía el canchero decían los pibes
y eso lo hacía parecer soberbio.
Posiblemente por su condición de hijo del gerente del
banco se creía un poco más que el resto, aunque alguna vez alguien
lo colocó en su lugar y tuvo que arrugar. Fue cuando lo agarraron a las
piñas, y en esas circunstancias no hubo burocracia bancaria que lo auxiliara.
En mi caso, la relación con él que no
llegó a la amistad fue un poco más cercana por aquella condición
que se daba cuando jugábamos al fútbol. Realmente nos entendíamos
muy bien, sobre todo cuando los sábados por la tarde pateábamos
en la canchita de la estación de trenes.
Formábamos una pareja que se fue consolidando con el
tiempo. Él jugaba de centro delantero, y la verdad es que era un gusto
asistirlo "de rastrón", para que entrara a la carrera, haciendo
verdaderas fintas en el área, o bien "de arriba", para que
mandara sus furibundos cabezazos.
Por la habilidad con la que "bailaba" a los defensores
comenzaron a decirle "Milonga", y se notaba que le gustaba que lo
llamaran así.
"Toque y adentro", me decía, y era como una
clave. Ese era el momento en el que yo levantaba la cabeza y, seguro, él
ya se había desmarcado de los defensores contrarios dejando el hueco
suficiente para que se la pasara y terminara el gol.
"Toque y adentro" se fue convirtiendo con el tiempo
casi como en una contraseña entre nosotros. Un salvoconducto para el
gol.
Después los años fueron pasando. Yo terminé
el secundario y me fui del pueblo para ingresar en la Facultad de Medicina. Cuando
me recibí hice una especialización en psiquiatría, y al
tiempo comencé a trabajar en un Neurosiquiátrico.
Fue un tiempo verdaderamente motivador y rescatable de mi
actividad profesional. Junto con varios profesionales, más un grupo
de voluntarios, armamos un programa innovador y logramos convencer a las autoridades
de intentar terapias alternativas para el tratamiento de los pacientes. Desde
una recreación contenida y asistida, que incluyó distintos juegos
y deportes, hasta el teatro. Incluso llegamos a armar una murga que sólo
logró actuar entre los internos, porque por cuestiones burocráticas
nunca logramos participar de actividades en el exterior.
Recuerdo que una tarde de primavera en la que se disputaba
un partido de fútbol entre los internos me dirigí hacia la canchita
del fondo. Fui por el camino de piedra bordeado de plátanos y bancos
de madera. En esa oportunidad alguien, de atrás, me saludó diciendo:
"¡chau, doctor!".
Al darme vuelta, advertí que en uno de aquellos bancos
junto a los que había pasado sin darme cuenta se encontraba un viejo
sentado. Su barba, sus ojos claros hundidos, su pelo abundante, le daban la
apariencia de un muñeco rotoso y por demás frágil.
Al
acercarme no logré reconocer aquellos despojos, aunque su voz todavía
me resultaba cercana. Y cuando estaba ya casi junto a él, con esfuerzo
logró ponerse de pie.
En ese momento temí decirlo, pero me arriesgue y le
pregunté: "¿Ubieta?"
Él me respondió negando: "Milonga, doctor...".
"Milonga", repitió. Y agregó: "No me confunda.".
Y se fue sin siquiera darme la mano, simulando hacer jueguitos
con una pelota inexistente, que sólo él veía.
Yo me quedé mirándolo, todavía perturbado,
hasta que llegó al final del sendero. Desde allí se dio vuelta,
alzó la cabeza y me dijo: "Toque y adentro, doctor.".
Luego hizo el gesto de hacerme un pase al rastrón,
y se fue.
Yo recogí aquel balón y me lo llevé debajo
del brazo.
Al llegar a la cancha donde se jugaba el picado entre los
internos, varios de ellos comenzaron a gritarme: "¡Eh, doctor, esa
pelota es nuestra...!"
Entonces le pegué de sobrepique y se las devolví.
Después me fui pensando: "¿lo que es la
vida, no?", y pedí ver los legajos de los nuevos internos.
Jorge
Alessandro
Diciembre
de 2009.
___________________________________
Versión original:
Milonga1
Nadie
lo extrañó demasiado el día que se fue del barrio cuando
al padre lo trasladaron. Solo2 algunos.
Yo fui uno de ellos.
Ubieta no era de caer simpático, mas3
bien todo lo contrario. Se hacía el canchero4
decían los pibes5 y eso lo hacía
parecer soberbio.
Posiblemente por su condición de hijo del gerente del
banco se creía un poco más que el resto, aunque alguna vez alguien
lo colocó en su lugar y tuvo que arrugar. Fue cuando lo agarraron a las
piñas y en esas circunstancias no hubo burocracia bancaria que lo auxiliara.
En mi caso, la relación con él, que no llegó
a la amistad6, fue un poco más
cercana por aquella condición que se daba cuando jugábamos al
fútbol. Realmente nos entendíamos muy bien, sobre todo cuando
los sábados por la tarde pateábamos en la canchita de la estación
de trenes.
Formábamos una dupla7
que se fue consolidando con el tiempo. El jugaba de centro delantero y la verdad
que era un gusto asistirlo "de rastrón", para que entrara a
la carrera, haciendo verdaderas fintas en el área o bien "de arriba",
para que mandara sus furibundos cabezazos.
Por la habilidad con la que "bailaba" a los defensores
comenzaron a decirle Milonga y se notaba que le gustaba que lo llamaran así.
"Toque y adentro" me decía8
y era como una clave. Ese era el momento en el que yo levantaba la cabeza y
seguro9 el ya se había desmarcado
de los defensores contrarios, dejando el hueco suficiente para que se la pasara
y terminara el gol.
Toque y adentro10
se fue convirtiendo con el tiempo,11
casi como en una contraseña entre nosotros. Un salvoconducto para el
gol.
Después, los años fueron pasando.
Yo terminé el secundario y me fui del pueblo para ingresar
en la Facultad de Medicina.
Cuando me recibí hice una especialización en
psiquiatría y al tiempo comencé a trabajar en un Neurosiquiátrico.12
Fue un tiempo verdaderamente motivador y rescatable de mi
actividad profesional.13
Junto con varios profesionales, más un grupo de voluntarios,
armamos un programa innovador y logramos convencer a las autoridades de intentar
terapias alternativas para el tratamiento de los pacientes. Desde una recreación
contenida y asistida, que incluyó distintos juegos y deportes14
hasta el teatro. Incluso llegamos a armar una murga que solo logró actuar
entre los internos, porque por cuestiones burocráticas nunca logramos
participar de actividades en el exterior.
Recuerdo que una tarde de primavera,15
en la que se disputaba un partido de fútbol entre los internos me dirigí
hacia la canchita del fondo. Fui por el camino de piedra bordeado de plátanos
y bancos de madera. En esa oportunidad, alguien, de atrás me saludó
diciendo "chau doctor¡".16
Al darme vuelta, advertí que en uno de aquellos bancos
junto a los que había pasado sin darme cuenta, se encontraba un viejo
sentado. Barbudo17, sus ojos claros
hundidos, su pelo abundante le daban la apariencia de un muñeco rotoso
y por demás frágil.18
Al
acercarme no logré reconocer aquellos despojos, aunque su voz todavía
me resultaba cercana. Y cuando casi ya estaba junto a él19,
con esfuerzo logró ponerse de pié20.
En ese momento, temí decirlo, pero me arriesgue y le
pregunté: ¿Ubieta?
El me respondió negando. "Milonga Dr. .. Milonga"
repitió. Y agregó: No me confunda.21
Y se fue sin siquiera darme la mano, simulando hacer jueguitos
con una pelota inexistente, que solo22
él veía.
Yo me quedé mirándolo, todavía perturbado,
hasta que llegó al final del sendero. Desde allí se dio vuelta,
alzó la cabeza y me dijo :"Toque y adentro Dr.".23
Luego hizo el gesto de hacerme un pase al rastrón24
y se fue.
Yo recogí aquel balón y me lo llevé debajo
del brazo.
Al llegar a la cancha donde se jugaba el picado entre los
internos, varios de ellos comenzaron a gritarme: ¡eh doctor, esa pelota
es nuestra ¡25
Entonces, le pegué de sobrepique y se las devolví.
Después, me fui pensando: ¿lo que es la vida,
no?26 y pedí ver los legajos
de los nuevos internos.
Diciembre
de 2009.
__________________________________
Correcciones:
1 "Milonga"
va entre comillas porque es un apodo. También podría ir sin comillas
y en letras itálicas, como en el cuento
Chorizo. En ese relato se
optó por las itálicas porque el nombre se repite numerosas veces,
y las comillas resultaban excesivamente notorias, como
si el texto quedara "erizado" por ellas.
2 "Sólo"
lleva acento cuando no es el adjetivo "solo" (sin compañía)
sino el adverbio "solamente" (exclusivamente).
3 "Más"
lleva acento cuando no es la conjunción adversativa "mas" (pero)
sino el adverbio "más" (mayor cantidad).
4 "Se hacía
el canchero" debe ir entre comillas porque es una cita textual.
5 "decían
los pibes" es un comentario lateral un inciso como éste mismo
por lo que lo más adecuado es ponerlo entre rayas (""
, o sea Alt + 0150). Cabría también ponerlo entre comas, pero
el comentario no quedaría tan separado del resto de la oración
como lo requiere su sentido.
Incluso podría ponerse entre paréntesis, pero
esto daría al comentario cierto tono de complicidad con el lector, como
en el famoso verso: "Y dije: "Donosa"
(por saber quién era), ¿dónde es la vaquera de la Finojosa?"
[Obsérvese, de paso, la detallada puntuación
que requiere una cita como la precedente: comillas, dos puntos, término
entre otro par de comillas, mayúscula, paréntesis,
coma, apertura de pregunta, acento en "dónde", mayúscula
en el topónimo, cierre de pregunta y cierre de
comillas.].
Cuando
en un texto no se toman en cuenta estos trabajosos detalles (no es el caso de
"Milonga", por supuesto: se trata de una indicación
con valor general) casi indefectiblemente el lector tropieza. La escritura prolijamente
acotada con todo lo desagradable que significa "prolijo"
permite leer con comodidad aún los pasajes más difíciles.
Con la puntuación sucede como cuando viajamos velozmente
y nuestro automóvil se aproxima a una rotonda o un cruce complicado.
Si todas las señales están adecuadamente dispuestas casi sin percatarnos
encontramos el trayecto correcto y proseguimos la marcha sin
vacilaciones. En cambio cuando faltan algunas señales, o no están
correctamente ubicadas, tenemos que aminorar la marcha y hasta
detenernos del todo para poder orientarnos.
6 "que no llegó
a la amistad" es otro inciso aclaratorio, por lo que conviene reemplazar
las comas por rayas ("").
7 "dupla",
a pesar de ser usado con frecuencia por periodistas deportivos, no significa
"dos personas". El término correcto es "pareja",
por más que su abuso por parte de periodistas del espectáculo
sugiera connotaciones eróticas.
8 "me decía",
"seguro", al igual que otros comentarios que siguen, van entre comas.
9 Más
correcto que el adjetivo "seguro" sería el adverbio "seguramente",
pero en este caso puede dejarse "seguro" porque refleja
el habla coloquial y el tono emotivo de la oración.
Obsérvese, de paso, el cambio de puntuación
que requeriría el empleo del adverbio "seguramente":
En: "yo levantaba la cabeza y, seguro, él ya se
había desmarcado de los defensores contrarios", el adjetivo "seguro"
es un comentario, y como tal debe ir entre comas.
En cambio en: "yo levantaba la cabeza y seguramente él
ya se había desmarcado de los defensores contrarios" no se requieren
comas porque el adverbio "seguramente" está modificando al
verbo "ya se había desmarcado".
10 "Toque
y adentro" va entre comillas como aparece correctamente en el párrafo
anterior porque es una cita textual.
11 "...se fue convirtiendo
con el tiempo, casi como en una contraseña..." En el inciso "con
el tiempo" se puede prescindir de la delimitación
entre comas, porque su sentido es inequívoco. Si se colocan las comas,
éstas deben ir al comienzo y al final del inciso:
"...se fue convirtiendo, con el tiempo, casi como en una contraseña..."
Se advierte aquí que este detalle de escrupulosidad
es innecesario, y las comas aunque correctas sólo interrumpen
la fluidez del relato.
12
Estas tres oraciones breves pueden ir en el mismo párrafo separadas
por puntos seguidos porque no hay solución de continuidad
en el relato.
13
Por análogo motivo, conviene unir con punto y seguido esta oración
a la siguiente.
14 El comentario: "que incluyó distintos juegos y deportes", se acotó correctamente con una coma al principio, y requiere otra coma final antes de la continuación de la oración.
15 "...en la que se disputaba un partido de fútbol entre los internos...". Este inciso también podría ir entre comas, pero el sentido unívoco de la oración permite no utilizarlas. En este caso debe quitarse la primera coma, luego de "primavera".
16
"En esa oportunidad, alguien, de atrás me saludó diciendo
"chau doctor¡"." La puntuación, ya
comentada anteriormente, debe ser: "En esa
oportunidad alguien, de atrás, me saludó diciendo: "¡chau,
doctor!".
17 Como el adjetivo "Barbudo"
forma parte de un sujeto compuesto: "Barbudo, sus ojos claros hundidos,
su pelo abundante...", debe ser reemplazado
por un sustantivo: "Su barba, sus ojos claros hundidos, su pelo abundante,...".
18 El punto y aparte corresponde,
pero la pausa de una línea completa es innecesaria porque la situación
en que transcurre el relato no cambia.
19 "Y cuando casi ya estaba
junto a él": El orden lógico resulta más correcto
anteponiendo el verbo "estaba" a los adverbios que
lo modifican, y anteponiendo el adverbio "ya" al adverbio "casi",
que a si vez lo modifica: "Y cuando estaba ya casi junto
a él..."
20 "pie" no lleva acento
porque es un monosílabo.
21 En: "El me respondió
negando. "Milonga Dr. .. Milonga" repitió. Y agregó:
No me confunda.", la forma correcta es: Él me respondió
negando: "Milonga, doctor...". "Milonga", repitió.
Y agregó: "No me confunda.".
22 Ídem nota 2.
23 En: "Toque y adentro Dr.",
"doctor" debe estar separado por una coma porque es un vocativo. En
un relato no se debe emplear la abreviatura "Dr.".
24
Coma para separar la nueva oración: "y se fue".
25 En: "¡eh doctor,
esa pelota es nuestra ¡", la forma correcta es: "¡Eh,
doctor, esa pelota es nuestra...!"
26 La cita textual debe ir entre
comillas.
___________________________________________
Comentario
Estimado doctor Alessandro:
Ante todo debo señalar que me ha dado un poco de vergüenza
ponerme a corregir meros detalles formales de este cuento: me he sentido como
si estuviera pasando una casi innecesaria franela sobre un objeto reluciente,
en el que solamente un obsesivo en busca de lo perfecto se detendría
a señalar la existencia de algunas pelusas. Pero ése es mi trabajo,
y después de leer este relato y de secarme una lágrima que me
corría por la mejilla me puse a redactar las notas que anteceden, que
pese a todo son indispensables para que resplandezca la belleza de un texto.
Espero que todo aquel que visite el taller y lea esta página
aproveche las dos vertientes que le ofrece: La más humilde la constituyen
las indicaciones para escribir con mayor corrección. La más importante
es, incuestionablemente, el significado de lo que usted ha narrado en "Milonga",
que excede todo comentario literario y sólo podría ser desarrollado
desde la antropología filosófica. No me atrevo a intentarlo, porque
su cuento propone con más eficacia que cualquier análisis metafísico
una reflexión sobre lo contingente y precario de nuestra existencia.
Le sugiero que envíe su cuento a alguna publicación que a su criterio
lo merezca.
Conrado
De Lucia
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