De: N.N.
Enviado: Miércoles 07 de Mayo de 2008 12:59
Asunto: Envío de cuento.
Amigos:
Soy aficionado a la escritura de cuentos. Utilizo seudónimo,
pero pueden publicar
también mis nombres y apellidos completos.
Agradezco anticipadamente sus recomendaciones.
Un abrazo
Texto
original:
LA
PEDRADA DEL CONDENAU
A las doce horas de un día jueves, Matías caminaba presuroso.
Había resuelto no regresar a su casa. Evitaba amigos, vecinos y huía
internándose por el campo, entre árboles, cercos y desesperados
pensamientos.
Matías creció rodeado del cariño de su madre, abuela, tía,
hermanos, primos y de los insoportables tíos que llegaban
a su casa cariñosos y, ¡hola sobrino!, le decían, pasándole
la mano por su pequeña cabeza. Su madre, con autoritaria voz, le exigía:
¡saluda a tu tío, so malcriau! El tío, muy presto,
le regalaba una moneda de medio sol, y Matías salía corriendo
a comprar caramelitos de colores que, en un botellón de vidrio, guardaba
don Pancho.
Así había crecido, junto a sus primos, como crecían en
número los tíos. Así también había
aprendido muchas pero muchas cosas. Por ejemplo, ya estaba enterado que los
visitantes cariñosos no eran sus tíos y le decían
sobrino y entregaban propinas, tan sólo para que se retirara de la casa
donde vivía. Y si se le ocurría volver, luego de devorar los caramelos,
la orden era directa: ¡anda ve a jugar con tus primos!; y todos salían
corriendo, haciendo repicar sus risas y gritos inocentes.
A los doce años, sus amigos y él, lo entendían todo; incluso
cuando se molestaban entre ellos, los amigos lo insultaban y él, bajando
la cabeza, casi llorando, se retiraba del grupo, limpiándose de un tirón
los mocos con la manga de su camisa.
Poco a poco, a Matías se le abrieron los ojos y de las preguntas pasó
a las discusiones con la autora de sus días; llegando, a veces, a correr
a pedradas a los tíos que de todos modos ingresaban a su
casa, principalmente a altas horas, en las noches, cuando ellos dormían.
En la escuelita del pueblo, la mañana de aquel jueves, el profesor Hermógenes
había sido muy claro. Habló de enfermedades venéreas; habló
de pobreza; habló de miseria y a Matías se le aclararon las ideas
cuando, atando cabos, se enteró del porqué el pueblo adulto murmuraba,
cuando su madre y su tía fueron invitadas por las autoridades,
para que fuesen vacunadas. Matías llegó a su casa con cólera
y vergüenza y encarándoles lo que sabía, dejó la sopa
de huevo que estaba servida y salió corriendo por el campo, perseguido
por la voz de su madre que en su cerebro repetía y repetía:
- ¡Yo te doy de tragar so condenau, a mí no me vas a gritar!
Matías corrió lo más que pudo, deteniéndose a la
altura de un maizal; se sentó sobre una gran piedra cogiendo entre sus
dedos su pequeña cabeza; trataba de serenarse, se sentía muy atribulado.
De pronto se paró y alzando los brazos, haciendo puño con las
manos, rasgó el silencio mirando al cielo:
- ¿Por qué me castigas Dios mío? Tú que conoces
la verdad, ¿Por qué te ensañas conmigo? ¿Dime por
qué? preguntó desafiante y desconcertado.
Los cerros le devolvieron sus palabras y Matías caminó como un
sonámbulo con dirección a la chacra de maíz que le presentó
el destino. Sentía una sed de dragones. Se agachó con cuidado
para pasar por entre los alambres con los que habían sido cercados, cuando:
¡alto! gritó sorpresivamente una voz.
Era un guardián peón que como un fantasma, apareció haciendo
shalaj shalaj, las largas hojas de los maíces.
- ¡Alto! y saltó como un loco enfurecido sobre el indefenso
muchacho; lo atacó de manera vil con puñetazos y patadas, sin
escuchar los gritos y súplicas del niño.
No pasó más de una semana; soportando un dolor intenso que, como
un puñal, desgarraba sus entrañas, murió Matías.
El pueblo lo sepultó acongojado. Grandes y chicos estuvieron presentes
y acompañaron el féretro hasta su última morada. Pero,
a pesar del sufrimiento familiar que aún latía, los tíos
desfilaban por la casa de Matías. No obstante los vecinos juran escuchar
quejidos por el dolor que causa una pedrada. ¿Serán las conciencias
que a los falsos tíos pesa? O ¿será Matías
que con otro nombre, camina por este cuento como eco interminable de la misma
cantaleta?
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Correcciones
(Están señaladas en itálicas algunas
que se reiteran.).
A las doce horas de un
día jueves, Matías caminaba presuroso. Había resuelto no
regresar a su casa. Evitaba amigos y vecinos,1
y huía internándose por el campo, entre árboles, cercos
y pensamientos desesperados.2
1
La coma y la conjunción incorrectamente ubicadas
alteran el sentido.
2
En general los sustantivos deben preceder a los adjetivos. Es un error suponer
que los adjetivos antepuestos otorgan cierto "tono literario".
Matías
creció rodeado por el cariño de su madre, abuela, tía,
hermanos y primos,3 y de los insoportables
tíos que llegaban a su casa cariñosos y, "¡hola
sobrino!"4, le decían, pasándole
la mano por su pequeña cabeza. Su madre, con autoritaria voz, le exigía:
"¡saluda a tu tío, so malcriau!"5
El tío, muy presto, le regalaba una moneda de medio sol,
y Matías salía corriendo a comprar caramelitos de colores,
de los que guardaba don
Pancho en un botellón de vidrio.6
3
Se requieren la conjunción "y" y la coma, para que el cariño
no incluya también a los insoportables tíos.
4
La cita antepuesta quita fluidez a la oración sin mejorar la intensidad
del relato.
5
Cada cita textual debe ir encomillada, y se la debe anunciar con dos puntos
(:).
6
Ordenar los elementos de la oración permite eliminar las comas y torna
más fluido el relato.
Así había
crecido, junto a sus primos, como crecían en número los tíos.
Así también había aprendido muchas, pero muchas
cosas. Por ejemplo, ya estaba enterado de7
que los visitantes cariñosos no eran sus tíos,
y de que le decían "sobrino" y entregaban propinas,
tan sólo para que se retirara de la casa donde vivía. Y si luego
de devorar los caramelos se le ocurría volver,8
la orden era directa: "¡anda, ve a jugar con tus primos!",
y todos salían corriendo, haciendo repicar sus risas y sus gritos
inocentes.
7
La preposición "de" es de uso obligado aquí: "Enterado
de algo, de eso: de que los visitantes..."
8 La sintaxis correcta evita la coma y mejora el ritmo del
relato.
A los doce años,
sus amigos y él lo9 entendían
todo. Cuando10 se molestaban entre ellos,
los amigos lo insultaban,11 y él,
bajando la cabeza, casi llorando, se retiraba del grupo, limpiándose
de un tirón los mocos con la manga de su camisa.
9 No va coma entre sujeto y predicado.
10 El punto torna más simple la frase. La preposición "incluso",
anunciaría una aclaración a lo anterior, y aquí sólo
confunde el sentido.
11Antes de la conjunción
"y" va una coma, porque lo que sigue no es el último término
de una enumeración sino otra oración.
Poco a poco a Matías se le abrieron los ojos, y de
las preguntas pasó a las discusiones con la autora de sus días.
Llegó12 algunas veces a correr
a pedradas a los tíos, que de todos modos ingresaban
a su casa, principalmente a altas horas, en las noches, cuando ellos dormían.
12 El punto evita el uso incorrecto del gerundio.
La nueva oración permite eliminar las comas del inciso siguiente.
En la escuelita del pueblo, la mañana de aquel jueves, el profesor Hermógenes
había sido muy claro. Habló de enfermedades venéreas; habló
de pobreza, habló de miseria,13
y a Matías se le aclararon las ideas cuando, atando cabos, comprendió
por qué14 el pueblo murmuraba
cuando su madre y su tía fueron invitadas por las autoridades
para que se vacunaran.15 Matías llegó
a su casa con cólera y vergüenza y, encarándoles lo
que sabía, dejó la sopa de huevo que estaba servida y salió
corriendo por el campo, perseguido por la voz de su madre que repetía
y repetía en su cerebro:16
13 Signos de puntuación inadecuadamente usados.
14 El verbo "comprendió" es más pertinente. El
sustantivo "porqué" requeriría otra construcción
gramatical.
15 No va coma después de "autoridades". Pese al matiz
irónico, "invitadas" requiere que la oración prosiga
en voz activa.
16 No es necesario aquí alterar el orden: sujeto, verbo, complemento.
¡Yo
te doy de tragar, so condenau; a mí no me vas a gritar!17
17 No debe ir guión sino raya de dialogo,
sin espacio antes del comienzo de la palabra. Va una coma antes del vocativo.
Matías corrió lo más que pudo, hasta detenerse a
la altura de un maizal.18 Se sentó
sobre una gran piedra, cogiendo entre sus dedos su pequeña cabeza.
Se sentía muy atribulado y trataba de serenarse.19
De pronto se paró,20 alzó
los brazos, y haciendo puño con las manos, rasgó el silencio
mirando hacia el cielo:
18 Uso incorrecto
del gerundio.
19 Orden más adecuado a lo que acontece en el relato.
20 La coma evita otro gerundio más.
¿Por
qué me castigas, Dios mío? Tú,21
que conoces la verdad, ¿por qué te ensañas conmigo?
Dime, ¿por qué?22 preguntó23
desafiante y desconcertado.
21 Van comas antes y después de los vocativos.
22 Va coma antes de la pregunta.
23 No va guión sino raya de diálogo, sin espacio antes
de la palabra siguiente.
Los cerros le devolvieron
sus palabras,24 y Matías caminó
como un sonámbulo con dirección a la chacra de maíz que
le presentó el destino. Sentía una sed de dragones. Se agachó
con cuidado para pasar por entre los alambres de la cerca,25
cuando sorpresivamente una voz gritó: "¡alto!".26
24 Va coma, para indicar una nueva oración.
25 El uso del sustantivo "cerca" simplifica el relato.
26 El hipérbaton es innecesario y debilita el ritmo
de la acción.
Era un peón guardián
que apareció como un fantasma, entre el murmullo: "shalaj,
shalaj",27 de las largas hojas de los
maíces.28
27 Las onomatopeyas van entre comillas.
28 La
estructura de toda la oración resulta confusa..
¡Alto!
y29 saltó como un loco enfurecido
sobre el indefenso muchacho. Lo atacó de manera vil,30
con puñetazos y patadas, sin escuchar los gritos y las31
súplicas del niño.
29 No va guión sino raya
de diálogo, sin espacio antes de la palabra siguiente.
30 La explicación debe ir precedida por una coma.
31 Los sustantivos de distinto género requieren sus respectivos
artículos.
No pasó más de una semana. 32Soportando un dolor intenso, que desgarraba sus entrañas como un puñal,33 murió Matías.
32
El punto separa contenidos diferentes.
33
Hipérbaton innecesario.
El pueblo lo sepultó,
acongojado. Grandes y chicos estuvieron presentes para acompañar34
el féretro hasta su última morada. Pero, a pesar del sufrimiento
familiar que aún latía, los tíos siguieron
desfilando35 por la casa de Matías.
No obstante,36 los vecinos juran que
escuchan los quejidos de dolor que causa una pedrada. ¿Serán
las conciencias que pesan37 a los falsos
tíos? ¿O38
será Matías que, con otro nombre, camina por este cuento
como un39 eco interminable de la misma cantaleta?
34 El adjetivo
"presentes" debe relacionarse con la acción siguiente mediante
la preposición "para".
35 El verbo compuesto indica la reiteración en el tiempo.
36 El giro "no obstante" no es pertinente.
37 Hipérbaton innecesario.
38 La disyunción debe estar incluida en la pregunta.
39 El artículo
mejora la fluidez de la oración.
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Texto corregido:
LA
PEDRADA DEL CONDENAU
A las doce horas de un
día jueves, Matías caminaba presuroso. Había resuelto no
regresar a su casa. Evitaba amigos y vecinos, y huía internándose
por el campo, entre árboles, cercos y pensamientos desesperados.
Matías
creció rodeado por el cariño de su madre, abuela, tía,
hermanos y primos, y de los insoportables tíos que llegaban
a su casa y le decían: "¡hola, sobrino!", pasándole
la mano por su pequeña cabeza. Su madre, con autoritaria voz, le exigía:
"¡saluda a tu tío, so malcriau!". El tío,
muy presto, le regalaba una moneda de medio sol, y Matías salía
corriendo a comprar caramelitos de colores, de los que guardaba
don Pancho en un botellón de vidrio.
Así había
crecido, junto a sus primos, como crecían en número los tíos.
Así también había aprendido muchas, pero muchas cosas.
Por ejemplo, ya estaba enterado de que los visitantes cariñosos no eran
sus tíos, y de que le decían "sobrino" y
le entregaban propinas tan sólo para que se retirara de la casa donde
vivía. Y si luego de devorar los caramelos se le ocurría volver,
la orden era directa: "¡anda, ve a jugar con tus primos!", y
todos salían corriendo, haciendo repicar sus risas y sus gritos inocentes.
A los doce años, sus amigos y él lo entendían todo.
Cuando se molestaban entre ellos, los amigos lo insultaban, y él, bajando
la cabeza, casi llorando, se retiraba del grupo, limpiándose de un tirón
los mocos con la manga de su camisa.
Poco a poco a Matías se le abrieron los ojos, y de las preguntas
pasó a las discusiones con la autora de sus días. Llegó
algunas veces a correr a pedradas a los tíos, que de todos
modos ingresaban a su casa, principalmente a altas horas de la noche, cuando
ellos dormían.
En la escuelita del pueblo, la mañana de aquel jueves, el profesor Hermógenes
había sido muy claro. Habló de enfermedades venéreas; habló
de pobreza, habló de miseria, y a Matías se le aclararon las ideas
cuando, atando cabos, se enteró de por qué el pueblo murmuraba
cuando su madre y su tía fueron invitadas por las autoridades
para que fuesen vacunadas. Matías llegó a su casa con cólera
y vergüenza y, encarándoles lo que sabía, dejó la
sopa de huevo que estaba servida y salió corriendo por el campo, perseguido
por la voz de su madre que repetía y repetía en su cerebro:
¡Yo te doy
de tragar, so condenau; a mí no me vas a gritar!
Matías corrió lo más que pudo, hasta detenerse a la altura
de un maizal. Se sentó sobre una gran piedra, cogiendo entre sus dedos
su pequeña cabeza. Se sentía muy atribulado, y trataba de serenarse.
De pronto se paró, alzó los brazos, y haciendo puño con
las manos, rasgó el silencio mirando hacia el cielo:
¿Por qué me castigas, Dios mío? Tú, que conoces
la verdad, ¿por qué te ensañas conmigo? Dime, ¿por
qué? preguntó desafiante y desconcertado.
Los cerros le devolvieron sus palabras, y Matías caminó como un sonámbulo con dirección a la chacra de maíz que le presentó el destino. Sentía una sed de dragones. Se agachó con cuidado para pasar por entre los alambres de la cerca, cuando sorpresivamente una voz gritó: "¡alto!"
Era un peón guardián que apareció como un fantasma, entre el murmullo: "shalaj, shalaj", de las largas hojas de los maíces.
¡Alto! y saltó como un loco enfurecido sobre el indefenso muchacho. Lo atacó de manera vil, con puñetazos y patadas, sin escuchar los gritos ni las súplicas del niño.
No pasó más de una semana. Soportando un dolor intenso, que desgarraba sus entrañas como un puñal, murió Matías.
El pueblo lo sepultó, acongojado. Grandes y chicos estuvieron presentes y acompañaron el féretro hasta su última morada. Pero, a pesar del sufrimiento familiar que aún latía, los tíos siguieron desfilando por la casa de Matías.
Los vecinos juran que cerca de la casa se escuchan quejidos de dolor como los que causa una pedrada. ¿Serán las conciencias que pesan a los falsos tíos? ¿O será Matías que, con otro nombre, camina por este cuento como un eco interminable de la misma cantaleta?