From: Sebastián
Gutiérrez (Madrid, España)
Sent: Miércoles 23 de mayo de
2007 5:49
Hola,
Conrado:
He descubierto de casualidad (o no) la web de "Terapia Tanguera"
buscando información sobre el tango y el turf. He visto esta sección y me ha parecido
muy generosa de su parte, así que me atrevo a mandarle estos poemas que
escribí hace mucho y que nadie me ha corregido. Por otro lado, me gustaría
contactar con usted porque mi investigación sobre el turf y el tango es para el
guión de un documental que estoy gestando. No sé si ésta es una dirección
de mail directa, o si tiene algún otro contacto personal donde pueda explicarle
mejor mi idea.
Agradezco su tiempo; un abrazo.
Sebastián.
Rosquita mía
Desde que apareció
la primera tapita
mi vida cayó en un abismo gris;
esa tapita era
el puñal.
Cruce la esquina de Gallo,
me senté en un roble
con
la vista en el adoquín
y descifré frases que el vapor
dibujaba
en el cristal.
Tomé un Bordolino, y me comenzó a picar;
brotaron
las ideas más absurdas,
paraguas rojos en un sol pornográfico
de ciudad.
Dormí el último tabaquillo
y llame al de blanco
para
que me golpeara con un tinto más.
En ese segundo de vida donde el pasado
es un monitor nublado,
modelaba sobre la bandeja plateada
una botella con
rocío propio.
Cuando el mocito dejó ver su sonrisa,
con el
verbo jetón, dijo:
El tinto se acabó
¡hay Coca
light!
Qué triste. La vida cambió.
Estimado
Sebastián:
Solamente he modificado algunos signos de puntuación
lo que siempre puede ser cuestionado y he quitado las mayúsculas
al comienzo de cada verso. Es preferible que la grafía sea la misma de
un texto en prosa, porque permite con mayor facilidad darle el énfasis
correcto a la lectura. Aunque era la forma habitual en otros tiempos, las mayúsculas
al comienzo de todos los versos pueden llegar a desconcertar al lector.
Lo
felicito por las acertadas imágenes y el ritmo de su bello poemita.
Flor
de lis
Su historia fue triste,
contaban los gnomos
que la vieron morir.
Descuidaba sus mentiras
para sumergirse en la lógica
terrenal.
Dejó su ilusión,
abandonó sus lágrimas
encima de un pastel.
No aguantaba la presión de su alma,
se hinchaba
para vomitar su misericordia.
¡Qué dolor!
Las sombras escapaban
al oírla gemir;
sudaba sangre,
el olor cegaba a los ángeles
que
impotentes velaban por su partida;
la escena era intolerable,
la impotencia
era el llanto de su injusta decisión.
Así reposaba su cuerpo,
hundido
en sus huesos;
sus labios secos
¡qué hermosos eran!
ya
no regalarían el sabor de su miel.
¡Qué dolor!
Nadie
pudo sostener el gris;
se desplomaba la luz.
Los ángeles marcharon
y
sus cabellos dorados se opacaron;
los gnomos deambularon anárquicos
rodeando
su habitación.
Sólo una criatura permaneció cerca,
sólo
una bebió su último suspiro.
Con sus pupilas brillantes
cogió
su cuerpo muerto,
destapó su pecho frío,
y con la tinta fría
de aquel amor
tatuó sobre su piel
una flor de lis.
Estimado
Sebastián:
En este poema, tal vez porque su complejidad lo exigía,
usted utilizó acertadamente mayúsculas y minúsculas según
lo requería la sintaxis de cada oración.
He agregado algunos
acentos y he cambiado algunos signos, pero reitero que la puntuación puede
tener muchas variantes subjetivamente correctas.
Para encontrar la forma más
adecuada no se debe corregir siguiendo reglas consideradas inmutables, sino ensayar
distintas formas de acotar los versos mediante la puntuación.
Con cada
modificación se debe volver a leer el poema completo, ya que su ritmo se
va desarrollando a lo largo de su lectura, y un cambio correcto sólo gramaticalmente
puede hacer perder el clima alcanzado y arruinar el deseo del poeta de "llevarnos
en el aire" no se me ocurre otra imagen a través de sus
versos hasta el final de su obra, cuando vuelva a depositarnos en la tierra de
lo prosaico.
Cuando esto se logra como lo ha hecho usted es porque
lo escrito es verdaderamente un poema y no una mera yuxtaposición de conceptos,
y su lectura nos permite, guiados por el autor, visitar otro mundo cuya existencia
ignorábamos y cuya contemplación motiva en nuestra alma un inexpresable
agradecimiento.
Conrado De Lucia
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