De: A.V.  (Bariloche, Pcia. de Río Negro)
Enviado: Domingo 20 de Diciembre de 2009 17:20
Conrado:
¡Cuanto me gustaría que continúes ayudándome a aprender a redactar!
¿Podrías, cuando tengas tiempo, señalar los errores cometidos en el texto adjunto?
Gracias

Texto corregido:
                                                                    No soy filósofo

   No soy filósofo, por eso mis pensamientos –liberados del razonamiento lógico– vuelan desde la mas idiota estupidez hasta la mas alocada fantasía. Mis reflexiones de lenguaje llano –con errores técnicos por no dominar la especialidad– sin embargo a veces, en sus giros de vuelo, podrían rozar la verdad.

   La tierra –un puntito azul inmerso en una marginal galaxia perdida entre los miles de millones de galaxias del cosmos– asila a un efímero habitante: el hombre. Una nada.

   ¿Una nada?

   Aquí va mi primer vanidoso disparate (al redactarlo recuerdo lo que dijeron –más allá de las diferentes interpretaciones dadas a sus palabras– pensadores atados a la razón: "Pienso, luego existo" y "Sólo sé que no sé nada"):

   Si alguien, al tomar conciencia de su propia existencia, intenta imaginar y descubrir la grandeza de quien lo contiene, ese alguien tiene el color y la dimensión relativa de tal grandeza.

   Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos, y la selección natural, originan la evolución del hombre y de cuanto lo rodea. Sólo interviene exteriormente la Ley de la causalidad.

   Segundo jactancioso desatino (otro recuerdo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo"):

   Desde que avivó la llama e hizo rodar la rueda para transportar lo que había aprendido a sembrar, hasta hacer chocar protones mediante la "máquina de Dios" para recrear las condiciones del Big Bang, pasando por incontables descubrimientos e invenciones que le permiten comenzar a develar los misterios de la naturaleza y del universo, ordenar, administrar, mejorar y prolongar su vida (¡como también la paradoja de hacer lo contrario!), el hombre demuestra su capacidad de manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna. Sólo él puede reemplazar con actos voluntarios la mera causalidad física.

   Según el calendario cósmico creado por un científico y soñador –que partió de la hipótesis de que un año de los nuestros equivale a la existencia total del universo– el hombre aparece una hora y media antes de finalizar el 31 de diciembre, y en sus últimos nueve segundos crea la escritura. Durante esos brevísimos momentos el hombre, además de adentrarse en lo material, comprende y penetra el mundo abstracto de la razón y de las artes.

   Con el don de poder combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas, el hombre ha creado un escenario con obras que trascienden la naturaleza de un mero ser viviente. Con el desarrollo de su intuición y de su capacidad de razonar y discernir, está intentando buscar el lado profundo de las cosas, estudiando la esencia de toda verdad para llegar a conocer el fundamento de la realidad. Estas características espirituales distancian largamente al hombre de todo el resto de la creación.

   Cuando los pocos pero ruidosos alborotadores de hoy dejen de ser lacayos de sus debilidades, apetitos descontrolados e indolente crueldad, y se conviertan en amos y señores de su verdadera naturaleza, el hombre prevalecerá como lo que ciertamente es: el rey de la creación.

   ¿Acaso Dios no hizo al hombre a su imagen y semejanza?
                                                                                                                              A.V.
                                                                                                                          

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Texto original:

                                                                     No soy filósofo

No soy filósofo, por eso mis pensamientos –liberados del razonamiento lógico– vuelan desde la mas idiota estupidez hasta la mas alocada fantasía. Mis reflexiones de lenguaje llano –con errores técnicos por no dominar la especialidad– sin embargo a veces, en sus giros de vuelo, podrían rozar la verdad.

La tierra –un puntito azul inmerso en una marginal galaxia perdida en los miles de millones de galaxias del cosmos– asila a un efímero habitante, al hombre: una nada.

¿Una nada?

Aquí va mi primer vanidoso disparate (al redactarlo recuerdo lo que pensadores atados a la razón –más allá de las diferentes interpretaciones dadas a sus palabras– dijeron: "Pienso luego existo" y "Solo se que no se nada"):

Si alguien al tomar conciencia de su propia existencia intenta imaginar y descubrir la grandeza de quien lo contiene, ese alguien tiene el color y la dimensión relativa de tal grandeza.

Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos y la selección natural es el origen de la evolución de todo cuanto hoy rodea al hombre y la de él mismo, solamente con la intervención externa de la Ley de la causalidad

Segundo jactancioso desatino (otro recuerdo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo"):

Desde que avivó la llama e hizo rodar a la rueda para transportar lo que había aprendido a sembrar, hasta hacer chocar protones con "La máquina de Dios" para obtener partículas que recreasen las condiciones después del Big Bang, pasando por incontables descubrimientos e invenciones que le permiten comenzar a desvelar los misterios de la naturaleza y del universo; ordenar, administrar, mejorar y prolongar su vida (¡como así también, cual paradoja, crear lo contrario!) , el hombre demuestra su capacidad para manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna. Sólo él puede reemplazar la causalidad por lo volitivo.

Según el calendario cósmico creado por un científico y soñador –que partió de la hipótesis de que un año de los nuestros equivale a la existencia total del universo– el hombre aparece a una hora y media antes de finalizar el 31 de diciembre, y en sus últimos nueve segundos creó la escritura.
Fue durante esos brevísimos momentos en que el hombre, además de adentrarse en lo material, comprende y penetra el mundo abstracto de la razón y de las artes.

Con el don de combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas el hombre ha creado un escenario con obras que trascienden la naturaleza de un mero ser viviente. Con el desarrollo de su intuición y su capacidad de razonar y discernir está intentando buscar el lado profundo de las cosas, estudiando la esencia de toda verdad para llegar a conocer el fundamento de la realidad. Estas características espirituales distancian largamente al hombre de todo el resto de la creación.

Cuando los pocos pero ruidosos alborotadores de hoy dejen de ser lacayos de sus debilidades, apetitos descontrolados e indolente crueldad y se conviertan en amos y señores de su verdadera naturaleza, el hombre prevalecerá como lo que ciertamente es, el rey de la creación.

¿Acaso Dios no hizo al hombre a su imagen y semejanza?

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Correcciones:


                                                                 No soy filósofo

Es correcto el uso de itálicas para distinguir (dis-tinguir, dar un tinte diferente) un párrafo que no forma parte del discurso principal. Equivale a lo que en teatro se indica como un "aparte": cuando un actor hace un comentario y se supone que no es oído por los demás actores presentes en la escena.

En cambio no se deben destacar párrafos poniéndolos en "negrita" (bold). Esto puede ser percibido como una intromisión del autor, quien pretende obligar a tomar nota de un párrafo –que el lector a su vez puede considerar irrelevante–, o como una confesión de carencia de recursos por parte del autor, quien al no encontrar el modo de otorgar fuerza al texto mediante la calidad de sus argumentos, intenta reforzarlos con un trazo más grueso.

Por el mismo motivo no corresponde variar el tamaño de la letra utilizada, salvo cuando se emplea un tipo de letra menor para indicar que se trata de una cita textual. Las letras de mayor tamaño –como aparecen en la última oración del texto original– sólo pueden usarse para destacar el título.

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   "No soy filósofo, por eso mis pensamientos –liberados del razonamiento lógico– vuelan desde la mas idiota estupidez hasta la mas alocada fantasía. Mis reflexiones de lenguaje llano –con errores técnicos por no dominar la especialidad– sin embargo a veces, en sus giros de vuelo, podrían rozar la verdad."

Este párrafo, totalmente correcto, es un ejemplo de la flexibilidad que admite la puntuación:
Para comenzar, los dos incisos que comentan cuestiones laterales están correctamente acotados por rayas.

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   "sin embargo a veces, en sus giros de vuelo, podrían rozar la verdad."

En esta enumeración de circunstancias potenciales se prescindió correctamente de una coma para evitar que demasiadas pausas hicieran fatigosa la lectura.

En rigor lógico, debería ser: "sin embargo, a veces, en sus giros de vuelo, podrían rozar la verdad.". Pero la coma que falta no dificulta la comprensión del significado, y en cambio aligera la oración.

El criterio general, que en este texto se ha seguido perfectamente, es tratar de que el significado de una oración sea lo más comprensible que se pueda, y esto, paradójicamente, puede ser dificultado por un exceso de escrupulosidad formal.

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   "La tierra –un puntito azul inmerso en una marginal galaxia perdida en los miles de millones de galaxias del cosmos– asila a un efímero habitante, al hombre: una nada."

En lugar de la preposición "en", que indica lugar, ("ubicación", según las categorías de Aristóteles), es más correcto poner "entre", que indica situación y relación (otras dos de las diez categorías aristotélicas.):

   "La tierra –un puntito azul inmerso en una marginal galaxia perdida entre los miles de millones de galaxias del cosmos– asila a un efímero habitante, al hombre: una nada."

Una puntuación más correcta consiste en poner dos puntos para anunciar quién es el "efímero habitante", y luego un punto conclusivo para reforzar el efecto de la afirmación "una nada":

   "La tierra –un puntito azul inmerso en una marginal galaxia perdida entre los miles de millones de galaxias del cosmos– asila a un efímero habitante: el hombre. Una nada."

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   "¿Una nada?

   Aquí va mi primer vanidoso disparate (al redactarlo recuerdo lo que pensadores atados a la razón –más allá de las diferentes interpretaciones dadas a sus palabras– dijeron: "Pienso luego existo" y "Solo se que no se nada"):"

En "Pienso, luego existo" debe ir una coma para separar las dos oraciones: una dice solamente "pienso"; la otra deduce: "por consiguiente existo".

En "Sólo sé que no sé nada" se debe poner acento en "sólo", porque no es el adjetivo que significa "sin compañía" sino el adverbio que significa "solamente".

También lleva acento el monosílabo "sé", para señalar que es una inflexión del verbo saber y no el pronombre reflexivo "se".

Respecto del orden sintáctico que pueda resultar más eficiente (ya que no más correcto) según el ya mencionado criterio de optimizar la comprensión, pueden considerarse algunas variantes:

Anticipando "dijeron" se evita que el lector suspenda su juicio comprensivo a la espera de que aparezca el verbo que otorgue sentido a la oración (el verbo es el verdadero corazón de una oración, el que la pone en marcha –por así decirlo– y la distingue de la mera frase, que es estática.):

   "Aquí va mi primer vanidoso disparate (al redactarlo recuerdo lo que dijeron pensadores atados a la razón –más allá de las diferentes interpretaciones dadas a sus palabras–: "Pienso, luego existo" y "Sólo sé que no sé nada"):"

También puede anticiparse el inciso entre rayas (que contiene una oportuna salvedad), según el autor lo considere más oportuno:

   "Aquí va mi primer vanidoso disparate (al redactarlo recuerdo lo que dijeron –más allá de las diferentes interpretaciones dadas a sus palabras– pensadores atados a la razón: "Pienso, luego existo" y "Sólo sé que no sé nada"):"

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"Si alguien al tomar conciencia de su propia existencia intenta imaginar y descubrir la grandeza de quien lo contiene, ese alguien tiene el color y la dimensión relativa de tal grandeza.

La lectura sin tropiezos se facilita al delimitar con comas el inciso "al tomar conciencia de su propia existencia":

   "Si alguien, al tomar conciencia de su propia existencia, intenta imaginar y descubrir la grandeza de quien lo contiene, ese alguien tiene el color y la dimensión relativa de tal grandeza."

Aquí puede señalarse otro ejemplo de que lo prioritario es facilitar la comprensión:
En rigor, en toda oración que contenga la conjunción condicional "sí", se debe anteponer a su consecuencia la conjunción ilativa "entonces" (en tal caso, siendo así):

   "Si alguien, al tomar conciencia de su propia existencia, intenta imaginar y descubrir la grandeza de quien lo contiene, entonces ese alguien tiene el color y la dimensión relativa de tal grandeza."

Pero el autor ha considerado correctamente que eliminando "entonces" no se compromete el significado de la oración, y en cambio se aligera su lectura (obviamente "se aligera" en el sentido de "se aliviana", no de "se hace más rápida").

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   "Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos y la selección natural es el origen de la evolución de todo cuanto hoy rodea al hombre y la de él mismo, solamente con la intervención externa de la Ley de la causalidad."

Este es un ejemplo de agolpamiento de ideas, circunstancia que hace difícil expresarlas en una sola oración. (Conviene recordar aquí el admirable estilo de Azorín: Una idea, una oración breve; cuatro ideas, cuatro oraciones breves. El lector se siente aliviado y agradecido. Por su parte, Sarmiento tiene menos lectores de los que merecería, porque sus parrafadas –por lo demás, impecables– fatigan por su excesiva longitud.)

El sujeto de la oración es compuesto. Por lo tanto, el verbo debe ir en plural:

   "...la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos y la selección natural son el origen..."

Luego de "hombre" debe ir una coma, indispensable para el sentido correcto de la oración. También podría ponerse entre comas el segundo miembro del sujeto compuesto: "y la selección natural", convirtiéndolo así en un inciso:

   "...la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos, y la selección natural, son el origen de la evolución de todo cuanto hoy rodea al hombre..."

El adverbio "solamente" queda un tanto yuxtapuesto (puesto al lado, no totalmente integrado al conjunto). Puede reemplazarse el adverbio "solamente " por el adjetivo "sola" (como criterio general, un adjetivo –que agrega una cualidad al sustantivo– es de comprensión más directa que un adverbio –que modifica el sentido del verbo–):

   "...todo cuanto hoy rodea al hombre, y la de él mismo, con la sola intervención externa de la Ley de la causalidad."

Siempre conviene situar el adverbio –en este caso, "hoy"– despues del verbo, para no anteponer una modificación a algo todavía no enunciado:

   "...todo cuanto rodea hoy al hombre, y la de él mismo, con la sola intervención externa de la Ley de la causalidad."

El giro "y la de él mismo" obliga al lector a retroceder mentalmente hasta la palabra "evolución". Se puede –sin temor a la redundancia, que en este caso resulta útil– repetir el término:

   "...son el origen de la evolución de todo cuanto rodea hoy al hombre, y de su propia evolución..."

Y se percibe entonces que, dado que la figura central de la oración es "el hombre", y no "todo cuanto lo rodea", convendría modificar el orden de sus partes de esta manera:

   "...la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos, y la selección natural, son el origen de la evolución del hombre y de cuanto lo rodea..."

Al enderezar su estructura lógica la oración resulta más breve. El adverbio "hoy" se ha quitado porque ahora se evidencia su redundancia: el verbo "rodea" en tiempo presente implica, sin necesidad de reiterarlo, algo que sucede actualmente.

Se ha quitado también el adjetivo "todo" porque sólo añade una redundancia: El pronombre relativo de cantidad "cuanto" significa aquí "todo lo que", de modo que la oración puede enunciarse:

   "Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos, y la selección natural, son el origen de la evolución del hombre y de cuanto lo rodea, con la sola intervención externa de la Ley de la causalidad."

O también:

   "Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos, y la selección natural, son el origen de la evolución del hombre y de todo lo que lo rodea, con la sola intervención externa de la Ley de la causalidad."

Por último, se puede redactar de nuevo la oración en el estilo más directo propuesto anteriormente:

   "Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos, y la selección natural, originan la evolución del hombre y de cuanto lo rodea. Sólo interviene exteriormente la Ley de la causalidad."

Resulta didáctico compararla con la oración original:

   "Se dice que la interacción multiplicadora de procesos físicos y químicos y la selección natural es el origen de la evolución de todo cuanto hoy rodea al hombre y la de él mismo, solamente con la intervención externa de la Ley de la causalidad."

Obsérvese que se ha respetado por completo el estilo de la oración, respecto de lo cual es oportuno mencionar que los errores no constituyen ningún estilo.  Marcelo Di Marco, en su excelente libro Taller de corte y corrección (la edición de Sudamericana de 1998 está agotada, pero ha sido publicado nuevamente por otra editorial) le indica a un alumno de su taller literario, quien intenta justificar sus errores diciendo: "es mi estilo": Aprenda primero a escribir correctamente, y después va a poder desarrollar un estilo propio.

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   "Segundo jactancioso desatino (otro recuerdo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo"):

Desde que avivó la llama e hizo rodar a la rueda para transportar lo que había aprendido a sembrar, hasta hacer chocar protones con "La máquina de Dios" para obtener partículas que recreasen las condiciones después del Big Bang, pasando por incontables descubrimientos e invenciones que le permiten comenzar a desvelar los misterios de la naturaleza y del universo; ordenar, administrar, mejorar y prolongar su vida (¡como así también, cual paradoja, crear lo contrario!) , el hombre demuestra su capacidad para manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna. Sólo él puede reemplazar la causalidad por lo volitivo."

   "Desde que avivó la llama e hizo rodar a la rueda"

La preposición "a" formando parte de un objeto directo –normalmente es parte de un objeto indirecto: a quién o para quién se dirige la acción– sólo se aplica a seres vivientes: "Educó a su hijo", "reprendió a su perro", "podó a su duraznero" (en este último caso, el uso suele considerar
–erróneamente– que una planta no es algo vivo, por lo que también se admite decir "podó su duraznero".
De modo que "el hombre" –nótese lo postergado que ha quedado el sujeto, casi al final de esta larga oración– no "avivó a la llama" sino que "avivó la llama". Y tampoco "hizo rodar a la rueda", sino que "hizo rodar la rueda".

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   "hasta hacer chocar protones con "La máquina de Dios""

Los protones no chocaron con "la máquina de Dios", sino mediante la publicitada como "máquina de Dios" –designación lamentable, por otra parte, que pone de manifiesto soberbia científica y desconocimiento teológico–.

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   "partículas que recreasen las condiciones después del Big Bang"

Aquí aparece un adverbio, "después", no pertinente, porque no se está analizando el desarrollo cronológico del Big Bang sino que sólo se lo está mencionando como un acontecimiento. Lo correcto es: "partículas que recreasen las condiciones del Big Bang".

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    "comenzar a desvelar los misterios"

Más correcto que "desvelar los misterios" es "develar los misterios", porque el verbo "develar" tiene un sólo significado:"quitar un velo", "desocultar". En cambio "desvelar" tiene varios significados: el primero es "quitar el sueño", el siguiente es –metafóricamente, y como consecuencia del significado anterior– "preocuparse por algo", y recién el tercer significado es "quitar un velo".

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   "¡como así también, cual paradoja, crear lo contrario!"

"Así" (que significa "de este modo") es superfluo en la comparación "como así también" (equivale a la redundancia: "como de este modo también").

Una digresión: Recuerdo que un párroco de Ingeniero White abultaba sus aburridos sermones con el giro "para así de esta manera", que usaba una y otra vez. El parroquiano don Nemesio, un español muy piadoso –pero inteligente–, se retiraba discretamente al comenzar la homilía y regresaba cuando oía desde el atrio que rezábamos el Credo.

   "¡como también, cual paradoja, crear lo contrario!"

No corresponde poner "cual paradoja" (aquí el adverbio relativo "cual" equivale al "como" comparativo: "como si fuera una paradoja") porque en el contexto de la exclamación se trata realmente de una paradoja, algo que contradice la opinión común. Cabe entonces escribir:

   "¡como también la paradoja de crear lo contrario!"

Pero como el antecedente de esta paradoja no describe creaciones sino acciones, el verbo que debe emplearse no es crear sino hacer:

   "¡como también la paradoja de hacer lo contrario!"

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   "el hombre demuestra su capacidad para manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna."

El verbo "demuestra" significa "desarrolla un razonamiento", "deduce una explicación". Aquí corresponde simplemente "muestra", que equivale a "manifiesta", "hace visible":

   "el hombre muestra su capacidad para manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna."

El régimen de la preposición española es particularmente sutil, y admite análisis lógicos como el siguiente:

 "el hombre muestra su capacidad para", significa: "el hombre tiene capacidad –en un sentido general, que equivale a "el hombre es un ser capaz"–, y emplea esa capacidad "para manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna".

La expresión resulta más llana con la preposición "de": Expresa directamente que el hombre muestra su capacidad de hacer algo:

   "el hombre muestra su capacidad de manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna."

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   "Sólo él puede reemplazar la causalidad por lo volitivo."

La expresión está incompleta, por lo que su sentido resulta dudoso, ya que son causas tanto "la causalidad" –a secas– como "lo volitivo". Lo correcto es expresar que el hombre es el único que puede reemplazar la causalidad física de las leyes de la materia por una causalidad libre, que implica conocimiento del fin y voluntad de lograrlo.

El régimen de la preposición establece que una cosa se reemplaza con otra, y no por otra:

   "Sólo él puede reemplazar con sus actos voluntarios la mera causalidad física."

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El párrafo original era:

   "Desde que avivó la llama e hizo rodar a la rueda para transportar lo que había aprendido a sembrar, hasta hacer chocar protones con "La máquina de Dios" para obtener partículas que recreasen las condiciones después del Big Bang, pasando por incontables descubrimientos e invenciones que le permiten comenzar a desvelar los misterios de la naturaleza y del universo; ordenar, administrar, mejorar y prolongar su vida (¡como así también, cual paradoja, crear lo contrario!) , el hombre demuestra su capacidad para manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna. Sólo él puede reemplazar la causalidad por lo volitivo."

Una nueva versión puede ser:

   "Desde que avivó la llama e hizo rodar la rueda para transportar lo que había aprendido a sembrar, hasta hacer chocar protones mediante la "máquina de Dios" para recrear las condiciones del Big Bang, pasando por incontables descubrimientos e invenciones que le permiten comenzar a develar los misterios de la naturaleza y del universo, ordenar, administrar, mejorar y prolongar su vida (¡como también la paradoja de hacer lo contrario!), el hombre demuestra su capacidad de manejar su propia evolución sin intromisión externa alguna. Sólo él puede reemplazar con actos voluntarios la mera causalidad física."

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   "Según el calendario cósmico creado por un científico y soñador –que partió de la hipótesis de que un año de los nuestros equivale a la existencia total del universo– el hombre aparece a una hora y media antes de finalizar el 31 de diciembre, y en sus últimos nueve segundos creó la escritura.
   Fue durante esos brevísimos momentos en que el hombre, además de adentrarse en lo material, comprende y penetra el mundo abstracto de la razón y de las artes.

Estas dos oraciones deben estar separadas por punto y seguido y no por punto y aparte, porque las dos se refieren al mismo tema.

   "equivale a la existencia total del universo"

Aquí se debe agregar "al tiempo de": "equivale al tiempo de existencia total del universo", porque "la existencia total del universo" no es una duración temporal:

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   "el hombre aparece a una hora y media antes de finalizar el 31 de diciembre"

Huelga la preposición "a". Lo correcto es:

    "el hombre aparece una hora y media antes de finalizar el 31 de diciembre"

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   "y en sus últimos nueve segundos creó la escritura."

Al haber empleado en "aparece" el tiempo presente –recurso más periodístico que literario, utilizado para "dramatizar" lo que se expresa–, la correlación del tiempo verbal debe mantenerse:

   "y en sus últimos nueve segundos crea la escritura."

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   "Fue durante esos brevísimos momentos en que el hombre, además de adentrarse en lo material, comprende..."

Aquí la correlación verbal puede conseguirse simplemente quitando el verbo, lo que permite también eliminar la circunstancia "en que":

  "Durante esos brevísimos momentos el hombre, además de adentrarse en lo material, comprende... "

El párrafo completo puede ser:

   "Según el calendario cósmico creado por un científico y soñador -que partió de la hipótesis de que un año de los nuestros equivale a la existencia total del universo- el hombre aparece a una hora y media antes de finalizar el 31 de diciembre, y en sus últimos nueve segundos crea la escritura. Durante esos brevísimos momentos el hombre, además de adentrarse en lo material, comprende y penetra el mundo abstracto de la razón y de las artes."

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   "Con el don de combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas el hombre ha creado un escenario con obras que trascienden la naturaleza de un mero ser viviente. Con el desarrollo de su intuición y su capacidad de razonar y discernir está intentando buscar el lado profundo de las cosas, estudiando la esencia de toda verdad para llegar a conocer el fundamento de la realidad. Estas características espirituales distancian largamente al hombre de todo el resto de la creación."

   "Con el don de combinar con belleza e imaginación"

Debe agregarse el verbo "poder":

"Con el don de poder combinar con belleza e imaginación"

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   "Con el don de poder combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas el hombre ha creado..."

"Con el don de poder combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas" es un inciso antepuesto al sujeto "el hombre". Se lo debe separar con una coma:

   "Con el don de poder combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas, el hombre ha creado.."

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    "Con el desarrollo de su intuición y su capacidad de razonar y discernir está intentando buscar..."

"Con el desarrollo de su intuición y su capacidad de razonar y discernir" es otro inciso antepuesto, –en este caso, al verbo "está"–, por lo que se lo debe separar con una coma.

Se debe también agregar la preposición "de" antes de "su capacidad", para que también ésta quede incluida en "el desarrollo". :

"Con el desarrollo de su intuición y de su capacidad de razonar y discernir, está intentando buscar..."

El párrafo completo quedaría así:

   "Con el don de poder combinar con belleza e imaginación palabras, sonidos, colores y formas, el hombre ha creado un escenario con obras que trascienden la naturaleza de un mero ser viviente. Con el desarrollo de su intuición y de su capacidad de razonar y discernir, está intentando buscar el lado profundo de las cosas, estudiando la esencia de toda verdad para llegar a conocer el fundamento de la realidad. Estas características espirituales distancian largamente al hombre de todo el resto de la creación."

––––––––––––––––––––––––––––––––––––

   "Cuando los pocos pero ruidosos alborotadores de hoy dejen de ser lacayos de sus debilidades, apetitos descontrolados e indolente crueldad y se conviertan en amos y señores de su verdadera naturaleza, el hombre prevalecerá como lo que ciertamente es, el rey de la creación.

   ¿Acaso Dios no hizo al hombre a su imagen y semejanza?"

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   "lacayos de sus debilidades, apetitos descontrolados e indolente crueldad y se conviertan..."

Debe haber una coma antes del verbo, porque se inicia una nueva oración:

   "lacayos de sus debilidades, apetitos descontrolados e indolente crueldad, y se conviertan..."

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   "el hombre prevalecerá como lo que ciertamente es, el rey de la creación."

"lo que ciertamente es" anuncia la afirmación siguiente. Por consiguiente no debe concluir con una coma, sino con dos puntos:

   "el hombre prevalecerá como lo que ciertamente es: el rey de la creación."

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