Un extraño soliloquio

De: D.D..
Enviado: Jueves 10 de Julio de 2008  00:53
Asunto: Un cuento
Hola:
Respecto del cuentito que le envío, es de los primeros que escribí con ese estilo. Lo envié con la vergüenza de pensar que usted pudiera creer que yo estoy orgulloso de lo que escribo, siendo que probablemente escribo muy mal. Yo intento aprender recorriendo otras formas diferentes a las elementales que solía utilizar, pero sé que los comienzos nunca son buenos, a menos que uno tuviera el talento de Borges, cosa de la que estoy más lejos que la mierda.
Me excuso por extenderme en el correo, y agradezco por aportar sus conocimientos al aprendizaje de las personas que tenemos el berretín de escribir, actividad que desarrollo muy a pesar de mí.
Aprovecho la ocasión para preguntarle si acaso podría usted recomendarme algunos libros relacionados con la epistemología, la semiótica, la gnoseología, o algo.
Aunque no parezca, no tengo la intención de molestarlo.
Muchas gracias.
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Martes 02 de Septiembre de 2008 05:50
Estimado D.D.:
Creo que recomendar un libro es tan difícil como recomendar a una chica para ponerse de novio, y ante todo debo decirle que de semiótica no he leído nada que pueda recomendar. De gnoseología tampoco, porque la padecí en el segundo año de filosofía estudiando un voluminoso texto del titular de la cátedra, Dr. Osvaldo Francella, SDB, titulado Conocimiento y metafísica (Bahía Blanca, 1970).

Si usted se refiere a la gnoseología clásica, un texto serio es el de Johannes Hessen, que forma parte de su Tratado de Filosofía (Bs.As., Sudamericana, 1970, 1133 págs.), con el subtítulo Teoría de la Ciencia. Libro segundo: Teoría del conocimiento (o sea, gnoseología). Pero es bastante árido para quien no se propone ser un especialista en el tema.
Me viene a la mente un texto que no es precisamente de gnoseología sino de la disciplina que la antecede y que es en cierto modo preparatoria para comprender la teoría del conocimiento: la lógica.

En el tratado de Hessen, la Teoría de la Ciencia está dividida en dos "libros": Lógica y el ya mencionado Teoría del conocimiento. Pero dado su manifiesta inclinación literaria y estética, le propondría que lea la Introducción a la Lógica de Irving M. Copi (7ª ed, Bs.As., Eudeba, 1969, 455 págs). Además de ser un tratado muy completo, que abarca incluso la teoría de la probabilidad –cuyo estudio cuidadoso quita para siempre la tentación de gastar plata en juegos de azar como el "Quini 6" o la ruleta–, es además una obra muy amena, con abundancia de humor inteligente –por supuesto basado en la lógica–: falacias, paralogismos y el resto del repertorio que emplean cotidianamente los políticos para engañarnos.

Lo saludo cordialmente.
Conrado

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Versión original
                                  Soliloquio del Triglav

Cuando el Triglav era un monte, o un dios de tres cabezas, los ecos conversaban propagados en el aire. Bastaba que alguien llegara hasta los límites del espacio y pronunciara una palabra para que los ecos despertaran y fueran interlocutores. Con diferentes voces asentían, disentían, objetaban y refutaban cualquier tema. Estaban dotados de la memoria, poseían el don de la palabra, escuchaban y razonaban; la soledad y la noche les eran indispensables. Hubo quienes se opusieron a creer que se tratara de simples ecos; unos decían que las voces que se oían eran seres razonables dotados de la invisibilidad, otros decían que en realidad ningún cuerdo podía escuchar voces que provinieran de ningún lado.

Las fuentes escritas casi no mencionan a los ecos interlocutores sino para desestimarlos y el en el códice Ipatiev de la crónica primera apenas se señala la existencia de seres invisibles. Sin embargo, en la página XXVI del tomo VII de la enciclopedia de historias jamás contadas de Omán Ziad, se transcriben textualmente algunas de las conversaciones que desarrollaban los ecos. Ziad aclara también que no se trataba de ecos ni de seres invisibles, sino de un ser informe con cientos de cabezas reunidas en los confines de la eternidad. Dice Ziad que en el centro del universo, donde el Yggdrasil sostenido por la roca Alátyr en la isla de Buyan, hay una puerta imperceptible para el ojo humano, que generalmente la confunde con un espejo, por la que se accede a la eternidad. Cerca de la puerta conversan estas cabezas despojadas de materia y de tiempo, reducidas a una sola mente. Ziad sospecha que a ese lugar se referían los cronistas cuando hablaban del Loukomorie.

Hoy, atravesados los senderos, atesoradas las creencias, Nicolás de Cusa ya pasó empuñando la ignorancia que prodigaba. No se cubrió los ojos como Abraham en el Horeb pero igualmente comprobó la imposibilidad de hallarse frente a Dios. La cerradura no cedió y con él cientos de teólogos marcharon cogitabundos. Madamme Blavatsky ya insistió empujada por los Rosacruces, pero no hubo fuerza ni por muy espesa que no se pulverizara frente a la puerta inmaculada. Perseguido por las llamas, agotadas las aguas de los ríos, ya Galileo midió las latitudes y las longitudes, como el mago Gurdjieff hizo pruebas de toda índole pero la puerta volvió a negarse. Sólida también para Platón y para Newton, bendecida por la baba de las serpientes divinas. Nietzsche usó la pluma y la kabbalah y la razón de Descartes y de Spinoza. Hubo quien echara mano de un Basilisco y pasaron Berkeley, Lessing y Leibniz a caballo del sigilo. Sometida a los conjuros de los brujos de Laponia, a las palabras de los sabios griegos, a la arquitectura de Nemrod salvado ya del diluvio. Sargón I de Akkad y Ninurta, Nabopolasar y Shi Huang Ti ya unieron sus fuerzas imperiales, pero la puerta permaneció intacta y apenas perceptible al ojo de la memoria. Cito a Ziad:

“Una vez abierta, la puerta desaparece. Se hace imperceptible el nudo del que se sujetan la nada y el todo, se unen los extremos y se disuelven los interludios. No hay dentro ni fuera ni noche ni día, no hay confusión ni entendimiento. No existe la A ni la S ni el verbo ni el silogismo ni el circunloquio. Sin embargo, quien para la oreja cerca del Iggdrasil escucha las conversaciones que se entienden en todas las lenguas. Pero siempre hablan de lo mismo.”

La crónica de Ziad transcribe el soliloquio del Triglav, otros refutarán y demostrarán mayores erudiciones, otros bendecirán cada palabra, todos ya seremos invisibles.

“Hoy, Mañana, la historia que quieren oír es esta: Khova había concedido palabras al brujo tan pronto el brujo lo inventó. Y el brujo al ver que había creado un hombre superior a él, un nuevo brujo más poderoso, porque el tiempo es más poderoso que la eternidad y el único es más poderoso que el todo, abrió la puerta para que Khova entrara. Antes de perder la voluntad, Khova miró hacia atrás pero la puerta había desaparecido. En cambio estaba ahora rodeado de espejos, tal vez miles tal vez uno, y aunque podría suponerse que ahora Khova al pertenecer a un ejército de sí mismo iba a ser invencible, lo contrario se ha establecido, y Khova ya no es Khova, no reconoce su pasado, la eternidad del brujo se ha interrumpido. La habitación pequeña se convirtió en un palacio y luego se hizo más grande que un mundo, multiplicado ha perdido la noción de cuál es el verdadero Khova, ninguno lo es, o tal vez todos.”
“¿Esa historia, Ayer, habla de la eternidad?”
“No, Mañana, habla de la noche de las noches. En la noche de las noches que sucede con cada cambio de luna, vuelven a repetirse los conjuros del universo. La luna desaparece, o se oculta detrás del infinito, la oscuridad se unifica, dicen que Dios baja la cortina para crear sin ser observado. Entonces los brujos que siempre son el mismo se distraen observando el fenómeno en el firmamento y permiten así que el azar intervenga en todas las cosas. La eternidad se interrumpe y es el comienzo de los tiempos, la sucesión comienza desde cero y reemplaza a una existente.”

“Distinguimos como un sueño los sucesos de la noche de las noches, el entendimiento nos prohíbe reconocer que hemos vuelto a nacer, que la memoria es el artificio del que nos valemos para soportar la desdicha que la pulverización de las cosas provee. La memoria es entonces elemento indispensable del regreso a cero, no debemos saber que hemos perdido todo. Sé que ya ha sucedido muchas veces, la noche de las noches es todas y es ninguna, es antes y es después, es ahora y es nunca. Es constante.”

“Ayer, te he oído decir varias veces la palabra eternidad. Si el pasado y el futuro están lejos, cuán lejos está la eternidad.”

“Hoy, la eternidad no está lejos ni cerca, ni fuera ni dentro, si hubiese un “afuera” no sería atemporal y la eternidad es atemporal.”

“Ayer, no lo entiendes. La eternidad es otro tiempo, distinto al nuestro, sin sucesiones ni cadenas.”
“Entonces, Hoy, si fuese como tú la describes, la eternidad que entendemos no sería más que un mero planeta ajeno al nuestro. El universo es una yuxtaposición de Svarogs. La eternidad no está en el universo.”

“Ayer, sin universo no hay eternidad, porque la eternidad está más lejos que el fin del universo sin el cual no tendríamos referencias de nada.”

“Hoy, tú figuras el universo como el recorrido de una esfera que viaja de Pravdakrivda a Velikdan, de Velikdan a Zlakov, y así hasta Eternidad, le concedes título de topónimo. Sin embargo, a la eternidad nadie puede ir como a Pravdakrivda, la eternidad no está porque si estuviese, como tú lo pretendes, no sería la eternidad tal y como la entendemos.”

“Tú, Ayer, me dices que la eternidad no existe. ¿Cómo entonces podemos hablar de ella?”

“No he dicho que la eternidad no existiera, existe y ¡bien que existe!, por eso hablamos de ella. Existe del mismo modo en que existen los fantasmas dotados algunos de la visibilidad que la energía del cosmos les provee. La eternidad existe pero no está, siquiera puedes verla.”

“Ayer, entonces el aire bien podría ser la eternidad. No muere, no nace, no se ve sino señalado por el movimiento de las copas de los árboles. El aire no posee un futuro ni un pasado, siempre es presente, siempre está.”

“Pero al aire, advenedizo Hoy, puedes conservarlo en tus pulmones, soplarlo, tú mismo puedes generar energía con el aire, tú le das al aire un tiempo. En cambio, no puedes interrumpir la eternidad asignándole un tiempo.”

“¿Has dicho interrumpir? Si la eternidad es lo que tú dices no hay nada que interrumpir.”

“Claro que sí, la interrupción de la eternidad es el universo que conocemos, con principios despueses y finales, pero no está en nosotros la posibilidad de interrumpir la eternidad porque nos excede.”

“Ayer, estamos de acuerdo, la eternidad nos excede. Nos excede físicamente, aunque saliéramos mañana temprano antes que el sol despertara el día, no llegaríamos antes de nuestra muerte. Nos excede.”

“No Hoy, nos excede de un modo filosófico. Es ponerle nombre a algo que no se puede ver, que no se puede tocar, que no está en ninguna parte.”

“Ayer, inquilino de mis entrañas, volvemos siempre a lo mismo. Giran en círculo nuestras ideas, si la eternidad no está, no existe.”
“Hoy, hacedor de mi cuerpo, giraríamos en círculos toda vez que hablásemos de la eternidad porque tú no entiendes que pudiera algo existir que no fuera posible alcanzar con ninguno de nuestros sentidos, algo que fuera incognoscible.”

“Tú, Mañana, ¿qué piensas?”

“Yo, Hoy y Ayer, necesito más tiempo para formar una opinión. Por favor, Ayer, continúa la historia de la noche de las noches.”

“Hoy, Mañana, la historia continúa así: Nada es seguro acerca de la noche, lo cierto es que la oscuridad no se deja ver tampoco, se oculta en sí misma. La desintegración de lo establecido se hace presente, pero es invisible a los ojos.”

“Otras creencias, tal vez más despiertas, explican que la noche de las noches sucede cada día y dura un milímetro de espacio y una milésima de segundo en el tiempo. La silla sobre la que reposo acaba de ser construida y pulverizada, todas las cosas son efímeras, y así como la intuición no es sino un pensamiento tan veloz que nadie puede advertir como tal, la creación es constante y perecedera. Un cenicero ayer fue nombrado cigarrillo, un libro fue nombrado ayer tiniebla, una sonrisa fue nombrada ayer pasado, las cosas se nombran una y otra vez y las metamorfosis son constantes.”

“Los cambios de forma son intersticios del tiempo, dicen que Dios abre lentamente los ojos, espía y a veces alcanza a vislumbrar lo que no quiere, entonces las cosas se multiplican defectuosamente. Todo es perpetuo y esto ya lo he dicho tantas veces que ha dejado de tener sentido.”

“El final no existe, la memoria también duerme, pero en la vigilia, intersticio del ensueño, puede recordar que ha sido silla, ha sido libro, ha sido tiniebla, ha sido el brujo, y puede entonces escribir lo que ahora escribe.”

“Ahora mismo el brujo ha de buscar la puerta, es irremediable su destino. Ya habrá de entrar, ya habrá de distraerse. Ya habrá de crear a Khova por primera vez muchas veces que no se instalan en el tiempo antes ni después.”

“Ciego Mañana, ya habrás formado tu opinión acerca de la eternidad.”

“Ayer y Hoy, mientras escuchaba el ontológico soliloquio, vi que la ceguera no es solamente oscura, hay luces que proporcionan tales claridades que encandilan, y quien más cerca está de la luminosa eternidad, menos puede advertirla.”
                                                                                                                                                   D. D.

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Correcciones, comentarios y sugerencias    

  La modalidad empleada en este texto requiere el empleo de particularidades de puntuación. Esto resulta indispensable para facilitar la comprensión al lector, y puede hacerse de varias maneras. Se ha utilizado la más sencilla, que es la de poner en itálicas los nombres propios que podrían resultar anfibológicos: Hoy, Ayer, Mañana. El recurso a las letras itálicas ayuda a diferenciar el uso de la mera mención de estos términos.

   Lo correcto sería también poner dos puntos (:) en lugar de comas luego de cada vocativo –los dos puntos anuncian algo que se va a decir a la persona vocada –, pero la forma del texto tal vez se tornaría un tanto rígida.

  El texto toma en cuenta el significado de los nombres a los que se dirige el monólogo, por lo que no sería posible, sin empobrecer su sentido, reemplazar "Ayer", "Hoy" y "Mañana" por "Tizio", "Caio" y "Sempronio", aunque esto ayudaría a entender su estructura lógica particularmente complicada.

Los cambios y los agregados en la puntuación están indicados en rojo y entre paréntesis. Los paréntesis vacíos: "()" indican que se quitó un signo, una palabra o una frase, suprimiéndolos totalmente o cambiando su lugar en la oración.

  Finalmente, y como usted emplea en su mensaje alguna expresión escatológica (en su significado fecal; el otro sentido se refiere al ésjaton, al fin de los tiempos), mencionaré a mi vez que cierto pensador de barrio whitense, Rubén "Cacho" S., llama a textos como éste "gases intestinales", porque sólo le pueden agradar a su autor.

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Versión corregida  (Los cambios están indicados entre paréntesis)

                                  Soliloquio del Triglav

   Cuando el Triglav era un monte, o un dios de tres cabezas, los ecos conversaban propagados en el aire. Bastaba que alguien llegara hasta los límites del espacio y pronunciara una palabra para que los ecos despertaran y fueran interlocutores. Con diferentes voces asentían, disentían, objetaban y refutaban cualquier tema. Estaban dotados de la memoria, poseían el don de la palabra, escuchaban y razonaban; la soledad y la noche les eran indispensables. Hubo quienes se opusieron a creer que se tratara de simples ecos; unos decían que las voces que se oían eran seres razonables dotados de la invisibilidad, otros decían que en realidad ningún cuerdo podía escuchar voces que provinieran de ningún lado.

   Las fuentes escritas casi no mencionan a los ecos interlocutores sino para desestimarlos y el en el códice Ipatiev de la crónica primera apenas se señala la existencia de seres invisibles. Sin embargo, en la página XXVI del tomo VII de la enciclopedia de historias jamás contadas de Omán Ziad, se transcriben textualmente algunas de las conversaciones que desarrollaban los ecos. Ziad aclara también que no se trataba de ecos ni de seres invisibles, sino de un ser informe con cientos de cabezas reunidas en los confines de la eternidad. Dice Ziad que en el centro del universo, donde el Yggdrasil sostenido por la roca Alátyr en la isla de Buyan, hay una puerta imperceptible para el ojo humano, que generalmente la confunde con un espejo, por la que se accede a la eternidad. Cerca de la puerta conversan estas cabezas despojadas de materia y de tiempo, reducidas a una sola mente. Ziad sospecha que a ese lugar se referían los cronistas cuando hablaban del Loukomorie.

   Hoy, atravesados los senderos, atesoradas las creencias, Nicolás de Cusa ya pasó empuñando la ignorancia que prodigaba. No se cubrió los ojos como Abraham en el Horeb pero igualmente comprobó la imposibilidad de hallarse frente a Dios. La cerradura no cedió y con él cientos de teólogos marcharon cogitabundos. Madamme Blavatsky ya insistió empujada por los Rosacruces, pero no hubo fuerza ni por muy espesa que no se pulverizara frente a la puerta inmaculada. Perseguido por las llamas, agotadas las aguas de los ríos, ya Galileo midió las latitudes y las longitudes, como el mago Gurdjieff hizo pruebas de toda índole pero la puerta volvió a negarse. Sólida también para Platón y para Newton, bendecida por la baba de las serpientes divinas. Nietzsche usó la pluma y la kabbalah y la razón de Descartes y de Spinoza. Hubo quien echara mano de un Basilisco y pasaron Berkeley, Lessing y Leibniz a caballo del sigilo. Sometida a los conjuros de los brujos de Laponia, a las palabras de los sabios griegos, a la arquitectura de Nemrod salvado ya del diluvio. Sargón I de Akkad y Ninurta, Nabopolasar y Shi Huang Ti ya unieron sus fuerzas imperiales, pero la puerta permaneció intacta y apenas perceptible al ojo de la memoria. Cito a Ziad:

   “Una vez abierta, la puerta desaparece. Se hace imperceptible el nudo del que se sujetan la nada y el todo, se unen los extremos y se disuelven los interludios. No hay dentro ni fuera ni noche ni día, no hay confusión ni entendimiento. No existe la A ni la S ni el verbo ni el silogismo ni el circunloquio. Sin embargo, quien para la oreja cerca del Iggdrasil escucha las conversaciones que se entienden en todas las lenguas. Pero siempre hablan de lo mismo.”

   La crónica de Ziad transcribe el soliloquio del Triglav, otros refutarán y demostrarán mayores erudiciones, otros bendecirán cada palabra, todos () seremos (ya) invisibles.


   “Hoy, Mañana: La historia que quieren oír es esta: Khova había concedido palabras al brujo tan pronto el brujo lo inventó. Y el brujo(,) al ver que había creado un hombre superior a él ()un nuevo brujo más poderoso, porque el tiempo es más poderoso que la eternidad y el único es más poderoso que el todo(), abrió la puerta para que Khova entrara. Antes de perder la voluntad, Khova miró hacia atrás(,) pero la puerta había desaparecido. En cambio estaba ahora rodeado de espejos, tal vez miles(,) tal vez uno, y aunque podría suponerse que ahora Khova(,) al pertenecer a un ejército de sí mismo(,) iba a ser invencible, lo contrario se ha establecido, y Khova ya no es Khova, no reconoce su pasado(;) la eternidad del brujo se ha interrumpido. La habitación pequeña se convirtió en un palacio y luego se hizo más grande que un mundo(.) (M)ultiplicado(,) ha perdido la noción de cuál es el verdadero Khova(:) ninguno lo es, o tal vez todos.”
   “¿Esa historia, Ayer, habla de la eternidad?”
   “No, Mañana(;) habla de la noche de las noches. En la noche de las noches que sucede con cada cambio de luna, vuelven a repetirse los conjuros del universo. La luna desaparece( ) o se oculta detrás del infinito, la oscuridad se unifica, dicen que Dios baja la cortina para crear sin ser observado. Entonces los brujos(,) que siempre son el mismo(,) se distraen observando el fenómeno en el firmamento(,) y permiten así que el azar intervenga en todas las cosas. La eternidad se interrumpe y es el comienzo de los tiempos(;) la sucesión comienza desde cero y reemplaza a una existente.”

   “Distinguimos como un sueño los sucesos de la noche de las noches(;) el entendimiento nos prohíbe reconocer que hemos vuelto a nacer, que la memoria es el artificio del que nos valemos para soportar la desdicha que la pulverización de las cosas provee. La memoria es entonces elemento indispensable del regreso a cero(;) no debemos saber que hemos perdido todo. Sé que ya ha sucedido muchas veces(;) la noche de las noches es todas y es ninguna, es antes y es después, es ahora y es nunca. Es constante.”

   “Ayer, te he oído decir varias veces la palabra eternidad. Si el pasado y el futuro están lejos, cuán lejos está la eternidad.”

   “Hoy, la eternidad no está lejos ni cerca, ni fuera ni dentro(;) si hubiese un “afuera” no sería atemporal(,) y la eternidad es atemporal.”

   “Ayer, no lo entiendes. La eternidad es otro tiempo, distinto (del) nuestro, sin sucesiones ni cadenas.”
“Entonces, Hoy, si fuese como tú la describes, la eternidad que entendemos no sería más que un mero planeta ajeno al nuestro. El universo es una yuxtaposición de Svarogs. La eternidad no está en el universo.”

   “Ayer, sin universo no hay eternidad, porque la eternidad está más lejos que el fin del universo sin el cual no tendríamos referencias de nada.”

   “Hoy, tú (te) figuras el universo como el recorrido de una esfera que viaja de Pravdakrivda a Velikdan, de Velikdan a Zlakov, y así hasta Eternidad(:) le concedes título de topónimo. Sin embargo, a la eternidad nadie puede ir como a Pravdakrivda, la eternidad no está(;) porque si estuviese –como tú lo pretendes–, no sería la eternidad tal y como la entendemos.”

   “Tú, Ayer, me dices que la eternidad no existe. ¿Cómo entonces podemos hablar de ella?”

   “No he dicho que la eternidad no existiera(;) existe y ¡bien que existe!, por eso hablamos de ella. Existe del mismo modo en que existen los fantasmas(,) dotados algunos de la visibilidad que la energía del cosmos les provee. La eternidad existe pero no está, (ni) siquiera puedes verla.”

   “Ayer, entonces el aire bien podría ser la eternidad. No muere, no nace, no se ve sino señalado por el movimiento de las copas de los árboles. El aire no posee un futuro ni un pasado, siempre es presente, siempre está.”

   “Pero al aire, advenedizo Hoy, puedes conservarlo en tus pulmones, soplarlo(;) tú mismo puedes generar energía con el aire, tú le das al aire un tiempo. En cambio () no puedes interrumpir la eternidad asignándole un tiempo.”

   “¿Has dicho interrumpir? Si la eternidad es lo que tú dices(,) no hay nada que interrumpir.”

   “Claro que sí(;) la interrupción de la eternidad es el universo que conocemos, con principios(,) despueses y finales, pero no está en nosotros la posibilidad de interrumpir la eternidad(,) porque nos excede.”

   “Ayer, estamos de acuerdo, la eternidad nos excede(;) (n)os excede físicamente(.) (A)unque saliéramos mañana temprano antes (de) que el sol despertara el día, no llegaríamos antes de nuestra muerte. Nos excede.”

   “No(,) Hoy(;) nos excede de un modo filosófico. Es ponerle nombre a algo que no se puede ver, que no se puede tocar, que no está en ninguna parte.”

   “Ayer –inquilino de mis entrañas–, volvemos siempre a lo mismo. Giran en círculo nuestras ideas(:) si la eternidad no está, no existe.”

    “Hoy –hacedor de mi cuerpo–, giraríamos en círculos toda vez que hablásemos de la eternidad(,) porque tú no entiendes que (algo podría existir sin que fuera posible alcanzarlo) con ninguno de nuestros sentidos(:) algo que fuera incognoscible.”

   “Tú, Mañana, ¿qué piensas?”

   “Yo, Hoy y Ayer, necesito más tiempo para formar(me) una opinión. Por favor, Ayer, continúa la historia de la noche de las noches.” (la reiteración de los nombres de Hoy y de Mañana es innecesaria, y requiere seguir haciendo el esfuerzo de tener en cuenta que se menciona a esos términos como nombres propios, y no se usa su significado.)

   “Hoy, Mañana, la historia continúa así: Nada es seguro acerca de la noche, lo cierto es que la oscuridad no se deja ver tampoco, se oculta en sí misma. La desintegración de lo establecido se hace presente, pero es invisible a los ojos.”

   “Otras creencias, tal vez más despiertas, explican que la noche de las noches sucede cada día y dura un milímetro de espacio y un milésimo de segundo en el tiempo. La silla sobre la que reposo acaba de ser construida y pulverizada, todas las cosas son efímeras, y así como la intuición no es sino un pensamiento tan veloz que nadie puede advertir(lo) como tal, la creación es constante y perecedera. Un cenicero ayer fue nombrado cigarrillo, un libro fue nombrado ayer tiniebla, una sonrisa fue nombrada ayer pasado(;) las cosas se nombran una y otra vez(,) y las metamorfosis son constantes.”

   “Los cambios de forma son intersticios del tiempo, (nos) dicen que Dios abre lentamente los ojos, espía(,) y a veces alcanza a vislumbrar lo que no quiere(;) entonces las cosas se multiplican defectuosamente. Todo es perpetuo(,) y esto ya lo he dicho tantas veces que ha dejado de tener sentido.”

   “El final no existe, la memoria también duerme(;) pero en la vigilia, intersticio del ensueño, puede recordar que ha sido silla, ha sido libro, ha sido tiniebla, ha sido el brujo, y puede entonces escribir lo que ahora escribe.”

   “Ahora mismo el brujo ha de buscar la puerta(;) es irremediable su destino. Ya habrá de entrar, ya habrá de distraerse. Ya habrá de crear a Khova por primera vez(,) muchas veces(,) que no se instalan en el tiempo antes ni después.”

   “Ciego Mañana, ya (te) habrás formado tu opinión acerca de la eternidad.”

   “Ayer y Hoy, mientras escuchaba el ontológico soliloquio() vi que la ceguera no es solamente oscura(;) hay luces que proporcionan tales claridades que encandilan, y quien más cerca está de la luminosa eternidad, menos puede advertirla.”

                                                                                                                                                D.D.
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