Sobre
la puntuación de prosas y poemas
Nota: Acerca
de este tema puede leerse también La
puntuación en poesía, comentario sobre un poema enviado por
Cecilia Maldini en 2004..
De: Brassy
Enviado: Miércoles 19 de Marzo de 2008 07:07
Estimado Conrado:
De algún comentario suyo me quedó que, en la forma actual de escribir
poesías, no conviene poner signos de puntuación,
salvo los imprescindibles, porque se deja librado al lector el ritmo que él
mismo le pone a través de la lectura.
Quisiera me aclarara esto y lo expresara sobre este ejercicio.
Desde ya muchas gracias
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Sonetos de madrugada (Texto original)
Dicen algunos no
siendo poetas 1
La estructura no
es tan complicada 5
Teniendo la métrica
controlada 9 A las mías las tengo
encadenadas 12 Notas: |
Sonetos de madrugada (Texto con puntuación)
Dicen algunos, no
siendo poetas,
La estructura no
es tan complicada:
Teniendo la medida
controlada, a las mías las tengo
encadenadas,
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Sonetos
de madrugada (Ejercicio con otras variantes)
Dicen algunos que
no son poetas: La estructura podrá
ser complicada, Teniendo la medida
controlada, a las mías
las tengo encadenadas,
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1 Todo
inciso (comentario dentro de la oración principal) debe ir entre
comas. |
La regla general acerca de los signos de puntuación es que siempre se los debe poner, tanto en un texto en prosa como en un poema. Los signos de acentuación y de puntuación, la ortografía y la correcta sintaxis son indicaciones indispensables para una lectura sin vacilaciones. Estos aspectos formales constituyen gestos de cortesía del autor hacia el lector. Expresarse descuidadamente por escrito y pretender que el lector haga un esfuerzo adicional para superar las dificultades de un texto formalmente incorrecto es un gesto de desconsideración.
Al escribir poemas se suele caer en el error de considerar que la separación en versos indica suficientemente las pausas que deben hacerse para su correcta interpretación. Algunos poetas por ejemplo, Mario Benedetti escriben habitualmente sus poemas sin puntuación. Benedetti es demasiado probadamente un gran poeta, como para cuestionarle esa modalidad, pero lo cierto es que sus poemas en algunos casos requieren varias lecturas previas para percibir en dónde deben hacerse las inflexiones de voz correctas, y reconstruir así la puntuación adecuada. Cuando leo en el programa radial "Terapia Tanguera" algún poema de su libro Inventario, suelo colocar en lápiz los signos que me permitan entonarlo correctamente, y no seguir de largo en donde deberia haber una pausa, o detenerme erróneamente cuando dos términos deben pronunciarse sin separarlos.
Un buen recurso para no equivocarse en la puntuación de un poema consiste en prescindir de la métrica y escribirlo de corrido, como si se tratara de una prosa. De este modo se hace evidente en dónde deben ponerse comas, puntos, dos puntos, etc., que luego pueden trasladarse a la versión que está separada en versos.
Esta sencilla prueba tiene otra utilidad que considero aún mayor: Permite saber cuándo un "poema" no lo es realmente, sino que se trata de un texto en prosa escrito arbitrariamente en líneas diferentes.
Este procedimiento resulta particularmente eficaz para desenmascarar muchos pretendidos "versos libres": cuando realmente lo son, y su conjunto constituye un poema, su escritura de corrido no consigue suprimir el ritmo, que es su elemento formal imprescindible. El lector se percata rápidamente de que hay algo en la sucesión de las sílabas que lo obliga a acompasar su lectura de un modo totalmente diferente al que surge al leer un contrato de alquiler. Esto es tan así, que en autores de prosa que también escriben poemas suelen encontrarse párrafos en los que, debido a la persistencia del hábito, el ritmo surge en forma inesperada y se lo percibe como algo inoportuno.
Esto vale también para la rima, que en un discurso en prosa llega a percibirse como una intención humorística o directamente burlona. No recuerdo si es en un texto de Miguel Cané o en el de un autor con parecido estilo jovial, en donde se narra un desafío entre estudiantes: El alumno Castillo apuesta a sus compañeros cincuenta pesos, que ganará si consigue contestar en verso a todo lo que le diga el severo profesor que lo va a interrogar. Se produce entonces el siguiente desopilante diálogo lo cito de memoria, pues lo leí hace varias décadas:
El profesor:
¡Que es ley?
El alumno:
Lo que manda el rey.
El interrogatorio prosigue:
¿Qué es costumbre?
Lo que hace la muchedumbre.
Ligeramente amoscado, el profesor pregunta ahora en otro tono:
¿Es poeta, señor Castillo?
Un poquillo.
Aquí ya se oyen algunas risitas reprimidas. El diálogo se precipita:
Le pondré un cero.
Eso espero.
¡Váyase afuera...!
¡Como usted quiera!
Y el relato concluye:
Lo suspendieron, pero se ganó cincuenta pesos.
Época feliz la de aquel colegio secundario: Audacia juvenil, alegre desfachatez, y castigo que no se cuestiona, sino que se acepta como merecidamente aplicado. La legítima autoridad del profesor era respetada, la irreverencia era castigada y un rasgo educativo valioso queda revalidado. La sanción aplicada oportunamente a la conducta traviesa resulta tan educativa como la estima y el reconocimiento a la aplicación y al estudio. Este orden es connatural al proceso educativo, y en su ausencia todo se distorsiona y se degrada.
En el caso de
los poemas, la separación en versos oculta en algunos casos la necesidad
de señalar la existencia o inexistencia de pausas, y la duración
de éstas. En los textos en prosa es evidente que una puntuación
incompleta o errónea origina dificultades para comprender correctamente
el sentido de lo escrito.
En la escuela primaria de antaño se enseñaba
la anécdota del inspector Sarmiento con el maestro que no daba importancia
a la puntuación. Para hacerle ver claramente su error, Sarmiento escribió
en el pizarrón una frase cuyo significado se alteraba por completo al
cambiar los signos de puntuación:
El maestro dice: Sarmiento
es un burro.
Y ante las excusas del maestro que negó que él afirmara tal cosa,
Sarmiento corrigió:
El maestro, dice Sarmiento, es un burro.
Es muy conocido el poema en que un caballero declara su amor a una de tres bellas hermanas. El autor no puso ningún signo de puntuación, y cada una de las niñas se los colocó a su gusto para considerarse la pretendida. Pero el caballero les hizo llegar una nueva versión, ahora con su propia puntuación, de la que resultaba que no quería a ninguna de las tres.
Puede constituir un buen ejercicio poner los signos que faltan para que las elegidas sean Soledad, Julia, Irene y, finalmente, ninguna de ellas. Este es el texto:
Tres
bellas que bellas son
me han exigido las
tres
que diga a cuál
de ellas es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya
bondad
persona humana no
tiene
no aspira mi amor
a Irene
que no es poca su
beldad
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De: Brassy
Enviado: Viernes 4 de abril de 2008 12:07
Asunto: Consultas desde el Taller
Estimado Conrado:
Muchas gracias por la explicación sobre la puntuación en poesía.
En poco tiempo estoy aprendiendo muchas cosas respecto de ésta y otras
formalidades, tales como: el uso de comillas, de la letra itálica, guiones
adecuados al diálogo, etc; y ahora también a considerar el ritmo
interno del poema, de acuerdo a la puntuación (me encantó lo del
tatata tata tatata).
Todo este aprendizaje
es muy gratificante.
Consulta: en el texto
con puntuación del ejercicio Sonetos de madrugada,
en el tercer verso del segundo cuarteto, ud pone: si la rima y la extensión
son las correctas, en el cual sumo 12 sílabas en vez de 11. Pregunto
si sería correcto poner ese verso así: la rima y la extensión
si son correctas, lo cual da 11.
También en
el Ejercicio con otra variantes, veo algunos versos de 12 sílabas
y pregunto si esto puede aceptarse como una licencia del autor, o no.
Aprovecho para hacerle
otro comentario en clave siempre de consulta: a mi personalmente me encanta
la poesía y también me gustaría escribir sonetos, pero
tengo la sospecha de que esto puede resultar algo presuntuoso. ¿Es
así?
Digo porque la estructura
del soneto es tan linda, con esos finales un poco sincopados que le dan ese
carácter tan singular.
Muchísimas
gracias y un fuerte abrazo
Gustavo VM, "Brassy"
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Estimado Gustavo:
Repetí tres veces su texto para trabajar simultáneamente con la
versión original, otra con puntuación y otra como ejercicio con
algunas variantes. En el séptimo verso puse una variante correcta, agregando
"las" y quitando en cambio "la" y "la", con lo
que cumplía al mismo tiempo con la métrica y con el ritmo. Luego
agregué "las" en la versión del medio, pero me olvidé
de quitar los otros dos artículos y sinalefa mediante, quedaron
las doce sílabas que usted contó correctamente. Acabo de corregirlo.
También está
bien la variante que usted propone: "la rima y la extensión, si
son correctas,". Con dos salvedades: a) La construcción es sintácticamente
más natural cuando antepone el condicional "si", como en el
habla corriente, y b) para posponer el condicional se requiere crear un inciso:
"si son correctas", que debe ir entre comas, y esto le quita fluidez
al verso.
Respecto al uso de una sintaxis que se asemeje lo más posible a la del
habla corriente, otro tanto sucede con los términos que se utilizan en
un poema: Hay gente incurablemente kitsch que piensa que las palabras
rebuscadas son más poéticas. En el libro de Antonio Machado
Juan de Mairena, el protagonista, profesor de retórica y gramática,
escribe en el pizarrón durante una clase: "Los consuetudinarios
avatares que acontecen en la rúa". Luego llama a un alumno y le
dice: "Ponga esto en lenguaje poético". El alumno escribe:
"Lo que pasa en la calle". Y Mairena asiente: "No está
mal".
Volviendo al tema de la
métrica, usted se refiere a dos versos que tienen una sílaba de
más, y pregunta si se trata de una "licencia" del autor. En
un poema bien logrado no debería haber "licencias": Lo que
está mal, está mal. Pero las correcciones a su ejercicio son solamente
didácticas, y dejan de lado otros aspectos que deberían cambiarse
para que fuera realmente un soneto.
Sin embargo, su pregunta permite explicar mejor en qué consiste la métrica.
Así como la rima puede ser consonante (todas las letras a partir
de la sílaba acentuada deben sonar iguales: soneto, Baglietto),
o asonante (sólo las mismas vocales a partir de la sílaba acentuada:
Maradona, Cadorna) y esta última no es una rima "imperfecta":
sino que simplemente comunica otro tono al poema, de modo semejante la métrica
no consiste en la mera igualdad del número de sílabas, sino que
su depende del ritmo de la estrofa (el tatata). El arte del verso es
un tema complejo, del que en estas "lecciones" tan sólo he
presentado algunos rudimentos.
A modo de ejemplo se puede señalar que los acentos o apoyos
del verso, según su incidencia en el ritmo, son primarios o secundarios;
que existen, como en la músical, versos con anacrusas y versos
téticos; que según su estructura un verso pueden ser dactílico,
anfibráquico, trocaico, mixto, etc.. y existen aun
otras consideraciones que analizan aspectos cada vez más sutiles de la
estructura de un poema.
Si bien puede ser cierto que como usted lo dice en su texto, "estando
inspirado un soneto lo hace cualquiera", esto vale para un Mozart, pero
no para un Salieri. Mozart no necesitó estudiar composición para
escribir una ópera a los doce años, mientras que Salieri conocía
toda la ciencia de componer música de su época, pero Dios no le
había dado los talentos que distinguen la obra de un gran artista.
Los versos a los que usted
se refiere son los siguientes:
Dicen algunos que no son poetas: 11
tata tatata tatatá tatata: 11
"no es nada fácil escribir sonetos"; 11
tata tatata tatatá tatata: 11
pero admitiendo que esto fuera cierto, 11
tata tatata tata tata tata: 11 (o: tata tatata tatata tata tata: 12 , haciendo
un hiato en "que-esto")
si está inspirado lo puede hacer cualquiera. 12 tatá tatata
tatata tata tata
El último verso tiene una sílaba más y si se evita
la sinalefa "questo", también el anteúltimo. Es
un cuarteto con notorios defectos de rima ni consonante ni asonante
pero también de ritmo, como se ve en el "monstruo" hecho con
la sílaba "ta". Paradójicamente, esta incorrección
del ritmo es lo que permite "disimular" la existencia de esa sílaba
de más: leyendo en voz alta la estrofa se percibe una aceptable regularidad
en las emisiones de voz que requiere cada verso.
Este es un cuarteto de ejercitación, con errores casi imposibles de subsanar,
de modo que lo mejor sería comenzar de nuevo esta estrofa y todo el "soneto",
cuidando la rima, la métrica, el ritmo y last, but not least
el contenido, que es el aspecto fundamental de un poema, y a cuya enunciación
deben estar subordinados todos demás.
Una crítica de los poemas formalmente perfectos pero sin contenido digno
de tal nombre está implícita en el célebre de Lope: "Un
soneto me manda hacer Violante...", y en el menos conocido pero divertidamente
grotesco de Espinosa: "Rompe la niebla de una gruta escura..." Ambos
se pueden leer en la página ¡Un
soneto caricaturesco, por favor...!, que publiqué en 2004 a pedido
de una visitante. Por cierto que han trascendido por su perfección formal,
y porque su contenido intrascendente es totalmente deliberado y tiene una finalidad
fines humorística.
Finalmente y en respuesta
a su última pregunta, no encuentro nada presuntuoso en el propósito
de escribir sonetos. Expresar un contenido significativo que debe ser planteado,
desarrollado y resuelto en sólo catorce versos y que exige además
ser enmarcado en una forma perfecta, es una hermosa tarea para todo aquel que
se propone desarrollar sus talentos poéticos.
Mi profesor Homero Expósito nos decía que desde hacía muchos
años se había impuesto la tarea de escribir al menos un soneto
por día, sobre cualquier tema y en cualquiera de los estilos clásicamente
admitidos. Y que luego de cumplir con su propósito de desarrollar diariamente
su habilidad técnica, los rompía, porque como siempre nos
repetía "no hay que mirarse al espejo, sino desde el
espejo". Es decir: no hay que enamorarse de uno mismo ni de nuestras propias
obras, sino tratar de verlas con el criterio más objetivo posible.
Su hermano Virgilio Expósito solía ponerse a componer, sentado
al piano, delante de nosotros, sus alumnos. Improvisaba melodías "el
compositor debe tener sentido melódico", nos decía
; las embellecía con su oficio de ejecutante "y debe tener
dedos armónicos", concluía; y de pronto
se detenía, fruncía su noble rostro cómicamente, y exclamaba:
"¡Qué malo...!¡Parece hecho con la máquina de
hacer chorizos...!"
Así calificaba Virgilio a las producciones adocenadas, semejantes a tantas
otras igualmente intrascendentes, que surgen en el intelecto y el ánimo
de todo artista y que le exigen que sepa deshacerse prontamente de ellas, como
lo hacían tanto él como su talentoso hermano: De los más
de tres millares de obras de cada uno de ellos eran artistas ejemplarmente
laboriosos solamente ha trascendido una docena. En cambio un genio como
Discepolo sólo le dejó a Tania "veinte departamentos"
como él llamaba a los derechos de autor de sus obras más
difundidas, y toda su obra comprende sólo algunas decenas más.
Conrado
De Lucia
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