Viernes 25 de Junio de 2004  01:05
Seudónimo: Raulo
Ciudad: Buenos Aires

Texto original:

EL SUEÑO

El sueño se desarrollaba plácidamente, abarcando por completo el foco de la conciencia, con su marco de brumas, sus personajes titiretescos, sus cambios de escena inverosímiles y sus frecuentes desafíos a las leyes de gravedad y de volumen.
Corría por un pasillo boscoso, buscando un lugar donde ocultarme. Mi ánimo era divertido, con la risa pronta en la garganta: estábamos jugando a las escondidas...no sé con quién. Una voz de niño lejana terminaba de contar: " veintiocho... veintinueve... treinta... punto y coma... !el que no se escondió, se embroma !"
Riendo, jadeando, doblé en un recodo...la voz venía de muy lejos...quizás me había alejado mucho por ese bosque...Pensé que por ocultarme demasiado bien, me perdería parte de la alegría del juego.
Allí en el recodo ví una puerta, un portón grande, de dos hojas, con forma de semicírculo, de madera oscura y herrajes oxidados. Parecía ser la entrada a un túnel, o a un garage, o a una cripta. Me acerqué sin ninguna duda, totalmente decidido a traspasarla. Pasando por allí volvería al centro del juego, vería a mis compañeros y los reconocería, ya que momentáneamente había olvidado sus rostros. Extendí la mano hacia el picaporte, sentía en todo mi cuerpo la urgencia de entrar allí .
La mancha de humedad que reinaba en el techo de mi piecita apareció entonces a un costado del foco de conciencia. Me estaba despertando. No. No. El sueño continuaba. Allí estaban el portón, y el recodo en el bosque, y las malezas verde oscuro. Me abalancé hacia el picaporte. Pasaría por él. Creía escuchar del otro lado las voces infantiles: "! piedra libre, piedra libre...! Atravesaría ese portón y una frescura de pino y una luz dorada me recibirían.
La mancha de humedad en el techo tiene una parte oscura, que domina el resto más grisáceo y tenue, imprimiéndole identidades cambiantes, como un sol deforme y negro rigiendo caprichoso sobre indecisas constelaciones.
Me había despertado, y la mancha de humedad llenaba ahora el campo visual de mi consciencia. Cerré los ojos y traté de contener la respiración; quería volver a dormir, retomar el sueño, atravesar aquel portón de madera en el bosque. Me quedé muy quieto durante un rato, evocando la corrida por el sendero, intentando escuchar la voz del niño que contaba. Poco a poco los recuerdos del día anterior fueron tomando posesión de mi cerebro. La mancha de humedad, el roperito, las paredes y el cuartito todo, hicieron valer la solidez de su presencia.
El sueño se había ido.
Durante varios dias persistió en mi ánimo el imperioso mandato de transponer aquella puerta. Mi brazo conservaba el impulso de empujar el picaporte, y todo mi cuerpo estaba al acecho, esperando realizar en la vigilia lo que en el sueño no había sido.
No sé si hubo algún cambio notable en mi comportamiento de esos días, pero estoy seguro que cada acción, cada movimiento, cada decisión, estuvo coloreada, matizada, para decirlo de algún modo, por la compulsión destilada de aquel sueño.

Corrección:

Estimado Raulo:
He hecho algunas modificaciones a su texto para darle mayor fluidez y coherencia al relato.
Para aumentar la verosimilitud reemplacé algunos giros conceptuales por imágenes más concretas.
El final fue reescrito para darle mayor fuerza conclusiva.
Tenga presente que se trata solamente de sugerencias para que usted pruebe otras modificaciones y agregados que enriquezcan el relato y aumenten el interés del lector. El tema es ameno y merece ser trabajado. Vuelva a modificar el texto, e incluso, como práctica, intente rehacerlo por completo cambiando el enfoque y las circunstancias.
La primera redacción de un texto, casi inevitablemente imperfecta, requiere ser corregida cuidadosamente para eliminar todos los errores posibles. Ensayando cambios, supresiones y agregados se aprende al menos tanto como cuando se escriben muchas páginas sin reelaborarlas. Podrá notar que durante el proceso de corrección van surgiendo nuevas ideas, y que el texto puede contenerlas incluso sin aumentar su extensión, pero ganando en intensidad y consistencia y por lo tanto en calidad.
.                                                                                                        Conrado De Lucia

Texto corregido:

El sueño

El sueño se desarrollaba plácidamente, abarcando por completo el foco de la conciencia, con su marco de brumas, sus personajes titiretescos, sus cambios de escena inverosímiles y sus frecuentes desafíos a las leyes de la gravedad y de la lógica.
Corría por un pasillo boscoso, buscando un lugar donde ocultarme. Mi ánimo era divertido, con la risa pronta en la garganta: estábamos jugando a las escondidas... no sé con quién. Una voz de niño lejana terminaba de contar: "Veintiocho... veintinueve... treinta... punto y coma: ¡el que no se escondió, se embroma!"
Riendo, jadeando, doblé por un recodo. La voz venía ahora de muy lejos... quizás me había alejado mucho por ese bosque... Pensé que por ocultarme demasiado bien, me perdería parte de la alegría del juego.
Entonces vi que al final del recodo había una puerta, un portón grande, de dos hojas, con forma de semicírculo, de madera oscura y con herrajes oxidados. Parecía ser la entrada de un túnel, un garage o una cripta. Me acerqué sin ninguna duda, totalmente decidido a trasponerla. Pasando por allí volvería al centro del juego, vería a mis compañeros y los reconocería, ya que momentáneamente había olvidado sus rostros. Extendí la mano hacia el picaporte, mientras sentía en todo mi cuerpo la urgencia de entrar allí.
La mancha de humedad en el techo de mi piecita, que contemplaba cada noche al acostarme, apareció entonces a un costado del foco de mi conciencia. Me estaba despertando. No: El sueño continuaba. Allí estaban el portón el recodo en el bosque, y las malezas de color verde oscuro. Me abalancé nuevamente hacia el picaporte. Pasaría por él. Creía escuchar del otro lado las voces infantiles: "¡Piedra libre, piedra libre...!". Atravesaría ese portón y una frescura de pino y una luz dorada me recibirían.
La mancha de humedad de mi cuarto tiene una parte oscura que domina el resto más grisáceo y tenue imprimiéndole identidades cambiantes, como un sol deforme y negro rigiendo caprichoso sobre indecisas constelaciones.
Me había despertado y la mancha llenaba ahora el campo visual de mi conciencia. Cerré los ojos y traté de contener la respiración; quería volver a dormir, retomar el sueño, atravesar aquel portón de madera en el bosque. Me quedé muy quieto durante un rato, evocando la carrera por el sendero, intentando escuchar la voz del niño que contaba hasta treinta, pero poco a poco los objetos familiares fueron tomando posesión de mi cerebro. La mancha de humedad, el roperito, las paredes y el cuartito todo hicieron valer la solidez de su presencia.
El sueño se había ido.
Durante varios dias persistió en mi ánimo la imperiosa necesidad de transponer aquella puerta que se había desvanecido al despertar. Mi brazo conservaba el impulso de empujar el picaporte, y todo mi cuerpo estaba al acecho, esperando realizar en la vigilia aquello que en el sueño no había podido alcanzar.
No sé si pudo percibirse algún cambio notable en mi comportamiento, pero durante varios días tuve la sensación de que cada movimiento, cada decisión, estaban coloreados por la expectativa de poder ingresar de algún modo al ámbito feliz que aquel sueño me prometía.
                                                                                                                        Raulo

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